No nos une el amor sino el espanto
Me despertó el grito de Amelia, que estaba acostada a mi lado. Salté como un resorte y encendí el velador dispuesto a calmarla, pues supuse se trataría de una pesadilla. ¡Pero Amelia se encontraba despierta o, al menos, con los ojos abiertos! Mi esposa jamás había sido sonámbula, de modo tal que debía estar despierta; [...]



