4
Feb

Cada noche desde hacia tres meses recorría sus pasillos con su vieja linterna. Con la penumbra, aquellas figuras parecían incluso cobrar vida. Eran tan reales, estaban tan bien hechas. Afortunadamente, a el no le impresionaban. Recordaba en cambio las historias que le contaba los últimos días el guarda anterior, al que le aterraba pasar las noches sólo en aquel increíble lugar. Cada vez que realizaba la ronda una extraña sensación de compañía le aguardaba en cada esquina, sobre todo cuando debía atravesar el área de asesinos, monstruos y tortura. ¿En que cabeza cabía recrear aquellas escenas tan macabras?, solía decir. Sin embargo, era por mucho el área más vista de todo el museo. Era como si el ser humano disfrutase viendo el terror y el dolor ajeno. A veces, Roberto le contaba historias fantasiosas sobre figuras que aparecían de un día para otro, o sobre extrañas desapariciones. Pero, teniendo en cuenta su edad y lo mucho que bebía, no era de extrañar. Roberto era uno de los pocos vigilantes que había pasado allí algo más de dos años y en los últimos meses se negó a trabajar a solas. Al final Hendrix, el jefe, le tuvo que despedir. Lo cierto, es que el personal del museo tenía una de las rotaciones mayores que el hubiese visto en toda su carrera de guarda. Pero, dado el tipo de trabajo, tampoco era de extrañar. El trabajo en el museo era bastante monótono e iba claramente a menos y los sueldos también.
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16
Dec

Obutu era el ser más feliz del mundo. Vivía en la selva, con su familia, con los miembros de su tribu, en su choza de barro construida por él, su padre N´Gagui y Batunga, su mejor amigo desde la infancia, que era muy grande y fuerte y podía cargar con mucho más peso que ellos dos juntos.
Obutu le gustaba cazar. Lo hacía siempre con lanza. Su abuelo Oguri, el más anciano y venerado del poblado, hasta que unas extrañas fiebres se lo llevaron al más allá, le enseñó el difícil arte de la cacería. A Obutu le gustaba hacerlo por la noche, tenía muy buena visión nocturna y gracias a ello podía pillar desprevenidas a algunas de sus presas.
Hacía ya dos estaciones que había pasado la prueba de valor. Ya era un hombre y por ello estaba preparado para recibir a una mujer y entre ambos traer descendencia a la tribu.
Ya tenía una mujer elegida, Otamba hija de Usuri, el brujo. Tenía buen cuerpo y buenas caderas por lo que sería una madre y esposa perfecta. Tenía pensado pedirle permiso a Usuri, para que diese su consentimiento para la unión. Para ello tenía que satisfacerle y llevarle una buena presa de caza. Cuanto más grande o exótica mejor que mejor.
Caminó sólo por la sabana. Toda la mañana y parte de la tarde. El sol era una bola inmensa y amarilla. Hacía mucho calor y un par de veces echó mano de la bolsa de piel de Ñu donde guardaba el agua para refrescarse. Comió larvas de gusano de uno de los troncos que encontró por su camino. Tuvo que espantar a una docena de babuinos para hacerlo. Esos monos eran un incordio y unos animales estúpidos.
Cuando llegó el anochecer se preparó para la caza. Se agazapó entre unos matorrales y esperó. Obutu tenía mucha paciencia. Con suerte igual hasta podía cazar a una cría de elefante o a un león herido o a una jirafa despistada. Lo que si tenía claro era que no iba a volver a casa con las manos vacías.
Pasaron las horas y no apareció ningún animal. Ni siquiera una miserable hiena. Nada. Ya estaba a punto de darse por vencido cuando de repente escuchó unos extraños sonidos a su espalda. Eran ruidos extraños. Indescriptibles ya que jamás los había escuchado. Obutu agudizó el oído. Entre aquel sonido, de forma muy tenue, había algo más. Consiguió escuchar sonidos de animal, tal vez una o varias gacelas. Gritaban levemente. Parecían asustadas. Si eso estaba sucediendo significaba que posiblemente hubiese leones acachando cerca. Sonrió. Al parecer definitivamente no iba a volver con las manos vacías.
Corrió agazapado hasta alcanzar el pie de una loma, de donde provenía el extraño ruido. Se dio cuenta que había una extraña luminosidad al otro lado como el de una poderosa fogata de varias zancadas de tamaño. Posiblemente se trataba de otra tribu. Se sintió algo incomodo y maldijo su mala suerte. No había leones que cazar por lo que ahora tendría que luchar duro contra otros semejantes si quería conseguir otra buena presa. Quizás, con suerte, el macho dominante de la manada.
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6
Oct

Un amigo quería ver al Diablo, y lo vió . . . Al Lado Suyo!!!
Bueno, aquí comienza mi relato, que le ha ocurrido a un amigo mío.
Estabamos todos tomando unas copas en un bar de Oviedo, mi ciudad. Estabamos de risas y bebiendo lo normal, cuando apareció un chaval moreno, de unos 16 años, como nosotros. Pablo, uno de mis amigos que allí se encontraban, le saludó, puesto que eran amigos. Se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas.
Al cabo de unas, más o menos, 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, puesto que ya había anochecido y nos encontrabamos ahora en un botellón en un descampado. Nos contabamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados. Entonces Safías, el chaval gótico amigo de Pablo, dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Le escuchamos con, la verdad, una atención de cuando te cuentan un chiste. El procedimiento que hay que seguir es el siguiente: Read more
