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	<title>Cuentos de Miedo, Relatos de Terror, Leyendas Urbanas. El miedo tambien mata &#187; muertos</title>
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	<description>Miedo en aterrorizar es Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas</description>
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		<title>El hombre muerto</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 18:15:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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		<description><![CDATA[El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-medium wp-image-4162 alignleft" title="Hombre-muerto" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/12/Hombre-muerto-300x231.jpg" alt="" width="300" height="231" />El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla.</p>
<p>Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo.</p>
<p>Ya estaba tendido en la gramilla, acostado sobre el lado derecho, tal como él quería. La boca, que acababa de abrírsele en toda su extensión, acababa también de cerrarse. Estaba como hubiera deseado estar, las rodillas dobladas y la mano izquierda sobre el pecho. Sólo que tras el antebrazo, e inmediatamente por debajo del cinto, surgían de su camisa el puño y la mitad de la hoja del machete, pero el resto no se veía.</p>
<p>El hombre intentó mover la cabeza en vano. Echó una mirada de reojo a la empuñadura del machete, húmeda aún del sudor de su mano. Apreció mentalmente la extensión y la trayectoria del machete dentro de su vientre, y adquirió fría, matemática e inexorable, la seguridad de que acababa de llegar al término de su existencia.<br />
<span id="more-2050"></span><br />
La muerte. En el transcurso de la vida se piensa muchas veces en que un día, tras años, meses, semanas y días preparatorios, llegaremos a nuestro turno al umbral de la muerte. Es la ley fatal, aceptada y prevista; tanto, que solemos dejarnos llevar placenteramente por la imaginación a ese momento, supremo entre todos, en que lanzamos el último suspiro.</p>
<p>Pero entre el instante actual y esa postrera expiración, ¡qué de sueños, trastornos, esperanzas y dramas presumimos en nuestra vida! ¡Qué nos reserva aún esta existencia llena de vigor, antes de su eliminación del escenario humano!</p>
<p>Es éste el consuelo, el placer y la razón de nuestras divagaciones mortuorias: ¡Tan lejos está la muerte, y tan imprevisto lo que debemos vivir aún!</p>
<p>¿Aún&#8230;? No han pasado dos segundos: el sol está exactamente a la misma altura; las sombras no han avanzado un milímetro. Bruscamente, acaban de resolverse para el hombre tendido las divagaciones a largo plazo: Se está muriendo.</p>
<p>Muerto. Puede considerarse muerto en su cómoda postura.</p>
<p>Pero el hombre abre los ojos y mira. ¿Qué tiempo ha pasado? ¿Qué cataclismo ha sobrevivido en el mundo? ¿Qué trastorno de la naturaleza trasuda el horrible acontecimiento?</p>
<p>Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente, va a morir.</p>
<p>El hambre resiste -¡es tan imprevisto ese horror! y piensa: Es una pesadilla; ¡esto es! ¿Qué ha cambiado? Nada. Y mira: ¿No es acaso ese bananal? ¿No viene todas las mañanas a limpiarlo? ¿Quién lo conoce como él? Ve perfectamente el bananal, muy raleado, y las anchas hojas desnudas al sol. Allí están, muy cerca, deshilachadas por el viento. Pero ahora no se mueven&#8230; Es la calma del mediodía; pero deben ser las doce.</p>
<p>Por entre los bananos, allá arriba, el hombre ve desde el duro suelo el techo rojo de su casa. A la izquierda entrevé el monte y la capuera de canelas. No alcanza a ver más, pero sabe muy bien que a sus espaldas está el camino al puerto nuevo; y que en la dirección de su cabeza, allá abajo, yace en el fondo del valle el Paraná dormido como un lago. Todo, todo exactamente como siempre; el sol de fuego, el aire vibrante y solitario, los bananos inmóviles, el alambrado de postes muy gruesos y altos que pronto tendrá que cambiar&#8230;</p>
<p>¡Muerto! ¿Pero es posible? ¿No es éste uno de los tantos días en que ha salido al amanecer de su casa con el machete en la mano? ¿No está allí mismo con el machete en la mano? ¿No está allí mismo, a cuatro metros de él, su caballo, su malacara, oliendo parsimoniosamente el alambre de púa?</p>
<p>¡Pero sí! Alguien silba. No puede ver, porque está de espaldas al camino; mas siente resonar en el puentecito los pasos del caballo&#8230; Es el muchacho que pasa todas las mañanas hacia el puerto nuevo, a las once y media. Y siempre silbando.. Desde el poste descascarado que toca casi con las botas, hasta el cerco vivo de monte que separa el bananal del camino, hay quince metros largos. Lo sabe perfectamente bien, porque él mismo, al levantar el alambrado, midió la distancia.</p>
<p>¿Qué pasa, entonces? ¿Es ése o no un natural mediodía de los tantos en Misiones, en su monte, en su potrero, en el bananal ralo? ¡Sin dada! Gramilla corta, conos de hormigas, silencio, sol a plomo&#8230;</p>
<p>Nada, nada ha cambiado. Sólo él es distinto. Desde hace dos minutos su persona, su personalidad viviente, nada tiene ya que ver ni con el potrero, que formó él mismo a azada, durante cinco meses consecutivos, ni con el bananal, obras de sus solas manos. Ni con su familia. Ha sido arrancado bruscamente, naturalmente, por obra de una cáscara lustrosa y un machete en el vientre. Hace dos minutos: Se muere.</p>
<p>El hombre muy fatigado y tendido en la gramilla sobre el costado derecho, se resiste siempre a admitir un fenómeno de esa trascendencia, ante el aspecto normal y monótono de cuanto mira. Sabe bien la hora: las once y media&#8230; El muchacho de todos los días acaba de pasar el puente.</p>
<p>¡Pero no es posible que haya resbalado..! El mango de su machote (pronto deberá cambiarlo por otro; tiene ya poco vuelo) estaba perfectamente oprimido entre su mano izquierda y el alambre de púa. Tras diez años de bosque, él sabe muy bien cómo se maneja un machete de monte. Está solamente muy fatigado del trabajo de esa mañana, y descansa un rato como de costumbre.</p>
<p>¿La prueba..? ¡Pero esa gramilla que entra ahora por la comisura de su boca la plantó él mismo en panes de tierra distantes un metro uno de otro! ¡Ya ése es su bananal; y ése es su malacara, resoplando cauteloso ante las púas del alambre! Lo ve perfectamente; sabe que no se atreve a doblar la esquina del alambrado, porque él está echado casi al pie del poste. Lo distingue muy bien; y ve los hilos oscuros de sudor que arrancan de la cruz y del anca. El sol cae a plomo, y la calma es muy grande, pues ni un fleco de los bananos se mueve. Todos los días, como ése, ha visto las mismas cosas.</p>
<p>&#8230;Muy fatigado, pero descansa solo. Deben de haber pasado ya varios minutos&#8230; Y a las doce menos cuarto, desde allá arriba, desde el chalet de techo rojo, se desprenderán hacia el bananal su mujer y sus dos hijos, a buscarlo para almorzar. Oye siempre, antes que las demás, la voz de su chico menor que quiere soltarse de la mano de su madre: ¡Piapiá! ¡ Piapiá!</p>
<p>¿No es eso&#8230; ? ¡Claro, oye! Ya es la hora. Oye efectivamente la voz de su hijo&#8230;</p>
<p>¡Qué pesadilla&#8230;! ¡Pero es uno de los tantos días, trivial como todos, claro está! Luz excesiva, sombras amarillentas, calor silencioso de horno sobre la carne, que hace sudar al malacara inmóvil ante el bananal prohibido.</p>
<p>&#8230;Muy cansado, mucho, pero nada más. ¡Cuántas veces, a mediodía como ahora, ha cruzado volviendo a casa ese potrero, que era capuera cuando él llegó, y antes había sido monte virgen! Volvía entonces, muy fatigado también, con su machete pendiente de la mano izquierda, a lentos pasos.</p>
<p>Puede aún alejarse con la mente, si quiere; puede si quiere abandonar un instante su cuerpo y ver desde el tejamar por él construido, el trivial paisaje de siempre: el pedregullo volcánico con gramas rígidas; el bananal y su arena roja: el alambrado empequeñecido en la pendiente, que se acoda hacia el camino. Y más lejos aún ver el potrero, obra sola de sus manos. Y al pie de un poste descascarado, echado sobre el costado derecho y las piernas recogidas, exactamente como todos los días, puede verse a él mismo, como un pequeño bulto asoleado sobre la gramilla -descansando, porque está muy cansado.</p>
<p>Pero el caballo rayado de sudor, e inmóvil de cautela ante el esquinado del alambrado, ve también al hombre en el suelo y no se atreve a costear el bananal como desearía. Ante las voces que ya están próximas -¡Piapiá!- vuelve un largo, largo rato las orejas inmóviles al bulto: y tranquilizado al fin, se decide a pasar entre el poste y el hombre tendido que ya ha descansado.</p>
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		<title>Catacumbas de París</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Aug 2011 04:58:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las Catacumbas de París son uno de los lugares más curiosos y bellos del mundo para los amantes de lo macabro. Uno de los &#8220;cementerios&#8221; más famosos de París. Fué en el año 1786 cuando se tuvo la genial idea de trasladar los huesos del poco higiénico cementerio de Les Halles, aprovechando las canteras excavadas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/08/paris_catacumbas.jpg" alt="" border="0" /><br />
Las Catacumbas de París son uno de los lugares más curiosos y bellos del mundo para los amantes de lo macabro. Uno de los &#8220;cementerios&#8221; más famosos de París. Fué en el año 1786 cuando se tuvo la genial idea de trasladar los huesos del poco higiénico cementerio de Les Halles, aprovechando las canteras excavadas en la época galorromana a 20 metros de profundidad en la base de tres colinas: Montparnasse, Montrouge y Montsorius.</strong></p>
<p>Su nombre oficial es &#8220;Les carrières de Paris&#8221;, en francés, pero vulgarmente son conocidas como &#8220;las catacumbas&#8221;.<span id="more-3790"></span><br />
<img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/08/muralla-huesos-catacumbas-de-paris.jpg" alt="" border="0" /><br />
Durante 15 meses se trasladaron millones de huesos de multitud de cementerios, en carruajes y cruzando la ciudad de noche. Fueron depositados sin ningún tipo de intención &#8220;artistica&#8221;, amontonados, hasta que el Inspector General de Canteras, decidió colocar los huesos de la parte delantera en forma de muralla, dandole el aspecto que tienen hoy en dia, con una placa identificando la procedencia de los restos y pequeños altares con epitafios en latín que adornan el camino.</p>
<p>Los millones de huesos de las catacumbas han sido testigos de multitud de acontecimientos, desde la fiesta organizada por Carlos X antes de la revolución, pasando por refugio de la resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial, ó, más recientemente, por ritos satánicos, motivo por el cual han sido cerradas y sólo abiertas al público como si se tratase de un monumento más al servicio de los turistas.</p>
<p>En la actualidad los huesos están acomodados en forma de &#8220;muralla&#8221;, decisión tomada por el Inspector General de Canteras en aquel entonces, donde se pueden encontrar placas identificando la procedencia de los huesos e incluso pequeños altares conteniendo epitafios en latín.</p>
<p>De los más de 300 kilómetros de galerías, sólo hay abiertas al público menos de 1 kilómetro. Sin embargo, existen entradas secretas a lo largo de París, lo que permite ingresar a las catacumbas por medio de las alcantarillas, el metro, etc. En raras ocasiones las personas hacen uso de estos accesos para entrar en ellas.</p>
<p>Es común escuchar voces fantasmales provenientes de otros grupos que se sumergen ilegalmente en las catacumbas. También es posible encontrar tramos con más de un metro de agua, entre túneles estrechos no aptos para claustrofóbicos.</p>
<p>Un lugar tan inhóspito, es por supuesto el lugar para &#8220;criaturas extrañas&#8221;. Por supuesto, es normal toparse con otros amantes de las catacumbas, más conocidos como cataphiles. Existen cámaras que ofician como puntos de encuentros de cataphiles, en donde se puede conversar y contar un breve recreo con intercambio de experiencias e historias en las catacumbas antes de proseguir.</p>
<p>No te pierdas este impactante video que nos muestra las imágenes de una realidad existente. las Catacumbas de París.</p>
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<p><object width="500" height="290" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowScriptAccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/8ZsQm0mH6kM&amp;hl=en_US&amp;feature=player_embedded&amp;version=3" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><embed width="500" height="290" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/8ZsQm0mH6kM&amp;hl=en_US&amp;feature=player_embedded&amp;version=3" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always" /></object></p>
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		<title>María: La niña que jugaba en el cementerio</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 19:58:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[l l En el solitario cementerio de Eternidad algo ocurre. Hace unos instantes dos personas han profanado la paz del cementerio y ahora pagan su culpa. Lamentos y quejidos se escuchan por todo el cementerio. Oscuridad y niebla han cubierto el cementerio y el poder de ellos se ha desatado. Ellos no podía saber lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-medium wp-image-3777 alignleft" title="Cementerio-terror-aterrorizar-miedo" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/12/Cementerio-terror-aterrorizar-miedo-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" />l l En el solitario cementerio de Eternidad algo ocurre. Hace unos instantes dos personas han profanado la paz del cementerio y ahora pagan su culpa. Lamentos y quejidos se escuchan por todo el cementerio. Oscuridad y niebla han cubierto el cementerio y el poder de ellos se ha desatado. Ellos no podía saber lo que ocurriría. Aun ahora no saben lo que ocurre. ¿Por que tenían que traer el mal a este sitio? ¿Por qué tenía que enfurecer a fuerzas que ellos no conocen? ¿Pero sobre todo por qué tuvieron que meterse con ella?</p>
<p>II<br />
María es una niña muy gentil. Es de esas niñas que la mirás al rostro y te desbarata con su ternura. Tiene bellos ojos verdes como esmeraldas y una piel blanca como la nieve. Con su cabello rubio y su hermosa sonrisa parece un ángel caído del cielo. María es una niña también muy amable siempre ayuda a los demás y siempre se comporta con buenos modales y cortesía María es querida por todo en el pueblo de Eternidad, siendo Eternidad un pueblo pequeño y el padre de María es el único medico del pueblo. María ayuda a su padre siempre que puede y cuando ve a alguien con problemas no duda en traer consuelo y ayuda. Y ustedes se preguntarán como una niña tan dulce puede llegar a formar parte de este cuento. La respuesta es fácil, María aunque dulce y tierna no es como todas las niñas. A demás de ser la hija del único medico del pueblo y ser buena en todo lo que hace ella no es normal, su madre tampoco lo fue así como su abuela tampoco. Todas las mujeres de su familia gozan con la bendición o maldición de un poder secreto. Un poder que se muestra según el alma y corazón. Un poder que así como puede dar paz, puede ser aterrador&#8230;<br />
<span id="more-2189"></span><br />
III<br />
María se encuentra tirada en el suelo, ella no quería que pasara pero ha ocurrido. Mientras mira como el poder de ellos consume a los dos extraños. Ella recuerda como comenzó todo&#8230;</p>
<p>María tenía sólo 6 años. Ella asistía con su padre a la consulta de una señora con su hijo, el niño no se encontraba nada bien. Ella de algún modo sabía que no podría seguir con vida. Y al ver el rostro de su padre supo lo cierto que era. Lagrimas corrieron por sus ojos no podía soportar lo que estaba ocurriendo el niño había perdido el deseo de vivir, la enfermedad lo había consumido por completo. Su madre desconsolaba no hacía otra cosa que suplicar al padre de María que lo salvara. Pero ya no había nada que el pudiera hacer. El niño estaba muriendo. Su madre no pudiendo soportarlo abrazo al doctor y mientras lloraba de manera inconsolable. No era justo penso María como puede dejar a su hijo cuando más lo necesita.</p>
<p>María no pudiendo soportarlo tomó la mano del chico y entonces escucho su voz. Una voz que no provenía de sus labios, el chico estaba inconsciente. María no sabía de donde provenía pero podía escucharla no con sus oídos sino con su mente y corazón.</p>
<p>¡Qué pasa! -susurro María un poco asustada. La voz parecía provenir del chico. Pero el chico esta inconsciente, agonizando y muriendo.</p>
<p>¡No quiero morir así! -escucho de nuevo.</p>
<p>María estaba segura era el chico quien le hablaba.</p>
<p>¿Qué pasa? -pensó María.</p>
<p>¡El dolor, no soporto el dolor! -respondió de alguna manera el chico.</p>
<p>¡Puedo escucharte! ¡Y puedes escucharme! -pensó María.</p>
<p>¡Quiero morir ya! -respondió el chico.</p>
<p>Lo siento no puedo curarte -pensó con tristeza María.</p>
<p>¡No quiero morir así! ¡El dolor es muy fuerte y estoy sólo! -exclamó con agonía el muchacho.</p>
<p>¡No estas sólo yo estoy contigo! -exclamó María.</p>
<p>¡Gracias! -exclamó el muchacho con gratitud.</p>
<p>¡Lamento no poder hacer más por ti! -gritó María derramando lágrimas sobre el cuerpo del muchacho.</p>
<p>De repente María sintió surgir algo en su interior. Era como una calidez que salía de su corazón e invadía todo cuerpo.</p>
<p>¡Es tan cálido! ¡Tan hermoso! -exclamó de nuevo el muchacho.</p>
<p>María no pudo contestar, sentía todo esa fuerza recorrer su cuerpo y salir de su cuerpo hacía el muchacho.</p>
<p>¡Gracias! ¡Ahora por fin puedo descansar! ¡No más dolor! ¡No más espera! ¡Lo único que lamento es dejar a mi madre! -dijo el muchacho a María.</p>
<p>¡Yo estaré con ella! -susurró con su mente María al muchacho.</p>
<p>Y entonces el muchacho murió. Con María sosteniendo su mano. María cumplió su promesa. Estuvo con la madre del muchacho en todo momento, incluso semanas después del entierro. Ayudándola y consolándola. Pero aquel día en que enterraron el cuerpo del muchacho algo pasaría, algo que determinaría el futuro de María por muchos años.</p>
<p>IV<br />
María se encuentra sola en cementerio. Acaba de acabar el entierro del muchacho. Ella nunca antes había estado en un cementerio. Su madre nunca había querido llevar.</p>
<p>¡Sería muy duro para ti pequeña! -solía decirle su madre.</p>
<p>(La madre de María se había marchado del pueblo a visitar a una amiga cuando ocurrió esto. Pero un año después de esto su madre moría en un accidente de tren, sin saber lo que habría de ocurrir con su hija y sin explicarle los extraños dones de su familia).</p>
<p>Todos se habían marchado. Ella había venido al entierro sin permiso de su padre. Sabía que no debió haber esto hecho esto sin permiso. Pero ella había hecho una promesa y tenía que cumplirla. Pero ahora estaba asustada. Asustada de que su padre la regañe. Por lo que al no saber que hacer. Se quedo ahí contemplando las solitarias tumbas. De repente empezó ha escuchar voces, lamentos, llantos.</p>
<p>¿Qué pasa? -pensó María pues las voces le recordaron al muchacho.</p>
<p>Los quejidos aumentaron. A María le parecieron sonido muy tristes y no pudo evitar llorar por ellos. Fuera quien fuera estaba sufriendo mucho.</p>
<p>¡Puedo ayudarlos! -gritó María- Ya no sufran, yo estoy con ustedes.</p>
<p>Las voces callaron por un segundo.</p>
<p>¿Quién eres y cómo puedes oírlos?-respondieron a María.</p>
<p>¡Soy María! -respondió María con lágrimas en los ojos.</p>
<p>¡Por que lloras niña! -pregunto una voz.</p>
<p>María volteo hacia la voz y vio a una señora vestida de negro frente a ella.</p>
<p>¡Por ustedes! ¡Suenan tan tristes! -contesto María.</p>
<p>Niña estamos muertos -exclamo otra voz, y un señor vestido con traje negro apareció.</p>
<p>¡Somos las almas que no encuentran descanso, somos las almas que de aquellos muertos y olvidados hace mucho tiempo! ¡Somos aquellos por los que ni el cielo ni el infierno son reclamados! ¡Somos aquellos cuyas familias y amigos han olvidado! ¡Somos aquellos por los que nadie reza! -exclamaron cientos de voces al unísono.</p>
<p>En eso cientos de hombres y mujeres de todas la edades rodearon a María.</p>
<p>¡Pobrecitos! ¡Nunca más volverán ha estar solos yo estos con ustedes! ¡Yo seré su amiga! -dijo con ternura María.</p>
<p>Desde entonces María no sólo ayuda y consuela a la gente viva del pueblo. Ella va al cementerio queda vez que puede. Limpia las tumbas y las adorna con flores. Juega y platica con ellos. Reza por su descanso y a veces cuando su rezó alcanza los cielos puede dar descanso a alguna de estas almas. Ella juega y pasea por el pueblo y el cementerio. Llevando consuelo y alegría a aquellos cuya alma vive en tormento, este vivo o muerto. Cuida a los enfermos junto con su padre y a la hora de morir los ayuda a hacerlo sin dolor. Y ella con orgullo llama a sus amigos del cementerio: &#8220;Sus amigos especiales de Eternidad&#8221;.</p>
<p>Ahora 6 años después de ese día María contempla como sus agresores son atacados por &#8220;sus amigos de Eternidad&#8221;. Ella se encontraba rezando cerca de una tumba cuando de repente esos dos hombres aparecieron. No eran del pueblo pues si fueran del pueblo ella los habría reconocido. Tenía la apariencia de ser malhechores. María se dio cuenta de inmediato pues al verlos con su extraño don supo todo lo que habían hecho en su vida. Habían asesinado a varias personas, habían robado, violado mujeres y hecho toda clase de acciones impuras. Al verlos supo que era lo que querían hacer con ella. Ella los había descubierto escondidos en el cementerio y ellos estaban huyendo de la policía, no podían permitir que alguien los encontrara y quién lo hiciera debía desaparecer no importa quien fuera, ni siquiera una niña podría ser perdonada. Los malhechores trataron de agarrarla y calvarle una daga en el corazón para no ser denunciados.</p>
<p>La agarraron por el brazo y estaban apunto de apuñalarla cuando ella gritó.</p>
<p>¡Amigos especiales ayúdenme! -gritó asustada María.</p>
<p>De repente el cielo se oscureció. Un fuerte viento sopló por un momento y al siguiente todo esta cubierto con una extraña y densa niebla. Los atacantes de María salieron despedidos por los aires, golpeados por alguna extraña fuerza. De pronto los malhechores supieron de donde venía la niebla y el viento. Las tumbas estaban abiertas y de cada una salía grandes cantidades de niebla y viento, pero no sólo eso, las tumbas también estaban de alguna forma vomitando sangre.</p>
<p>María miró todo esto en una mezcla de terror y fascinación. Sus amigos estaban tratando de protegerla. De repente cientos de gemidos y lamentos surgieron del viento y la niebla. Pero esperen no era niebla, eran las almas y fantasmas amigos de María. Todos se había reunido hasta formar un torbellino en torno a los malhechores, que en ese momento se encontraban tirados en el suelo, aterrorizados con lo que veían. De repente todas las almas se lanzaron como un torrente de niebla contra los malhechores. Se metieron por sus bocas y oídos mientras todas estas almas entonaban una extraña letanía. Los malhechores empezaron a convulsionarse y su piel se puso morada. Las venas y arterias de su cuerpo se hincharon y empezaron a estallar. Y después de unos segundos los malhechores dejaron de moverse. Estaban muertos y sus cadáveres bañados en su propia sangre.</p>
<p>María se recupera de la impresión y corre hacia los malhechores con lágrimas en los ojos|. María empieza ha irradiar una luz blanca y pura y la luz ilumina todo el cementerio. En la luz se encuentran solo buenos sentimientos. Esperanza, consuelo, perdón, alegría y amor son los elementos que componen esa luz. La luz baña el cuerpo de los malhechores. María mientras irradia es luz perdona a sus atacantes por lo que trataban de hacerle y pide perdón al cielo por lo que sus amigo especiales acaban de hacer por ella. Todo vuelve a ser normalidad y bello en el viejo cementerio bajo la luz que irradia María.</p>
<p>V<br />
Dos nuevas tumbas han sido cavadas en el cementerio de Eternidad. Y en cara una cuelga un rosario. Una niña de cabellos rubios como el oro, una niña con ojos verdes como esmeralda y una piel blanca como la nieve coloca un ramo de flores en cada una de las tumbas. La niña se inclina sobre las tumbas y hace una oración por cada uno. Ella sabe que ellos fueron malos. Ella sabe que debieron ir al infierno. Pero ella no quería para ellos ese sufrimiento. Ella hubiera preferido salvarlos. Ella sin saberlo lo hizo al perdonarlos y darles consuelo bañados por la luz. Ella acaba de rezar y saluda a sus dos &#8220;nuevos amigos especiales de Eternidad&#8221;.</p>
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		<title>El fantasma del panteon</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 05:02:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Este relato es de una experiencia que tuve cuando trabajaba de taxista en mi ciudad natal que es la Paz allá en México. Era común escuchar experiencias de compañeros taxistas que llevaban a una mujer al panteón y que desaparecía súbitamente al momento de pasar por el mismo, yo no creía en estas cosas y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/08/panteon.jpg" alt="" />Este relato es de una experiencia que tuve cuando trabajaba de taxista en mi ciudad natal que es la Paz allá en México. Era común escuchar experiencias de compañeros taxistas que llevaban a una mujer al panteón y que desaparecía súbitamente al momento de pasar por el mismo, yo no creía en estas cosas y pensaba que sólo eran relatos inventados para divertirse, pero su creencia era tal que cuando alguien les pedía la parada en la calle de la 16 de septiembre lo ignoraban aun cuando se traba de un hombre y menos vestido de negro.</p>
<p>En una noche de principios de invierno, andaba yo por la avenida 16 de septiembre y revolución de 1910 cuando me pide la parada una persona que estaba justo en la esquina de las calles anteriormente mencionadas, ésta persona se me acercó y me preguntó que cuanto le cobraba por llevarla al panteón, aquí hay que resaltar que hay una colonia llamada el panteón ya que en esa zona se haya el panteón municipal de los san Juanes.<span id="more-2242"></span><br />
Siguiendo con mi relato, cuando ella me hubo preguntado que cuanto le cobraba por llevarla yo le podía haber cobrado ya un poco más de lo que usualmente porque la tarifa sube más cuando pasa después de la media noche pero como la persona se trataba de una mujer muy bonita con el rostro pálido, ojos negros, cabello lacio muy oscuro como la más negra de las noches y un poco nerviosa por que ella estaba sola y a lo mejor pensaba que yo le podía hacer algo malo, así que todo eso lo tomé en cuenta y le cobré más bajo de lo normal, ella subió y nos dirigimos a la colonia el panteón, como yo suelo ser una persona muy platicadora con los pasajeros a los que llevo le preguntaba cosas usuales como le fue en su trabajo si es que lo tiene etc. pero ella con una voz que me causaba conmoción me contestaba muy reservada y evitaba mucho ser vista cubriéndose el rostro con su cabello.<br />
Así fue que ya estábamos llegando a la colonia del panteón cuando al pasar por enfrente del mismo panteón municipal yo me di la vuelta para preguntarle hacia adonde exactamente la tenía que llevar y fue en ese momento me estremecí cuando con mis propios ojos observé que ella se desvaneció como el aire, paré el auto bajé, y no la vi por ningún lado, entonces respiré hondo pensando en que pudo haber sido un sueño, pero no era así, en verdad yo había llevado a un fantasma al panteón, quizás para intentar descansar en paz. Luego de esto me pongo a pensar en que si existen los fantasmas y cada vez que paso por la avenida 16 de septiembre después de la media noche me santiguo pidiendo a Dios por el descanso de aquella mujer.</p>
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		<title>Lazaro versus lazaro</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2011 05:47:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este cuento contiene descripciones sumamente descriptivas por lo que te recomendamos si eres una persona muy sencible que mejor hagas algunos juegos, leas noticias en el blog del narco o leas alguna revista de opiniones. Si te crees capas de seguir adelante&#8230;. El sol de la mediatarde prolongaba las sombras, haciéndolas puntiagudas e irreales. Del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-3576 alignleft" title="Lazaro0" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/07/Lazaro0.jpg" alt="" width="346" height="502" /></p>
<p>Este cuento contiene descripciones sumamente descriptivas por lo que te recomendamos si eres una persona muy sencible que mejor hagas algunos <a title="juegos" href=" http://www.buenosjuegosgratis.com" target="_blank">juegos</a>, leas noticias en <a title="el blog del narco" href="http://www.sobrenarcotrafico.com" target="_blank">el blog del narco</a> o leas alguna revista de <a title="opininiones" href=" http://www.datuopinion.com" target="_blank">opiniones</a>. Si te crees capas de seguir adelante&#8230;.</p>
<p>El sol de la mediatarde prolongaba las sombras, haciéndolas puntiagudas e irreales. Del grupo se adelantó un hombre hasta la boca sellada del sepulcro. Su voz, enérgica y sublime, atronó en la profundidad de la fosa.</p>
<p>-¡Lázaro, sal fuera!</p>
<p>El cadáver se estremeció ligeramente. La piel yerta del rostro se agrietó como un cuenco de cerámica. Los gusanos enquistados en los globos oculares removieron perezosamente sus anillos. Las moscas abandonaron momentáneamente su labor de succión en las fosas nasales.</p>
<p>El estremecimiento puso en tensión la columna vertebral del muerto, espantando las ratas que se abrían paso hacia sus vísceras. De la boca entreabierta escapó una escalopendra gruesa como un sapo. La lengua del difunto -negra y descarnada- se humedeció súbitamente. Su extremo puntiagudo asomó al exterior, mientras el primer aliento del resucitado elevaba penosamente la costra de las costillas -una plasta del tono de los excrementos resecos al sol.</p>
<p>-¡Lázaro, levántate y anda!</p>
<p>Animados por una agitación enfermiza, los músculos del cadáver tensaron la tela del sudario, que se rasgó en mil pedazos. La sangre bombeó el corazón de un golpe seco y las venas licuaron el riego podrido, arrojando al cerebro unas señales intermitentes, dolorosas, suficientes sin embargo para que Lázaro comprendiera&#8230;</p>
<p>Movió una mano, que, tras un esfuerzo desproporcionado al fin perseguido, llevó hasta los labios, apartando de ellos la seda venenosa de un escorpión hembra, en plena tarea de desove. Movió luego la otra, que arrastró hasta el bulto de su vientre, cuyo volumen encontró exageradamente amplio, inflado como una vejiga de puerco.</p>
<p>El giro de la cabeza hizo que rechinaran las vértebras cervicales astilladas como cuchillos. El aguamarina del cristalino se aclaró levemente, descubriendo en la entrada al cenotafio un punto de luz. El fuego de esta breve intensidad puso en hervor el cebo apelmazado de las mucosas.</p>
<p>Tenía la impresión de haber crecido irregularmente, en tanto no estaba muy seguro de ser él quien así sentía. La imagen súbita de su recuerdo postrero en el lecho de muerte erizó sus cabellos, abundantes y enmarañados. Un vómito de alimentos putrefactos y retenidos en el estómago durante aquellos días muerto, pugnaba por abrirse camino en el estómago aplastado.</p>
<p>La picadura atroz del ano le hizo olvidar de momento de otras sensaciones. Hurgó entre las piernas y asió el látigo viscoso de una cría de serpiente, cuya cabeza tenía en aquella oquedad un refugio seguro, además de una fuente de alimentación constante. El roce casi involuntario de sus partes genitales recordó de improviso a Lázaro su condición, su estado, sus afanes e inquietudes humanas&#8230; devolviéndolo a la consciencia de lo ocurrido con una virulencia insoportable.</p>
<p>Reanimados por el dolor de la memoria, los lacrimales de sus ojos liberaron unas gotas ácidas de orín, que sirvieron para arrastrar el polvo cadavérico adherido a sus mejillas.</p>
<p><span id="more-2744"></span></p>
<p>-¡Lázaro, te lo ordeno, sal fuera!</p>
<p>Haciendo un esfuerzo ímprobo, Lázaro logró arquear la espalda, girar sobre su postura yacente e hincar las rodillas en el suelo.</p>
<p>Un enjambre de cucarachas abandonó los huecos en descomposición de sus sobacos. La mirada turbia del resucitado se posó con asco indecible en la alfombra de lombrices sobre la que había descansado. Surgida al amparo umbroso de las heces que su intestino dejara escapar, una comunidad de orugas había practicado una complicada ruta de aprovisionamiento, que iba desde su ombligo hasta una galería subterránea cuya entrada estaba a su costado izquierdo.</p>
<p>El techo de la tumba, por otra parte, filtraba un leve río de agua putrefacta, que había estado derramándose gota a gota sobre su garganta. Las manos de Lázaro encontraron una espesa bufanda de musgo alrededor del cuello, cuyo hedor y podredumbre habían hecho nacer en la piel unos diminutos hongos y setas pastosas.</p>
<p>Pasados los primeros instantes de incredulidad y espanto, Lázaro -puesto a cuatro patas en el interior maloliente de la fosa- se movió en dirección a la voz que le reclamaba, tratando de agilizar las articulaciones de los huesos y ello con la incomodidad del vientre hinchado, que arrastraba por el suelo en el penoso vaivén del cuerpo.</p>
<p>Todo su cuerpo iba recobrando la elasticidad perdida, menos los ojos, nublados por la carcoma feroz de los gusanos instalados en las órbitas.</p>
<p>-¡Lázaro, Lázaro, levántate y anda!</p>
<p>-¡Vamos, sal fuera!</p>
<p>Hasta sus oídos medio petrificados llegaban, amplificadas, las voces familiares de sus amigos y parientes. Pero él se sentía muy lejos, perdido en la nebulosa del cieno. Abrió la boca para contestar a los requerimientos de que era objeto, y la sensación de haberse tragado la lengua le hizo dudar de poder responder a quienes le reclamaban de nuevo a la vida.</p>
<p>Medio ciego, podrido en parte, espantado de sí mismo por el recuerdo de su propia muerte, y asqueado por la repulsiva presencia física que debería mostrar, Lázaro luchaba entre abandonarse definitivamente en su tumba y suplicar a su bienhechor que reconsiderara la necesidad de aquel milagro, toda vez que su existencia pertenecía más al reino de los muertos que al mundo de los mortales.</p>
<p>Oyó, sin embargo, la orden, tajante e irrevocable, y no supo negarse a obedecer a quien de tal modo interrumpía la corrupción de sus restos.</p>
<p>El grito de horror que saludó su presencia estuvo a punto de devolverlo al oscuro pudridero. Advirtió que sus parientes y amigos se alejaban, y buscó a tientas al responsable de su resurrección.</p>
<p>-¿Eres tú, el que dice que me ama?</p>
<p>La carroña de sus brazos se había enroscado al cuello del autor del milagro, que miraba aún a lo alto, extraviado en la impenetrable y silenciosa distancia del más allá. Sin embargo, él puso los labios en la piel putrefacta de las mejillas de Lázaro, enjugó con su saliva los ojos mustios del resucitado y acarició las manos avinagradas del amigo.</p>
<p>Lázaro recobró la luz y lo primero que vio fue a Jonasán el leproso, que huía de su presencia sin volver el rostro&#8230;</p>
<p>Solo ante la puerta allanada de la tumba que le sirviera de morada en aquel tiempo, dejó vagar la mirada por el páramo del cementerio. Sus parientes y amigos corrían como endemoniados, tal vez con objeto de dar a conocer la buena nueva de su resurrección.</p>
<p>La soledad que le rodeaba estaba sin embargo preñada de indelebles presagios, invisibles repugnancias que ninguna tregua sería capaz de subsanar.</p>
<p>Había pasado el tiempo. Su esposa, sumisa en principio, vivía aterrorizada ante el simple gesto de su contacto. Vencida por el miedo, consentía el hediondo calor de su cuerpo, incapaz de excitarse como antes. Sus relaciones eran las del verdugo y su víctima.</p>
<p>Una madrugada sintió Lázaro que su esposa se escurría del lecho, y nunca más volvió a saber de ella.</p>
<p>Sus hijos, obedientes y respetuosos, no pudieron sin embargo superar el asco de su presencia en la mesa, bajo el mismo techo. El primogénito se hundió la punta del arado en el vientre, y el segundo se ahorcó una noche en la viga maestra de la casa.</p>
<p>Solamente Sarah -prima hermana de Lázaro que hacía las veces de sirvienta- pareció asimilar la cruel tragedia del resucitado y a él entregó su vida.</p>
<p>Sordomuda y taciturna, Sarah hizo de la tarea de sanar a Lázaro un mandamiento. A partir de entonces nadie volvió a ver al resucitado, que bajo la estrecha vigilancia de su prima -experta conocedora de hierbas y pócimas medicinales- se recuperaba poco a poco de tan horripilante experiencia sufrida.</p>
<p>Algunas partes de aquel cuerpo medio podrido, sin embargo, no recobraron la vida, y todo el afán de Sarah se concentraba en evitar que la corrupción se extendiera.</p>
<p>Pero esto era inevitable.</p>
<p>En ocasiones, Lázaro padecía súbitos letargos, llegando al borde mismo de la muerte; un extraño sortilegio impedía sin embargo que este fin se consumara, como si no le estuviera permitido atravesar la frontera letal por completo. En tan dramática situación vivió Lázaro casi un año.</p>
<p>Cuantas veces se sucedían los trances agónicos, otras tantas se manifestaba la imposibilidad de que la muerte se adueñara definitivamente de aquel espectro infrahumano. Lázaro, desfigurado y débil como un feto, era ya incapaz de recobrar lo que en cada ocasión perdía en forma más espantosa.</p>
<p>Una noche, los ojos hundidos y secos del resucitado miraron de tal modo a su prima, que ella, asustada, salió huyendo de la casa.</p>
<p>Quienes vieron sus pies destrozados y contemplaron su veloz carrera por muchas aldeas, dijeron haber presenciado el paso de un demonio enloquecido. Y quienes tuvieron oportunidad de observar cómo se arrojó, sollozando, a las plantas de aquel que hiciera el milagro de la resurrección de Lázaro, dijeron luego haber visto la imagen del miedo y la desesperación.</p>
<p>-Ve, porque todo se ha consumado.</p>
<p>Oyó y comprendió Sarah la sordomuda las palabras de quién podía hacerse entender de ella, y emprendió el camino de vuelta, imaginando que así terminaba el sufrimiento de su primo.</p>
<p>La sombra pálida de la muerte se echaba mansamente sobre el cuerpo tránsido de Lázaro. Conocida su frialdad amarga, absorbió complacido la hiel de su presencia, y bebió hasta saciarse la herrumbre letal que destilaba su savia.</p>
<p>La corrupción seguía ahora su curso normal, más apresuradamente tal vez, y el hedor de la carne putrefacta lanzaba al aire efluvios con recobrada violencia. El sopor cadavérico ahogaba su respiración, en tanto las manos se petrificaban sobre el vientre, de nuevo abombado de amoníaco en descomposición.</p>
<p>Un temblor irregular puso en agitación todos sus huesos, que se descoyuntaron blandamente, sin fijación alguna.</p>
<p>Presintiendo que la muerte era finalmente irreversible, Lázaro se alzó mediante un esfuerzo supremo, encaminando sus pasos trémulos hacia el páramo del cementerio, hasta la boca oscura del sepulcro familiar meses atrás abandonado.</p>
<p>Nadie sabe cómo lo consiguió, pero Lázaro llegó al hueco mortal de su sepulcro, y en la misma oya la llegada parsimoniosa de la segunda muerte.</p>
<p>Aún tuvo tiempo, sin embargo, de sentir cómo un cuerpo extraño se ceñía a su cadáver, un sudario de carne y hueso. Su prima, Sarah, la sordomuda, quería impedir a toda costa que volviera a repetirse el desgraciado milagro.</p>
<p>A partir de entonces nadie podía resistir la tentación de llamar a Lázaro en la puerta de su tumba. Y como si el maldito sortilegio todavía perdurara en sus efectos, el cadáver se estremecía ligeramente, así como removían perezosamente sus anillos los gusanos enquistados en los globos oculares del muerto.</p>
<p>Tu Historias son siempre bienvenidas asi como tu estas invitado al <a title="chat" href="http://www.chatcongente.com" target="_blank">chat</a> o a jugar con nuestros<a title="juegos flash" href="http://www.juegosflasher.com" target="_blank"> juegos flash</a>, lo único que necesitas para formar parte de la comunidad son tu cuenta de <a title="hotmail" href="http://www.correohotmail.org" target="_blank">hotmail</a> y <a title="subir imagenes" href="http://www.subeimagenes.com" target="_blank">subir imágenes</a> para compartir con los amigos en tus <a title="anuncios" href=" http://www.wanuncios.com" target="_blank">anuncios </a>a diario. No te preocupes para participar de nuestros <a title="programas" href="http://www.wprogramas.com" target="_blank">programas</a> no necesitas mucho trabajo ni estar conectado a diario en <a title="rojadirecta" href="http://www.esrojadirecta.com/" target="_blank">rojadirecta</a>. Te esperamos por que en breve estaremos organizando actividades interesantes para nuestros aficionados.</p>
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		<title>Anónimo</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Apr 2011 07:44:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo único que siempre buscamos fue reconocimiento. Que no nos olvidaran, que aún en nuestra ausencia recordaran nuestra existencia. Nunca buscamos dinero, ni placeres. Tampoco buscábamos fama, ya que la fama es demasiado efímera. Nosotros queríamos algo más que eso. Ansiábamos un mayor reconocimiento. Queríamos la inmortalidad que habían obtenido Alighieri, Platón, Aristóteles y tantos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3309" title="anonimo" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/04/anonimo.jpg" alt="" width="364" height="472" /></p>
<p>Lo único que siempre buscamos fue reconocimiento. Que no nos olvidaran, que aún en nuestra ausencia recordaran nuestra existencia.</p>
<p>Nunca buscamos dinero, ni placeres. Tampoco buscábamos fama, ya que la fama es demasiado efímera. Nosotros queríamos algo más que eso. Ansiábamos un mayor reconocimiento. Queríamos la inmortalidad que habían obtenido Alighieri, Platón, Aristóteles y tantos otros muertos que todavía, hoy en día, eran reconocidos por sus obras.</p>
<p>Lo intentamos todo. Actuación, canto, literatura. Pero nada nos sirvió. No éramos tan buenos como para ganar la inmortalidad con nuestras obras.</p>
<p>Editamos una revista de distribución gratuita con una temática social, antioficialista. Una parte la publicábamos por internet, para poder promocionarla y hacerla llegar a todas partes del mundo. De echo la escribíamos en varios idiomas, para que todos pudiesen leerla. La parte impresa la distribuíamos en quioscos de revistas, clubes sociales y algunos bares, de forma totalmente gratuita. Cualquiera podía tomar un ejemplar sin tener que gastar una moneda. La impresión la costeábamos con nuestros sueldos. La demanda era bastante alta, pero la gente la leía por el simple echo de que era gratuita, y ni siquiera reparaban en nuestros nombres, los que hacíamos aparecer repetidas veces en la publicación y de manera totalmente visible. Pero a nadie le importaba quién escribía las notas, ni quién les regalaba una revista tan bien lograda. Solo leían los artículos y el impreso iba directo al tacho de basura o al fuego de algún asado. También intentamos representando obras de teatro totalmente gratuitas, pero ninguno de nosotros era buen actor. Los primeros días actuábamos a teatro lleno. La gente venía a ver nuestra obra incitados por la nulidad del precio de la entrada.<span id="more-2084"></span></p>
<p>Pero con el tiempo comenzó a venir menos gente, dado que nuestras actuaciones no eran de las mejores. Dimos por descartada la idea de hacer televisión, ya que sin duda correríamos la misma suerte. Lo intentamos también con la locución radial, haciendo un programa totalmente vanguardista. Pero tampoco funcionó.</p>
<p>Pensamos en la música, pero ninguno del grupo poseía los conocimientos necesarios para formar una banda.</p>
<p>Cuando comenzamos a ver que todos nuestros intentos fracasaban y nos íbamos quedando sin ideas, comenzamos a pensar en cosas más pesadas, como violaciones en público, asesinatos en serie, suicidios masivos y muchas ideas más. Pero sólo conseguiríamos que nuestros nombres se convirtiesen en nada más que números, estadísticas para una sociedad enferma en lento proceso de autodestrucción. Por esto se nos ocurrió ocultarnos en el anonimato para que todo el mundo nos conozca. Decidimos ocultar nuestros rostros para que la humanidad nos viera. Habíamos estado buscando el reconocimiento a través de la fama, y ese había sido nuestro error. Ahora la inmortalidad por fin podría ser nuestra. Nadie recordaría nuestros nombres. Nadie los sabría. Pero todos recordarán nuestra obra. El mundo hablará de nosotros por siempre. Nadie puede olvidarse de lo que hicimos. Y digo “hicimos” ya que en el momento en que encuentren esta carta, ya será demasiado tarde para volver atrás la historia, y nuestro trabajo estará cumplido.</p>
<p>Entenderán entonces que hacer volar por los aires al Papa y a todos sus seguidores no ha sido un atentado político ni religioso. Sólo la búsqueda de reconocimiento. ¿Qué mejor para una sociedad, aunque escéptica, bastante supersticiosa aún que matar al Sumo Pontífice antes del año dos mil, como las profecías decían que no debía suceder?</p>
<p>Ahora bien, ¿Quién reconocerá nuestros cuerpos en medio del mar de cadáveres en que se habían convertido las calles por las que desfilaba el Papa?. Hasta el momento de encontrar esta carta, seguramente nos buscarán entre los vivos, y de echo tal vez sigan haciéndolo pensando que no es mas que un truco sucio para salvarnos de la ley. Nadie nunca sabría nuestros nombres, pero nos recordarían por siempre. El anonimato a cambio del reconocimiento, la muerte a cambio de la inmortalidad. Sinceramente, ¿No es una obra maestra?.</p>
<p>Carta encontrada en un ejemplar de La Biblia de una biblioteca cercana al lugar del atentado en donde perdieron la vida el Papa y quinientos fieles que seguían en su peregrinaje. Se desconoce el autor.</p>
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		<title>Contemplando la luna</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Feb 2011 00:46:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En la tranquila noche dos enamorados se encontraban recostados en el jardín contemplando la enorme luna llena que brillaba con intensidad en el despejado cielo y en espera del eclipse lunar, era de esas ocasiones que se puede observar todas las estrellas y cualquier ser humano puede inspirarse y sentirse poeta por un instante. - [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-3046 alignleft" title="luna" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/02/luna.jpg" alt="" width="350" height="501" /></p>
<p>En la tranquila noche dos enamorados se encontraban recostados en el jardín contemplando la enorme luna llena que brillaba con intensidad en el despejado cielo y en espera del eclipse lunar, era de esas ocasiones que se puede observar todas las estrellas y cualquier ser humano puede inspirarse y sentirse poeta por un instante.<br />
- Ya le arrebataron lo enigmático y romántico – comentó Emilio -; anteriormente la luna era un icono para los enamorados.<br />
- Tienes la razón de tu parte – contesto Lucia -; dicen que solamente hay rocas, polvo y enormes cráteres, pero eso no es motivo para dejar de planear nuestra luna de miel. Iremos al mar, en la arena dibujaremos un enorme corazón con nuestros nombres y solamente nos iremos a descansar cuando las olas logren alcanzarlo y desvanecerlo.<br />
- Me gusta lo que dices – externo el muchacho -; ¿Qué sucederá si las olas lo alcanzan muy entrada da noche?<br />
- Púes estaremos más tiempo juntos – remarco Lucia-; encenderemos una fogata y tú me contaras historias de tu pueblo y yo del mío.<br />
- Mi pueblo no tiene historias gratas &#8211; aclaró Emilio -; tal pareciera que es como la luna y se empeña en mostrar la misma cara. A temprana edad me salí en busca de una vida mejor, muchos se aferran al lugar donde nacieron, en la particular yo me inclino en buscar el lugar donde pueda vivir. Quizá en la luna de miel te cuente la leyenda del descansó de los muertos.<br />
- ¿El descanso de los muertos? &#8211; pregunto interesada Lucia -; bien, no esperemos la luna de miel, ni estar frente al mar, cuéntame en que consiste.<br />
- Para algunos tiene gran relevancia, para mi sigue siendo solo una leyenda – externo Emilio -; dicen que años atrás los pobladores les aterraba la idea de morir y ello lo reflejaron al ubicar el cementerio a unos kilómetros de distancia del poblado. No previeron que cuando murieran los tendrían que llevar cargando, y seria necesario realizar por lo menos un descanso y para ello eligieron la sobra de una higuera. Desde ese entonces a este lugar se le llamo el descanso de los muertos, y extrañamente comenzaron a suscitarse apariciones de difuntos, por lo regular quienes los observaban eran los asesinos. Quizá un día a mi se me aparezca un difunto.</p>
<p><span id="more-1369"></span><br />
- ¿Aún no superas el haber reprobado el año escolar? &#8211; comentó la muchacha al instante que lo abrazaba con ternura -; la venganza nunca es buena, quizá mañana retomes tus estudios y logres llenar ese hueco que te dejo esa amarga experiencia Aún no termino de comprender porque reprobaste si eras el mejor alumno.<br />
- Es derivado del recelo profesional – musito con amargura -; no siempre el maestro trata de apoyar al mejor alumno, es todo lo contrario, le coloca obstáculos para que fracase y no se convierta en competencia, desea ser el sol y que nosotros únicamente reflejemos su luz como la luna, pero ya no hablemos de eso.<br />
- De acuerdo – externo la muchacha -; pero no es para que te enojes y, para que recuperes tu buen humor te diré que ya entregue todas las invitaciones acepto una.<br />
- Si, ya se lo que dirás – remarco el muchacho fastidiado -; la última invitación que te falta por entregar es la de la familia del cretino profesor.<br />
- Esta bien la romperé, lo importante es de que tú te sientas bien – externo la muchacha.<br />
- No hagas eso, yo se la entregare personalmente &#8211; agrego el muchacho -; después de todo fue nuestro profesor, un poco cómico e idiota.<br />
- Que es lo que pretendes al llevarle la invitación &#8211; interrogo intrigada la muchacha -; eres muy impulsivo, mejor olvida lo ocurrido.<br />
- Ponte en mi lugar y me comprenderás – externo el muchacho -; si recuerdas era mi proyecto de vida, todo lo que se me presento lo tuve que sortear, reporte a mi anterior jefe por no darme la oportunidad de estudiar, derivado de ello me citaron para que realizara las aclaraciones pertinentes, y contra viento y marea me dieron la razón. Con ello me enemiste con el vampiro del Director, desde ese instante me rastrea como mastín, solamente espera una oportunidad para exigirme la renuncia, en gran medida tiene razón, ridiculice a su compadre, ello lo tomó como una ofensa personal. En aquel entonces mi estrella erra radiante y vislumbraba éxito, hoy me encuentro girando en la misma orbita como la luna. ¿Dime como le voy ha hacer ahora que he reprobado por el capricho de un insignificante ser que no es merecedor del aire que respira?<br />
- Relájate, mañana te ayudare a redactar ese oficio para que lo entregues en tu trabajo – externo la muchacha -; las oportunidades te seguirán sonriendo, pronto te convertirás en un reconocido escritor, es cuestión de que tengas paciencia y la casa editorial le de el visto bueno al libro, tú naciste para ello y el reconocimiento te lo otorgaran los lectores, no un profesor.<br />
- Que más te queda decir &#8211; comentó el muchacho -; pronto serás mi esposa y deberás apoyarme aún cuando no tenga la razón. Por favor no me hables del libro, con la suerte que traigo puede que a nadie le agrade y también fracase.<br />
- La luna sigue siendo hermosa e inspiradora – recalco la muchacha -; igual que la poesía que recitantes la otra noche, por favor tratemos de ser felices, estamos bajo el mismo cielo y nosotros somos los mismos.<br />
- Te amo, como un loco – le musito al oído -; pero hoy he comprendido que la luna inspira a lunáticos desquiciados, ella los trastorna y los hace sentirse poetas. Quizá yo sea uno de ellos y no me he dado cuenta y mucho menos lo he aceptado, mis emociones y sentimientos son tan profundos como claros que en algunas ocasiones me aterran.<br />
- Que no te afecte ser como eres – aconsejo Lucía -; ya no recuerdas que me enseñaste a alejarme de todo lo superficial, eres extremadamente creativo y hasta en lo siniestro tienes un toque especial, serías capaz de cortarle la cabeza al profesor, pintarla de verde y decir que es un coco.<br />
- En otras palabras un sádico – comentó Emilio -; pero viéndolo bien sería el mejor regalo de bodas que pudieran obsequiarme.<br />
- Basta de locuras – externo la muchacha -; tú serás un escritor romántico, no de terror. Paulina realizo hasta lo imposible para que continuaras estudiando, decía que eras el mejor compañero que había tenido, y en más de una ocasión me dieron celos por su proceder. Qué me dices de Malen que no acepto lo ocurrido y fue a hablar con el Director, por ello nos enteramos que cuatro compañeros se encontraban en la misma situación, extrañamente al final todos pasaron el año, ello dio motivos para que se pusiera en tela de juicio la reputación del maestro, con seguridad que es un loco carente de ética profesional.<br />
- Tú lo has dicho – contesto el muchacho -; puede ser que también sea un lunático que en este instante se encuentre contemplando la luna igual que nosotros.<br />
- No lo creo – agrego Lucia -; es cierto que al profesor le agradaba estar pegado al telescopio en espera de alguna estrella fugaz o un eclipse lunar, pero en esta ocasión no será así, por lo que te puedo dar por adelantado tu añorado regalo de bodas con la única condición de que jamás me lleves a conocer ese lugar que le llamas el descanso de los muertos.<br />
-. ¿Quieres decir que….? – comento el muchacho sin atreverse a completar la pregunta.<br />
- Acertaste – contestó la muchacha al instante que le dio un beso en los labios y la luna comenzó a enrojecer al ser alcanzada por el cono de penumbra y el eclipse comenzó.</p>
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		<title>Duelo en el crepusculo</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Feb 2011 05:20:22 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3005" title="crepusculo" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/02/crepusculo-.jpg" alt="" width="553" height="415" /></p>
<p>Por donde se mirara, el pueblo estaba desierto. El viento entraba por las ventanas de las casas y producía extraños sonidos, tenebrosas vibraciones. Pero, no había nadie allí para escucharlas. Sólo Jackson, sentado tras su escritorio, mirando pensativamente su placa de sheriff, observando sus pequeños brillos replicándose en la pared. Cuán poco significaba ahora para él. Era un objeto sin valor, un recuerdo de otro tiempo. De otra época.</p>
<p>Luego de un rato, la guardó con aburrimiento en uno de los cajones. Se levantó y se puso el cinturón con las pistolas. Se sentía cansando, como si no hubiese dormido en mucho, mucho tiempo. Sus largas piernas recorrieron el camino que lo separaba de la puerta y salió al exterior. El frío viento de la tarde, casi la noche, lo golpeó en el rostro, como una bofetada de hielo. Se arregló el cabello que le caía sobre la frente y fue hasta la calle. Sus botas no hicieron el menor ruido mientras que las espuelas iban trazando un pequeño, casi imperceptible surco sobre el polvo.</p>
<p>¿Cuántas veces había recorrido ese mismo trayecto? Una y otra vez, como si fuera un perro vagabundo en busca de comida. Era imposible saberlo. Jackson era capaz de recordar cada ínfima pulgada de terreno, pero si se trataba del tiempo, bueno, ese no era su campo de acción.</p>
<p>El sol languidecía en el horizonte. Jackson descubrió una figura solitaria que se acercaba lentamente por el otro lado de la calle. Era Lager, de eso no tenía dudas. Podía predecir lo que sucedería a continuación.<span id="more-2945"></span></p>
<p>-Veo que viniste -dijo Jackson, cuando Lager estuvo lo suficientemente cerca. Era un muchacho de cabello rojizo y mirada rápida. La clase de tipos que siempre traían problemas. Jackson los había visto muchas veces, entrando y saliendo del pueblo como si fuera de ellos. Como si nada en el mundo pudiese detenerlos. Lo sabía bien, porque él había sido así alguna vez. No era tan viejo como para no recordarlo. Pero tan poco era tan joven como para hacerlo otra vez. La vida y, por sobre todas las cosas, la muerte, tenía ahora un significado completamente distinto para él.</p>
<p>-Así es ¿qué otra cosa esperabas? -dijo Lager. Y lo dijo como si cada palabra fuese una bala que escupía de su boca.</p>
<p>Jackson sacudió la cabeza. Por supuesto que no esperaba otra cosa. Hubiese sido demasiado ingenuo de su parte pensar algo distinto.</p>
<p>-Empecemos con esto -dijo Lager.</p>
<p>-Todavía no es la hora -replicó Jackson.</p>
<p>Lager estaba tan impaciente como si fuera un volcán a punto de estallar. Jackson se preguntó por qué el muchacho actuaba como si no lo supiera. ¿Acaso no era consciente de lo que allí sucedía, día tras día? ¿Es que nunca se había preguntado por qué no había nadie más en el pueblo? Jackson no lo sabía. Y sabía que hubiese sido inútil discutirlo con el muchacho. La vez que lo había intentado, sólo se había encontrado con un franco rostro de sorpresa. Quizás es demasiado estúpido como para darse cuenta, pensó Jackson. Pero si ese era el caso, ¿qué quedaba para él? Ser inteligente como para descubrirlo, para descubrir la sombra bajo la luz, no le había ayudado en nada. Lager en su ignorancia y él en su conocimiento estaban atascados en el mismo punto sin retorno.</p>
<p>Vivian se acercó lentamente, sin hacer ruido. Se detuvo entre los dos hombres y miró a ambos con los ojos empañados por las lágrimas.</p>
<p>-¡No hagan esto! -suplico.</p>
<p>-Debemos hacerlo -dijo Jackson, repitiendo otra vez las palabras que había prometido no volver a pronunciar jamás-. Lager te deshonró. Tú eres mi esposa y deberías saberlo.</p>
<p>-Pero lo amo, Harry -dijo ella.</p>
<p>Era sincera, Jackson lo sabía. Era él quien sobraba en la vida de los dos, pero había sido demasiado egoísta como para darse cuenta. Ahora, ya era tarde.</p>
<p>-No me importa -dijo, aunque sus palabras no tenían convicción.</p>
<p>-Es la hora -rugió Lager.</p>
<p>Quizás si no hubiese sido un muchacho tan impetuoso.</p>
<p>-Lo sé -dijo Jackson.</p>
<p>Lo que pasó luego, fue tan rápido que quizás ninguno de los dos tuvo tiempo de saber exactamente cómo ocurrió. Lager disparó primero, Jackson sólo lo descubrió tiempo después. Sus rápidos reflejos le permitieron responder con rapidez, tanta que ni siquiera se dio cuenta en ese momento que no era él quien disparaba en segundo termino. Luego sólo escuchó un gemido. Y vio el cuerpo de Vivian cayendo al suelo. Lager corrió hacia ella. Jackson ya no tenía fuerzas para hacerlo. Sabía que estaba muerta.</p>
<p>-¿Qué hemos hecho? -dijo Lager, mientras que tomaba el cuerpo aún cálido entre sus manos y la sangre empapaba su camisa.</p>
<p>Jackson se encogió de hombros.</p>
<p>-Condenarnos -respondió.</p>
<p>Lager hundió la cabeza en el pecho de Vivian y comenzó a llorar. Jackson dejó caer sus pistolas y caminó hacia el cementerio. Avanzó a tropezones, como si estuviese ebrio y se detuvo frente a tres tumbas que le eran familiares. Las tres estaban abiertas y se podían ver los cuerpos que sus profundidades guardaban. No tuvo valor para mirar la tumba de Vivian y ver los huesos corroídos, el cabello rubio convertido en una masa informe, los ojos hundidos. No otra vez.</p>
<p>-¿Por qué no me dejas morir de una maldita vez, Dios? -gritó Jackson.</p>
<p>Pero como siempre, no hubo ninguna respuesta. Sólo una fría corriente de viento que golpeó en su rostro.</p>
<p>-Lo sabía -dijo.</p>
<p>Luego bajó hacia su tumba, donde su cadáver se pudría desde hacía casi cincuenta años y se echó sobre el féretro abierto.</p>
<p>De donde volvería a salir la noche siguiente, como el fantasma que ahora era, para revivir una y otra vez, el mismo duelo, el mismo dolor, la misma condenada eternidad.</p>
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		<title>Recogiendo almas, tirando huesos&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Jan 2011 21:21:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Recogiendo almas, tirando huesos&#8230; Sufrió un ataque al corazón, seguro fue por nervios&#8230; decía el médico mientras lo observaba lentamente&#8230; Estaba ahí tirado en la sala, todo había sido tan extraño&#8230;. que no supe cuando empezó todo. Lo lleve a un lugar mas seguro, donde no viera su cuerpo. Es extraño esto, aún no me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/01/huesossecos.jpg" alt="" title="huesossecos" width="408" height="500" class="alignnone size-full wp-image-2698" /><br />
Recogiendo almas, tirando huesos&#8230;</p>
<p>Sufrió un ataque al corazón, seguro fue por nervios&#8230; decía el médico mientras lo observaba lentamente&#8230; Estaba ahí tirado en la sala, todo había sido tan extraño&#8230;. que no supe cuando empezó todo. Lo lleve a un lugar mas seguro, donde no viera su cuerpo.</p>
<p>Es extraño esto, aún no me acostumbro&#8230;. &#8211; le dije en voz baja.- ¡Sabes! Cuando me sucedió a mi ni me explicaron, sólo me dijeron que mi vida había terminado y que tenia que ir a otro nivel, claro que al principio pense que Alem había fumado algo extraño y que se confundía de persona, pero después ubiqué que esa, empezaba a ser mi realidad&#8230; en fin, mi nombre es Lucero y mi misión es mostrarte el camino para el segundo nivel&#8230; hay mucha gente que te quiere, por lo que me puedo dar cuenta&#8230; pero ya se acostumbraran, la gente se acostumbra.</p>
<p>- ¿Quien eres? ¿De que me estas hablando? ¿Que hago yo aquí? Debería estar &#8230; ¿Donde están todos?</p>
<p>Una explicación posiblemente eso es lo que necesites&#8230; te entiendo yo también deseaba que me explicaran, y creo que no corrí con suerte. Y bueno hoy no hay tiempo, es cruel todo este asunto y yo que se muy bien de sentimientos lo entiendo, solo debes saber que este nivel ya lo has terminado, y tienes que seguir creciendo, a veces duele, como todos los cambios&#8230; sólo que en este no puedes decidir&#8230; es sólo hacerlo!<br />
<span id="more-2627"></span><br />
- ¿Perdón? Podrías decirme que hacemos aquí, ya es muy tarde y tengo que volver, gusto en conocerte&#8230;</p>
<p>¡Oye, es que no entiendes! &#8211; le grité &#8211; ¡Tu estas muerto!</p>
<p>&#8230; esos minutos corrieron en silencio, la expresión de su cara me mostraba el no creerlo, y entonces recordaba aquellos momentos en que yo supe también que había muerto. Lo recuerdo bien, estaba mirando el hermoso atardecer, había sido un dia pesado, y caminaba en ese gran parque que estaba cerca de mi casa. Mi familia me esperaba para cenar, íbamos a festejar que había conseguido la beca que por tanto tiempo luche&#8230;, no es grandioso, luchar tanto para después morir&#8230;., así es; dicen que cuando llegas a lo mas alto es mucho mas fácil caer, y yo no caí, sólo se me acabó el tiempo. En eso solo mire las placas HUB 2135 y la expresión de aquel pobre hombre, que parecía que había visto un fantasma. Entonces seguí mi camino, comencé a ver mucha gente que se acercaba a ese carro, pero como yo nunca he sido chismosa, seguí mi camino&#8230;. en eso me percaté que alguien me venia siguiendo, y comencé a ponerme nerviosa, así que apresuraré el paso, y ahí estaba, me detuvo en seco. Era un atractivo joven, ahí, delante de mis ojos, tenia un extraño brillo en sus ojos, y una vibra inconfundible, pero su mirada estaba vacía.</p>
<p>- Alem dijo, con una sonrisa sarcástica &#8211; ¡No puedo creer, que aun sigas sin verte! &#8230;como si todo siguiera igual, sigues tu camino tan campante como cualquiera, ¡¿Que no te das cuenta que has muerto?! No pongas esa cara, mira yo te lo enseño.</p>
<p>Por una extraña razón lo seguí, y en verdad no suelo hacerlo, entonces miré mucha gente, de repente vi a mi hermana y a mis padres, estaban llorando&#8230; miré al otro lado y ahí estaba&#8230; yo, tendida en el suelo. El señor decía que había sido un accidente, que no supo como sucedió. Regrese la mirada a mi cuerpo, estaba sangrando. Los paramédicos trataron de hacer algo, pero como me habían dicho, había muerto. Muchos pensamientos pasaron por mi mete, creí que solo era un sueño, posiblemente una mala broma, pero no, todo era cierto. Miré mis manos, todo el cuerpo, era solo esencia, de esa que dicen en los cuentos. Le pregunte a él que quien era, ¡¿Quien demonios eres para hacerme esto?! ¡Déjame sola, por favor&#8230;, sola un momento!</p>
<p>- El solo dijo &#8211; Lo siento, pero ya no hay tiempo, tenemos que irnos&#8230; por cierto mi nombre es Alem, y te voy a enseñar el camino, para tu próximo nivel&#8230; aunque por el momento, necesito ayuda, tenemos muchos mas muertos&#8230; mira vamos y te enseño.</p>
<p>A partir de ese momento; de mi muerte, la vida y sus secretos, sigo con Alem recolectando almas y tirando huesos&#8230;</p>
<p>- Entonces cortó mis pensamientos &#8211; ¡¡Oye!! ¿Me estas escuchando? Por favor dime que no es cierto, dime que los ojos que miraron a ese cuerpo no son los míos, dime por favor que esto es sólo un sueño. ¿Que me esta pasando? ¿Que paso con mi cuerpo? ¡¡Ayúdame!!!</p>
<p>- Perdón, me perdí por un momento&#8230;</p>
<p>Tu vida en esta tierra ya terminó, lo siento&#8230; a veces entre más alto volamos nos duele más la caída, pero no te preocupes, tu no caíste, sólo se te acabó el tiempo.</p>
<p>FIN</p>
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		<title>La Bestia</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Jan 2011 23:21:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Solía pasear por los interminables pasadizos que formaban las callejuelas de la parte más pobre de Kli-Sabhet, pasaba horas y horas perdido por la maraña interminable de pasadizos, callejones y plazoletas divagando sobre una idea que me rondaba desde hacía mucho tiempo. Más exactamente desde que cumplí los catorce años, es decir hacía más o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2694" title="maldita-la-bestia" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/01/maldita-la-bestia.jpg" alt="" width="430" height="577" /></p>
<p>Solía pasear por los interminables pasadizos que formaban las callejuelas de la parte más pobre de Kli-Sabhet, pasaba horas y horas perdido por la maraña interminable de pasadizos, callejones y plazoletas divagando sobre una idea que me rondaba desde hacía mucho tiempo. Más exactamente desde que cumplí los catorce años, es decir hacía más o menos dos años.</p>
<p>La vida de un muchacho de Kli-Sabjet a los catorce años es muy dura si no pertenece a la parte digna de la población; a aquellos que gobiernan y que dictan leyes, juzgando y condenando, rigiendo el progreso de la Gran Ciudad. Yo no pertenecía a esta clase, aunque más bien lo desconocía, pues fui hallado, con tan solo dos meses de edad abandonado en una colina al pie de una gran pedernal con extraños grabados, por un monje. Éste me recogió y me llevó a su zona de retiro y me instruyó en las ciencias de la alquimia y la quiromancia. Gracias a ésta educación y forma de vida dedicada a la meditación y el estudio, era considerado una especie de monje y por lo tanto no tenía que cumplir con las obligaciones impuestas a todos los que hubiesen cumplido los catorce años. Así evité tener que trabajar durante dos años en las minas de Yahn o en las maravillosas minas de diamantes de Kuhob y Vely.<br />
<span id="more-2629"></span><br />
Pues bien, fue justo a la edad de catorce años cuando me ocurrió este hecho que me perturbaría durante mucho tiempo. Había conocido a una niña en el mercado, ésta estaba postrada en una yacija porque sus piernas eran muy débiles y no podía caminar. Hablé con ella y al darme cuenta de lo necesitada de afecto que estaba, empecé a visitarla en su casa a las afueras de la ciudad. Un día de camino a casa de Soira, así se llamaba la jovencita, al pasar por una zona de vegetación frondosa que se encontraba fuera de la carretera de adoquines, y que yo tomaba como atajo, sentí un especial hormigueo en mi interior y me puse a mirar en todas direcciones. No había nada ni nada parecía ocurrir, pero al girarme para continuar mi camino, tropecé con el cuerpo de una mujer que se alzaba junto a mi. Mi rostro se hundió entre sus pechos que llevaba medios descubiertos, y con sus manos me oprimìa contra ellos moviéndome de un lado hacia otro a la vez que se reía con extraordinaria insania. Logré safarme torpemente y salí corriendo de sus brazos, tropezando con los arbustos y ramas conseguí alejarme aunque por un instante me giré y pude verla. La vi en el mismo sitio donde me había asaltado, y estaba agazapada como si de una fiera se tratase, medio desnuda y desmelenada, mirándome y aunque no estoy seguro, me pareció que aullándome.</p>
<p>Estuve durante varias semanas aislado en mi boardilla, preso de una terrible angustia y sumido en los mas bárbaros pensamientos. Sufría brutales pesadillas en las cuales aquella mujer-bestia me devoraba, me torturaba, me hacía sentir los mas horrendos dolores y siempre al final me mataba, momento en el cual me despertaba sobresaltado y bañado en un pegajoso y pestilente sudor.</p>
<p>Pero ahora, paseando por las calles de Kli-Shabett, me sentía de nuevo presa del pánico y la angustia. Al día siguiente ejecutarían a una mujer en el templo común de Kli-Shabett, a una mujer-bestia como decían, que habían capturado a las afueras de la ciudad en un pequeño bosque. La acusaban de la desaparición de algunos niños y de mantener contacto con algún ser de la oscuridad. El miedo a que esa mujer fuese la misma que me encontré hacía dos años cara a cara, me tenía alterado y excitado.</p>
<p>Decidí dirigirme a las mazmorras de la prisión, donde se encontraba esa extraña mujer. Uno de los guardianes me dejó entrar a cambio de un par de monedas. La tenían en el segundo nivel, este estaba formado por cuatro corredores paralelos que separaban celdas individuales. Estas celdas estaban forjadas en acero y parecían jaulas.</p>
<p>En uno de los extremos se encontraba la mujer ; me dirigí hacia su celda despacio y pude apreciar su silueta gracias a la tenue luz de una vieja lámpara que colgaba en el centro del corredor. Estaba sentada en la cama y cuando aún no podía distinguir su rostro se levantó y acercó hacia mi.</p>
<p>La suave luz de la lámpara de repente se tornó en fuego vivo e iluminó por completo la cara de la mujer, esta gruñía mirándome fijamente, por su boca emanaba espuma blanquecina, y sus ojos inyectados en sangre me penetraban llegando hasta lo más profundo de mi alma.</p>
<p>Retrocedí involuntariamente en el momento justo que ella lanzaba uno de sus brazos con brutal fuerza hacia mi. Me alcanzó en el pecho con sus garras y caí al suelo. Había clavado sus uñas en mi cuerpo y de las heridas brotaba mi sangre mezclada con un viscoso líquido gris.</p>
<p>Salí despavorido de aquel aquelarre y mientras huía desesperado pude oír sus gritos, era como si estuviese poseída y no paraba de chillar y reír.</p>
<p>No fui a su ejecución, mi cuerpo, mi mente, mi alma, todo mi ser se oponía a acudir. La mujer bestia fue decapitada, quemada y sus cenizas selladas bajo tierra, todo había acabado para ella, pero no para mi pues aún hoy conservo aquella herida producida por sus envenenadas uñas, y cuando se me cierra no pasan muchos días hasta que se me vuelve a abrir y brota de ella aquel viscoso líquido gris.</p>
<p>Extraído del libro &#8220;Cofesiones de Abath&#8221;</p>
<p>Fin.</p>
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