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	<title>Cuentos de Miedo, Relatos de Terror, Leyendas Urbanas. El miedo tambien mata &#187; muertes</title>
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	<description>Miedo en aterrorizar es Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas</description>
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		<title>El Accidente</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 15:51:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/18640.jpg" alt="" /><br />
150 Km/H marcaba el velocímetro del automóvil. James Bradly estaba más que ansioso por llegar al hotel que se encontraba en la ya próxima ciudad, para ver a su hija recién nacida, que por problemas de trabajo no pudo estar en el parto en sí. 160 km/H, y una espesa neblina cubría gran parte de la visibilidad en la carretera de alta velocidad. No se veía ningún auto a estas horas, ya iban a ser la una de la madrugada.</p>
<p>Aquella extraña tranquilidad que te da cuando sabes que no hay nadie en kilómetros a la redonda, le hizo comenzar a pensar en su vida a Bradly. Era un alto comisionado de energía, trabajo de abultado salario conseguido por ciertos contactos a nivel de gobierno. Su esposa, Gracia, no era muy feliz. Se lo pasaba en la casa ya que él se había negado sistemáticamente a que ella trabajase. &#8220;El lugar de las mujeres es el hogar&#8221; muchas veces dijo él como punto final para terminar las constantes discusiones por el mismo tema.</p>
<p>Una luz en el camino. Otro auto que hizo parpadear las luces repetidamente lo sacó un poco del ensoñamiento en el que estaba sumido, mas no le hizo mayor caso y aún aumentó la velocidad del auto, que ronroneaba ligeramente al cruzar la carretera.</p>
<p>Entonces a lo lejos una sombra. Bradly no la vio porque estaba empecinado recordando lo odiosa que se ponía su mujer. Cuando se dio cuenta del objeto en cuestión, que estaba al frente suyo, en su miso carril, fue muy tarde.<br />
<span id="more-4308"></span><br />
Golpeó violentamente con el objeto. Con toda la conmoción del choque viró y pasó a chocar con la barrera metálica de contención, haciéndose escuchar un terrible chirrido que golpeaba sus tímpanos dejándolo virtualmente sordo, mientras millones de chispas brillaban escarlatas en su lado del auto. A la velocidad sórdida que iba no alcanzó a evitar el árbol macizo con que el vehículo se estrelló.<br />
Sólo se escuchó un crujir doloroso.</p>
<p>Cuando Bradly se encontró consciente, estaba sentado en una piedra a escasos metros de un aparente accidente. Se encontraba él en perfectas condiciones, sin ningún rasguño, pero no podía decir lo mismo de un alce que estaba a pocos pasos del lugar. Había sido golpeado con una fuerza tremenda, estaba partido por la mitad en algún punto de su columna vertebral, con algunos intestinos saliéndole por un agujero del abdomen.</p>
<p>Al otro lado, equipos de emergencia asistían a un auto que estaba hecho pedazos frente a un árbol arrancado casi de raíz. Sierras se escuchaban cortando el metal de las puertas del accidentado vehículo, y cuando éstas cedieron, sacaron con cuidado algo, y lo dejaron cerca del mismo. Lo taparon de inmediato con un nylon negro, y llamaron a los de la ambulancia.</p>
<p>Entonces algo crujió en la mente de Bradly.</p>
<p>Él también había sufrido un accidente, ahora lo recordaba. Con lo que chocó, ¿Era posible que fuese ése mismo alce, que estaba ahora tirado y destrozado? ¿Y no era ese su auto, el que quedó inservible al lado del árbol? Y entonces, ¿Quién era el que estaba bajo el plástico negro, sino era él? Camino cada vez con una expresión más grave, acercándose con la manos temblorosas para ver al difunto que ahí se encontraba.</p>
<p>Se le cayó todo lo que conocía del mundo cuando lo vio.<br />
Era él mismo, con el cráneo y el cerebro licuado por el choque.<br />
Estaba muerto, era él mismo.</p>
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		<title>La &#8220;muerte&#8221; más extraña de la historia</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 22:09:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos Misterios]]></category>
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		<description><![CDATA[Gustav Ferdinand Von Kelps, fue un físico y matemático alemán que ha tenido la &#8220;suerte&#8221; deser una de las personas con la muerte más extraordinaria del planeta. Nació en la ciudad deNuremberg en el año 1905, se crió dentro de una familia clase media-alta. Sus padres desde chico lo estimularon a desarrollarse dentro del campo de la física y las matemáticas. Siempre fue el alumno que sobresalió [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/C8D3C85DE.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p>Gustav Ferdinand Von Kelps, fue un físico y matemático alemán que ha tenido la &#8220;suerte&#8221; deser una de las personas con la muerte más extraordinaria del planeta. Nació en la ciudad deNuremberg en el año 1905, se crió dentro de una familia clase media-alta. Sus padres desde chico lo estimularon a desarrollarse dentro del campo de la física y las matemáticas. Siempre fue el alumno que sobresalió en su clase, por su inteligencia y su curiosidad. Su abuelo le enseñaba matemática avanzada después de la clase. Su curiosidad no tenía límites.</p>
<p>A la edad de 14 años, desarrolló un aparato que fue capaz de lanzar una bola de luz (Nunca nadie logró entender su funcionamiento) a una distancia de unos 50 metros. Sus padres preocupados por aquel invento (ya que era un peligro para Gustav y los que lo rodeaban), aprovechando una noche en la que el muchacho dormía, destruyeron la máquina y la tiraron en el río Pegnitz.</p>
<p>Siempre fue un muchacho solitario, que gustaba de encerrarse en un lugar de la casa que él llamaba &#8220;laboratorio&#8221;, tenía pocos amigos y caminaba siempre acompañado con algún libro debajo del brazo. Era el chico raro de la escuela y del barrio. Cuando ya contaba con la edadde 25 años, sabía más que sus profesores académicos en la Universidad de Hamburgo. Eso le trajo más de algún problema, por el solo hecho de que en plena clase, desafiaba a los profesores con teorías que luego descubrían que estaban acertadas. Sus profesores tenían miedo de que Gustav, le refutara un problema matemático en clase, y que no tuvieran la capacidad de discutir con él. <span id="more-4286"></span></p>
<p>A los 26 años de edad, publicó algunos trabajos técnicos y generales sobre el espacio, el tiempo, la materia, filosofía, lógica, simetría e historia de las matemáticas. Fue uno de los primeros en concebir la probabilidad de combinar la relatividad general con las leyes del electromagnetismo. El 5 de abril de 1942 murió de una forma increíble.</p>
<p>Por lo que se tiene registrado en el diario alemán Nürnberger Zeitung Gustav Ferdinand Von Kelps salió de su trabajo en el laboratorio Wëllishburng al mediodía, caminó hacia su casa (vivía solo), saludó a su vecina como de costumbre y se encerró en &#8220;su laboratorio&#8221;. Nunca más se lo volvió a ver.</p>
<p>El expediente de la policía (número 1209834) declara que por las pericias hechas en el lugar, Gustav estaba trabajando en un proyecto &#8220;secreto&#8221; para presentarlo en el instituto de&#8221;Matemática y Física de Munich&#8221;, cuando encendió una máquina que emitía rayos (la policía nunca digo de que rayos se trataban, por que el experimento fue hecho en época de la segunda guerra mundial) que la vecina pudo testificar que vio la luz que salía por la ventana del laboratorio y sintió como un zumbido (como cuando hierve el agua dentro de la pava). Luego una fuerte corriente de aire la tiró a unos 12 o 14 metros del lugar. Los investigadores policiales no podían creer lo que declaraban los testigos: Un haz de luz color violeta, ráfagasde viento, zumbido en el aire (dolores profundo de cabeza, luego del incidente)&#8230;etc.</p>
<p>El interior del laboratorio estaba casi intacto, sólo papeles desparramados y algún vidrio roto. El cuerpo del científico nunca fue hallado. Pero lo más interesante del caso, fue cuando 3 meses después del extraño suceso, los nuevos inquilinos estaban acomodando los muebles en la casa. Cuando de pronto ven (cuatro testigos coinciden en lo mismo) asomar una cabeza por la pared que les dio los buenos días y desapareció en el acto. Los inquilinos testificaron bajo juramento que 4 o 5 veces más vieron a la extraña figura cruzar de pared a pared. Luego de mostrarles fotografías de Gustav, todos aseguraron que era la persona que apareció por la pared.</p>
<p>Decidieron llamar a investigadores, científicos, de varias ciudades para encontrar una explicación a lo sucedido. Se formó una junta de investigación y luego de estudiar el caso por dos meses, concluyeron lo siguiente:</p>
<p>Gustav era la única persona que sabía lo que estaba experimentando. De alguna extraña manera pudo vencer el tiempo y espacio y pasar a otro plano dimensional.</p>
<p>Todos coinciden en que el físico matemático sigue vivo en otra dimensión, ya que cuando aparece, saluda normalmente y habla con los asombrados moradores del lugar.</p>
<p>En una ocasión un investigador se sorprendió al ver aparecer a Gustav por la pared, aseguró saludarlo y que Gustav le respondió: &#8220;¡Buenos días! ¿Bonito día para descubrir cosas nuevas, no?&#8221;. El investigador se quedó tan perplejo que cuando atinó a responder, Gustav ya había desaparecido.</p>
<p>Conclusión: No sólo está vivo en otro lugar, sino que cada poco aparece y habla con los visitantes del lugar. Cuando en una ocasión le preguntaron a Gustav, si estaba en otra dimensión. Él solo respondió:</p>
<p>&#8220;No se preocupen por mí, yo estoy en un lugar que ustedes tarde o temprano descubrirán yuna vez que lo visiten,&#8230; no querrán volver&#8221;.</p>
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		<title>Amistad</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 07:49:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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		<description><![CDATA[Estaba el sentado ahí, abandonado en el ultimo rincón de esa concurrida discotheque, pasaba tan desapercibido que ni los acosantes meseros se acercaban para ofrecerle algo de beber, ahí, acompañado de las telarañas y los restos de basura del día anterior inteligentemente depositados en esa esquina para evitar recogerlos estaba aguardando, su mente estaba completamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/09/sonar-con-muerte.jpg" alt="" />Estaba el sentado ahí, abandonado en el ultimo rincón de esa concurrida discotheque, pasaba tan desapercibido que ni los acosantes meseros se acercaban para ofrecerle algo de beber, ahí, acompañado de las telarañas y los restos de basura del día anterior inteligentemente depositados en esa esquina para evitar recogerlos estaba aguardando, su mente estaba completamente en blanco, ni los intensos sampleos golpeando los enormes bafles, ni los estridentes ruidos industriales entremezclados con el ambiente podían hacer que aquella figura entre la sombra hiciera un solo movimiento.</p>
<p>Vigilante hacia la puerta de acceso, viendo cada una de las personas que entraban y salían del lugar. Unos venían en busca de diversión, otros solo por el hecho de presenciar una fiesta &#8220;underground&#8221; poco usual por aquellos sitios y la gran mayoría solo por tener un pretexto para embriagarse y drogarse con los ácidos tan comunes en estas fiestas y tan desconocidos para la gente de esa pequeña ciudad.<span id="more-2140"></span></p>
<p>Parecía que aquel hombre esperaba a alguien y seguramente no entre el tumulto de las mesas puesto que estaba ahí antes que cualquier persona entrara y no había retirado los ojos de esa puerta que abría y cerraba constantemente mas no así sus párpados que no querían perder detalle alguno.</p>
<p>Por fin pareció terminar su espera pues al ver cruzar a aquel tipo con aspecto presuntuoso se incorporo inmediatamente para interceptarlo en su llegada, mientras aquel saludaba a varias personas a su paso con una actitud superior y arrogante a pesar de su desnutrido aspecto, se sentía dueño del lugar, con su largo y escaso pelo suelto que caía en su inflada chamarra negra que bien ocultaba su deficiente físico, caminando entre las mesas deteniéndose de vez en cuando para hacer visible su insípida popularidad.</p>
<p>Así continuo por algunos metros hasta que se topó frente a frente con aquel quien le aguardaba tan pacientemente, sus miradas se estrellaron de manera tan aparatosa que pareció verse un destello tan luminoso que se confundía con el juego de luces que se enmarañaban con las estructuras metálicas del techo, el rencor se hizo sentir inmediatamente, ocultándose con un saludo de aspecto mas que fraternal.</p>
<p>- Que paso Gabriel -dijo con voz ronca aquel hombre al recién llegado.-</p>
<p>- Nada mas por aquí, checando esta dichosa fiesta -Contesto con un dejo de temor-</p>
<p>- Que pasa Gabriel, ¿acaso temes a tu mejor amigo?, sin rencores hombre, ven acá que te invito una cerveza para que platiquemos un poco, creo que hay mucho de que hablar después de todo.</p>
<p>- Vamos pues -dice siguiendolo-.</p>
<p>Al percatarse de que el lugar estaba tan apartado de la muchedumbre -dijo rápidamente-.</p>
<p>- Por que tan alejado del ambiente, mejor sentémonos mas al centro para poder ver mejor el panorama.</p>
<p>- Como quieras -contesto- pero me extraña que te interesen este tipo de asuntos tan electrónicos y festivos, que, me vas ha decir que ahora te gusta el &#8220;techno&#8221; y el &#8220;industrial&#8221;.</p>
<p>- No, para nada -contesto Gabriel tratando inútilmente de ocultar su temor-, solo que quiero divertirme un poco viendo a las mujeres brincar de aquí para allá.</p>
<p>- Vamos pues -dice el pensando para sí &#8211;!estúpido hipócrita!&#8211;.</p>
<p>Ubicados ya, casi al frente de la pista, no tardaron ahora si, en ser interrogados por un mesero.</p>
<p>- Algo de tomar jóvenes -dijo el mesero-</p>
<p>- Que tomas Gabriel -pregunto él-</p>
<p>- Una cerveza -contesto-</p>
<p>- Que sean dos para cada quien, es mas -replico-, tráenos una de esas cubetas a cada uno para evitarnos la molestia de seguirte viendo la cara !pinche negro!, -dijo en tono sarcástico-</p>
<p>El mesero, aun sin comprender si aquello había sido en broma o era uno mas de los tantos desprecios que se hacia merecedor por su obscuro color y su aspecto de indígena se retiro inmediatamente.</p>
<p>- No cabe duda Gabriel, estos pinches indios están cada vez mas dentro de la sociedad, que se creen, que son iguales a nosotros, deberían volver todos a su selva para que el ejercito continuara exterminándolos uno a uno y en su defecto solo a morir de hambre, o tu que piensas -pregunto- acaso ya cambiaste tu antigua ideología?.</p>
<p>- Para nada -contesto-, sigo compartiendo el desprecio al igual que tú.</p>
<p>- Perfecto -dijo él- aunque sabia por dentro que el tal Gabriel seguía siendo el mismo hipócrita que fuera su mejor amigo hacia un par de años.</p>
<p>Al momento se apareció nuevamente el mesero cargando las dos cubetas repletas de cervezas y hielo, colocándolas encima de la pequeña mesa, entregándole después la nota del costo a su cruel cliente el cual le entrego un billete por el doble del costo -diciéndole-</p>
<p>- Toma esto, y con el cambio te compras unos condones para que no se te ocurra seguir esparciendo tu raza por todas partes, pues no me vas a negar que tienes alguna &#8220;maria&#8221; por ahí con la cual te revuelcas como los cerdos.</p>
<p>Dicho esto el mesero se retiro, un poco molesto por el comentario, pero la fuerte propina era suficiente para tragarse su pequeño orgullo tantas veces ya pisoteado.</p>
<p>- Pues como te decía Gabriel, esta gente que ahora piensa que cubriendo su rostro con un pasamontañas y con armas de madera pretenden obtener su libertad, que utopía mas grande, espero y que nuestro gobierno no pretenda perdonarles esto, aunque se que para la prensa si lo hará, pero el gobierno a pesar de ser malo para los negocios en el aspecto de venganzas es experto y ya encontraran la manera de ocuparce de ellos de manera clandestina, o tu que opinas -pregunto-.</p>
<p>- Estoy de acuerdo contigo -asintió-</p>
<p>Aquel hombre al percatarse que su platica en este tema se había convertido en un monologo, -claro que mas podía esperar de Gabriel si su intelecto no le daba para mas- entonces cambio abruptamente de tema con lo cual asusto aun mas a su receptor.</p>
<p>- Oye escuche comentarios por allí de que ahora andas metido en asuntos de drogas, acaso quieres acabar con tu pequeño cerebro de una vez por todas -dijo de manera amenazante y visiblemente alterado- con lo cual Gabriel penso por un momento en pararse y salir corriendo de ahí antes de que otra cosa pasara. No ya en serio, que hay con respecto a esos comentarios.</p>
<p>Gabriel ya mas tranquilo al comprender la broma, -contesto-</p>
<p>- Pues algo hay de eso -afirmó-, pero solo fue por que una &#8220;vieja&#8221;, que estaba bastante bien le &#8220;ponía&#8221; a la marihuana, tu bien sabes que tratándose de mujeres yo hago cualquier cosa.</p>
<p>- Me suponía algo de eso -dijo mientras destapaba otra cerveza dejando la anterior con mas de la mitad del líquido-, pues aprovecha ahora -dijo mientras señalaba hacia enfrente, donde se encontraban dos chicas de muy buen aspecto que no dejaban de voltear hacia donde estaban ellos-, pongo a prueba tu talento a ver si logras que vengan a sentarse aquí con nosotros.</p>
<p>- Espera entonces -dijo Gabriel queriendo sin duda demostrar la única de sus virtudes-.</p>
<p>Se dirigió hacia dicha mesa con la mejor de sus fingidas poses y no tardo mas de dos minuto cuando ya se dirigía de vuelta a su mesa con aquellas dos hermosas chicas. Tenían un aspecto algo vulgar por lo exagerado de su maquillaje que por lo regular usan buscando enaltecer sus mas carentes rasgos, sus entalladas ropas tan de moda en estos tiempos dejaban en claro sus indespreciables atributos físicos e indudablemente no seria mayor problema el poder disponer de estos. Se procedió pues a la presentación de rigor y una vez hecho esto se enfrascaron en una de esas estúpidas conversaciones sin sentido que por lo regular se tienen en este tipo de lugares.</p>
<p>Entre, ¿en que trabajas?, ¿que auto tienes? y ya mas sumergidos en el alcohol, ¿como prefieres hacerlo?, se fue consumiendo la noche, entre risas y constantes chocar de botellas en el aire fueron transcurriendo una a una esas horas, indudablemente Gabriel estaba es su ambiente, con su arrogancia ya borrada por el alcohol se dedicaba solo a manosear burdamente a su correspondiente pareja, mientras que aquel hombre, visiblemente desesperado, se reducía a decir esporádicos y triviales comentarios que se le venían a la mente y que solo lograba intimidar a la otra chica con su penetrante mirada de &#8220;biendisimulada&#8221; lastima, ella no podía hacer mas que sonreírle y envalentonada ya por la cervezas que habían ellas chupado como esponjas, se atrevió a acariciar la entrepierna de aquella inmutable estatua, sin duda, esa noche aquella mujer desenmascarando ya su verdadera identidad de &#8220;perra&#8221; se adjudico como un reto el enredar entre sus encantos e ese hombre que le parecía tan diferente a todos y a la vez tan atractivo.</p>
<p>El evento estaba evidentemente llegando a su fin pues la gente ya cansada y sobre todo embriagada, comenzaba a abandonar el lugar, Gabriel indudablemente ya &#8220;caliente&#8221; las invito a seguir la fiesta en otra parte, confiando en que su ya nuevamente amigo, no se opondría en llevarlos en su carro, pues como siempre decía, su inexistente carro se encontraba en el taller (una de sus tantas mentiras que se sumaba a su delirio de grandeza y que solo era reflejo de la inseguridad que realmente sentía todo el tiempo), el acepto de buena manera y les indico donde se encontraba el auto extrañamente estacionado a mas de cinco cuadras de el lugar, tan lejos según decía por lo saturado de la zona en los días viernes, procedieron pues, entre gritos y tropezones a emprender la búsqueda del transporte, mientras el les decía que lo esperan allá, pues iba a despedirse de un amigo que andaba por ahí.</p>
<p>Una vez que aquellos tres seres abandonaron el lugar, el permaneció ahí en su sitio, inmutable como hacia unas horas permanecía esperando, estuvo largo rato mirando hacia la nada, pasados poco mas de 15 minutos se paro súbitamente emprendiendo el camino hacia la salida dejando atrás todo ese frenético desorden, una vez fuera, miro hacia el infinito cielo nocturno y con un largo suspiro se encamino hacia el auto, al ir acercándose, eran ya audibles las risas y los gritos, señal de que sus nuevos pasajeros habían encontrado el sitio correcto.</p>
<p>- Estoy ya aquí -dijo-</p>
<p>- Pues que esperamos -respondió Gabriel- subiéndose en el asiento trasero del auto para continuar con su desesperado manoseo.</p>
<p>Se dirigieron hacia una tienda cercana, de esas que están abiertas toda la noche para los que gustan de trasnochar, después de comprar un cargamento de cerveza, cruzaron la ciudad hasta tomar la carretera y adentrarse en la obscura noche.</p>
<p>Recorrieron varios kilómetros hasta llegar a una desviación que los conducía dentro de aquel desértico y erosionado panorama.</p>
<p>- Ya se a donde te diriges -afirmó Gabriel- recordemos pues los antiguos tiempos amigo mío -dijo- al momento que levantaba su botella para brindar, indudablemente había perdido ya todo su miedo y desconfianza la cual había demostrado al inicio de esa noche.</p>
<p>- Por los viejos tiempos pues -respondió- mientras alzaba su botella para brindar por los recuerdos.</p>
<p>Se adentraron un poco mas, hasta llegar a un gran portón donde se detuvieron, Gabriel se bajo del auto para abrirlo con la llave que su amigo le entrego en ese instante, una vez adentro, se volvió a clausurar la puerta para evitar intromisiones. El terreno era una especie de centro recreativo al cual se llegaba una vez cruzado el portal, por una larga brecha hasta toparse con lo que había sido un arrollo en alguna época, una vez ahí, Gabriel y su cálida pareja se bajaron del auto para introducirse en lo profundo del monte.</p>
<p>El permaneció sentado con el cinturón de seguridad todavía puesto y con el liquido de su botella ya caliente pues desde hacia un par de horas había evidentemente dejado de tomar, su acompañante rompió el silencio preguntando:</p>
<p>- ¿En que piensas?</p>
<p>- Nada en particular -respondió secamente-</p>
<p>- ¿Y este lugar?, lo visitan regularmente? -pregunto nuevamente-</p>
<p>- Era un centro de recreación -contesto- mi padre era parte de la administración, pero hace casi tres años que dejo de funcionar, Gabriel y yo solíamos venir de vez en cuando para -no pudo terminar de decir esto cuando aquella chica dispuesta a todo se abalanzo para besarlo bruscamente, al no ver una oposición por parte de el, siguió haciéndolo, lamiéndole vulgarmente todo el rostro, sus manos apretujaban torpemente su miembro que después de unos minutos consiguió una inevitable erección, al percatarse ella de esto se agacho para morderle por encima de la protuberancia de su pantalón, desabrochándolo lentamente hasta tener al descubierto aquel objeto que tanto deseaba y que se había propuesto tenerlo para si esa noche, ya entre sus manos, comenzó a acariciarlo lentamente con su lengua, lo apretaba con sus labios, jugueteaba pícaramente con el en su boca y a cada instante volteaba a ver el rostro de su nueva víctima el cual solo se reducía a ver lo que ella le hacia sin parecer disfrutarlo, a ella no le importo eso, y de un solo movimiento se despojo de su entallada blusa dejando al descubierto esos abultados y firmes pechos que en otro frenético beso se untaban en el acaraciandolo de arriba abajo diciéndole entre balbuceos:</p>
<p>- Que te pasa amor, acaso no te gusto</p>
<p>- No es eso -dijo él- es que no acostumbro hac..-ella lo interrumpió amenazadoramente y le dijo-</p>
<p>- ¿Que acaso no puedes?.</p>
<p>Derrepente los ojos del el brillaron como poseídos por una fuerza indescriptiblemente maligna, su mirada parecía quemar la piel al descubierto de aquella mujer, de un solo tirón la bajo del auto colocándola encima del cofre y de un feroz zarpazo arranco su mayon de licra junto con su diminuta prenda interior de fino encaje, parecía poseído por todos los demonios del infierno que una vez pelearon en la sangrienta batalla celestial, no pronunciaba palabra entendible alguna, la coloco de espaldas y de un certero golpe la penetro ferozmente por el ano, un grito de dolor se dejo oír en todo el lugar, grito que indudablemente alertaría a la otra pareja aunque se encontrara a cientos de metros de allí, ella solo podía retorcerse del dolor pues aquel miembro que instantes atrás tuvo en su boca pareciese que hubiera crecido tres veces mas para destrozarla por dentro, el con su colosal furia, la tomaba de los cabellos y la seguía torturando a tal grado que por sus piernas comenzó a correr una cascada de sangre mezclada con excremento la cual provocaba una monstruosa fragancia que comenzaba a inundar el ambiente, acto seguido le jalo el cuello hacia atrás y le vocifero al oído:</p>
<p>- Lo siento mi amor, pero hoy no fue tu día.</p>
<p>Después de esto encajo sus filosas uñas (que evidentemente había dejado crecer para una ocasión como esta) en sus caderas y de un solo jalón desprendió una gran tira de piel y carne que remojaron de sangre sus manos y resbalaba por sus brazos por innumerables canales de fluido rojo, ella no dejaba de retorcerse y gritar, solo se callaba por momentos en que parecía desmayarse, de repente entre los arboles apareció aquella quien era su compañera de juerga y corrió hacia donde aquel hombre la estaba torturando, no logro llegar tiempo, pues segundos después aquel hombre tomo la cabeza de su víctima entre sus manos y con un perfecto girar de brazos hizo crujir su cuello, tan aparatoso fue el sonido, que aquella otra mujer que corría hacia el lugar se cayo pesadamente en la tierra al parecer desmayada por la impresión; Aquel monstruo dejo por fin caer a su inerte víctima en el suelo y miro directamente a Gabriel quien estaba parado frente a el y temblando de miedo.</p>
<p>- Que te pasa -dijo- acaso ahora te haz convertido en un gallina, que no fue esto lo que tantas veces planeamos hacer.</p>
<p>-Gabriel permaneció en silencio-</p>
<p>- Ahora que pasa, ahí la tienes, ahora te toca a ti el arrancarle la vida a esa otra &#8220;perra&#8221;.</p>
<p>-Gabriel continuo inmóvil y temblando-</p>
<p>- Eres un maldito cobarde -le grito- mientras se acercaba a su siguiente víctima a quien de una sola patada en la cabeza hizo brotar uno de sus hermosos ojos claros logrando que rodara por el suelo, y continuo así pateándola con los rígidos casquillos de sus botas militares que no tardaron en blandir por completo la cabeza de aquella otra mujer, que de ser bella, paso a ser una grotesca mascara de &#8220;hallowen&#8221;, el multihomicida se detuvo y vio amenazadoramente a Gabriel, y una vez mas el rencor que se hizo sentir desaparecía cuando el hombre alzo los brazos y grito:</p>
<p>- Victoria, esta es la victoria, se han cumplido todas nuestras fantasías de adolescente, ven acá hermano, ven acá Gabriel compártela conmigo.</p>
<p>Gabriel evidentemente por miedo a correr la misma suerte de aquellas dos, se abalanzo sobre el y lo abrazo fraternalmente fingiendo jubilo y alegría, mientras hacia esto sintió aquellas húmedas manos bañadas en sangre tocar su espalda y fueron subiendo hasta llegar a su cuello, estos momentos parecieron eternos para Gabriel, sabia que corría peligro, pero a pesar de todo no creyó que aquel desquiciado olvidara tan fácilmente su larga amistad, mientras pensaba en como iba a delatar a aquel asesino, sintió como una de sus orejas eran arrancadas de tajo por una voraz mordida, Gabriel cayo al suelo suplicando perdón.</p>
<p>Mientras escupía el trozo de cartílago cercenado, esbozo una sonrisa bañada en sangre y dijo:</p>
<p>- No tengo nada que perdonarte imbécil -grito- tu te has ganado esto, jamas debiste hablar mal de mi, y utilizar todos los secretos que tu sabias para hacerme quedar en ridículo, lo siento por esas dos &#8220;golfas&#8221; que no tenían nada que ver, pero en fin, tu momento ha llegado y por fin consumare mi venganza&#8230;</p>
<p>Aquí estoy, han pasado tres años desde que no se ha sabido nada de Gabriel, mi gran amigo, todos dijeron que lo vieron salir con dos chicas de aquella legendaria fiesta, la policía me interrogo puesto que yo había sido el ultimo en saber de el, pero que mas pude decir, salió con esas dos mujeres que jamas fueron reclamadas por nadie y yo simplemente por cobarde no me atreví a acompañarlo, aquí estoy como ya lo dije, escarbando en este seco arrollo, esperando que la naturaleza se halla encargado de limpiar esos cráneos para poder llevármelos conmigo y colocarlos entre mis trofeos, espero encontrarlos y dejar ahí enterrado este relato para que jamas llegue a manos equivocadas.</p>
<p>FIN.</p>
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		<title>Sueños cyberneticos</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Sep 2011 08:41:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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		<description><![CDATA[Estoy solo, siempre lo he estado, en mi casa, ¡ja! mi casa, un pequeño piso de soltero en un ruinoso barrio de las afueras, un salón, una cocina, una habitación y un cuarto de baño, tan insignificante e impersonal como toda mi vida. Enciendo el televisor, siempre lo mismo, todo son falsedades, oigo las noticias, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/09/organismo-cibernetico.jpg" alt="" />Estoy solo, siempre lo he estado, en mi casa, ¡ja! mi casa, un pequeño piso de soltero en un ruinoso barrio de las afueras, un salón, una cocina, una habitación y un cuarto de baño, tan insignificante e impersonal como toda mi vida. Enciendo el televisor, siempre lo mismo, todo son falsedades, oigo las noticias, a los políticos y jueces y sé que todos mienten. Bebo un trago de la bebida gaseosa que contiene esa pequeña lata de colores brillantes y me parece tan insustancial como todo lo que me rodea. Mi vida es tan artificial, mi trabajo, soy un G.E.O., solo una mascara sin nombre que carga un arma cuya única razón de existir es seguir ordenes, sin permitirse los sentimientos. Aunque tampoco importa mucho, creo que nunca he sentido nada.<span id="more-2175"></span></p>
<p>Ni siquiera cuando maté a ese chico. Era una operación muy bien preparada, sabíamos que en un piso estaban tres tipos responsables de un robo, eran armados y peligrosos pero estábamos preparados. Así que nos acercamos a la puerta, por las ventanas lanzaron bombas de humo, rompimos la única puerta y entramos, tal y como era de esperar al llegar nosotros, comenzaron a disparar pero algo salió mal, había un chico, un niño de siete años, él tenia un arma, maldita sea en que mundo vivimos, vamos a detener a unos ladrones y acabo matando a un niño. Lo vi caer, una vez en el suelo no volvió a respirar y comenzó a sangrar. Ni tan siquiera me ocupé de él, una vez acabado el trabajo volví a mi casa y no me preocupe más por él, ni siquiera cuando me dijeron que había muerto hice un gesto de dolor, ni tan siquiera una lagrima o un grito ahogado, nada, no sentí nada y creo que nunca lo he hecho.</p>
<p>Nunca he amado, tengo veinticinco años y soy virgen, no solo eso sino que ni siquiera he tenido novia, tampoco he tenido una familia, nací huérfano y mi infancia tuvo que ser horrorosa pues apenas recuerdo nada, dicen que las cosas terribles las olvidamos pero es que tampoco recuerdo algún momento feliz, tengo algunas imágenes en mi mente pero no se si son recuerdos o yo mismo las he creado para responderme, tampoco he tenido ningún amigo al que confiarle lo que siento aunque bien pensado tampoco siento nada. Ni siquiera por ese chaval, tengo remordimientos por el echo de no sentir nada, ni siquiera tristeza o dolor, no se si soy humano, no se si lo resistiré.</p>
<p>Me introduzco en la bañera con dificultad, es terriblemente pequeña. En cierta forma me alegro de mi decisión por lo menos me libraré de esta vida, creo que en realidad es ese el motivo, pues no siento remordimientos ni dolor que me conduzcan a ello, es más bien el horror que representa el carecer de sentimientos lo que me impulsa a ello y es que mi vida es tan insulsa como ese refresco gaseoso que tomo sin ningún motivo.</p>
<p>Cojo el cuchillo, respiro profundamente y lo hago, doy un profundo tajo en mi muñeca, pero maldita sea no sangro, que extraña pesadilla es esta, acaso ni tan siquiera merezco que mi sangre se purifique, vuelvo repetidamente a realizar el mismo tajo a cada vez más profundo, tanto que llego al hueso pero sigo sin sangrar, esta pesadilla me va a enloquecer, vuelvo a cortar y no recibo sangre a cambio. Ya no puedo resistirlo clavo el cuchillo hasta atravesar el brazo, pero aún así puedo moverlo sin sentir ningún dolor, que demonios me pasa, ¿acaso ya he muerto y este es mi infierno, acaso me he vuelto loco?, juro por Dios que no lo entiendo. Arranco con toda mi desesperación y rabia la piel y los músculos de mi brazo hasta descubrir mi esqueleto pero no es tal y como esperaba, en vez de una masa blanquecina de carbonato calcico y otras sales encuentro un esqueleto metálico, que puedo mover a mi antojo sin necesidad de músculos. Ahora lo comprendo todo, ahora veo porque mi falta de sentimientos, no soy un hombre que sufre una pesadilla sino un robot que soñaba ser un hombre.</p>
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		<title>El Amigo de mi Hija</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Sep 2011 19:09:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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		<description><![CDATA[Le miró detenidamente, su aspecto era tétrico, muchas veces le había observado, era como una obsesión; siempre que estaba al alcance de su vista, una poderosa fuerza maligna le obligaba a mirarle y en cada ocasión que lo hacía descubría algo más, más detalles que confirmaban sus sospechas… ¡Era un ser maligno que quería destruirle!. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-3896 alignleft" title="amigadiabolica" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/12/amigadiabolica.jpg" alt="" width="296" height="424" />Le miró detenidamente, su aspecto era tétrico, muchas veces le había observado, era como una obsesión; siempre que estaba al alcance de su vista, una poderosa fuerza maligna le obligaba a mirarle y en cada ocasión que lo hacía descubría algo más, más detalles que confirmaban sus sospechas… ¡Era un ser maligno que quería destruirle!.</p>
<p>Ese misterioso ser que a primera vista parece inofensivo, pero, Marcelino sabía que en el fondo era un ser abominable… ¡No lo soportaba! … ¿Por qué tolerar su presencia? … Ya una vez se quiso deshacer de él, pero, su esposa e hija se lo impidieron… ¡Era el mejor amigo de su hija!.</p>
<p>Recordaba ese día, en que lo estrujó con los brazos y lo aventó contra el suelo, su hija de seis años, le empezó a golpear en el pecho, gritándole: “¡Malo, eres malo!, déjalo, ¿él que te hace?, ¡es tan inofensivo!”. Recordó como golpeó a su hija apartándola a un lado y como con saña pateaba a su amigo cuando estaba en el suelo y como los gritos de su mujer gritándole que se detuviera, habían llamado la atención de los vecinos; éstos llegaron a auxiliarlas, y las malditas brujas de sus vecinas gritaban: “¡esta loco, sujétenlo, esta loco!”… Pero que sabían ellas, ellas no lo tenían todo el maldito día metido en su casa, todo el maldito día al lado de su hija.</p>
<p>Su mente viajó a la ocasión en que estaba con sus amigos, todos estaban felices; Marcelino, le dio una última y fuerte bocanada al cigarrillo que tenía entre sus manos, sintió como el humo llenaba sus pulmones, lo disfrutó un momento y al soltar el humo… ¡Lo vio! … ¡Ahí estaba sonriéndole! Parado frente a él. Sus amigos corrieron al llegar las patrullas, ¡era una redada! … Pero él, estaba absorto ante la presencia del enigmático ser, quiso correr, pero la mirada siniestra de él, se lo impidió… Y la policía lo detuvo, y tuvo que esperar 3 días para salir de la cárcel… Y todo por culpa del amigo de su hija.<span id="more-2110"></span></p>
<p>En una ocasión hasta el secuestro utilizó para deshacerse de él. Sí, lo había secuestrado, nadie se dio cuenta, se lo llevó a un lugar desolado, lo golpeó y lo abandono a su suerte… Pero inexplicablemente al día siguiente estaba otra vez en su casa, como si nada hubiera ocurrido… ¡Ni siquiera lo delató! … Misteriosamente los golpes propinados habían desaparecido… En ese momento se dio cuenta que era un ser venido del mismísimo infierno, y sobre todo, se dio cuenta que quería destruirle, ¡Corría peligro! ¡Debía andar con cautela! ¡Cuidarse lo más posible del demoniaco amigo de su hija!.</p>
<p>Una vez que estaba solo con él, le gritó: “¡Que quieres de mí! ¿Porqué me atormentas?” y el ser infernal le contestó: “¡Tu alma, maldito perro!”. En ese instante se le iluminaron sus bestiales ojos y se abalanzó sobre Marcelino, este como pudo, se libró de él y salió corriendo aullando despavorido. Le comentó lo sucedido a su esposa pero ésta como siempre no le creyó, le dijo que era imposible, el amigo de su hija no hablaba… ¡Era mudo!.</p>
<p>Desde ese momento, Marcelino tenía fijo en la mente, el destruirle, a como diera lugar, tenía que eliminar al amigo de su hija.</p>
<p>Esa noche llegó a su casa, estaba cansado, se dirigió a su dormitorio, vio a su esposa dormida al lado izquierdo de la cama, el lado derecho estaba disponible para él, se sentó en el borde del viejo colchón y encendió un cigarrillo, es el último de este día, se dijo. Las luces estaban encendidas. Cuando se acabó el cigarro, se recostó, apagó la luz y cerro sus ojos; no llevaba ni un minuto, cuando escuchó un ruido, ¡alguien estaba dentro de la casa!… Quiso abrir los ojos, pero no pudo; sentía una pesadez enorme; hizo otro intento y al fin abrió los ojos; se sentó en el borde de la cama y escuchó con atención… Otro ruido, provenía del cuarto de su hija… Se deslizó con sigilo hasta donde se encontraba ella, al abrir la puerta, un escalofrio recorrió su columna vertebral, desde el coxis hasta la nuca. Enfrente, su hija dormía abrazada a su amigo, éste movió su cabeza y le miró fijamente, con una gran sonrisa.</p>
<p>Inmediatamente encendió la luz… Esperaba que sin la oscuridad reinante, el maquiavélico ser desapareciera… Pero no fue así… Ahí estaba, sonriéndole. Una gran cantidad de imágenes se agolpó en su cerebro, ese depravado, todas las noches a solas con su hija.</p>
<p>-¡Desgraciado, ya me tienes hasta la coronilla! ¡Te voy a matar, maldito! –Le gritó iracundo, Marcelino-.</p>
<p>Marcelino lo sujetó de la cabeza y lo lanzó hacia una silla, sacó su navaja y fuera de sí, se abalanzó sobre él. Su hija se despertó y al ver lo que hacía le gritó:</p>
<p>-¡Papá, papa! ¡Déjalo, por favor! ¡No lo hagas papá! ¡Jamás te lo perdonaré!</p>
<p>Pero Marcelino ya no escuchó los gritos de su hija, su mano descargó una y otra vez las puñaladas en el centro del pecho del amigo de su hija, al final lo aventó hacia el centro de la habitación.</p>
<p>Marcelino escuchó una carcajada en su cerebro, y vio con horror como la criatura que acababa de navajear se levantaba del suelo con su eterna sonrisa y caminando lentamente se acerco a su hija y la abrazó y vio con espanto como se fue introduciendo en su cuerpo hasta que desapareció… Su hija tuvo algunos espasmos y luego sufrió una espantosa metamorfosis, adquiriendo las facciones de su amigo, le cambió la voz, se le volvió ronca y tétrica y le gritó:</p>
<p>-¡Maldito! ¡Pagaras caro lo que has hecho! …</p>
<p>-¡Tú no eres mi hija! –respondió asustado Marcelino-. ¡Eres un maldito ser del infierno, apártate o te mataré!</p>
<p>La combinación hija-amigo se abalanzó sobre Marcelino, pero éste, la sujetó del cuello y le enterró la navaja.</p>
<p>-¡Te cortaré la cabeza, maldito! –Gritó Marcelino-.</p>
<p>Y sin soltarla empezó a deslizar la navaja alrededor de la cabeza, los gritos aberrantes que emitía el ser, se callaron, y fueron sustituidos por unos grotescos sonidos guturales. Marcelino seguía cortando, hasta que la cabeza se desprendió. En ese momento una luz salió del cuerpo sangrante y escuchó otra carcajada en su cerebro.</p>
<p>Al volver la vista, estaba el amigo de su hija sentado en el suelo con una sonrisa. Marcelino contempló la cabeza que sujetaba en sus manos y vio con horror que era la de su hija, vio el cuerpecito de su pequeña, lleno de sangre… Había matado a su hija… ¡Y todo por culpa del maldito amigo de ella!.</p>
<p>Marcelino escuchó un grito aterrador a su espalda, al voltear, estaba su esposa llorando e increpándole lo sucedido:</p>
<p>-¿¿Qué has hecho desgraciado?? ¡Maldito, mil veces maldito! ¡¡¡ Mataste a nuestra hija, malnacido!!!</p>
<p>El amigo de su hija corrió hasta donde se encontraba su esposa y la abrazó. Y al igual que su hija, se fusionó con ella. Marcelino ya no pudo soportar más y le gritó lleno de ira:</p>
<p>-¡Maldito, deja a mi esposa! ¡Has matado a mi hija y ahora quieres matar a mi mujer!</p>
<p>Como contestación solo obtuvo una carcajada retumbando en su cerebro. Marcelino luchó contra la demoniaca mutación, cada vez era más fuerte… Pero al fin le incrustó una y otra vez su navaja, otra y otra y cien veces más…</p>
<p>Cuando la puerta fue derribada y un grupo de policías entró, Marcelino no comprendía por qué lo golpeaban los representantes de la ley, si él era el héroe, él había matado a un demonio, se los gritaba en su cara, pero no entendían, solo lo golpeaban.</p>
<p>Lo golpearon hasta dejarlo inconsciente, lo esposaron y se lo llevaron preso.</p>
<p>El médico forense, no pudo reprimir su asombro por lo aberrante del asesinato.</p>
<p>-¿Qué demonios pasa con esta maldita sociedad? ¿Por qué matar a una niña inocente de tan solo seis años con tanto odio? –Le dijo el forense al detective a cargo-.</p>
<p>-¡La maldita droga, mi doc. ! El asesino es un desgraciado mariguano… Ya varias veces había caído por golpear a su familia… Pero estas gentes no entienden, doc. Creen que se les pasará tarde que temprano, creen que no necesitan ayuda para dejar el maldito vicio… Es por eso, doc. ; que luchamos hasta el cansancio contra el narcotráfico, ese maldito cáncer que acaba con nuestra sociedad…</p>
<p>-¿Dónde está el otro cuerpo? Aquí solo hay dos, el de la esposa y el de la hija.</p>
<p>-Pues ¿Cuál cuerpo? , doc.</p>
<p>-El asesino dijo que había matado al amigo de su hija, ¿Dónde está?</p>
<p>-Esta mariguano, doc. ¡No le haga caso! … El se refiere a él… a… eso.</p>
<p>El médico forense miró con curiosidad a donde señalaba el detective, una cruz en cada ojo, una gran boca roja y una pelota de nariz… Allí estaba el payasito de trapo, el mejor amigo de la hija de Marcelino.</p>
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		<title>El Diario</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Sep 2011 04:48:23 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[el diario]]></category>
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		<description><![CDATA[“Diario” Día 1-Mi mami esta en el hospital porque va a tener una bebita. Yo le quiero hacer algo de comer para que este contenta. Mi amigo me dijo que cocinar era para niñas. Día 2- Hoy hice una sopita de carne y veduras para mi mami. Me costó mucho trabajo pero la hice con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>“Diario”<br />
<img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/09/terror-japones1.jpg" alt="" border="0" /><br />
Día 1-Mi mami esta en el hospital porque va a tener una bebita.<br />
Yo le quiero hacer algo de comer para que este contenta.<br />
Mi amigo me dijo que cocinar era para niñas.</p>
<p>Día 2-</p>
<p>Hoy hice una sopita de carne y veduras para mi mami.<br />
Me costó mucho trabajo pero la hice con mucho cariño.<br />
Fui al hospital y le di a mi mami.<br />
Mami estaba muy contenta y me dijo que estaba rica.<br />
Le pregunté si la bebita podía comer también.<br />
Me dijo que si, cuando creciera.<br />
Ya quiero que mi hermanita coma mi sopa.</p>
<p>Día 3-</p>
<p>Mi mami salió del hospital con mi hermanita.<br />
Ella se llama Kaori y esta muy bonita.<br />
Quise jugar con Kaori y mi mami no me dejó.<br />
Me dijo que me fuera a mi cuarto.<br />
Me sentí muy triste.<span id="more-3844"></span></p>
<p>Día 4-</p>
<p>Hoy mi Papi llegó tempran a la casa.<br />
Quisé jugar con el pero se fue con Kaori.<br />
Me dijo que me fuera a mi cuarto a jugar.<br />
Me sentí muy triste.</p>
<p>Día 5-</p>
<p>Hoy vinieron mis abuelitos.<br />
Estaba muy contento porque mis abuelitos siempre juegan conmigo.<br />
Fui con mi abuelita para que me leyera un cuento, pero me dijo que me fuera a mi cuarto.<br />
Mi abuelita y mi abuelito y mis papis estuvieron todo el tiempo con Kaori.<br />
Estuviéron apapachando todo el tiempo a Kaori.<br />
Mi mami dijó “Kaori es tan bonita que me dan ganas de comer”<br />
Y mi papi dijo “Tienes razón, es tan bonita que dan ganas de comer a besos”.</p>
<p>Día 6-</p>
<p>Hoy hice la sopa de carne y verduras para mis papis.<br />
Pude cortar muy bien las verduras, pero la carne me costó mucho trabajo hacerlo en pedacitos.<br />
Salió mucha sangre y la carne estaba suavecita.<br />
Legaron mis Papis pero estaban gritando mucho.<br />
“Kaori! Kaori!”<br />
Mis papis estan buscando a Kaori.</p>
<p>¿Viste Kaori? Estas tan bonita que todos te quieren comer…</p>
</div>
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		<title>El crimen extraño</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Aug 2011 10:16:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hasta no hace mucho tiempo, justo antes de construir la Avenida de la Real Fábrica de Sedas o Ronda Sur de Talavera, existían las ruinas de un viejo caserón en la zona de Entretorres. Este caserón fue utilizado durante la posguerra y hasta bien entrados los años cincuenta como prostíbulo. La casa era regida por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3731" title="escena_del_crimen2011" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/08/escena_del_crimen2011.jpg" alt="" width="500" height="349" />Hasta no hace mucho tiempo, justo antes de construir la Avenida de la Real Fábrica de Sedas o Ronda Sur de Talavera, existían las ruinas de un viejo caserón en la zona de Entretorres. Este caserón fue utilizado durante la posguerra y hasta bien entrados los años cincuenta como prostíbulo. La casa era regida por un hombre llamado Carlos el cual iba siempre vestido de blanco. Llevaba un sombrero de ala ancha y corbatas de lo más extravagantes.</p>
<p>A pesar de que todo el mundo conocía la dedicación de ese lugar, Carlos era un hombre bien acogido por la sociedad, y sus negocios si bien no estaban bien vistos, se toleraban por parte de las autoridades. Al parecer una noche de 1951, una de las prostitutas que ejercían su labor en la casa apareció muerta en su cama con una puñalada en el vientre. La policía y la Guardia Civil, después de realizar sus investigaciones concluyeron en que se trataba de un hecho muy extraño. Nadie oyó los gritos de la mujer mientras era asesinada. En sus manos había heridas producidas por la hoja de un cuchillo y todo aparentaba como si hubiera sido ella misma la que se lo hubiera clavado. Los análisis forenses determinaron un suicidio y algo más: la prostituta estaba embarazada. Dos años después todo parecía haberse olvidado, aunque la habitación donde murió la joven no volvió a ser utilizada.</p>
<p>Carlos, el amo del local, mandó cerrar con llave la habitación y nadie entró allí durante varios meses. En verano de 1953, una mujer de unos 30 años llegó al prostíbulo. Como aquella noche de mercado, todo estaba lleno, Carlos no tuvo más remedio que alojarla en la habitación de la pobre prostituta muerta dos años antes. Cuando abrieron la puerta la sorpresa y el pánico aterrorizaron a ambas personas. En las paredes alguien había dibujado caras con terribles lamentos, también había cruces y animales como lechuzas, gatos y ratones. Carlos alojó a la nueva mujer junto con una compañera y a la mañana siguiente mandó pintar el cuarto. Sin embargo y a pesar de su esfuerzo, las caras de lamento volvían a aparecer una y otra vez en la pared. Carlos empapeló el cuarto, pero una súbita humedad hacía que los lienzos se cayeran y brotaran de nuevo las terribles imágenes.</p>
<p>La voz se empezó a correr por la ciudad y un mal día Carlos tuvo que cerrar su negocio y se marchó de Talavera. Desde entonces la casa permaneció en ruinas hasta aproximadamente 1994 en la que fue derrumbada para hacer una avenida. Existe una película en super 8 en la que se reflejan las horribles caras de pena que se suponen son de aquella mujer que se clavó un puñal desesperada por algo que nunca sabremos realmente&#8230;</p>
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		<title>Relatos de terror del asesino del mas alla</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/relatos-de-terror-del-asesino-del-mas-alla.html</link>
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		<pubDate>Tue, 26 Jul 2011 09:21:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasmas]]></category>
		<category><![CDATA[habitantes]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>
		<category><![CDATA[mortales]]></category>
		<category><![CDATA[muertes]]></category>

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		<description><![CDATA[Los fantasmas pueden salvar vidas o quitarlas. El más mortífero de los asesinos espectrales de todos los tiempos fue el fantasma que, en el siglo XIX, habitaba en el número 50 de Berkeley Square (plaza de Berkeley) en Londres. Nadie sabe quién era ni cómo era, porque fueron pocos los que después de verlo, pudieron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-3638 alignleft" title="FANTASMAS" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/07/FANTASMAS.jpg" alt="" width="454" height="293" /></p>
<p>Los fantasmas pueden salvar vidas o quitarlas. El más mortífero de los asesinos espectrales de todos los tiempos fue el fantasma que, en el siglo XIX, habitaba en el número 50 de Berkeley Square (plaza de Berkeley) en Londres. Nadie sabe quién era ni cómo era, porque fueron pocos los que después de verlo, pudieron vivir para contarlo. Y los que sobrevivieron a la experiencia, generalmente quedaron reducidos a la incoherencia por el miedo.</p>
<p>Una de las primeras víctimas del espectro fue sir Robert Warboys. Desafiado por sus amigos a pasar una noche en la célebre residencia del fantasmas, sir Ribert aceptó de inmediato. El propietario de la casa, inquieto, insistió en que se tomaran precauciones y sir Robert fue obligado a llevar un arma. Quedó convenido que, si ocurría algo inusual, el aventurero debía tirar de una cuerda, atada a una campanilla en una de las habitaciones del piso inferior.</p>
<p>A medianoche, cuarenta y cinco minutos después de que sir Robert hubiese subido al piso superior, el propietario y los amigos del aristócrata oyeron que la campanilla sonaba violentamente. Mientras subían a toda prisa por la escalera, escucharon un disparo. Cuando irrumpieron en la habitación, Sir Robert estaba muerto, pero no por una herida de bala. Sus ojos miraban fijamente, con terror; sus labios formaban una mueca y sus dientes estaban apretados. Sir Robert había muerto de miedo.<span id="more-2722"></span></p>
<p>Años después, dos marineros de Pritsmouth paseaban por Berkeley Square cuando les llamó la atención una casa en cuyo frente colgaba un cartel con esta leyenda: &#8220;Se alquilan habitaciones&#8221;. Edward Blunden y Robert Martin ignoraban que esa casa encerraba un secreto espantoso; para ellos, era simplemente un alojamiento donde pasar la noche. Después de recorrer las desordenadas y descuidadas habitaciones, llegaron por último a un dormitorio relativamente pulcro, en el piso superior. Martin se quedó dormido muy pronto, pero Blunden estaba nervioso: mientras yacía en su cama, inquieto y despierto, oyó extraños pasos que se acercaban lentamente a la puerta del cuarto. Despertó a su compañero, y los dos hombres pudieron contemplar, con horror, que la puerta se abría poco a poco, para dar paso a un ser enorme, oscuro y deforme.</p>
<p>El ser atacó a Blunden y lo atrapó antes de que éste consiguiera llegar a la ventana. Martin aprovechó para huir, escaleras abajo hacia la calle, en busca de ayuda. Le contó lo que pasaba a un policía y ambos regresaron rápidamente a la casa. Pero ya era demasiado tarde. El cuerpo destrozado de Blunden, con el cuello roto y el rostro fijado en una mueca terrorífica, yacía en las escaleras que llevan al sótano.</p>
<p>Las otras víctimas del demonio asesino de Berkeley Square forman una lista que incluye a una joven huésped de la cada que enloqueció de terror; a un hombre que duró allí una noche y fue encontrado muerto al día siguiente; a la criada de una familia que alquiló la casa. La criada murió en el hospital tras ser encontrada moribunda en el suelo gimoteando :&#8221;no dejéis que me toque&#8221;.</p>
<p>Intrigado por éstas y otras narraciones sobre la casa del fantasmas, un valiente del reino resolvió, en el siglo XIX, llegar hasta el fondo del misterio. El cazador de fantasmas era lord Lyttleton, un descendiente del hombre a quien su amante, desde el más allá, había advertido que estaba condenado a morir en el término de tres días. Lyttleton decidió pasar una noche en la habitación predilecta del espectro. Llevó consigo dos armas de fuego: una pistola cargada con balas y otra con una carga de amuletos, formada por monedas de plata de seis peniques, para defenderse de los espíritus demoníacos. Durante esa noche, se vio obligado a disparar un pistoletazo con las monedas de plata: apuntaba contra una forma oscura que había saltado sobre él. Es posible que los amuletos se mostraran eficaces, porque Lord Lyttleton sobrevivió y pudo narrar su aventura en Notes and Queries, que se publicó en 1897. En ese libro, Lyttleton hace constar que no abrigaba duda alguna acerca de que la habitación de Berkeley Square 50 resultaba &#8220;sobrenaturalmente fatídica para el cuerpo y el alma&#8221;.</p>
<p>En la actualidad, sin embargo, el fantasma parece haber dejado de rondar, de tender sus mortíferas acechanzas en Berkeley Square. El número 50 de la plaza alberga hoy una librería, y la plaza misma es célebre entre los londinenses por otra razón: la frecuenta un melodioso ruiseñor.</p>
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		<title>No te moriras de viejo</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jun 2011 06:33:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3564" title="miedoymuertes" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/06/miedoymuertes.jpg" alt="" width="614" height="461" /></p>
<p>Ella se ha dado la media vuelta, dejando su espalda tersa y desnuda frente a la cara de él. Él no se atreve a pasar su mano por su espalda por temor a despertarla (la última vez se levantó sin mirar el reloj y se marchó).</p>
<p>Él se levanta cuidadosamente y fuma frente a la ventana, mirando el reflejo de las agujas de un reloj de pared, esperando que sean las cinco y media. A esa hora ella se levantará, entrará al baño y saldrá por la puerta antes de que termine de bajar el agua del inodoro.</p>
<p>Él mira por la ventana y se fija en lo mucho que ha cambiado la ciudad, hace tiempo que desapareció la casa del brujo que le leyó la mano. Aún recuerda al quiromante que deslizaba su esfera ocular por los caminos de su mano. &#8220;No te morirás de viejo&#8221; le dijo. Las cinco y media, ella se sienta sobre la cama se cubre con una franela y busca a tientas su ropa interior. &#8220;¿Me muero en un accidente?&#8221; Le preguntó al brujo. &#8220;No sé. Eso no se ve.&#8221; Suena el agua por el inodoro. &#8220;¿Cuándo me voy a morir?&#8221; &#8220;Eso tampoco se ve.&#8221; Se escucha el agua en la ducha, quizás no quiere irse y espera por mí. Tal vez espera que la detenga, que le haga el amor en la ducha, que no la deje escapar, piensa él. &#8220;Pero sí se ve dónde vas a morir.&#8221; &#8220;¡Cómo es la vaina!&#8221; &#8220;Sí aquí se ve&#8230; es la calle C, entre la esquina T y K..&#8221; Así recuerda que se lo dijo, como quien diagnostica mal de amores o sarpullido inglés. &#8220;No vaya más por ese sitio. Podría encontrarlo su destino.&#8221; Él mira aún por la ventana, mientras enciende otro cigarrillo, y por si acaso más nunca pasé por esa calle.<span id="more-2726"></span></p>
<p>La ducha ha dejado de sonar, él recuerda cómo la conoció: fue unos días después de su visita al hechicero, estaba tomándose un café en una de las innumerables mañanas que se repetía antes de ir al trabajo, ella trataba desesperadamente de pasar desapercibida con su vestimenta gris y su cabello desarreglado, él no lo permitió. &#8220;¿Quisiera tomarse un café conmigo?&#8221; &#8220;No gracias. Otro día tal vez.&#8221; Así esperó a que llegara ese otro día y para que no lo matara la espera, decidió sumergirse por completo en su trabajo. Pero no volvió al siguiente día, ni a la semana siguiente, pasaron años y ella nunca volvió. Mientras la esperaba se sumergió en su trabajo y en la rutina, esperando todas las mañanas a que ella se presentara dispuesta a compartir ese café. Durante treinta años él no se fijó en otra cosa, sólo podía dejar la vista en la puerta del café, en los informes bancarios, en las hojas de trabajo. Treinta años después vino a percatarse de su rostro, estaba mucho menos demacrado que el de sus compañeros, sus manos estaban bien conservadas y de hecho parecía unos veinte años más joven de lo que en realidad era. Treinta años más y su cara se veía igual, sus manos estaban igual y ella seguía sin cruzar la puerta del café (el cual compró cuando falleció el dueño).</p>
<p>Tuvo que fingir su muerte, y decidió permanecer en el anonimato de las masas por lo que jamás abandonó su status de clase media. Éste era el único que le permitía pasar desapercibido, pobre o rico habría sido descubierto en un momento dado, ya fuera por la tosca impertinencia de los primeros o la glamorosa farandulería de los segundos. Pero el educado reservamiento de la clase media, le permitía no ser observado. El silencio antipático de sus vecinos de edificio lo llenaba de alivio, los grises pasillos que parecían adentrarse sobre sí mismo eran para él una vista hermosa, los brillos metálicos de los ascensores lo camuflajeaban en las mañanas. Hizo interesantes descubrimientos sobre la mediocridad, con lo que se mantuvo por muchos años en diversos trabajos, preferiblemente dentro de los bancos en el que permanente ir y venir de las personas eran como olas que lavaban las huellas de su identidad de la arena del recuerdo. De esta forma supo que la cotidianidad era el mejor aliado de la inmortalidad.</p>
<p>Así fue, dentro de la cotidianidad, como celebró sus doscientos años de edad, en la soledad de su apartamento de dos habitaciones, junto a una copa de vino que había guardado desde hace cincuenta años con la finalidad de descorcharla únicamente para ese fin.</p>
<p>Ella abre la puerta del baño y sale medio vestida, buscando sus zarcillos. Con los mismos gestos con los que cruzó la puerta del café hace unos meses, él fingía desde años ser un cliente más, ella lo miró al entrar y estuvo unos segundos sorprendida de verlo, dio media vuelta para irse pero él no se lo permitió. &#8220;Espero que esta vez no rechace mi invitación.&#8221; Ella sólo asintió y se sentó junto a él. &#8220;Veo que usted y yo tenemos el mismo don de no morirnos.&#8221; Le dijo ella, cuando salió de su sorpresa. &#8220;Un brujo me dijo que no volviera por la calle C, porque ahí encontraría mi muerte.&#8221; &#8220;Quizás fue el mismo brujo que me dijo que no saliera de la calle C después de las seis y media.&#8221; Unos segundos de silencio y las miradas absortas que se cruzaron. &#8220;Entonces debemos hacer el amor lo antes posible&#8230; ya son las cinco.&#8221; Le dijo él.</p>
<p>Esa fue la primera tarde que pasaron juntos. Ella se encuentra ahora sentada en la cama, vistiéndose sin prisa. Son ya las seis. No quiero que se vaya, quiero despertar en la mañana y verla junto a mí. &#8220;Quédate.&#8221; &#8220;Ya son las seis, no puedo quedarme.&#8221; &#8220;No. Son las seis y cuarenta y cinco. Atrasé los relojes esta mañana.&#8221; Ella lo mira directo a los ojos buscando ese extraño brillo que tienen las personas que mienten. Él apaga el cigarrillo y se sienta. &#8220;Ves, no te has muerto todavía.&#8221; &#8220;Desgraciado&#8221;, ella toma su cartera y trata de salir corriendo del apartamento, él la alcanza frente al ascensor, la toma por los brazos, &#8220;¡No ves que ya estamos muertos! Cada día que se repite como si nada antes hubiera existido, cada día tomando café en la mañana, cada día haciendo el amor hasta las cinco de la tarde, cada día tu metida en tu trabajo yo en el mío, cada año fingiendo que morimos cuando ya hemos muerto.&#8221; Ella no sabe que decir, la puerta del ascensor se abre, ella se zafa y cruza, pero no se da cuenta que el ascensor no está, ella cae diez pisos y él no tuvo tiempo de agarrarla.</p>
<p>Una hora después él se encuentra en la calle C, a un paso de la cuadra que está entre la esquina T y K. No hay autos, no es una zona peligrosa, sólo algunos edificios. Hace tiempo que he descubierto como ser inmortal&#8230; sin ella ¿para qué me sirve eso? Él mira como la calle se abre a sus pies como esperándolo, sin decirle nada. Pero eso es lo único que sé hacer ¿acaso habrá bancos y vecinos antipáticos que me permitan ser un muerto por siempre? ¿Estará ella ahí? ¿Quién me dice que sabré ser un muerto? La duda me obliga a meditarlo un poco. Se dio la media vuelta y se fue. Ya eran casi las ocho, tenía que preparar un informe sobre el cierre fiscal del año, en el camino pensaría como fingir su próxima muerte.  Recuerda que para guardar esta historia en tus favoritos solo tienes que presionar control mas la letra D. Con cada +1 que le des a las historias iran subiendo en google tambien.</p>
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		<title>El Clérigo Malvado</title>
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		<pubDate>Sat, 28 May 2011 04:03:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-3430 alignleft" title="clerigo" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/05/clerigo.jpg" alt="" width="300" height="300" />Un hombre grave que parecía inteligente, con ropa discreta y barba gris, me hizo pasar a la habitación del ático, y me habló en esos términos:  -Sí, aquí vivió él&#8230;, pero le aconsejo que no toque nada. Su curiosidad le vuelve irresponsable. Nosotros jamás subimos aquí de noche; y si lo conservamos todo tal cual está, es sólo por su testamento. Ya sabe lo que hizo. Esa abominable sociedad se hizo cargo de todo al final, y no sabemos donde está enterrado. Ni la ley ni nada lograron llegar hasta esa sociedad.  -Espero que no se quede aquí hasta el anochecer. Le ruego que no toque lo que hay en la mesa, eso que parece una caja de fósforos. No sabemos qué es, pero sospechamos que tiene que ver con lo que hizo. Incluso evitamos mirarlo demasiado fijamente.  Poco después, el hombre me dejó solo en la habitación del ático. Estaba muy sucia, polvorienta y primitivamente amueblada, pero tenía una elegancia que indicaba que no era el tugurio de un plebeyo. Había estantes repletos de libros clásicos y de teología, y otra librería con tratados de magia: de Paracelso, Alberto Magno, Tritemius, Hermes Trismegisto, Borellus y demás, en extraños caracteres cuyos títulos no fui capaz de descrifrar. Los muebles eran muy sencillos. Había una puerta, pero daba acceso tan sólo a un armario empotrado. La única salida era la abertura del suelo, hasta la que llegaba la escalera tosca y empinada. Las ventanas eran de ojo de buey, y las vigas de negro roble revelaban una increíble antigüedad. Evidentemente, esta casa pertenecía a la vieja Europa. Me parecía saber dónde me encontraba, aunque no puedo recordar lo que entonces sabía. Desde luego, la ciudad no era Londres. Mi impresión es que se trataba de un pequeño puerto de mar.  El objeto de la mesa me fascinó totalmente. Creo que sabía manejarlo, porque saqué una linterna eléctrica -o algo que parecía una linterna- del bolsillo, y comprobé nervioso sus destellos. La luz no era blanca, sino violeta, y el haz que proyectaba era menos un rayo de luz que una especie de bombardeo radiactivo. Recuerdo que yo no la consideraba una linterna corriente: en efecto, llevaba una normal en el otro bolsillo.  Estaba oscureciendo, y los antiguos tejados y chimeneas, afuera, parecían muy extraños tras los cristales de las ventanas de ojo de buey. Finalmente, haciendo acopio de valor, apoyé en mi libro el pequeño objeto de la mesa y enfoqué hacia él los rayos de la peculiar luz violeta.<span id="more-2837"></span> La luz pareció asemejarse aún más a una lluvia o granizo de minúsculas partículas violeta que a un haz continuo de luz. Al chocar dichas partículas con la vítrea superficie del extraño objeto parecieron producir una crepitación, como el chisporroteo de un tubo vacío al ser atravesado por una lluvia de chispas. La oscura superficie adquirió una incandescencia rojiza, y una forma vaga y blancuzca pareció tomar forma en su centro. Entonces me di cuenta de que no estaba solo en la habitación&#8230; y me guardé el proyector de rayos en el bolsillo.  Pero el recién llegado no habló, ni oí ningún ruido durante los momentos que siguieron. Todo era una vaga pantomima como vista desde inmensa distancia, a través de una neblina&#8230; Aunque, por otra parte, el recién llegado y todos los que fueron viniendo a continuación aparecían grandes y próximos, como si estuviesen a la vez lejos y cerca, obedeciendo a alguna geometría anormal.  El recién llegado era un hombre flaco y moreno, de estatura media, vestido con un traje clerical de la iglesia anglicana. Aparentaba unos treinta años y tenía la tez cetrina, olivácea, y un rostro agradable, pero su frente era anormalmente alta. Su cabello negro estaba bien cortado y pulcramente peinado y su barba afeitada, si bien le azuleaba el mentón debido al pelo crecido. Usaba gafas sin montura, con aros de acero. Su figura y las facciones de la mitad inferior de la cara eran como la de los clérigos que yo había visto, pero su frente era asombrosamente alta, y tenía una expresión más hosca e inteligente, a la vez que más sutil y secretamente perversa. En ese momento -acababa de encender una lámpara de aceite- parecía nervioso; y antes de que yo me diese cuenta había empezado a arrojar los libros de magia a una chimenea que había junto a una ventana de la habitación (donde la pared se inclinaba pronunciadamente), en la que no había reparado yo hasta entonces. Las llamas consumían los volúmenes con avidez, saltando en extraños colores y despidiendo un olor incediblemente nauseabundo mientras las páginas de misteriosos jeroglíficos y las carcomidas encuadernaciones eran devoradas por el elemento devastador. De repente, observé que había otras personas en la estancia: hombres con aspecto grave, vestidos de clérigo, entre los que había uno que llevaba corbatín y calzones de obispo. Aunque no conseguía oír nada, me di cuenta de que estaban comunicando una decisión de enorme trascendencia al primero de los llegados. Parecía que le odiaban y le temían al mismo tiempo, y que tales sentimientos eran recíprocos. Su rostro mantenía una expresión severa; pero observé que, al tratar de agarrar el respaldo de una silla, le temblaba la mano derecha. El obispo le señaló la estantería vacía y la chimenea (donde las llamas se habían apagado en medio de un montón de residuos carbonizados e informes), preso al parecer de especial disgusto. El primero de los recién llegados esbozó entonces una sonrisa forzada, y extendió la mano izquierda hacia el pequeño objeto de la mesa. Todos parecieron sobresaltarse. El cortejo de clérigos comenzó a desfilar por la empinada escalera, a través de la trampa del suelo, al tiempo que se volvían y hacían gestos amenazadores al desaparecer. El obispo fue el último en abandonar la habitación.  El que había llegado primero fue a un armario del fondo y sacó un rollo de cuerda. Subió a una silla, ató un extremo a un gancho que colgaba de la gran viga central de negro roble y empezó a hacer un nudo corredizo en el otro extremo. Comprendiendo que se iba a ahorcar, corrí con la idea de disuadirle o salvarle. Entonces me vio, suspendió los preparativos y miró con una especie de triunfo que me desconcertó y me llenó de inquietud. Descendió lentamente de la silla y empezó a avanzar hacia mí con una sonrisa claramente lobuna en su rostro oscuro de delgados labios.  Sentí que me encontraba en un peligro mortal y saqué el extraño proyector de rayos como arma de defensa. No sé por qué, pensaba que me sería de ayuda. Se lo enfoqué de lleno a la cara y vi inflamarse sus facciones cetrinas, con una luz violeta primero y luego rosada. Su expresión de exultación lobuna empezó a dejar paso a otra de profundo temor, aunque no llegó a borrársele enteramente. Se detuvo en seco; y agitando los brazos violentamente en el aire, empezó a retroceder tambaleante. Vi que se acercaba a la abertura del suelo y grité para prevenirle; pero no me oyó. Un instante después, trastabilló hacia atrás, cayó por la abertura y desapareció de mi vista.  Me costó avanzar hasta la trampilla de la escalera, pero al llegar descubrí que no había ningún cuerpo aplastado en el piso de abajo. En vez de eso me llegó el rumor de gentes que subían con linternas; se había roto el momento de silencio fantasmal y otra vez oía ruidos y veía figuras normalmente tridimensionales. Era evidente que algo había atraído a la multitud a este lugar. ¿Se había producido algún ruido que yo no había oído? A continuación, los dos hombres (simples vecinos del pueblo, al parecer) que iban a la cabeza me vieron de lejos, y se quedaron paralizados. Uno de ellos gritó de forma atronadora:  -¡Ahhh! ¿Conque eres tú? ¿Otra vez?  Entonces dieron media vuelta y huyeron frenéticamente. Todos menos uno. Cuando la multitud hubo desaparecido, vi al hombre grave de barba gris que me había traído a este lugar, de pie, solo, con una linterna. Me miraba boquiabierto, fascinado, pero no con temor. Luego empezó a subir la escalera, y se reunió conmigo en el ático. Dijo:  -¡Así que no ha dejado eso en paz! Lo siento. Sé lo que ha pasado. Ya ocurrió en otra ocasión, pero el hombre se asustó y se pegó un tiro. No debía haberle hecho volver. Usted sabe que es lo que él quiere. Pero no debe asustarse como se asustó el otro. Le ha sucedido algo muy extraño y terrible, aunque no hasta el extremo de dañarle la mente y la personalidad. Si conserva la sangre fría, y acepta la necesidad de efectuar ciertos reajustes radicales en su vida, podrá seguir gozando de la existencia y de los frutos de su saber. Pero no puede vivir aquí, y no creo que desee regresar a Londres. Mi consejo es que se vaya a América.  -No debe volver a tocar ese&#8230; objeto. Ahora, ya nada puede ser como antes. El hacer -o invocar- cualquier cosa no serviría sino para empeorar la situación. No ha salido usted tan mal parado como habría podido ocurrir&#8230;, pero tiene que marcharse de aquí inmediatamente y establecerse en otra parte. Puede dar gracias al cielo de que no haya sido más grave.  -Se lo explicaré con la mayor franqueza posible. Se ha operado cierto cambio en&#8230; su aspecto personal. Es algo que él siempre provoca. Pero en un país nuevo, usted puede acostumbrarse a ese cambio. Allí, en el otro extremo de la habitación, hay un espejo; se lo traeré. Va a sufrir una fuerte impresión&#8230;, aunque no será nada repulsivo.  Me eché a temblar, dominado por un miedo mortal; el hombre barbado casi tuvo que sostenerme mientras me acompañaba hasta el espejo, con una débil lámpara (es decir, la que antes estaba sobre la mesa, no el farol, más débil aún, que él había traído) en la mano. Y lo que vi en el espejo fue esto:  Un hombre flaco y moreno, de estatura media, y vestido con un traje clerical de la iglesia anglicana, de unos treinta años, y con unos lentes sin montura y aros de acero, cuyos cristales brillaban bajo su frente cetrina, olivácea, anormalmente alta.  Era el individuo silencioso que había llegado primero y había quemado los libros.  Durante el resto de mi vida, físicamente, yo iba a ser ese hombre.</p>
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