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	<title>Cuentos de Miedo, Relatos de Terror, Leyendas Urbanas. El miedo tambien mata &#187; miedo</title>
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	<description>Miedo en aterrorizar es Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas</description>
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		<title>La niña</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Feb 2012 03:33:27 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-4342" title="nina-macabra" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/02/nina-macabra.jpg" alt="" width="616" height="422" />Amy y Connie eran dos universitarias que alquilaron un departamento para comenzar sus estudios en Rosario. El departamento tenía dos cuartos, uno para Connie y otro para Amy, una cocina y un baño. Amy se había bañado y se arregló.</p>
<p>Connie:- Por qué te arreglas?</p>
<p>Amy: -Voy a salir, a verme con un chico que vive aquí.</p>
<p>Connie: El primer día aquí y ya me dejas sola?.</p>
<p>Amy: Vamos, Connie. Es solo un rato, luego vuelvo. ¿De acuerdo?</p>
<p>Connie: De acuerdo.</p>
<p>Amy ya se había ido y Connie se puso a ver una película.<br />
Mientras miraba la película escuchó un ruido, como un llanto que venía del baño. Se dirige ahí. La puerta del baño estaba cerrada, y cuando la abre ve a una niña con sangre y llorando. Pero su cabellera le tapaba totalmente la cara.<br />
Connie, asustada dice :</p>
<p>-¿Quién eres, y por qué lloras?<span id="more-4341"></span></p>
<p>La niña no respondía. Al instante se escucha el ruido de la puerta abriéndose, era Amy. Connie corre donde estaba su amiga y le dice que vaya rápido al baño.<br />
Cuando llegan las dos no había nadie.</p>
<p>Connie dijo en su mente: -Que raro, ¿y la niña?</p>
<p>Connie mira a Amy y se da cuenta que tiene sangre en su ropa y tiene los ojos llorosos.</p>
<p>Connie: -Amy, ¿qué te ha pasado?</p>
<p>Amy: -No es nada. No es nada.</p>
<p>Connie: -Dime.</p>
<p>Amy: -No es nada. No pasó nada.</p>
<p>Connie sabía que algo pasaba pero no le insistió más a Amy.</p>
<p>Amy se dio otro baño y se durmió, al igual que Connie.</p>
<p>Al otro día, se levanta Connie y ve que Amy estaba desayunando, mirando fijamente un punto fijo.</p>
<p>Connie: -Amy, ¿estás bien?</p>
<p>Amy no contestó.</p>
<p>Connie: -Amy, contéstame, ¿qué te pasó?</p>
<p>Amy: -No es nada.</p>
<p>Toda la tarde las dos estuvieron en el departamento sin hablarse.</p>
<p>A la noche Amy se acostó enseguida sin decir una palabra.</p>
<p>Connie estaba preocupada por su amiga, tan preocupada que se había olvidado de la aparición en el baño.</p>
<p>Mientras Connie dormía, su escuchó un ruido que la despertó. Connie se levanta y va a la habitación de Amy. Al llegar ve a su amiga en el piso, con sangre a su alrededor. Se pone a llorar, no sabía qué le pasaba. Pero, en ese momento, se escucha una risita proveniente del baño.</p>
<p>Ella va hacia allí y ve la puerta cerrada como la otra vez, pero esta vez al abrirla no vio una niña llorando sino riendo y mirándola fijamente repitiendo una y otra vez su risa. Y escrito con sangre estaba la pared: &#8220;Ella se lo merecía, ella me mató, Pero ahora, la maté yo&#8221;</p>
<p>Amy no lo entendía, volvió a la habitación de su amiga y encontró una carta que decía:</p>
<p>Querida Amy:<br />
No tienes que decirle a nadie lo que pasó la noche anterior. Pero últimamente me estoy sintiendo observado, como que esa niña que matamos con el auto quiera vengarse. Por favor dime si te pasa lo mismo ?</p>
<p>Saludos, Franco.</p>
<p>Ahí todo cobró sentido, Por eso esa niña estaba allí. Amy volvió al baño y vio a la niña sentada mirándola. Seguía riendo.</p>
<p>Connie: -Por qué hiciste eso? Ella no lo hizo a propósito.</p>
<p>Niña: -Ella y su amiga no me llevaron con nadie, solo me dejaron tirada</p>
<p>La niña se fue acercando lentamente a Connie. Connie, asustada, salió corriendo, pero la niña gateando rápidamente la alcanzó y terminó matándola, ya que Connie, tampoco la ayudó cuando la vio sangrando en el baño.</p>
<p>ACLARACIÓN: este relato no es real, solo fue inventado.</p>
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		<title>El puma negro</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 04:51:58 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/02/jaguar_negro.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
<p>Aunque descendiente de una estirpe aristocrática cuyos orígenes se remontaban a la Edad Media y propietario de una arrogante mansión señorial que levantaba sus sombríos muros en los verdes campos bretones, el joven Armand de C… distaba mucho de ser un hombre rico. Por una parte, largos siglos de indiferencia hacia los negocios burgueses, así como una absoluta incapacidad para adaptarse a los cambios que solían traer consigo los nuevos tiempos, habían ido consumiendo paulatinamente la fortuna familiar. Por otra parte, Armand, como buen aristócrata, no era especialmente devoto del Dios Trabajo, de modo que, una vez concluida la carrera de Filosofía con las más brillantes calificaciones, había optado por encerrarse en su casa, sin más oficio ni beneficio conocidos que sus esporádicas (y poco lucrativas) incursiones en la literatura fantástica. Para sus vecinos, Armand no era más que un soñador excéntrico y solitario, que consumía su juventud recluido entre las telarañas de su vetusta casa familiar. Huérfano desde la infancia, no se le conocían amigos íntimos y su servidumbre se limitaba a un viejo mayordomo llamado Antoine, el cual se ocupaba tanto de las tareas domésticas como de cultivar un pequeño huerto próximo a la mansión, cuyos excedentes vendía en las aldeas cercanas. Hay que decir que Antoine permanecía en la casa por pura fidelidad hacia su joven amo, pues este rara vez tenía dinero para pagarle y, de no haber sido por el dinero que daban los productos del huerto, señor y criado lo habrían pasado bastante mal en más de una ocasión. <span id="more-4335"></span></p>
<p>Sin embargo (y esto era un secreto incluso para los vecinos más chismosos), Armand no era tan sedentario como se solía pensar. De hecho, siempre que tenía algún dinero en el bolsillo (y a veces sin tenerlo), abandonaba su casa, dejándola en las leales manos de Antoine, y se embarcaba en largos viajes que lo llevaban a tierras lejanas y peligrosas. El afán que lo movía a realizar esos viajes no era la afición al turismo, ni siquiera la mera sed de aventuras, sino la poderosa atracción que ejercían sobre su alma lo misterioso y lo siniestro. Cuando llegaba a sus oídos alguna noticia relacionada con hechos insólitos y terroríficos, Armand hacía todo lo posible, cuando no lo imposible, por visitar el lugar donde se habían producido tales hechos, con el fin de investigarlos por su cuenta y riesgo. Sus viajes, además de deudas, le habían causado numerosos conflictos con las autoridades de distintos países (e incluso con las embajadas de su propio país), y en más de una ocasión habían puesto su vida en grave peligro. Pero Armand, con afán digno de mejor causa, seguía en sus trece. A fin de cuentas, la única persona en el mundo que hubiera podido hacerle alguna reconvención al respecto era el bueno de Antoine… y este conocía demasiado bien a su amo como para esperar que se detuviese a escuchar consejos prudentes cuando el misterio llamaba a su puerta.</p>
<p>Teniendo en cuenta la personalidad de Armand, no deberíamos preguntarnos cuál fue su reacción cuando su tía materna, la condesa viuda Anna de B…, lo invitó a pasar unos días en sus propiedades sudamericanas, donde últimamente se habían producido hechos sangrientos que habían llenado de terror a los lugareños. Armand no simpatizaba demasiado con su tía, una mujer bella y elegante, pero de carácter más bien agrio y arrogante. En cambio, sentía una profunda simpatía (si no “otra cosa”) por su prima Monique, la hija de la condesa, una muchacha tan hermosa como su madre, pero mucho más amable y capaz de interesarse por temas trascendentes. Anna y Monique vivían normalmente en París, donde la primera se ocupaba de administrar sus negocios y la segunda estudiaba Derecho en la Sorbona, pero durante el verano dedicaban algunas semanas a visitar una hacienda propiedad de la familia, situada en el lejano Brasil. Y aquel verano la hacienda recibiría también la visita de un ansioso Armand.</p>
<p>Una vez allí, el joven aristócrata se encontró con que los indios y mestizos que trabajaban en los campos de la hacienda se hallaban horrorizados por las sangrientas fechorías de un extraño felino. Este animal, al que los supervivientes describían como un puma de gran tamaño y pelaje negro como el carbón, surgía de la selva en las primeras horas de la noche y mataba a la primera persona –hombre, mujer o niño- que se ponía delante de sus fauces, pero luego no devoraba a su víctima, sino que se limitaba a beber su sangre y a desaparecer velozmente entre las tinieblas de la espesura. Al parecer, era una fiera mucho más robusta y feroz que los verdaderos pumas, y tan escurridiza que todos los intentos de las autoridades y de los peones armados para acabar con ella habían resultado completamente infructuosos. Su fuerza era tan grande que le permitía derribar las puertas de las cabañas donde dormían los aldeanos, y hasta los perros más feroces no podían hacer otra cosa que huir o ser destrozados por sus zarpas. Nadie la había visto de día y muchos pensaban que no era una fiera normal, sino un espíritu maligno, engendrado por las tinieblas.</p>
<p>La aparición del puma negro y sus numerosos crímenes habían traído a la memoria de los indios más ancianos ciertas leyendas casi olvidadas, referentes en su mayoría a demonios nocturnos, que habitaban en las profundidades de la selva desde tiempo inmemorial y que se alimentaban de sangre humana. Según la leyenda, los antepasados de los indios antiguamente habían vivido en medio de la gran selva, en un lugar donde la caza era abundante y donde no hacía falta roturar la tierra para alimentarse de sus frutos. Durante muchas generaciones, todo fue bien, pero un buen día (es un decir) varios jóvenes audaces, desoyendo los consejos de los ancianos, decidieron adentrarse en cierta zona de la selva, donde esperaban encontrar nuevos territorios de caza. Según ciertas tradiciones de origen desconocido, en aquella zona vivía uno de aquellos demonios hematófagos, que castigaba con la muerte a quienes osasen penetrar en su territorio, pero los muchachos, acostumbrados a no hallar nada sólido tras las leyendas que los ancianos susurraban por la noche, desoyeron las advertencias de sus mayores y entraron en la zona prohibida. Sólo uno regresó, tambaleante y ensangrentado, para morir poco después, entre convulsiones y delirios de terror.</p>
<p>Pero eso no fue todo. Al parecer, el demonio de la selva decidió devolverles la visita a los pobres indios y, a la noche siguiente, un horror sin nombre se abatió sobre la aldea. Cuando el alba despejó las tinieblas nocturnas, casi una tercera parte de los aldeanos habían sido despedazados o desangrados en sus propios lechos, sin que ni puertas ni paredes hubieran podido detener a su asesino. Las pocas personas que habían visto al demonio y vivido para contarlo no coincidían en sus testimonios respecto a su apariencia. Para algunos, era un gran gato, semejante a un puma, mientras que para otros era como una serpiente gigante y tampoco faltaban quienes le atribuían una apariencia humana. Claro que, según los ancianos de la tribu, aquella diversidad de testimonios no debía ser sorprendente, pues es bien sabido que los demonios pueden cambiar de apariencia a voluntad. Fuera como fuera, estaba claro que era un ser terrible y que podía volver la noche siguiente, por lo cual todos los habitantes de la aterrorizada aldea estuvieron de acuerdo en abandonar el pueblo donde habían nacido y buscar un nuevo hogar, lejos de las fauces del demonio. Sólo un hechicero, cuyo nombre ha sido olvidado, optó por quedarse en el pueblo, pues deseaba enfrentarse al demonio cuando este, presumiblemente, volviera al pueblo tras la puesta del sol. Lo cierto es que los demás habitantes de la aldea, tras varios días y noches de penosa marcha por la selva, se establecieron en el lugar donde actualmente se hallaría la hacienda de los B… y nunca volvieron a saber nada del demonio nocturno ni del osado hechicero que se había quedado en el pueblo viejo para hacerle frente. Sin embargo, ahora muchos estaban empezando a pensar que el puma negro que salía de la selva en plena noche para atacar a los durmientes era aquel mismo demonio, que, tras una larga búsqueda, había hallado a los descendientes de los indios y estaba dispuesto a culminar su atroz venganza.</p>
<p>Madame de B… decía que aquella leyenda india no era más que una estúpida superstición, propia de gentes primitivas, y que el puma asesino no era más que eso, un puma. Armand, en cambio, sí creía (o, al menos, “quería creer”) en lo sobrenatural, mientras que Monique, acaso la más cauta e inteligente de la familia, “se reservaba su opinión”, aunque tendía más bien hacia el escepticismo de su madre que hacia el misticismo de su primo. Con todo, accedió a enseñarle a este la aldea maldita donde, según la leyenda, había empezado todo. En realidad, de dicha aldea ya no quedaba casi nada, pues, una vez abandonadas, las frágiles cabañas de los indios no habían podido resistir la furia de los elementos, de modo que sólo unos cuantos maderos, podridos por la lluvia y medio devorados por la maleza, denunciaban el lugar donde antes se había alzado el viejo poblado. Antes ir del territorio ocupado por la hacienda de los B… a la aldea hubiera exigido varios días de penosa marcha por las espesuras de la selva. Pero en la actualidad es posible acercarse en un vehículo todo-terreno, usando la pista de tierra que comunica la plantación con el embarcadero del río, y que pasa muy cerca del claro donde en tiempos se levantó la aldea maldita. Así pues, una mañana, Armand y Monique, equipados con sendas viseras y gafas oscuras para protegerse del fuerte sol tropical, cogieron un Land Rover y se dirigieron a las cercanías de la aldea. Armand llevaba consigo un rifle, pues, aunque el puma nunca había atacado a nadie antes del crepúsculo, pensaba que en plena selva toda precaución era poca, y seguramente no le faltaban razones para pensarlo. Una vez que hubieron llegado al punto de la pista más próximo al viejo poblado, ambos jóvenes dejaron el vehículo aparcado en el arcén para hacer a pie el resto del camino. Durante cerca de media hora caminaron trabajosamente por una angosta senda medio devorada por la maleza. Aunque las ramas de los árboles protegían el suelo de los rayos solares, hacía un calor infernal y en la atmósfera reinaba un silencio opresor. Armand murmuró, inquieto:</p>
<p>-Este silencio me trae mala espina. Algo ha asustado a los animales.<br />
Monique le dedicó una sonrisa casi maternal y respondió, tranquilizadora:<br />
-Tú ves muchas películas, Armand. Este silencio sólo quiere decir que los animales están dormidos. Si conocieras la selva como yo, sabrías que los animales sólo hacen ruido al amanecer y al anochecer, no durante el mediodía.<br />
-¿Sí, cariño? ¡Pues me parece que uno de tus animales debe de padecer insomnio! ¡He oído algo!</p>
<p>En efecto, el eco de un gemido había asaltado bruscamente el fino oído de Armand. En realidad, parecía un sonido más bien humano que animal, pero parecía imposible que alguien siguiese viviendo en aquella zona que los mismos indios evitaban. Con el rifle preparado para disparar, y seguido por Monique (que ya no parecía tan tranquila), Armand se sumergió entre los matorrales, buscando el origen de aquel extraño sonido. Tras un par de minutos de búsqueda, llegaron a lo que parecía la boca de una gruta, medio cubierta por las inmensas hojas de los arbustos. Antes de entrar en la cueva, Armand se agachó para agarrar un curioso objeto que yacía sobre el fangoso suelo de la selva. Era una especie de amuleto de oro, una figura grotesca en la cual, echándole imaginación, uno podía adivinar la figura distorsionada de un felino. Monique la cogió y la examinó durante un instante. Luego murmuró:</p>
<p>-Una vez, siendo niña, un viejo indio con fama de hechicero me enseñó un objeto parecido. Me dijo que era un amuleto para espantar a los malos espíritus. Pero…</p>
<p>Un grito infantil procedente del interior de la gruta interrumpió las palabras de Monique. Armand, con un dedo en el gatillo del rifle, se adentró en la cueva y no tardó en encontrar dentro de la misma a una niña de unos doce años, que estaba acurrucada sobre un montón de hierba seca. Aunque el sol tropical había dorado su piel, era claramente una niña de raza blanca, cuyos grandes ojos azules miraban, entre ansiosos y asustados, al estupefacto Armand. La pobre criatura ofrecía un lamentable aspecto de desamparo, estaba sumamente delgada y su rostro, cuyas facciones no carecían de hermosura, presentaba un desagradable tinte amarillento, que delataba privaciones y sufrimientos. Sin embargo, no parecía herida ni enferma, aunque sí agotada y hambrienta. Una vez atendida y tranquilizada por Armand y Monique, que le dieron agua fresca y un par de bocadillos (los cuales fueron devorados con avidez casi animal), la niña les contó su historia, con voz trémula y a veces vacilante:</p>
<p>-Yo me llamo Elsa, Elsa Capistrano. Mis padres vivían en Sao Paulo, pero murieron en un accidente de coche y yo me vine a vivir con mi tío Hélder, que tiene una hacienda cerca del río. Al principio, él era muy bueno conmigo, pero luego su mujer y sus dos hijos murieron por las fiebres y todo cambió. Empezó a beber, a decirme cosas como que yo era una bruja que le había traído la desgracia, me pegaba y… Una… una noche –él había bebido mucho- me agarró y me llevó a su cuarto, quiso… quiso hacerme una cosa muy mala… Pero yo me revolví y conseguí escapar. Durante días y noches caminé sin rumbo por la selva, tenía mucho miedo, pero prefería cualquier cosa antes que volver con tío Hélder. Así, bebiendo agua de lluvia y comiendo frutas silvestres y huevos de pájaros, logré sobrevivir. Pero una noche una fiera grande y negra, como un gato enorme, empezó a perseguirme. Yo escapé y llegué a esta cueva. Como no sabía qué hacer, me metí en ella, pensando que quizás tuviera otra salida. No la tenía, pero el puma, o lo que fuera, no entró. Algo le hizo dar media vuelta cuando ya estaba a punto de entrar. Pasé toda la noche en la cueva, temblando de miedo y sin poder dormir, pensando que en cualquier momento volvería el puma y me mataría. Pero no volvió. A la mañana salí de la cueva, pues, aunque tenía mucho miedo, necesitaba buscar comida. Entonces vi el amuleto –el mismo amuleto que llevas en la mano (dijo dirigiéndose a Monique)- y lo comprendí todo. Alguien había dejado un amuleto junto a la entrada de la cueva, y por eso el puma no podía entrar. Porque no era un puma normal, sino un demonio, y los demonios les tienen miedo a los amuletos. Mientras estuviera dentro de la cueva, el demonio-puma no podría hacerme daño. Por eso me quedé aquí. Pasaba las noches en la cueva y de día –cuando los demonios no tienen poder- salía a buscar comida, aunque siempre estaba de vuelta antes del anochecer. Y así hasta que oí vuestras pisadas y os llamé.</p>
<p>Monique, que también estaba empezando a creer en el demonio de la selva, dijo:<br />
-¡Pobre niña! Pero, si el amuleto te protege de ese monstruo, ¿por qué no lo cogiste para ir en busca de ayuda? Antes o después, hubieras llegado a un lugar habitado y habrías estado mejor que en esta cueva.<br />
-El amuleto protege de los malos espíritus, pero no puede nada contra las fieras de carne y hueso. Y tampoco me hubiera protegido de mi tío, si él estuviera buscándome por al selva. Yo sola nunca habría llegado viva a ningún sitio.<br />
-Tienes razón. Pero ahora no te preocupes, ya estás a salvo. Este chico y yo te llevaremos a la casa de mi mamá, donde nada ni nadie te hará daño.<br />
En efecto, Armand y Monique desistieron de visitar la aldea maldita, pues era mucho más importante llevar a la pobre Elsa a un lugar seguro. Por cierto, Monique se llevó consigo el amuleto, pues, pese a su escepticismo, estaba empezando a creer en su eficacia contra el ser que acechaba en la selva.</p>
<p>Cuando Armand y Monique llegaron a la hacienda con su joven protegida, ya se había puesto el sol y Madame B… estaba furiosa, pues Dog, su perro, no aparecía por ningún lado. Y no es que ella sintiese especial cariño hacia el animal (que, en cambio, había sido el favorito de su difunto esposo). Realmente, la buena señora sólo sentía cariño en el mundo por su hija y por su colección de vestidos de noche. Sin embargo, un perro chow-chow era una mascota demasiado cara para permitir que se extraviase y su ausencia la había puesto tan nerviosa que apenas reparó en Elsa cuando su hija hizo las presentaciones. Estaba Anna de B… a punto de iniciar una andanada verbal contra el pobre Dog cuando un ladrido estridente la dejó callada y paralizada de puro espanto, al mismo tiempo que sus mejillas palidecían bajo la capa de cosmético parisino que las cubría. En el mismo jardín de la casa, a escasos metros de la puerta de cristal que comunicaba la sala de estar con el exterior, los días del desgraciado Dog habían terminado entre las fauces del puma negro. Este apenas se demoró algunos segundos para absorber la sangre del perro y, dando un salto inverosímil, se sumergió en la maleza que rodeaba el jardín. Armand, sintiendo en sus venas el salvaje valor que en un siglo lejano les había otorgado un título feudal a sus ancestros, agarró el rifle y abrió la puerta para perseguir a la fiera, con la esperanza de capturarla antes de que pudiera llegar a las honduras de la selva. Pero antes de que saliera, Monique le entregó el amuleto y le rogó que lo llevara consigo, “por si acaso”. Armand lo agarró con fuerza y se lo metió en el bolsillo de sus tejanos. En efecto, si aquella fiera era realmente un demonio, aquel pedazo de metal podría serle mucho más útil que el rifle.</p>
<p>Pocos segundos después, Armand se había adentrado en la espesura, siguiendo la pista de ramas rotas que delataba el paso del puma. Sin embargo, la pista desaparecía en el punto donde los arbustos empezaban a ser sustituidos por los árboles. Armand se detuvo un momento, vacilante. Y entonces, como si una parte del dosel de negrura que cubría la selva se hubiera fragmentado, una sombra negra cayó sobre Armand, arrojándolo al suelo y haciéndole perder su rifle.<br />
Cuando el joven cazador fue consciente de su situación, esta no podía ser más desesperada. Armand se hallaba en el suelo, desarmado y con los colmillos del puma a escasos centímetros de su garganta. Unos centímetros que se reducían inexorablemente cada décima de segundo. Incapaz de recuperar su arma, con el pecho y los hombros atrozmente desgarrados por las garras de la fiera, medio ahogado por la presión de las zarpas delanteras sobre su pecho, Armand estuvo, durante un instante, resignado a sufrir una muerte cruel. Al parecer, el amuleto que aún guardaba en el bolsillo había perdido toda su virtud, si alguna vez la había tenido, y el pobre joven no se sentía con fuerzas para enfrentarse a su adversario. Sin embargo, ese instante de resignación sólo fue un destello fugaz. La sangre ardiente de Armand, señor de C…, descendiente de guerreros y cazadores de osos, no aceptaría fácilmente convertirse en el manjar de una fiera. Armand dejó de ser un joven tímido y soñador para convertirse en una bestia bípeda que luchaba por su vida contra su semejante de cuatro patas. Convirtiendo todo su miedo en valor y haciendo acopio de una fuerza bárbara que latía dormida en su interior, ajeno a las garras que le laceraban tronco y brazos hasta bañárselos en sangre, Armand agarró con ambas manos el cuello del puma y, mediante un esfuerzo volcánico, logró rechazar la presa de su enemigo. Este gruñó rabioso, pero, cuando pudo reaccionar, Armand ya se había deslizado hacia su rifle y lo había agarrado con sus manos ensangrentadas. El puma intentó atacar de nuevo, pero una bala le destrozó la cabeza cuando ya creía sentir las venas de Armand crujiendo entre sus dientes.</p>
<p>Tras tomarse un momento de descanso para recobrar fuerzas y calmar su excitación nerviosa, Armand se levantó a duras penas y, enfocándolo con su linterna de bolsillo, estudió el cadáver de la fiera. Era ciertamente un animal impresionarte, aunque quizás los espantados nativos habían cargado las tintas en su descripción. Su tamaño, aunque superior al de la mayoría de sus congéneres, no llegaba a excepcional. Armand, a ojo, le calculó unos dos metros de longitud y más de cincuenta kilos de peso. Su pelo no era negro, sino marrón oscuro, y se trataba de un macho, aún fuerte pero ya algo viejo. Desde luego, nunca había sido ningún demonio, sino un cazador de hombres, como los tigres de Corbett o los leones del Tsavo. Por tanto, Madame de B… tenía razón y Armand se sintió un imbécil por haber creído en los delirios de unos indígenas supersticiosos y de una niña asustada. Aquel amuleto no valía para nada…</p>
<p>Entonces, Armand pensó. ¿Cómo habría llegado el amuleto a la entrada de la gruta? Elsa no lo había traído. Acaso aquel hechicero que se había quedado en la aldea para enfrentarse al presunto demonio de la selva hubiera podio decirle algo al respecto, pero… Había que guiarse por conjeturas. Era posible que el hechicero se hubiera refugiado en la gruta y hubiera colocado el amuleto protector en la entrada, para no ser atacado por el demonio de marras. Aunque también era posible, e incluso más probable que lo anterior, que el hechicero, mediante alguna estratagema, hubiera logrado encerrar al monstruo en aquella gruta y hubiera dejado allí el amuleto para impedirle la salida. Entonces, el hombre habría ganado la partida, aunque luego algún accidente le hubiera impedido reunirse con los suyos. Y, aunque pareciera absurdo, Armand no pudo evitar un escalofrío al recordar que, según la leyenda, el demonio de la selva podía adoptar distintas formas, tanto animales como humanas.</p>
<p>A pesar de sus heridas y del dolor que estas le producían, Armand abandonó el cuerpo del puma y se encaminó hacia la casa a toda prisa.<br />
Cuando entró, vio a Madame B… y a Monique sobre el sofá de la sala, atadas y amordazadas, y con las caras blancas de puro terror. Estaban asustadas, pero habían tenido suerte, pues la providencial llegada de Armand, con el amuleto protector en el bolsillo, las había salvado “in extremis” de sufrir una muerte atroz. Elsa había desaparecido y, por la ventana abierta, entraron los ecos de una risa siniestra, que empezó siendo la de una niña para convertirse en la de un demonio, antes de desvanecerse para siempre, en las tinieblas de la noche y de la selva.</p>
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		<title>Fantasmas</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 05:12:05 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[ES UN RELATO ES ALGO QUE ME SUCEDIO Y ANTERIORMENTE A MI HERMANA, PERO YO NO LA CREI. FUE EN EL MES DE OCTUBRE DEL 2001 UNA NOCHE SALI A LA COCINA QUE ESTA EN LA PARTE DE ATRAS DE LA CASA DE MIS PADRES , FUI A LA DESPENSA A SACAR UNAS ACEITUNAS DONDE [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-4330" title="Imágenes-de-fantasmas3" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/Imágenes-de-fantasmas3.jpg" alt="" width="500" height="358" />ES UN RELATO ES ALGO QUE ME SUCEDIO Y ANTERIORMENTE A MI HERMANA, PERO YO NO LA CREI.<br />
FUE EN EL MES DE OCTUBRE DEL 2001 UNA NOCHE SALI A LA COCINA QUE ESTA EN LA PARTE DE ATRAS DE LA CASA DE MIS PADRES , FUI A LA DESPENSA A SACAR UNAS ACEITUNAS DONDE HAY UN MUEBLE GIRATORIO Y AGARRE LAS ACEITUNAS DEL MUEBLE , FUE HACIA LA HELADERA A SACAR LA COCACOLA CUANDO ABRO LA PUERTA OIGO UNA VOZ QUE DICE ESTHEEEERRRRRR!!! , ME GIRO Y VEO LA PUERTA DE LA DESPENSA QUE HABIA CERRADO QUE ESTABA ABIERTA , EL MUEBLE GIRATORIO ESTABA DANDO VUELTAS, NO ENTENDIA NADA PERO CLARO CERRE RAPIDAMENTE LA HELADERA Y AL CERRAR LA DESPENSA SALI CORRIENDO LO MAS RAPIDO QUE PUDE PARA DECIRSELO A MI MADRE LO QUE ESTABA PASANDO.<span id="more-4329"></span></p>
<p>AL DIA SIGUIENTE ESTABAMOS TODOS EN CASA ,PERO MI MADRE FUE A MIRAR Y NO PASO NADA Y MI MADRE ME TOMABA POR UN POCO TONTO O QUE ME LO ESTABA INVENTANDO, TAMBIEN SE LO CONTE A MI NOVIA PERO TAMPOCO ME CREYO ELLA NUNCA SE LO HA CREIDO .</p>
<p>DESPUES DE TRES DIAS ESTABAMOS TODOS EN CASA , NOS ENCONTRABAMOS JUGANDO A LAS CARTAS Y MI MAMA FUE A LA DESPENSA A BUSCAR ALGO PARA PICAR ,PORQUE DE NOCHE A NOSOTROS NO NOS HACIA MUCHA GRACIA IR A LA DESPENSA ,FUE Y TRAJO UNOS APERITIVOS QUE NOS COMIMOS Y NO PASO NADA.</p>
<p>CUANDO SE MARCHO MI NOVIA A LAS TANTAS DE LA NOCHE VIMOS QUE SE HABIA DEJADO LA PUERTA DE LA DESPENSA ABIERTA, DIJIMOS ENTRE NOSOTRAS QUIEN VA A CERRARLA , MIENTRAS LO DISCUTIMOS SE VOLVIO A OIR UNA VOZ QUE DECIA !!!DAAA IGUUALLL! , NOS PUSIMOS TODAS NERVIOSOS , PERO MI MADRE FUE A CERRAR LA PUERTA Y ES CUANDO VOLVIO A PASAR EL MUEBLE GIRATORIO DANDO VUELTAS ESTA VEZ HASTA CAYERON UN PAR DE LATAS DE CONSERVAS QUE TENIAMOS.</p>
<p>MI MADRE EN VEZ DE SALIR CORRIENDO EMPEZO A GRITAR SEAS QUIEN SEAS LÁRGATE, VETE, DEJANOS EN PAZ NO TE HEMOS HECHO NADA Y DE MOMENTO TODO SE CALMO.</p>
<p>DESDE ENTONCES LOS SIGUINTES DIAS LLEVAMOS AGUA BENDITA A LA DESPENSA Y NO A VUELTO A PASAR MAS DESDE ENTONCES PERO CADA VEZ QUE VOY A LA DESPENSA VOY CAGADITO</p>
<p>PERO CREERME QUE ES ALGO QUE NO ME GUSTARIA QUE VUELVA A PASAR.</p>
<p>MI NOVIA COMO ES UNA INCREDULA Y UN POCO BOBA AUN SE RIE Y NO SE CREE NADA, PIENSA QUE ESTAMOS LOCOS CADA VEZ QUE VE EL AGUA BENDITA PUESTA EN LA DESPENSA.</p>
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		<title>Lluvia Gris</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 13:46:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sentado sobre una banca, me encuentro, sosteniendo un paraguas. Acompañado por el viento que penetra mi piel, gélido, y me entumece los huesos. Acompañado por las lágrimas del cielo, que crean charcos donde veo mi reflejo, mi soledad&#8230; Contemplo los árboles empapados. Árboles sin esperanza, nostálgicos como yo, derritiéndose por la lluvia. Mis manos están [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-4317" title="niebla" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/niebla.jpg" alt="" width="500" height="375" /></p>
<p>Sentado sobre una banca, me encuentro, sosteniendo un paraguas. Acompañado por el viento que penetra mi piel, gélido, y me entumece los huesos. Acompañado por las lágrimas del cielo, que crean charcos donde veo mi reflejo, mi soledad&#8230;</p>
<p>Contemplo los árboles empapados. Árboles sin esperanza, nostálgicos como yo, derritiéndose por la lluvia. Mis manos están heladas. El olor a madera mojada comienza a emanar de ellos. Contemplo un cielo grisáceo y triste. No hay más alma que la mía en aquel lugar. Me estremezco, mientras las nubes pasan, con toda la tranquilidad del mundo. Una silueta se deja contemplar, efímeramente. La ilusión pronto desaparece, pues no es más que una jugarreta del viento. Me siento sin ganas, me dejo morir. El viento me acaricia el rostro, y juega con mis cabellos.<span id="more-4316"></span></p>
<p>Pero de algún modo, la nostalgia me reconforta. Extraño, deseo, me entristezco, lloro, odio, siento felicidad&#8230; Un mundo gris de reflexiones infinitas, donde estoy solo y el tiempo por primera vez, está a mi dispocisión. De pronto, de entre la niebla, aparece una silueta femenina. Esta vez mis ojos no me engañan; estoy seguro. Sus ojos café oscuro, me observan, pueriles y curiosos. Le devuelvo la mirada, y nos contemplamos fijamente, sin romper el silencio, por largos minutos. Minutos eternos que parecían no tener fin, como la lluvia misma. Ella hace ademán de articular palabra. Mueve sus finos labios, y contemplo su labio inferior. Sentí deseos de morderlo. Ella sigue en silencio, y dudo si entre acercarme o no. Ella de pie, mientras las gotas de lluvia se deslizan por su cabello, me continúa clavando la mirada. Me pongo de pie, y camino hacia ella. Nuestros rostros estaban sólo a unos centimetros de distancia. La contemplé aún concentrado en sus ojos. Parecían no tener fin. Me perdía en ellos, y visualizaba miles de mundos de bellezas extraordinarias. Luego, sin remordimientos, me concentré en sus labios, tímidos, que yacían quietos. De pronto, me di cuenta que tenía toda mi atención centrada en ella, mientras el apagado mundo a mi alrededor se desvanecía. Su mano ascendió hasta mi rostro, y me recorrió con una caricia. Apegué sus labios a los míos, y suavemente le mordí el labio inferior. Era cálido. Dentro en mi pecho, sentí el quemar de una flama. Nuestras lenguas juguetearon. Mi mano llegó hasta sus cabellos mojados. Pero ella separó sus labios de los míos, y me contempló, sin decir palabra. Ese silencio, me expresaba mil cosas. Sentí como sus ojos me comunicaban, una despedida inminente. Contemplé las nubes del cielo. Los rayos del sol comenzaban a penetrar en mayor cantidad. De pronto, el cielo estuvo aclarado. La luz del sol reinaba en el cielo, y la lluvía había acabado. Las plantas crecían, la niebla desaparecía, los árboles daban frutos&#8230; El mundo gris desaparecía. Mis huesos dejaban de estar entumecidos. Busqué a ella, para compartir esta nueva sensación. Pero ella ya no estaba, pues en ese momento, hubo un cambio en mi. Mi mundo gris había desaparecido. La nostalgia del alma se había esfumado, como los años de soledad. Supe entonces, que un nuevo horizonte me esperaba&#8230; Sabiendo aún así, que el mundo gris, siempre estaría para mi.</p>
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		<title>El Accidente</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 15:51:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[150 Km/H marcaba el velocímetro del automóvil. James Bradly estaba más que ansioso por llegar al hotel que se encontraba en la ya próxima ciudad, para ver a su hija recién nacida, que por problemas de trabajo no pudo estar en el parto en sí. 160 km/H, y una espesa neblina cubría gran parte de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/18640.jpg" alt="" /><br />
150 Km/H marcaba el velocímetro del automóvil. James Bradly estaba más que ansioso por llegar al hotel que se encontraba en la ya próxima ciudad, para ver a su hija recién nacida, que por problemas de trabajo no pudo estar en el parto en sí. 160 km/H, y una espesa neblina cubría gran parte de la visibilidad en la carretera de alta velocidad. No se veía ningún auto a estas horas, ya iban a ser la una de la madrugada.</p>
<p>Aquella extraña tranquilidad que te da cuando sabes que no hay nadie en kilómetros a la redonda, le hizo comenzar a pensar en su vida a Bradly. Era un alto comisionado de energía, trabajo de abultado salario conseguido por ciertos contactos a nivel de gobierno. Su esposa, Gracia, no era muy feliz. Se lo pasaba en la casa ya que él se había negado sistemáticamente a que ella trabajase. &#8220;El lugar de las mujeres es el hogar&#8221; muchas veces dijo él como punto final para terminar las constantes discusiones por el mismo tema.</p>
<p>Una luz en el camino. Otro auto que hizo parpadear las luces repetidamente lo sacó un poco del ensoñamiento en el que estaba sumido, mas no le hizo mayor caso y aún aumentó la velocidad del auto, que ronroneaba ligeramente al cruzar la carretera.</p>
<p>Entonces a lo lejos una sombra. Bradly no la vio porque estaba empecinado recordando lo odiosa que se ponía su mujer. Cuando se dio cuenta del objeto en cuestión, que estaba al frente suyo, en su miso carril, fue muy tarde.<br />
<span id="more-4308"></span><br />
Golpeó violentamente con el objeto. Con toda la conmoción del choque viró y pasó a chocar con la barrera metálica de contención, haciéndose escuchar un terrible chirrido que golpeaba sus tímpanos dejándolo virtualmente sordo, mientras millones de chispas brillaban escarlatas en su lado del auto. A la velocidad sórdida que iba no alcanzó a evitar el árbol macizo con que el vehículo se estrelló.<br />
Sólo se escuchó un crujir doloroso.</p>
<p>Cuando Bradly se encontró consciente, estaba sentado en una piedra a escasos metros de un aparente accidente. Se encontraba él en perfectas condiciones, sin ningún rasguño, pero no podía decir lo mismo de un alce que estaba a pocos pasos del lugar. Había sido golpeado con una fuerza tremenda, estaba partido por la mitad en algún punto de su columna vertebral, con algunos intestinos saliéndole por un agujero del abdomen.</p>
<p>Al otro lado, equipos de emergencia asistían a un auto que estaba hecho pedazos frente a un árbol arrancado casi de raíz. Sierras se escuchaban cortando el metal de las puertas del accidentado vehículo, y cuando éstas cedieron, sacaron con cuidado algo, y lo dejaron cerca del mismo. Lo taparon de inmediato con un nylon negro, y llamaron a los de la ambulancia.</p>
<p>Entonces algo crujió en la mente de Bradly.</p>
<p>Él también había sufrido un accidente, ahora lo recordaba. Con lo que chocó, ¿Era posible que fuese ése mismo alce, que estaba ahora tirado y destrozado? ¿Y no era ese su auto, el que quedó inservible al lado del árbol? Y entonces, ¿Quién era el que estaba bajo el plástico negro, sino era él? Camino cada vez con una expresión más grave, acercándose con la manos temblorosas para ver al difunto que ahí se encontraba.</p>
<p>Se le cayó todo lo que conocía del mundo cuando lo vio.<br />
Era él mismo, con el cráneo y el cerebro licuado por el choque.<br />
Estaba muerto, era él mismo.</p>
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		<title>Historia de miedo de la guillotina</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 18:32:59 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[historias de miedo]]></category>
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		<description><![CDATA[La plaza era una turba enajenada, sucia y vociferante, un mar embravecido por corrientes de odio. Y en su centro -como una isla de madera- se levantaba el cadalso. La guillotina ya estaba lista para la siguiente ejecución. -¡Cortadle la cabeza! ¡Cortadle la cabeza! –se escuchaba como un eco que iba y venía, entre otros de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-4247 alignleft" title="bloody" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/bloody.jpg" alt="" width="298" height="400" /></p>
<p>La plaza era una turba enajenada, sucia y vociferante, un mar embravecido por corrientes de odio. Y en su centro -como una isla de madera- se levantaba el cadalso. La guillotina ya estaba lista para la siguiente ejecución. -¡Cortadle la cabeza! ¡Cortadle la cabeza! –se escuchaba como un eco que iba y venía, entre otros de inhumana ferocidad. La muchedumbre apenas se abría para dar paso al carro tirado por caballos que se adentraba en la plaza. Con las manos atadas a la espalda y recostado en un lateral, el noble mantenía su mirada en la distancia, indiferente a la ventisca de insultos, frutas y huevos podridos que arreciaba sobre él. Los guardianes empujaban con sus lanzas a los exaltados que se acercaban al carro para escupirle en la cara, aunque muchos lo conseguían.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vio en lo alto al verdugo limpiarse las manos con un trapo, como un carnicero. Tenía el honor de ser el último ejecutado en este día de terror. Por el suplicio ya habían pasado sus cortesanos, sus amigos, sus familiares…a lo largo de las horas previas.</p>
<p>Le habían obligado a contemplarlo todo.<span id="more-4246"></span></p>
<p>Lentamente, fue conducido por las escaleras hasta la plataforma de la guillotina. Aquello era un lodazal de sangre y el hedor le produjo arcadas que apenas pudo contener. Desvió la vista del montón de cuerpos amontonados a un lado, donde pronto caería el suyo. La sucia hoja de acero le pareció suspendida a increíble altura. Desde la lejanía se le había antojado más baja.</p>
<p>La negra capucha del verdugo le preguntó:</p>
<p>-¿Últimas palabras?</p>
<p>El noble negó con un fugaz movimiento de cabeza; entonces fue cuando el experimentado verdugo le recostó -sin la menor ceremonia- sobre el tablón, para pasar a ajustar las piezas de la máquina que aprisionaron su cuello. Cerró los ojos y el griterío inundó sus oídos, su oscuridad.</p>
<p>Una atmósfera de silencio expectante crecía acallando toda voz por encima del rumor. Quedaban segundos, lo sabía. Imaginaba al corpulento verdugo dirigiendo sus ojos invisibles a la masa, a un lado y luego hacia el otro, esperando el respeto de la mínima dignidad para el condenado y su muerte. El fin había llegado.</p>
<p>Captó el segundo justo. Un crujido en la madera al accionar el mando. Una vibración grave y…</p>
<p>Un clamor de júbilo reventó la plaza.</p>
<p>La cabeza había caído en el cesto ensangrentado, junto a las demás.</p>
<p>Hombres, mujeres y niños mostraban su obscena alegría. Había sido un día grande para ellos y, ahora que todo había acabado, se resistían a abandonar el lugar. Durante horas celebraron la muerte y las futuras muertes que estaban por llegar. De repente, entre la algarabía general, se alzó un coro de gritos aterrorizados que, desde la zona más próxima al cadalso, cruzó la plaza como un cuchillo.</p>
<p>El bullicio cesó, y la atención se dirigió hacia el arco de plebe temblorosa que se iba formando en torno a la guillotina. Por el borde del cesto de cabezas habían surgido tres descomunales patas de tarántula. Otras dos salieron para agarrarse por el otro extremo; la gente retrocedió chillando y la masa se desplazó como un campo de trigo azotado por el viento. Poco a poco, la cabeza sangrienta del noble emergió, erguida sobre aquellas patas que nacían en su cuello seccionado.</p>
<p>El terror convulsionó a los presentes de mil maneras, iniciando oleadas de pánico. Muchos corrieron desencajados, implorando al dios misericordioso, otros cayeron desmayados para ser pisoteados por los que huían, mientras algunos quedaron paralizados, movidos sólo por los empujones, observando lívidos como la cabeza descendía sobre la plataforma con un balanceo espasmódico en su cara.</p>
<p>-Os espero abajo… –dijo entre espumajos sanguinolentos; su voz era un fuelle rasgado-…todos tenéis vuestro sitio abajo…TODOS…</p>
<p>El caos inundó la plaza, un pozo de locura.</p>
<p>Nadie recogió aquella cabeza de sonrisa grotesca.<br />
Y sus ocho patas de tarántula.</p>
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		<title>Imagenes de fantasmas o montajes?</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 18:03:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todos los dias nos llegan links de imagenes de fantasmas para publicar asi que iremos publicando las que nos lleguen. Cientos de imagenes de miedo y fantasmas o simplemente trampas hechas para que la gente tenga miedo. Sera verdad todo lo que vemos? Osama Binladen Se manifiesta?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los dias nos llegan links de imagenes de fantasmas para publicar asi que iremos publicando las que nos lleguen. Cientos de imagenes de miedo y fantasmas o simplemente trampas hechas para que la gente tenga miedo. Sera verdad todo lo que vemos?</p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasmas.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><span id="more-4187"></span><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasmasfotos.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasmas-reales.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasmas02.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasmas11S.jpg" alt="" border="0" /><br />
Osama Binladen Se manifiesta?</p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-14.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-1.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-2.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-4.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-8.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-10.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-11.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-12.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/fantasma-13.jpg" alt="" border="0" /></p>
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		<title>La Iguana toma Venganza</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 04:37:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando todavía existían las representaciones de medianoche, a veces se veía un hombre con un gran abrigo y con el sombrero casi cubriendo los ojos que se compraba un billete y se sentaba en la última fila. Siempre venía cuando saliera una película de terror, y su favorita era la Iguana. Era en la infancia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-medium wp-image-4146 alignleft" title="iguana" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/12/iguana-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" />Cuando todavía existían las representaciones de medianoche, a veces se veía un hombre con un gran abrigo y con el sombrero casi cubriendo los ojos que se compraba un billete y se sentaba en la última fila. Siempre venía cuando saliera una película de terror, y su favorita era la Iguana.</p>
<p>Era en la infancia de vuestras padres que la iguana subía de la laguna negra, llevándose la heroina, vestida de bañador &#8211; digo la heroina, no la iguana. Era verde y escamosoa y goteaba porque siempre acababa de salir del agua. Al principio, el inspector del cine debe haber creído que se trataba de dos niños de ocho años, intentando entrar furtivamente, sirviéndose del gran abrigo, a una película de personas mayores, pero entonces su voz, honda y gargarizando, pronto le habrá convencido de otra cosa. No molestaba a los chavales, ya que causó que las chicas se arrimaran más hacia ellos.</p>
<p>Por supuesto, una vez empezada la película lo olvidaban por completo y se concentraban en la pantalla, y por eso no se daban cuenta que él no se concentraba en ella en absoluto. Sería posible explicar eso con el hecho, que ya había visto la película por lo menos cien veces.</p>
<p>No, la atención del hombre misterioso estaba más bien en el público. Sentía más que oía cómo la charla común se iba disminuyendo mientras pasaban los títulos de crédito y eran sustituidos por un silencio lleno de expectación. El monstruo apareció pasados exactamente diecisiete minutos de la película, y en aquel momento el hombre misterioso cerraba sus ojos, escuchando. La gente jadeó.<span id="more-2044"></span></p>
<p>Había alguien que gritó. Y otra vez se sintió bien.</p>
<p>Si hubieran sabido lo que se escondía debajo del gran abrigo, es probable que hubieran gritado aún más fuerte. Pero eso sólo se revelaba cuando llegaba a casa y se lo quitaba.</p>
<p>Puso el sombrero en su sitio y se miró en el espejo de la entrada. La gran boca de rana se retorció en una gran sonrisa, y los ojos de bacalao guiñaban. Entonces la iguana se abrió una lata de sardinas y se acostó. Cuando la iguana tenía esa predilección por las representaciones de medianoche, era porque sus películas ya hace tiempo habían sido retiradas del programa normal. A pesar de todo, ya llevaban unos años a cuestas, y la gente pagaba por ver otras cosas.</p>
<p>Al final fue a entrevistarse con su antigua compañía cinematográfica. El productor lo recibió, amablemente, y pidió que se sentara.</p>
<p>-¡Blackie! -dijo, alegre. Para sus adentros se extrañó de que la iguana siempre consiguió gotear en su alfombra, porque el pobre monstruo no podía haber visto una laguna en diez años. -¿En qué te puedo servir?</p>
<p>-Tengo una idea para una película nueva -dijo el monstruo.</p>
<p>-¡Suena interesante! -bostezó el productor.</p>
<p>-Pues mira, primero hice &#8220;La iguana de la laguna&#8221;. Luego vino &#8220;El regreso de la iguana&#8221; y &#8220;La iguana se escapa&#8221;. Pero nunca hemos hecho &#8220;La iguana toma venganza&#8221; &#8230;</p>
<p>El productor se levantó de su escritorio y se vino al lado del visitante, algo que solía significar que la audiencia se había acabado. -¡Mira aquí! &#8211; dijo el gran hombre, señalando la fila de carteles en la pared.</p>
<p>-El infanticida ataca a ciegas. La conquista de los zombies. ¿Tú crees que queda alguien que quiere mirar a algo que parece un hombre-rana en un traje verde?</p>
<p>-No sé -murmuró la iguana.</p>
<p>-Déjame decirlo de otra manera. ¿Tú vomitas flema que corroe a la cara de la gente? ¿Entras por la boca de ellos para luego salir saltando de su estómago?</p>
<p>-Pues, no.</p>
<p>-No, no haces nada de eso. Ni siquiera desabrochas el sujetador de la heroina. Un paseo en el metro es más espantoso que tú. -La iguana miró hacia abajo, asintiendo con la cabeza.</p>
<p>-¿Quieres que te de un consejo? ¡Buscate un trabajo! Pero eso tampoco era muy fácil, porque la iguana no sabía hacer mucho más que asustar a la gente. -¿Asustar a la gente? -repitió el de la oficina de empleo.</p>
<p>-¡Muy bien, intenta aquí! -COBRANZA BRUTAL S.A., dijo en la tarjeta.</p>
<p>-¿Ex monstruo? -rió el director-. Suele ser ex boxeador, pero ¡adelante!</p>
<p>La iguana se sintió muy a gusto cuando cogió la bicicleta para ir a su primera tarea. Tenía que persuadir unos delincuentes a abandonar una casa despoblada que habían convertido en cuartel general. -La policía es demasiado amable -había dicho el director-. El dueño quiere que se asuste bien a esos sinvergüenzas &#8230; -La iguana guiñó con los ojos y practicó su grito gargarizante.</p>
<p>Entonces se fue hacia la casa y llamó en la puerta. La mayoría de los delincuentes no parecían tener bastante edad para poder entrar en una representación de medianoche.</p>
<p>También había algunas muchachas y un par de niños. -¿Sí? -dijo el joven en la puerta.</p>
<p>-Sí -dijo la iguana-. Vengo de COBRANZA BRUTAL &#8230;</p>
<p>-¡Pues entra! -Se sentaron en un viejo sofá, y una de las muchachas preguntó la iguana si no quería una cerveza, y deploró que no tenían ningunas sardinas.</p>
<p>Media hora más tarde, el monstruo ya se estaba volviendo hacia la oficina. Estaba contento, porque había conseguido aclarar todo el caso.</p>
<p>Los jóvenes no eran delincuentes, solamente no tenían dónde vivir y solamente se habían instalado allí, porque la casa de todas formas estaba vacía. -Si eso no era muy difícil -pensó la iguana-. A ver cómo será mi próxima tarea &#8230; -Pues -dijo el de la oficina de empleo-. ¿No te salió? Bueno, sí. ¿Qué tal la infantería de marina? Porque sabes nadar, ¿no?</p>
<p>Había algunos problemas en encontrar un uniforme que le estaba bien, pero aparte de eso podía empezar enseguida, porque el gobierno acababa de iniciar un nueva guerra para asegurar la paz.</p>
<p>-¡Chavales, soy orgulloso de vosotros! -dijo el general cuando llegó.</p>
<p>-Juntos vamos a asegurar la democracia en este mundo. Sí, vamos a matarlos. Vamos a volverlos del revés para que las tripas les sirven de corbata. Después, le pusieron a la iguana al corriente de la estrategia del ejército.</p>
<p>-Sólo bombeamos a los objetivos militares -explicó el general-. Fábricas que manufacturan rodamientos a bolas para tanques.</p>
<p>Compañías de aguas que suministran agua a los soldados. Escuelas y jardines de infancia que instruyen soldados nuevos.</p>
<p>Tenemos que recordar que estamos luchando contra un enemigo totalmente descomedido. ¡Ayer fusilamos por error a uno de nuestros propios soldados, y eso nunca hubiera pasado, si no nos hubieran obligado a entrar en esta guerra!</p>
<p>-¡General Schwartztod! -interrumpió un coronel-. Los rusos se han quejado. ¡Creo que fue por los tres hospitales que bombeamos ayer, sir!</p>
<p>-¡Tranquilo! -dijo el general. -Llame a la ONU y dígales que tienen que aprobar un resolución.</p>
<p>-¡Pero sir! El enemigo se ha rendido.</p>
<p>-Lo sabía -dijo el general-. Otro capricho diabólico para impedir que destruyamos al enemigo. Dígales que no podemos aceptar la fórmula. Diga que la bandera blanca era demasiado sucia. Diga cualquier cosa, pero siga bombeando. Por el amor de Dios &#8230;</p>
<p>Ese mismo día, la iguana salió con su división, y sus compañeros conseguían acabar con una veintena de soldados andrajosos, desarmados. También había más, pero corrían demasiado rápido. La iguana meneó la cabeza. Luego se fue al agua y volvió a casa, nadando. Apenas había entrado por la puerta, cuando su agente llamó y le dijo que tenía que salir en un programa de tele un sábado. Resultó que algunas de las antiguas películas habían vuelto a ser modernas como descanso entre los boletines de guerra.</p>
<p>El presentador del programa era un hombre pequeño con una gran sonrisa. -Y ahora -dijo- todos estamos esperando para oir qué le asusta a *Usted*, Sr. Laguna.</p>
<p>La iguana lo pensó un poco. Luego dijo: -Me asusta que la mayoría de los hombres son pobres, que muchos no tienen si quiera donde dormir, aunque las casas están vacías.</p>
<p>Me asusta que un país grande puede destruir a un país pequeño, haciendo exultar a todo el mundo- Pero más me asusta que hay personas que, a pesar de que les hambrean y les obligan a matar, creen que esto es una democracia. La gente jadeó. Había alguien que gritó. Y otra vez se sintió bien.</p>
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		<title>El enemigo</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Oct 2011 23:24:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Es de noche, la criadita Varka, una chiquilla de trece años, mece en la cuna al niño, canturreando: Duerme, duerme, niño lindo, que viene el coco&#8230; Una lamparilla verde encendida ante el icono alumbra con luz débil e incierta. Colgados a una cuerda que atraviesa la habitación se ven unos pañales y un pantalón negro. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/10/miedo.jpg" alt="" />Es de noche, la criadita Varka, una chiquilla de trece años, mece en la cuna al niño, canturreando: Duerme, duerme, niño lindo, que viene el coco&#8230;</p>
<p>Una lamparilla verde encendida ante el icono alumbra con luz débil e incierta. Colgados a una cuerda que atraviesa la habitación se ven unos pañales y un pantalón negro. La lamparilla proyecta en el techo un gran círculo verde; las sombras de los pañales y el pantalón se agitan, como sacudidos por el viento, sobre la estufa, sobre la cuna y sobre Varka.</p>
<p>La atmósfera es densa. Huele a pieles y a sopa de col.</p>
<p>El niño llora. Está afónico hace tiempo de tanto llorar, pero siegue gritando cuanto le permiten sus fuerzas. Diríase que su llanto no va a acabar nunca.</p>
<p>Varka está muerta de sueño. A pesar de todos sus esfuerzos, sus ojitos se cierran y, por más que intente evitarlo, da cabezadas. Apenas puede mover los labios; se siente la cara como de madera y la cabeza pequeñita como la de un alfiler.</p>
<p>Duerme, duerme, niño lindo&#8230;</p>
<p>balbuce.</p>
<p>Se oye el canto monótono de un grillo escondido en una grieta de la estufa. En el cuarto inmediato roncan el maestro y el aprendiz Afanazy. La cuna, al mecerse, gime quejumbrosamente. Todos estos ruidos se mezclan con el canturreo de Varka en una música adormecedora, que es grato oír desde la cama. Pero Varka no puede acostarse, y la musiquilla la exaspera, pues le da sueño y ella no puede dormir. Si se durmiese los amos le pegarían.</p>
<p>La lamparilla verde está a punto de apagarse. El círculo verde del techo y las sombras se agitan ante los ojos entrecerrados de Varka, en cuyo cerebro medio dormido surgen vagos recuerdos.</p>
<p>La muchachita ve en ellos correr por el cielo nubes negras que lloran a gritos, como niños de teta. Pero el viento no tarda en barrerlas, y Varka ve un ancho camino, lleno de lodo, por el que transitan, en fila interminable, coches, gentes con talegos a la espalda y sombras. A uno y otro lado del camino, envueltos en la niebla hay bosques. De súbito, las sombras y los caminantes de los talegos se tienden en el lodo.<span id="more-2116"></span></p>
<p>&#8211;¿Por qué hacéis eso? &#8211;les pregunta Varka.</p>
<p>&#8211;¡Para dormir! &#8211;le contestan&#8211;. Queremos dormir.</p>
<p>Y se duermen como lirones.</p>
<p>Cuervos y urracas, posados en los alambres del telégrafo, se empeñan en despertarlos</p>
<p>Duerme, duerme, niño lindo&#8230;</p>
<p>canturrea Varka entre sueños.</p>
<p>Momentos después sueña hallarse en casa de su padre. La casa es angosta y oscura. Su padre, Efim Stepanov, fallecido hace tiempo, se revuelca por el suelo. Ella no lo ve, pero oye sus gemidos de dolor. Sufre tanto &#8211;de no se sabe qué enfermedad&#8211;, que no puede hablar. Jadea y rechina los dientes.</p>
<p>&#8211;Bu-bu-bu-bu&#8230;</p>
<p>La madre de Varka corre a la casa señorial a anunciar que su marido está muriéndose. Pero, ¿por qué tarda tanto en volver?</p>
<p>Hace largo rato que se ha ido y debía estar de vuelta ya.</p>
<p>Varka, acostada en la estufa, sueña que sigue oyendo quejarse y rechinar los dientes a su padre.</p>
<p>Más he aquí que se acerca gente a la casa. Se oye un trotar de caballos. Los señores han enviado al joven médico a ver al moribundo. Entra. No se le ve en la obscuridad, pero se le oye toser y abrir la puerta.</p>
<p>&#8211;¡Encended alguna luz! &#8211;dice.</p>
<p>&#8211;¡Bu-bu-bu! &#8211;responde Efim, rechinando los dientes.</p>
<p>La madre de Varka va y viene por el cuarto, buscando cerillas. Reina el silencio durante algunos instantes. El médico saca del bolsillo una cerilla y la enciende.</p>
<p>&#8211;¡Espere un instante, señor doctor! &#8211;dice la madre.</p>
<p>Sale corriendo y vuelve a poco con un cabo de vela.</p>
<p>Las mejillas del moribundo están rojas, sus ojos brillan, sus miradas parecen hundirse extrañamente agudas en el médico, en las paredes.</p>
<p>&#8211;¿Qué te pasa, muchacho? &#8211;le pregunta el médico, inclinándose sobre él&#8211;. ¿Hace mucho que estás enfermo?</p>
<p>&#8211;¡Estoy en las últimas, excelencia? &#8211;contesta, con mucho trabajo, Efim&#8211;. No me hago ilusiones&#8230;</p>
<p>&#8211;¡Vamos, no digas sandeces! Ya verás como te curas&#8230;</p>
<p>&#8211;Gracias, excelencia; pero bien sé yo que no hay remedio&#8230; Cuando la muerte llama a la puerta, es inútil querer luchar contra ella&#8230;</p>
<p>El médico reconoce detenidamente al enfermo y declara:</p>
<p>&#8211;Yo no puedo hacer nada. hay que llevarlo al hospital para que lo operen. Pero sin perdida de tiempo. Aunque ya es muy tarde, no importa; te daré cuatro letras para el médico y te recibirá. ¡Pero enseguida, enseguida!</p>
<p>&#8211;Señor doctor, ¿y cómo va a ir? &#8211;pregunta la madre&#8211;. No tenemos caballo.</p>
<p>&#8211;No importa; hablaré a los señores para que os dejen uno.</p>
<p>El médico se marcha, la vela se apaga y de nuevo se oye el rechinar de dientes del moribundo.</p>
<p>&#8211;Bu-bu-bu-bu&#8230;</p>
<p>Media hora después un coche se detiene ante la casa; lo mandan los señores para llevar a Efim al hospital. A poco el coche se aleja, conduciendo al enfermo.</p>
<p>Por fin la noche acaba y sale el sol. La mañana es hermosa, clara. Varka se queda sola en casa; su madre se ha ido al hospital a ver cómo sigue el marido.</p>
<p>Se oye llorar a un niño. se oye también una canción:</p>
<p>Duerme, duerme, niño lindo&#8230;</p>
<p>A Varka le parece que la voz que canta es su propia voz. Su madre no tarda en regresar. Se persigna y dice:</p>
<p>&#8211;¡Acaban de operarlo, pero ha muerto! ¡Que Dios lo tenga en su gloria! El médico dice que ha sido demasiado tarde; que debía habérsele operado hace mucho tiempo.</p>
<p>Varka sale de la casa y se dirige al bosque. Pero, de pronto, siente un terrible manotazo en la nuca. Se despierta y ve con horror a su amo, que le grita:</p>
<p>&#8211;¡Ah, sinvergüenza! ¡El niño llorando y tú durmiendo!</p>
<p>Le da un tirón de orejas; ella sacude la cabeza como para ahuyentar el sueño irresistible y empieza de nuevo a mecer la cuna, canturreando con voz ahogada.</p>
<p>El círculo verde del techo y las sombras siguen produciendo un efecto adormecedor en Varka, que, cuando su amo se va, torna a dormirse. Y empieza otra vez a soñar.</p>
<p>Ve de nuevo el camino enlodado. Infinidad de gente, cargada con talegos, yace dormida en la tierra. Varka quiere acostarse también; pero su madre, que camina a su lado, no la deja; ambas se dirigen a la ciudad en busca de trabajo.</p>
<p>&#8211;¡Una limosna por el amor de Dios! &#8211;implora la madre a los caminantes&#8211;. ¡Tened compasión de nosotros, buenos cristianos!</p>
<p>&#8211;¡Dame el niño! &#8211;grita de pronto una voz que le es muy conocida&#8211;. ¡Ya te has dormido otra vez, sinvergüenza!</p>
<p>Varka se levanta bruscamente, mira en torno suyo y se da cuenta de la realidad. No hay camino ni caminantes, ni su madre está junto a ella; sólo ve a su ama que ha venido a darle teta al niño.</p>
<p>Mientras el niño mama, Varka, en pie, espera que acabe. el aire empieza a azulear tras los cristales, el círculo verde del techo y las sombras van palideciendo. La noche cede el paso a la mañana.</p>
<p>&#8211;¡Toma el niño! &#8211;ordena a los pocos minutos el ama, abotonándose la camisa&#8211;. Siempre está llorando. ¡No sé qué le pasa!</p>
<p>Varka coge el niño, lo acuesta en la cuna, y empieza otra vez a mecerlo. El círculo verde y las sombras, menos perceptibles a cada instante, no ejercen ya ningún influjo sobre su cerebro. Sin embargo, sigue teniendo sueño. Su necesidad de dormir es imperiosa, irresistible. Apoya la cabeza en el bordee de la cuna y balancea el cuerpo siguiendo el ritmo del mueble, para despabilarse. Pero los ojos se le cierran y siente en la frente un peso plúmbeo.</p>
<p>&#8211;¡Varka, enciende la estufa! &#8211;grita el ama al otro lado de la puerta.</p>
<p>Es de día. Hay que empezar el trabajo.</p>
<p>Varka deja la cuna y va por leña al cobertizo. Se anima un poco; es más fácil resistir el sueño andando que sentado.</p>
<p>Lleva leña y enciende la estufa. La niebla que envolvía su cerebro se va disipando.</p>
<p>&#8211;¡Varka, prepara el samovar! &#8211;grita el ama.</p>
<p>Varka empieza a encender astillas, pero su ama la interrumpe con una nueva orden:</p>
<p>&#8211;¡Varka, limpia los chanclos del amo!</p>
<p>Varka, mientras limpia los chanclos, sentada en el suelo, piensa que sería delicioso meter la cabeza en uno de aquellos zapatones para dormir un rato. De pronto, el chanclo que estaba limpiando crece, se hincha, llena toda la estancia. Varka suelta el cepillo y empieza a dormirse; pero hace un nuevo esfuerzo, sacude la cabeza y abre los ojos cuanto puede, para evitar que los trastos que hay a su alrededor sigan moviéndose y creciendo.</p>
<p>&#8211;¡Varka, ve a lavar la escalera! &#8211;ordena el ama a voces&#8211;. Está tan cochina, que cuando sube un parroquiano la cara me cae de vergüenza.</p>
<p>Varka lava la escalera, barre las habitaciones, enciende después otra estufa, corre varias veces a la tienda. Son tantos sus quehaceres que no tiene un momento libre.</p>
<p>Lo que más esfuerzo le cuesta es permanecer en pie, inmóvil, ante la mesa de la cocina, mondando patatas. Su cabeza se inclina, sin que ella lo pueda evitar, hacia la mesa; las patatas cobran formas fantásticas; su mano no puede sostener el cuchillo. Sin embargo, es necesario no dejarse vencer por el sueño, pues allí está el ama, gorda, malévola, chillona. Hay momentos en que a la pobre muchacha la acomete un violenta tentación de tenderse en el suelo y dormir, dormir, dormir&#8230;</p>
<p>Varka, mirando como las tinieblas enlutan las ventanas, se aprieta las sienes, que se siente como de madera, y sonríe de un modo estúpido, sin ningún motivo.</p>
<p>Las tinieblas acarician sus ojos y hacen renacer en su alma la esperanza de poder dormir.</p>
<p>Aquella noche hay visitas en la casa.</p>
<p>&#8211;¡Varka, enciende el samovar! &#8211;grita el ama.</p>
<p>El samovar es muy pequeño y, para que todos puedan tomar té, hay que encenderlo cinco veces.</p>
<p>Luego Varka, en pie, espera órdenes, fijos los ojos en los visitantes.</p>
<p>&#8211;¡Varka, ve por vodka! Varka, ¿dónde está el sacacorchos? ¡Varka, limpia un arenque!</p>
<p>Por fin las visitas se marchan. Se apagan las luces. Los amos se acuestan.</p>
<p>&#8211;¡Varka, mece al niño! &#8211;es la última orden.</p>
<p>El grillo canta en la estufa. El círculo verde en el techo y las sombras vuelven a agitarse ante los ojos, medio cerrados, de Varka y a envolverle el cerebro en una niebla.</p>
<p>Duerme, duerme, niño lindo&#8230;</p>
<p>canturrea la pobre muchacha con voz soñolienta&#8230;</p>
<p>El niño berrea tanto que está a dos dedos de encanarse.</p>
<p>Varka, medio dormida, sueña con el ancho camino enlodado, con los caminantes de las talegas, con su madre, con su padre moribundo. No puede darse cuenta de lo que pasa en torno suyo. Sólo sabe que hay algo que la paraliza, pesa sobre ella, la impide vivir. Abre los ojos, tratando de inquirir qué fuerza, qué potencia es esa, y no saca nada en limpio. Agotada mira el círculo verde, las sombras. En ese momento oye gritar al niño y piensa: &#8220;Ése es el enemigo que me impide vivir.&#8221;</p>
<p>El enemigo es el niño.</p>
<p>Varka se echa a reír. ¿Cómo no se le había ocurrido hasta ahora una idea tan sencilla?</p>
<p>Completamente absorbida por tal idea, se levanta y, sonriente, da algunos pasos por la estancia. La llena de gozo el pensar que va a librarse en seguida del niño enemigo. Lo matará y podrá dormir todo lo que quiera.</p>
<p>Riendo, guiñando los ojos, se acerca sigilosamente a la cuna y se inclina sobre el niño.</p>
<p>Con las dos manos le atenaza el cuello. El niño se pone azul y a los pocos instantes muere.</p>
<p>Varka, entonces, alegre, feliz, se tiende en el suelo y se queda inmediatamente dormida, con un sueño profundo&#8230;</p>
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		<title>Cuando la muerte llama</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Sep 2011 12:21:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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		<description><![CDATA[Parecía una noche normal, Luis y Carmen caminaban por el parque a altas horas de la noche, en busca de un momento de privacía para los dos. Encontraron pronto una banca en el parque donde nadie podría molestarlos, pensaron ambos, se sentaron y comenzaron ha conversar. Esta noche todo es tan bello -dijo Luis- No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3911" title="lamuertellama" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/09/lamuertellama.jpeg" alt="" width="491" height="369" />Parecía una noche normal, Luis y Carmen caminaban por el parque a altas horas de la noche, en busca de un momento de privacía para los dos. Encontraron pronto una banca en el parque donde nadie podría molestarlos, pensaron ambos, se sentaron y comenzaron ha conversar.</p>
<p>Esta noche todo es tan bello -dijo Luis- No lo crees.</p>
<p>Tienes razón todo esta tan tranquilo -dijo Carmen- Pareciera que hoy sólo reina la paz.</p>
<p>Luis había conocido a Carmen el día de ayer después de que él y unos amigos habían salido del cine. Carmen paseaba por la calle cuando llamo la tensión de todos, pues es una muchacha muy bella, alta, de piel blanca como la nieve, cabello negro, ojos verdes, un cuerpo de modelo y una sonrisa que hace que los hombres se derritan en sus manos como mantequilla al fuego. Luis por su parte no estaba tan mal pues era alto, de piel blanca, fornido, de cabello castaño claro y ojos negros. Ambos parecían tener la misma edad unos 19 años.<span id="more-2171"></span></p>
<p>Vaya muchachos miren esa belleza -dijo Carlos uno de los amigos de Luis- Esta de campeonato.</p>
<p>Tienes razón -dijo Jorge- esta muy buena.</p>
<p>Entonces Luis al <a href="http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/cuando-la-muerte-llama.html">ver </a>que sus amigos estaban impresionados, decidió probar su suerte con esa belleza.</p>
<p>¡Hola! -dijo Luis acercándose a Carmen.</p>
<p>¡Hola! -dijo Carmen sin mucho interés.</p>
<p>No te había visto por aquí antes, yo no podría olvidar a una chica tan bella como tú -dijo Luis.</p>
<p>Me halagas, mi nombre es Carmen y soy nueva en esta ciudad -dijo Carmen.</p>
<p>Pues mi nombre es Luis y siempre he vivido aquí, conozco bien todo el vecindario, si gustas puedo mostrártelo -dijo Luis.</p>
<p>Tal vez otro día -dijo Carmen.</p>
<p>¿Qué tal mañana? -dijo Luis.</p>
<p>Ummmm, esta bien, te espero aquí enfrente del cine a las 9 de la noche -dijo Carmen- Hasta mañana.</p>
<p>Hasta mañana -murmuro encantado Luis.</p>
<p>¡Que suerte tienes compadre! &#8211; le dijeron sus amigos cuando regreso con ellos.</p>
<p>II<br />
Y ahora por fin Luis tenia una cita con la chica más hermosa que había conocido. Era como un sueño hecho realidad.</p>
<p>Es bonito el parque verdad -dijo Luis.</p>
<p>Es bonito contesto -contesto Carmen.</p>
<p>Sabes me esta entrando hambre -dijo Luis.</p>
<p>Te invito a comer -agregó luego Luis terminando así su frase.</p>
<p>Yo acepto la invitación -dijo Carmen con una sonrisa un poco sospechosa.</p>
<p>¿A donde quieres ir? -pregunto Luis.</p>
<p>No es necesario salir a ningún lado, yo puedo comer perfectamente aquí -dijo Carmen mientras abrazaba a apasionadamente a Luis.</p>
<p>¿Oye que a haces? -dijo Luis sorprendido por el abrazo de Carmen se había hecho demasiado fuerte apenas podría respirar.</p>
<p>De pronto algo paso Luis no sabría exactamente que estaba pasando y quizá nunca lo averiguada. El abrazo cariñoso de Carmen se había convertido en algo triturador, no podía respirar y sus intentos por liberarse eran del todo inútiles. Pero como era posible el era el capitán del equipo de lucha de su colegio como era posible que una muchacha tan frágil como esta fuera más fuerte que él. Carmen abrió su boca y de una sola mordida clavo sus enormes colmillos en el cuello del Luis y la sangre empezó a correr. Era extraño estaba muriendo pensó Luis más sin embargo encontraba la sensación placentera. Era placentero como lamía Carmen con su lengua la herida en el cuello que acababa de recibir y como a poco la vida escapaba de su ser.</p>
<p>Carmen tomó una pausa en la toma de su alimento y le dijo a Luis:</p>
<p>Gracias, ahora por fin después de varios días he vuelto a comer. Siento como la vida que se encuentra en tu sangre ahora fluye en mi interior. Gracias. -dijo Carmen con cierta excitación es su voz..</p>
<p>Luis estaba muriendo él lo sabía todo empezaba a ponerse oscuro y de pronto todo se convirtió en tinieblas. De pronto entre toda la oscuridad apareció una luz muy brillante.</p>
<p>¡Estoy muerto! -pensó Luis.</p>
<p>Eso depende de ti -le contesto una voz que salía del interior de la luz y de pronto la luz lo envolvió todo, no era una luz cálida y suave como aparentaba, en realidad era una luz fantasmal y tenebrosa.</p>
<p>¿Dónde estoy? ¿Quién eres? -pregunto Luis con su alma.</p>
<p>Soy aquél que tiene el poder para sacarte de aquí y regresarte a la vida -contesto la luz que envolvía el alma de Luis.</p>
<p>¿Puedes hacer eso? -preguntó Luis en un pensamiento.</p>
<p>Puedo hacerlo y muchas cosas más y lo único que pido a cambio es que te vengues de quién te hizo esto y de todos los de su clase. De todos aquellos que roban la vida de otros para escapar de mí. De todos aquellos seres cuyo poder proviene de la oscuridad y viven robando la esencia vital de las personas -lo harás.</p>
<p>¿Cómo podría yo hacer eso? &#8211; pregunto Luis.</p>
<p>Soy un muchacho normal. &#8211; agregó después.</p>
<p>Si aceptas servirme ya no lo serás, y mientras me seas útil nada, absolutamente nada podrá regresarte aquí, a este sitió -contesto la luz.</p>
<p>¿Aceptas? &#8211; preguntó la luz.</p>
<p>Acepto -contesto Luis con determinación.</p>
<p>Prepárate para recibir mi poder.</p>
<p>¡Yo portador de la paz del mundo, convoco el poder de todo lo que es eterno a venir a mi llamado! Yo te bendigo Luis con el toque que todo lo destruye, el poder de ver lo posible y lo invisible, el don de la dulce oscuridad, el poder de las sombras y la fuerza perpetua. Yo mando que a partir de este momento la naturaleza obedezca tu orden y atienda tu suplica. Yo te envuelvo en mi manto y te hago mi sirviente. ¡Recibe la voz que todo lo consume, recibe el llamado de la muerte! -recitó la luz y mientras lo hacía la luz penetraba en las entrañas del Alma de Luis transformándola en algo nuevo y aterrador. En algo jamas pensado ni imaginado. Y de pronto Luis supo de quién era la voz y como había podido hacer lo que acababa de hacer con él.</p>
<p>III<br />
Carmen la vampira se retiraba después de haber tomado la sangre de aquel joven sin saber lo que pasaría. Ella se sentía satisfecha porque había sido tan fácil. Hacía mucho que ella no bebía la sangre de un muchacho tan delicioso.</p>
<p>De repente algo paso el cielo se nubló y las nubes oscuras llenaron el cielo aunque era de noche todo pareció volverse mucho más oscuro. El viento empezco a soplar y Carmen sintió que un escalofrío recorría su cuerpo. De repente un rayo cayo sobre el cuerpo se su más reciente víctima. Los ojos de quién antes había sido Luis se abrieron de repente. Extrañas descargas de energía similares a electricidad recorrían el cuerpo de quién antes había sido Luis. Su ojos brillaban con una luz fantasmagórica, un poder extraño parecía rodearlo.</p>
<p>¿Cómo es posible tu estas muerto? -dijo Carmen sorprendida.</p>
<p>Y tu también -contesto quién antes había sido Luis.</p>
<p>Pues te mataré de nuevo -dijo Carmen al tiempo que se lanzaba volando contra aquél que antes había sido Luis.</p>
<p>Luis no se movió, pero las extrañas descargas que recorrían su cuerpo se empezaron a mover como si tuvieran vida propia y salieron disparadas del cuerpo de quién antes había sido Luis y lanzaron a Carmen hacía atrás dejándola tirada en el suelo a varios metros de donde esta quién antes había sido Luis.</p>
<p>He venido por la venganza hija de lo infiernos &#8211; dijo quién antes había sido Luis.</p>
<p>¡Tú no puedes detenerme! -grito Carmen con furia.</p>
<p>¡Convoco el poder de Lilith la reina de los infiernos a venir a mí! &#8211; gritó Carmen y sus vestimentas cambiaron como por arte de magia, ahora portaba un vestido negro con capa negra. Sus ojos brillaban con una resplandor rojizo.</p>
<p>Siente mi poder -gritó Carmen mientras de sus manos salía una energía negra como la noche. La energía oscura recorrió el cuerpo inmortal de Carmen y salió disparada contra aquel que se oponía a sus deseos. La energía oscura dio en el blanco. Y todo estallo en donde la energía había chocado, dejando un humo púrpura y un fuego verdosos donde el rayo oscuro había caído. De repente algo se movió entre las llamas y el humo, una silueta negra como la noche salió de ese humo y fuego. La silueta no parecía tener sustancia alguna. De algún modo era intangible como si fuera sólo una sombra. De repente la sombre empezó a cambiar y en un instante volvía ser lo que había sido antes: Aquel que antes había sido Luis.</p>
<p>Recibe el toque que todo lo destruye -dijo Luis mientras cerraba su puño y todas las descargas que rodeaban su cuerpo se reunían en su puño, de pronto Carmen la hija de los infiernos empezó a temblar y callo convulsionándose al suelo.</p>
<p>¡Adios!-dijo aquel que antes había sido Luis, mientras habría su mano. Al abrirla Carmen dejo de temblar y quedo quieta en el suelo, su cuerpo y sus vestiduras empezaron a deshacerse convirtiéndose en polvo, el viento sopló con fuerza llevándose consigo los restos de aquella que alguna vez fue inmortal. Y de pronto cuando el ultimo rastro de polvo fue llevado por el viento, empezó a llover. La lluvia caía sobre Luis. Todo había acabado. Había logrado su venganza.</p>
<p>¡Bien hecho! -dijo un la voz que le era familiar. Era la voz que había oído mientras moría. Pero ahora se escuchaba muy cerca.</p>
<p>Aquí estoy -agregó la voz.</p>
<p>Luis volteo y vio a un joven vestido con traje negro, su piel era morena clara y su cabello oscuro.</p>
<p>Nada mal no crees -dijo de nuevo el joven.</p>
<p>¿Quién eres? &#8211; pregunto quién había sido Luis.</p>
<p>Tú sabes quién soy, verdad &#8211; agregó el joven de piel morena.</p>
<p>Lo sé -agrego Luis.</p>
<p>Yo que tu me apuraba, recuerda que no te llevare conmigo hasta que cumplas tu parte de trato -dijo el extraño joven vestido de negro.</p>
<p>He cumplido, he acabado con la descendiente de Lilith -agregó con firmeza Luis.</p>
<p>Pero el trato era que me servirías mientras me fueras útil, pues bien todavía lo eres mi sirviente y amigo -agregó de nuevo el extraño joven vestido de negro y piel morena.</p>
<p>¿En que te puedo servir si ya acaba con el ser que me ordenaste aniquilar? -dijo aquel que antes había sido Luis. El trato es que acabes con todos los seres inmortales cuyo poder venga del infierno y cualquiera de sus descendientes, para eso me eres útil y te aconsejo que te des prisa son miles y cada vez son más numerosos -dijo el joven de negro de nuevo.</p>
<p>Eso podría tardar una eternidad -dijo aquel que antes había sido Luis.</p>
<p>Incluso tal vez más -agregó el joven &#8211; pero no te preocupes yo estaré contigo hasta que cumplas tu nueva misión es este mundo. Yo y mi poder te acompañaremos en tu misión y ahora a llegado el momento de darte un nuevo nombre, tú en adelante serás. &#8220;Necrón, el llamado por la muerte&#8221;. Márchate ahora Necrón entre el poder que te he dado se encuentra el poder para rastrear a esos inmortales ve y acaba con todos ellos.</p>
<p>¿Por qué me escogiste a mí y por qué odias a los inmortales? -preguntó el recién nombrado Necrón a su Amo.</p>
<p>Te escogí a ti por ser una de sus víctimas, era eso o permitir que te les unieras. Y por cierto yo no los odio, recuerda que yo me encargo de todos por igual, pero ellos se han atrevido a desafiar mi poder y he decidido que eso debe de acabar fuera de los cielos y los infiernos no debe haber en el mundo nada inmortal y eso se ha escrito desde el comienzo de los tiempos y así será. El problema es que no es tan sencillo, podría destruirlos a todos fácilmente pero prefiero que caigan en batalla y no aplastados como moscas y te he dado el poder para hacerlo -dijo el joven de ropa negra y piel morena.</p>
<p>Necrón asintió y emprendió su camino hacía lo desconocido sin saber cuando volvería a conocer el descanso eterno. Y mientras se marchaba el joven lo seguía con la mirada.</p>
<p>Y ahora me retiro tengo una noche muy ocupada, acaba de hacer un terremoto en Asía y tengo trabajo que hacer -explicó el joven cuando Necrón se hubo marchado y sus ropas se convertían en una extraña túnica encapuchada. De pronto la carne del joven se convirtió en hueso. Él tomo su guadaña y levanto el vuelo. Si había mucho trabajo por hacer y la muerte no puede faltar a su cita.</p>
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