3

Feb

by admin


Claudia iba a trabajar como todos los días en el autobús. Era lunes y el tráfico hacía que se moviera con excesiva lentitud. En una de las paradas se fijó en la gente que transitaba por las calles y una mujer le llamó la atención porque la miraba desde la acera muy fijamente, como si la odiara por algo.

Inmediatamente después el autobús se puso en marcha y siguió mirando a la mujer por si no la miraba a ella, pero a medida que se movía hacia adelante, la mujer la seguía con la mirada. Se preguntó si la conocía de algo y sintió miedo ya que con ese cruce de miradas era obvio que no le estaba deseando ningún bien.

En cuanto sus miradas se separaron comenzó a sentir ganas de vomitar. Se había sentido mareada todo el camino pero después de eso no pudo aguantar más y a duras penas logró sacar una bolsa de plástico de su bolso y vomitó todo el desayuno.
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