<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Cuentos de Miedo, Relatos de Terror, Leyendas Urbanas. El miedo tambien mata &#187; Leyendas Urbanas</title>
	<atom:link href="http://www.aterrorizar.com/tag/leyendas-urbanas/feed" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.aterrorizar.com</link>
	<description>Miedo en aterrorizar es Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas</description>
	<lastBuildDate>Wed, 08 Feb 2012 06:17:52 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>El señor que vivio con una bruja</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/leyendas-urbanas/el-senor-que-vivio-con-una-bruja.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/leyendas-urbanas/el-senor-que-vivio-con-una-bruja.html#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Sep 2011 04:43:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos reales]]></category>
		<category><![CDATA[leyendas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=3929</guid>
		<description><![CDATA[Habia una vez un señor que se enamoro de una muchacha muy bonita, pero cierto dia el señor se fue a tomar cervezas con sus conpadres y le dijeron que su novia era una bruja y que en la noche se convertia en cualquier animal. Tambien le aconsejaron que en la noche la espiara para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/09/bruja10.jpg" alt="" width="553" height="415" /><br />
Habia una vez un señor que se enamoro de una muchacha muy bonita, pero cierto dia el señor se fue a tomar cervezas con sus conpadres y le dijeron que su novia era una bruja y que en la noche se convertia en cualquier animal. Tambien le aconsejaron que en la noche la espiara para comprobar que era cierto.</p>
<p>El señor la espio en la noche pero el sueño lo vencia y se quedaba dormido. Entonces el señor fue a ver a una señora que era bruja. Ella le dijo que para ver a su novia se pusiera un escapulario y que cuando la muchacha se quitara su cuero de mujer, que al cuero le echara sal.</p>
<p>En la noche el señor se puso un escapulario y cuando la muchacha se levanto la siguio hasta un arbol de aguacate. Ahi la muchacha se quito el cuero de mujer y se convirtio en lechusa. El señor espero a que se fuera alejara. Y cuando se fue el animal, el señor le echo sal a el cuero de mujer.</p>
<p>Cuando la muchacha regreso y se puso el cuero de mujer la muchacha se revolco y lloraba del dolor.</p>
<p>SE CUENTA QUE CUANDO LA GENTE PASA POR ESE LUGAR SE APARECE LA MUCHACHA REVOLCANDOSE Y LLORANDO DEL DOLOR.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/leyendas-urbanas/el-senor-que-vivio-con-una-bruja.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Asesino</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-asesino.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-asesino.html#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 17 Jan 2011 13:20:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[asesinos en serie]]></category>
		<category><![CDATA[casas encantadas]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[cine de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[cine de terror]]></category>
		<category><![CDATA[criptozoologia]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de terror]]></category>
		<category><![CDATA[esoterismo]]></category>
		<category><![CDATA[espiritus]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>
		<category><![CDATA[ovnis]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[relatos de terror]]></category>
		<category><![CDATA[relatos fantasticos]]></category>
		<category><![CDATA[relatos románticos]]></category>
		<category><![CDATA[vampiros]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=2643</guid>
		<description><![CDATA[Repentinamente se despertó sobresaltado, y se dio cuenta de que no sabía quien era, ni que estaba haciendo aquí, en una fábrica de municiones. No podía recordar su nombre ni que había estado haciendo. No podía recordar nada. La fábrica era enorme, con líneas de ensamblaje, y cintas transportadoras, y con el sonido de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/01/asesino.jpg" alt="asesino - cuentos de terror" title="asesino - cuentos de terror" width="500" height="375" class="alignnone size-full wp-image-2677" /><br />
Repentinamente se despertó sobresaltado, y se dio cuenta de que no sabía quien era, ni que estaba haciendo aquí, en una fábrica de municiones. No podía recordar su nombre ni que había estado haciendo. No podía recordar nada.</p>
<p>La fábrica era enorme, con líneas de ensamblaje, y cintas transportadoras, y con el sonido de las partes que estaban siendo ensambladas.</p>
<p>Tomó uno de los revólveres acabados de una caja donde estaban siendo, automáticamente, empaquetados. Evidentemente había estado operando en la máquina, pero ahora estaba parada.</p>
<p>Recogía el revólver como algo muy natural. Caminó lentamente hacia el otro lado de la fabrica, a lo largo de las rampas de vigilancia. Allí había otro hombre empaquetando balas.</p>
<p>&#8220;¿Quién Soy?&#8221; &#8211; le dijo pausadamente, indeciso.</p>
<p>El hombre continuó trabajando. No levantó la vista, daba la sensación de que no le había escuchado.<br />
<span id="more-2643"></span><br />
&#8220;¿Quién soy? ¿Quién soy?&#8221; &#8211; gritó, y aunque toda la fábrica retumbó con el eco de sus salvajes gritos, nada cambió. Los hombres continuaron trabajando, sin levantar la vista.</p>
<p>Agito el revólver junto a la cabeza del hombre que empaquetaba balas. Le golpeó, y el empaquetador cayó, y con su cara, golpeó la caja de balas que cayeron sobre el suelo.</p>
<p>El recogió una. Era el calibre correcto. Cargó varias más.</p>
<p>Escucho el click-click de pisadas sobre él, se volvió y vio a otro hombre caminando sobre una rampa de vigilancia. &#8220;¿Quién soy?&#8221; &#8211; le gritó. Realmente no esperaba obtener respuesta.</p>
<p>Pero el hombre miró hacia abajo, y comenzó a correr.</p>
<p>Apuntó el revólver hacia arriba y disparó dos veces. El hombre se detuvo, y cayó de rodillas, pero antes de caer, pulsó un botón rojo en la pared.</p>
<p>Una sirena comenzó a aullar, ruidosa y claramente.</p>
<p>&#8220;¡Asesino! ¡asesino! ¡asesino!&#8221; &#8211; bramaron los altavoces.</p>
<p>Los trabajadores no levantaron la vista. Continuaron trabajando.</p>
<p>Corrió, intentando alejarse de la sirena, del altavoz. Vio una puerta, y corrió hacia ella.</p>
<p>La abrió, y cuatro hombres uniformados aparecieron. Le dispararon con extrañas armas de energía. Los rayos pasaron a su lado.</p>
<p>Disparó tres veces más, y uno de los hombres uniformados cayó, su arma resonó al caer al suelo.</p>
<p>Corrió en otra dirección, pero más uniformados llegaban desde la otra puerta. Miró furiosamente alrededor. ¡Estaban llegando de todos lados! ¡Tenía que escapar!</p>
<p>Trepó, más y más alto, hacia la parte superior. Pero había más de ellos allí. Le tenían atrapado. Disparó hasta vaciar el cargador del revolver.</p>
<p>Se acercaron hacia él, algunos desde arriba, otros desde abajo. &#8220;¡Por favor! ¡No disparen! ¡No se dan cuenta que solo quiero saber quien soy!&#8221;</p>
<p>Dispararon, y los rayos de energía le abatieron. Todo se volvió oscuro&#8230;</p>
<p>Les observaron como cerraban la puerta tras él, y entonces el camión se alejó. &#8220;Uno de ellos se convierte en asesino de vez en cuando,&#8221; dijo el guarda.</p>
<p>&#8220;No lo entiendo,&#8221; dijo el segundo, rascándose la cabeza. &#8220;Mira ese. ¿Qué era lo que decía? Solo quiero saber quién soy. Eso era.</p>
<p>Parecía casi humano. Estoy comenzando a pensar que están haciendo esos robots demasiado bien.&#8221;</p>
<p>Observaron al camión de reparación de robots desaparecer por la curva.</p>
<p>Fin.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-asesino.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Principe de Egipto</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-principe-de-egipto.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-principe-de-egipto.html#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 17 Jan 2011 04:41:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=2645</guid>
		<description><![CDATA[Ocurrió durante la campaña de Otoño de 1918. La campaña no podía ir peor. Alentados por el descubrimiento de unas jarras de cerámica selladas, excavamos sin éxito en la misma zona durante semanas, y sólo un arqueólogo sabe hasta qué punto puede esto hundir la moral propia y del equipo. Pero aquella tarde de Noviembre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/01/pyramids.jpg" alt="" title="pyramids" width="800" height="576" class="alignnone size-full wp-image-2674" /><br />
Ocurrió durante la campaña de Otoño de 1918. La campaña no podía ir peor. Alentados por el descubrimiento de unas jarras de cerámica selladas, excavamos sin éxito en la misma zona durante semanas, y sólo un arqueólogo sabe hasta qué punto puede esto hundir la moral propia y del equipo. Pero aquella tarde de Noviembre nuestra suerte cambió.</p>
<p>Aquella misma mañana nos telegrafió Sir Gray, director del departamento de antigüedades del British Museum. Sir Gray había firmado nuestra concesión para excavar en aquella zona del Valle de los Reyes y ahora nos comunicaba que no le quedaba más remedio que recortar el presupuesto, que la dirección del museo le tenía atado de pies y manos y que entre otras cosas, no iba a poder enviarnos más material. Aquello nos hundió aún más.</p>
<p>Por la tarde bajé hasta Luxor a Thot con una pata herida por una hazada. Thot, la mascota del equipo, era cruce de pastor alemán con una raza imposible de determinar y se unió a nosotros a principio de temporada. El sol casi se había puesto tras la montaña cuando regresamos a la zona de trabajo. Antes de doblar la roca del camino a lomos de mi caballo, percibí un silencio que ya casi había olvidado, un silencio que como un presagio nos trajo años atrás el descubrimiento de la tumba de Thutmosis III. Todavía no podía ver a míster Erskine ni al resto del equipo, pero intuía que algo había ocurrido. Doblé la roca y me los encontré formando un círculo entorno a una de las franjas.</p>
<p>- Charley, hemos encontrado un escalón tallado en la roca. Con esta noticia me recibió mi amigo y escritor Dave Erskine.- Sé que estás nervioso, yo también estoy muy nervioso, bueno estoy solo bastante nervioso, pero creo que es mejor que dejemos vigilando a cuatro o cinco trabajadores y que sigamos mañana &#8211; su bigote manchado de polvo del desierto saltaba sobre su boca, como cuando discutíamos -. ¿Qué te parece Charley?. Un escalón, un escalón, por fin un maldito escalón tallado, te das cuenta Chaley?.</p>
<p>Me daba cuenta. Probablemente habíamos encontrado la tumba que llevábamos meses buscando, la tumba de Amenophis IV Eknatón, el rey hereje.<br />
<span id="more-2645"></span><br />
Por la noche, míster Erskine, míster Adams (cartógrafo y dibujante), cuatro trabajadores y yo decidimos quedarnos en el campo conscientes de que no pegaríamos ojo en toda la noche. Los trabajadores enterraron de nuevo el primer escalón y Charles y yo acompañamos a Adams al punto más elevado del terreno, a unos quinientos metros sobre el nivel del mar para realizar los primeros cálculos topográficos. Tardamos una media hora a pie en alcanzar la cima, donde Adams desplegó sus enormes mapas y aparatos de medición. Era un joven londinense de unos veinticinco años.</p>
<p>- Señores, a su derecha, bañada por el río Nilo, la ciudad de Luxor. A su izquierda, amenazada por el desierto de Libia, la ciudad de Dandara – dijo Adams sonriendo y paseando solemnemente un sofisticado compás a uno y otro lado -. Acomódense en aquella roca, tengo para diez minutos. El resto no podré hacerlo hasta mañana.</p>
<p>El sol se había puesto. Luxor y Dandara, empezaban a arder como dos lagos de luz en la llanura líbica. En unos minutos los colosos y esfinges de Egipto cerrarían, una noche más, sus ojos. El viento del norte soplaba suave y frío; recordé los sicomoros de Guiza allí en el norte, y supuse que aquel mismo viento que yo respiraba habría acariciado sus cortezas y recorrido en unas horas Saqqara, Meidum, Asiut, El-Amarna, y continuaría soplando en dirección al alto Egipto.</p>
<p>- Una noche extraña – dije colocándome junto a Charles. Pareció no oírme, y repetí: &#8211; Charles, una noche extraña.</p>
<p>- Si, una noche extraña&#8230;</p>
<p>- Pareces preocupado. Ese primer escalón nos ha salvado. Ahora no pueden negarnos el material – dije irónico. Creía que esperabas nuevos acontecimientos para tu novela.</p>
<p>- Los trabajadores están inquietos – dijo mirando en dirección al Valle desatendiendo mi buen humor-.</p>
<p>- Yo también estoy inquieto Charles. Unas jarras en tres meses no es mucho, y ahora esto. ¡La hemos encontrado!.</p>
<p>- No me refiero a eso. Hablan mucho entre ellos.</p>
<p>- ¿Y cuál es el problema?</p>
<p>- No lo sé pero yo también estoy inquieto.</p>
<p>- Podemos bajar cuando quieran – dijo Adams.</p>
<p>II<br />
Por la mañana reanudamos la excavación. Tras el primer escalón fueron apareciendo un segundo y un tercero y a la altura del duodécimo dimos con el dintel de una puerta sellada. En ella descubrimos los cartuchos reales del Faraón Amenophis IV y en la parte superior izquierda una abertura; en época antigua o moderna la tumba había sido profanada por los ladrones. Subido en una caja de madera, introduje una linterna y vi un pasillo de unos diez metros de largo por dos de ancho relleno de cascotes y de jarras de alabastro utilizadas tres mil doscientos años antes para enyesar las puertas; en el extremo opuesto parecía haber otra puerta sellada. Charles y yo nos colamos por la abertura y haciendo equilibrios sobre los cascotes, llegamos ante la puerta del final del pasillo. Esta también tenía una abertura en el extremo superior izquierdo. Encendí una vela y la introduje por la segunda abertura para asegurarme de que el aire no estaba viciado. El aire caliente proveniente del interior de la tumba hacía tililar la llama.</p>
<p>-¿Y bien? – dijo Charles agarrado a mi pantalón.</p>
<p>-No veo nada, todavía estoy cegado por las linternas.</p>
<p>Fueron momentos angustiosos. Aparte los ladrones, ningún hombre había traspasado aquella puerta en tres milenios. En aquel momento me sentí pequeño; los ochenta o noventa años que como mucho viviría me parecieron pequeños, enanos al pie de un árbol milenario. Charles me hablaba tirándome del pantalón pero no podía comprender lo que me decía. Agrandé la abertura con las manos; varios cascotes cayeron al suelo. Miré a través de ella y la mirada siniestra de una figura del dios chacal Anubis me hizo perder el equilibrio. Era del tamaño de un perro grande y acechaba oscura sobre una peana en actitud de esfinge, tiesos el rabo y las orejas. Se encontraba en una cámara de unos cuatro metros de largo por siete de ancho. Junto a ella vi una estatuilla del faraón a lomos de un leopardo barnizada con resina negra, y desordenados por la cámara, multitud de cofres adornados con chapas de marfil y ébano, con incrustaciones de marquetería. Uno de los objetos que más me llamó la atención en aquel primer momento fue una maravillosa daga que se encontraba apoyada en la peana del dios chacal Anubis; estaba decorada con un granulado de oro amarillo rodeado de piedras semipreciosas y vidrios engastados. La hoja de la daga era de formas simples y bellas; junto a ella, tirada en el suelo, vi una valiosa vaina de oro con ornamentaciones. Tenía cincelada una escena con animales salvajes; representaba un íbice macho atacado por un león, y un ternero macho al galope con un podenco sobre la espalda mordiéndole la cola.</p>
<p>- ¿Y bien? – repitió charles.</p>
<p>- Veo cosas maravillosas –dije. Y tras una pausa: &#8211; Asómate.</p>
<p>- Ahí dentro hay un hombre – dijo al rato retrocediendo unos pasos.</p>
<p>- No digas tonterías.</p>
<p>Volví a asomarme y junto a la pared del fondo vi a dos centinelas tamaño natural barnizados de resina negra. Estaban a ambos lados de otra puerta enyesada que comunicaba con la cámara funeraria. Se miraban de pie el uno frente al otro, calzaban sandalias de oro y estaban armados con un mazo y un báculo.</p>
<p>- Son dos centinelas – dije volviendo la cabeza hacia Charles.</p>
<p>- A sus pies, mira a sus pies – dijo con los ojos muy abiertos.</p>
<p>Me volví a asomar y entre los dos centinelas vi a un hombre anciano sentado como un escriba sobre una barba larguísima que le rodeaba en el suelo. Llevaba una túnica de lino, faldellín y sandalias, y me miraba fijamente desde el fondo de la cámara. Retrocediendo unos pasos puse mis manos sobre los hombros de Charles que me miraba aterrado.</p>
<p>- Escucha, será una estatua – dije zarandeándole.</p>
<p>- No es una estatua. Sabía que algo ocurriría. Es un hombre&#8230;</p>
<p>No pudo acabar la frase; vomitó violentamente contra la pared del pasillo y cuando terminó salimos de nuevo al valle. Era mediodía y el sol pegaba fuerte. Los trabajadores formaron un círculo entorno a nosotros; nos miraban con los ojos arrugados y las palmas de sus manos levantadas tapaban el sol. Adams e Ibrahim, uno de los carpinteros que dominaba nuestro idioma, se acercaron a nosotros.</p>
<p>- Todavía no hemos entrado – dije. Hay demasiados cascotes. Adams, reúnase con nosotros en la cabaña de campo.</p>
<p>En la cabaña de campo pusimos a Adams al corriente de lo que acabábamos de presenciar. No era una estatua lo que habíamos visto en la cámara, sino un anciano de carne y hueso. Adams nos escuchaba con una sonrisa escéptica y dijo que probablemente aquel hombre sería un ladrón de tumbas o un viejo chiflado de Abydos; en Abydos todavía había gente que acudía al templo antiguo para venerar a Osiris y depositar sus tributos en la mesa de ofrendas. “Pero llevaba sandalias y una túnica de lino”, dije; “además su mirada era muy extraña, como si hubiera estado esperando tres mil años en aquella cámara.” “¿Esperando qué cosa?”, dijo Adams. Decidimos que lo más apropiado era escribir a Sir Gray, y de esta forma dispondríamos de unos días para inventariar el material de la cámara, hacer las primeras fotografías y mediciones, y enterarnos de quién era aquél anciano.</p>
<p>Los peones trabajaban en cadena desescombrando el pasillo. Ibrahim, Charles, Adams y yo derribamos la segunda puerta. A medida que caían los cascotes, iba entrando una claridad blanca en la antecámara. Las paredes, forradas completamente con jeroglíficos, escenas del Libro de los Muertos y batallas del faraón contra pueblos del norte, se encendían conforme cedía la sombra milenaria de la puerta sellada, y de nuevo, sentado como un escriba entre los dos centinelas, encontramos al anciano. La luz de la tarde alcanzó sus ojos; los cerró lentamente; cuando me acerqué titubeando, sin abrirlos, se echo a temblar. Temblaba desde la espalda y parecía esperar lo peor. Charles tomaba notas, atónito, desde el dintel; Adams dibujaba la escena frenéticamente a carboncillo, rasgueando el papel con trazos cortísimos y decididos.</p>
<p>Me coloqué frente al anciano en cuclillas y proyecté sombra sobre sus ojos cerrados. Entonces los entreabrió y despegó los labios para decir algo que no entendí. La voz brotaba lenta y rota de su garganta y sus ojos me subyugaron. Era una mirada distinta a todas las que había visto, de una naturaleza inquietante, profunda, antigua. Era como caminar por una avenida de esfinges; sientes que sus ojos te observan y de vez en cuando te vuelves por si alguna se ha movido. En voz baja pedí a Adams su cuaderno y escribí: “Quién eres” en escritura jeroglífica. El anciano miró el papel y sonrió levemente; unas arrugas profundísimas partieron su cara. Escribí de nuevo “Quién eres” en escritura demótica y la misma frase en escritura hierática. Imaginé que conocía las dos primeras pero no la última por la fecha en que murió Amenophis IV. Entonces alzó sus manos de las rodillas para tenderlas hacia el cuaderno de Adams. Se lo entregué como quien entrega un valioso tesoro y escribió en caracteres demóticos:</p>
<p>“EL CUERPO DEL REY SIGUE AHÍ. YO SOY EL PRÍNCIPE PREDESTINADO POR LAS HATORES”</p>
<p>De pronto oímos los ladridos de Thot acercándose hecho una furia por el pasillo. Se abalanzó sobre el cuello del anciano mostrando sus colmillos. Adams intervino y consiguió dominarlo y confinarlo a su rincón.</p>
<p>Charles conocía aquel cuento egipcio. El anciano se refería al cuento del Principe Predestinado, descubierto por Goodwin en el dorso del papiro Harris 500 unos años antes, en 1912. Pero el papiro estaba muy deteriorado y el final del cuento era ilegible. Se trataba de una historia inacabada. El anciano escribía lentamente en el cuaderno de Adams, como un niño aplicado. De vez en cuando se le rompía el carboncillo, y Adams se acercaba, me entregaba uno nuevo y yo se lo ofrecía al anciano.</p>
<p>Los trabajadores terminaron de desescombrar y salieron al Valle; Charles se aseguró de que ninguno se asomara a la antecámara y pidiendo a Ibrahim que construyera una puerta de madera y la montara bajo el primer dintel. Esa misma tarde míster Erskine subió al Museo de El Cairo en busca de una copia del Harris 500, y por la noche tradujo el papiro literalmente:</p>
<p>“En Egipto vivió una vez un rey que no tenía ningún hijo varón. Afligido por ello, pidió un hijo a los dioses a quienes servía y ellos decretaron que tuviese uno. Aquella noche durmió con su mujer y ella concibió un hijo.</p>
<p>Cuando nació el niño y llegaron las Hathores para predecir su destino, dijeron: “Morirá por el cocodrilo, o por la serpiente o por el perro”. Entonces Su Majestad hizo construir una casa de piedra en el desierto provista de los siervos y de los lujos de palacio, y ordenó que el niño no saliese nunca de ella.</p>
<p>Pasó el tiempo y el niño ya joven, subió al tejado y vio a un galgo que seguía a un hombre por el camino; se volvió y dijo al siervo que estaba a su lado:</p>
<p>- ¿Qué es eso que va detrás del hombre que viene por el camino?</p>
<p>- Es un galgo</p>
<p>- Quiero que me traigan uno como ese.</p>
<p>El siervo se lo contó a Su Majestad quien dijo:</p>
<p>- Que le den un perro pequeño para que no se preocupe</p>
<p>Le llevaron el galgo y cuando el niño era ya mayor, envió un mensaje a su padre: “ De qué sirve que pase aquí toda mi vida, ocioso? Ya que me amenazan tres destinos adversos, déjeseme obrar según mi corazón y Dios hará su voluntad”. Escucharon sus deseos y le dieron armas y un paje para que le acompañara. Le transportaron a la costa oriental y le dijeron: “Vete ahora a donde quieras” y dejaron con él al galgo. Siguiendo sus caprichos se encaminó al Norte por el desierto viviendo de la caza y así llegó a la casa del príncipe de Naharina. Los siervos del príncipe le hicieron entrar, le bañaron, le perfumaron, dieron pan a su siervo, piensos a su caballo, y le preguntaron:</p>
<p>- ¿De dónde vienes bello joven?</p>
<p>- Soy hijo de un oficial del país de Egipto. Mi madre ha muerto y mi padre se ha casado con otra mujer. Mi madrastra me cogió odio y yo escapé de ella.</p>
<p>El príncipe de Naharina no tenía hijos, únicamente una hija para la cual había mandado construir una casa cuyas ventanas estaban alejadas del suelo unos treinta y seis metros. Tiempo atrás convocó a todos los hijos de los príncipes y les dijo: “El que suba hasta la ventana de mi hija se casará con ella” pero hasta el momento ninguno había sido capaz de alcanzarla.</p>
<p>Una mañana que paseaba con su siervo y su salgo, vio a la princesa asomada a la ventana mirando como un grupo de príncipes se esforzaban por alcanzarla. Los príncipes le pusieron al corriente de la oferta del príncipe de Naharina.</p>
<p>- Acaso pueda yo. Conjuraré mis pies –dijo mientras la princesa le sonreía con curiosidad.</p>
<p>Pasados los días, el príncipe de Egipto alcanzó la ventana de la hija del príncipe de Naharina y la princesa le besó. Fueron entonces a alegrar al padre de la princesa:</p>
<p>- Un hombre ha alcanzado la ventana de tu hija</p>
<p>- ¿De cuál de los príncipes es hijo? – preguntó el príncipe de Naharina-</p>
<p>- Es el hijo de un oficial. Ha huido de Egipto para escapar de la cólera de su madrastra.</p>
<p>- ¿Voy a darle mi hija a un fugitivo del país de Egipto? – dijo el príncipe montado en cólera.</p>
<p>Los siervos fueron al encuentro del príncipe de Egipto y le dijeron que se fuera por donde había venido. La princesa le abrazó y juró por Dios, diciendo:</p>
<p>- Por Re. Si me separan de ti no comeré ni beberé más.</p>
<p>Un mensajero fue a comunicar al padre lo que ella había dicho. El príncipe mandó llamar al muchacho ya su hija y le dijo:</p>
<p>- Cuéntame quién eres, pues ahora eres para mí como un hijo.</p>
<p>- Soy hijo de un oficial del país de Egipto. Murió mi madre y mi padre volvió a casarse y yo me he ido huyendo del odio de mi madrastra.</p>
<p>- Te daré a mi hija por mujer y una casa, gente ganado y tierras.</p>
<p>Pasado un tiempo, el príncipe contó a su mujer el destino a que le predestinaron las hatores:</p>
<p>- Estoy predestinado a tres destinos; al cocodrilo, a la serpiente y al perro.</p>
<p>- Que maten pues al galgo que te sigue –dijo su mujer-</p>
<p>- No dejaré matar al perro, a quien he criado desde pequeño –repuso el príncipe.</p>
<p>Una noche en que el príncipe dormía, una serpiente se coló en la casa con ánimo de morderle, pero la mujer que velaba siempre por el príncipe, mandó a las criadas emborrachar a la serpiente con cerveza y cuando se quedó dormida, la mujer la hizo pedazos con su hacha.</p>
<p>- He aquí que tu dios ha puesto en tus manos uno de tus destinos. El te pondrá también los otros –dijo la princesa tras despertarle.</p>
<p>Unas semanas después, el príncipe salió a pasear por sus dominios seguido de su perro que salió corriendo persiguiendo caza. El príncipe lo siguió y bajo tras él al río. En el río se encontró con el cocodrilo, quien lo llevó ante un gigante y le dijo:</p>
<p>- Yo soy el destino que te persigue. Pero te dejaré el día que este gigante deje de existir pues me vigila hasta que Re se pone y me prohibe secar mi cuerpo en la orilla.”</p>
<p>En este punto el papiro se volvía ilegible.</p>
<p>- ¿Insinúan que ese anciano es el Príncipe Predestinado? – dijo Adams con una taza de té en la mano.</p>
<p>- En efecto – dijo Dave. Creemos que se ocultó en la tumba para que alguien, en algún momento de la Historia, terminara de escribir el cuento que le dio la vida pero que al estar inacabado, no pudo quitársela. Creemos que el príncipe lleva tres mil años esperando el final de su cuento para poder morir. El mismo nos lo dijo. Al parecer no solo el papiro esta deteriorado, sino que el escriba que comenzó a transcribirlo al dorso del papiro Harris 500, nunca llegó a terminarlo.</p>
<p>- ¡Me están diciendo que ese anciano ha permanecido en la antecámara todo ese tiempo!. No me digan que ha sobrevivido a la edad antigua, a los primeros años del cristianismo, a la edad Media, al renacimiento, a la Francia del XVIII, y a las revoluciones del XIX – hablaba cada vez más excitado &#8211; No me digan que ha sobrevivido a Jesucristo, a Las Cruzadas, a la Santa Inquisición, y al ferrocarril, porque si siguen diciendo tonterías, me veré obligado a abandonar la campaña y regresar a Londres. No es mi intención entrometerme, pero Sir Gray llegará al campo en un par de semanas y ustedes ni siquiera han redactado la versión para el Times – dejó su taza sobre la mesa y se dirigió a la puerta &#8211; ¡Qué demonios, han descubierto la tumba de Amenophis IV! No entiendo cómo se les ocurre perder el tiempo con un viejo chiflado. Discúlpenme.</p>
<p>III<br />
Adams nos acompañó dos días más y regresó finalmente indignado a Londres. Los días siguientes, Charles se concentró en el cuento; no pensaba en otra cosa convencido de que su escritura, sería en la realidad. Pasaba horas sentado en la antecámara frente al anciano en una silla plegable, mientras yo me ocupaba de la cámara funeraria escondida tras la puerta que custodiaban los centinelas. Encontramos la momia del Faraón intacta y otros objetos maravillosos, como un abanico de plumas de avestruz recubierto con láminas de oro y con incrustaciones de turquesa, lapislázuli, cornerina y calcita trasparente.</p>
<p>El Príncipe no podía morir si el cuento continuaba inacabado. Al menos Charles trabajaba convencido de ello. La víspera de la visita de la prensa Charles terminó de escribirlo.</p>
<p>“Esa misma noche, enterada de lo sucedido, la esposa del príncipe de Egipto sedujo al gigante con sus encantos de mujer; consiguió emborracharle con mucha cerveza, y ordenó a sus sirvientas que le cortaran la cabeza. Al día siguiente el cocodrilo dijo al príncipe:</p>
<p>- Yo era tu destino, pero tu mujer mató al gigante y yo ya no te perseguiré.</p>
<p>Entonces el Príncipe habló con su mujer: “ Mataste a la serpiente y me has librado del cocodrilo. ¿De qué sirve que te hagas dueña de mi destino?. Sólo me amenaza el perro, déjeseme obrar según mi corazón”.</p>
<p>Pasados varios meses, el galgo se subió como un leopardo a la cama del príncipe y le dijo mostrando los colmillos:</p>
<p>- Podría matarte con solo clavar mis colmillos en tu cuello, pero desde que nací te he sido fiel y tu me has cuidado. Dentro de muchos años tu destino te buscará en la tumba Real. Allí podrás enfrentarte a él de nuevo.</p>
<p>El príncipe de Egipto esperó en silencio tres mil años a que su destino se le presentara de nuevo. En la tumba de su Faraón, un perro con nombre divino intentó morderle el cuello, pero el príncipe de Egipto levantó una daga maravillosa y se la clavó en el corazón.”</p>
<p>Nos vimos obligados a adelantar la fecha de la apertura oficial de la tumba. Nuestro hotel de Luxor se empezó a llenar de corresponsales de prensa desde muy temprano. Sir Gray, los notables de Luxor, personalidades de la política, y multitud de personas con recomendaciones de amigos influyentes se agolparon en el hall del hotel implorando que les mostráramos la tumba. Aquello era peligroso para los objetos que aún quedaban en la antecámara y cámara funerarias, pero no nos quedó más remedio que subir al Valle para satisfacer los compromisos más ineludibles. Cientos de personas nos siguieron en la ascensión subidas en carros de caballos y burros. Todo el mundo quería hacerse una foto junto a nosotros en la entrada de la tumba.</p>
<p>Durante la ascensión intenté alcanzar a Charles, que iba rodeado de personalidades locales, pero no conseguí acercarme. Cuando llegamos, la policía contenía a los visitantes. Entramos con míster Gray. Atravesamos el pasillo en silencio y llegamos al dintel de la puerta donde semanas antes descubrimos los sellos reales y la cavidad en el lado superior izquierdo por donde introduje la vela. Provenientes de exterior, se oían los gritos y quejas de la gente pidiendo que se les dejara pasar. Nos paramos los tres bajo el dintel y mientras Erskine comenzaba la crónica con Sir Gray, me acerqué al biombo. Lo aparté con cuidado. Encontré en el suelo el cadáver de Thot (nuestra mascota) con la daga cincelada clavada en el pecho, y junto a él yacía el anciano con la mirada fría vuelta hacia la cámara funeraria.</p>
<p>Han pasado muchos años desde aquello. Durante todo este tiempo Dave y yo hemos hablado poco del tema, siempre me ha parecido que lo evitaba, quizá temiendo descubrir que aquel anciano no fuera más que un chiflado de Abydos. Pero Príncipe o anciano, aquel hombre me miró desde el fondo de una cámara milenaria.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-principe-de-egipto.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Solo tenia 20 años</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/solo-tenia-20-anos.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/solo-tenia-20-anos.html#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 15 Jan 2011 21:28:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=2631</guid>
		<description><![CDATA[Despertar, solamente representaba una parte mas de mi vida, no existía ninguna motivación por vivir, todo parecía ser ya una rutina, pero estaba muy equivocado, parecía que el destino me había reservado muchas sorpresas, me cambie y al asomarme en el espejo note como una figura se reflejaba a mis espaldas, me sobre salte y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/01/cuentosdemiedoyterror.jpg" alt="" title="cuentosdemiedoyterror" width="600" height="400" class="alignnone size-full wp-image-2670" /><br />
Despertar, solamente representaba una parte mas de mi vida, no existía ninguna motivación por vivir, todo parecía ser ya una rutina, pero estaba muy equivocado, parecía que el destino me había reservado muchas sorpresas, me cambie y al asomarme en el espejo note como una figura se reflejaba a mis espaldas, me sobre salte y voltie bruscamente, de repente note que no había nada, sin embargo ese rostro nunca lo podré olvidar, pareciera como si tan solo hubiese sido ayer, aun alcanzo a percibir ese olor a sangre podrida que se levantaba en el cuarto de baño, lo que me hizo erizarme fue el dar un paso atrás y notar que la planta de mi pie izquierdo se había manchado de un liquido rojo, sentí como la sangre me recorría todo el cuerpo al mismo<span id="more-2631"></span> instante que notaba como mis ojos se empezaban a tornar rojos y como un gran dolor en el estomago provocaba que cayera y que me convulsionara, después no recuerdo nada a excepción de mucha sangre, al día siguiente amanecí en un hospital estaba manchado de sangre todo indicaba que había tenido un accidente, pero al incorporarme pude percatarme que en una camilla cercana a mi cama se encontraba muerto el ser que me había visto en el espejo, minutos mas tarde llego un inspector de la policía y alcance a escuchar que el joven había sido atacado por algún tipo de bestia, ahora todo esta muy claro, yo tengo la habilidad de poder tener metamorfosis y visualizar antes en un espejo al que será mi próxima víctima, se que esto es increíble, mas no imposible, saben actualmente tengo mucha dificultad en poder contenerme, por eso que he decidido poner esta pagina en el WEB esperando que alguien que navegue en la red tenga la cura al mal, ahora entiendo parte de mi atrofiada y malévola vida, pero en ese entonces no recordaba nada, es mas cuando el inspector me preguntaba algo, yo le contestaba que lo único que sabia es que solo tenia 20 años.</p>
<p>Fin.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/solo-tenia-20-anos.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La feria del diablo</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/la-feria-del-diablo.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/la-feria-del-diablo.html#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 09 Jan 2011 13:47:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=2328</guid>
		<description><![CDATA[La gente se paseaba tranquilamente por la feria. Escudriñando los tenderetes, observando las atracciones. Los más pequeños disfrutaban con ellas, y los no tan pequeños también. Móra La Nova es la ciudad donde se celebraba dicha feria. Cada año se llenaban tres calles enteras con atracciones y tenderetes. El poli deportivo era inundado con tiendas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/01/Laferiadeldiablo.jpg" alt="" title="Laferiadeldiablo" width="500" height="500" class="alignnone size-full wp-image-2605" /><br />
La gente se paseaba tranquilamente por la feria. Escudriñando los tenderetes,<br />
observando las atracciones. Los más pequeños disfrutaban con ellas, y los no tan<br />
pequeños también.<br />
Móra La Nova es la ciudad donde se celebraba dicha feria. Cada año se llenaban tres<br />
calles enteras con atracciones y tenderetes. El poli deportivo era inundado con<br />
tiendas de todo tipo. La escuela servía de concesionario improvisado. Todo el mundo<br />
salía a divertirse: El muchacho que en la máquina del gancho intentaba cogerse un<br />
reloj mientras hacía creer a su novia que intentaba conseguirle el osito de peluche…<br />
El chico que se compraba petardos y los lanzaba en medio de la calle asustando a la<br />
gente… El abuelo que paseaba nostálgico recordando el día en que nació la feria.<br />
Probablemente habría miles de historias que contar. Dignas de rellenar un buen libro<br />
repleto de cotilleos y curiosidades. Los chicos gamberros no se quedaban atrás, pues<br />
también rondaban por la feria. Siempre hay gamberros pensará todo el mundo. No<br />
obstante, lo que empezó como un juego para un chiquillo, terminó con la muerte de<br />
todos los asistentes a la feria.<span id="more-2328"></span><br />
—<br />
Alfonso reía bajo la ventana. Su calle estaba inundada por la feria, y Alfonso lo<br />
aprovechó para sus trastadas.<br />
Corría un día de sol intenso que se adhería a los ropajes de la gente. El suelo,<br />
como de costumbre, estaba lleno de papeles, propagandas y basura en general. La<br />
multitud pasaba por debajo de los perturbados ojos de Alfonso sin verlo.<br />
¡pam! Se oyó. Una bolita diminuta de color blanco como la leche salió disparada de<br />
una ventana. Se desplazó por los aires en línea oblicua hasta que impactó a toda<br />
velocidad contra las gafas de un Anciano solitario. La bolita le dio en el reborde<br />
que sujetaba el cristal y éste dio un saltito despojándose de las gafas. Cayó al<br />
suelo agrietándose al instante.<br />
El anciano notó algo, como si le tiraran una piedrecilla, pero no le dio más<br />
importancia. Recogió el cristal agrietado y siguió andando solitario.<br />
Agachado debajo de la ventana, Alfonso reía con una mueca cruel en sus labios. Sus<br />
ojos mostraban unas diminutas venas de sangre que se extendían por las pupilas, el<br />
lirio reflejaba un volcán en su interior.<br />
Alfonso se hartó. Llevaba media hora usando la pistola y mucha gente había sido<br />
herida. Pero sentía ansias de hacer más daño. La pistola con balas de plástico le<br />
parecía un juego de niños.<br />
>.<br />
— Ellos, jajaja —rió jocoso— tengo que&#8230; hacer… algo ¿yo? Si claro que sí, jajaja.<br />
Bajó. Bajó al piso de abajo. Se encaminó hacia la cocina. La escrutó al completo.<br />
Abrió un armario de vidrio, su madre era una adicta al vidrio podría decirse.<br />
Coleccionaba hasta calcetines de cristal.<br />
Sacó vasos y más vasos del armario. Los subió arriba, abrió la puerta de la terraza<br />
y posó los vasos en el suelo. Cuando tuvo bastantes vasos dejó el armario cerrado y<br />
volvió a subir.<br />
— Yo… no puedo hacerlo. No puedo.<br />
>.<br />
Alfonso se convulsionó unos segundos y paró de repente. Erguido y con el rostro<br />
apaciguado sus ojos habían perdido la rojez de las pupilas y el lirio. Ahora eran<br />
los globos blancos de sus ojos los que enrojecían, estaban inyectados en sangre. Su<br />
aspecto transmitía un aspecto de demente y psicópata.<br />
Cogió un vaso y lo lanzó vertical con toda su fuerza. El vaso voló hasta confundirse<br />
con el sol. Una estrellita reluciente se reflejó mientras caía a velocidad<br />
estrepitosa. Cayó contra el suelo. Estalló en mil pedazos y los cristales salieron<br />
dispersos en un radio de 15 metros. Cristales se hundieron en la carne de chicos y<br />
chicas cortándoles el rostro, las piernas, los brazos y todo lo que se les puso por<br />
delante.<br />
— Jua jua jua —emitió una carcajada que los heridos lo oyeron. Se estremecieron todos.<br />
Alfonso agarró con tanta fuerza otro vaso que le explotó e la mano. Los vidrios se<br />
le clavaron e incrustaron en la mano. La sangre chorreó con rapidez ensuciando el<br />
suelo. No le importó.<br />
Cogió otro vaso, esta vez no estalló. Se puso en cuclillas y se impulsó hacia<br />
arriba. Dio un salto magistral a la vez que el vaso se le escapaba de las manos a<br />
una velocidad estremecedora. Iba mucho más rápido que el anterior.<br />
Dio en el blanco. El Vaso explosionó contra un policía. Le atravesó la gorra que<br />
llevaba posada con delicadeza y llegó a su cabeza. Allí estalló en mil pedazos.<br />
Varios de ellos se clavaron en el cráneo del policía. Los trozos restantes<br />
desgarraron la cara de miles de personas que aún seguían en el mismo lugar.<br />
La gente comenzó a correr espantada, con el pánico haciendo palpitar su corazón a<br />
diez mil por hora. Los humanos corrían. Se pisaban, caían unos encima de otros. Los<br />
niños lloraban, las madres gritaban. Los que caían eran aplastados por los pasos<br />
histéricos de las demás personas. Un ola humana intentaba huir.<br />
— No, no señor, No lo permitiré<br />
La terraza le escondía porque una pared se erguía un metro por encima de su cabeza.<br />
Detrás de la pared un tejado se extendía un par de metros.<br />
Alfonso no se lo pensó.<br />
—Es verdad<br />
Saltó agarrándose a lo alto de la pared. Hizo fuerza, desgarrándose los pantalones y<br />
la ropa hasta que al fin consiguió subir al tejado.<br />
— ¡Maldita sea! ¡Los vasos!<br />
>.<br />
Extendió la mano. Movió los dedos invitando a que los vasos vinieran con él. Uno de<br />
ellos le hizo caso y se acercó hasta caer al tejado junto a su lado. Se aferró a él<br />
y se lo apretujó contra su pecho.<br />
>.<br />
— No lo harán<br />
Se levantó. Apuntó con el vaso como si llevara un lanzagranadas. Lo lanzó con tanta<br />
fuerza que impactó contra la multitud, atravesando la espalda de un hombre y<br />
saliendo por su vientre golpeó la cabeza de un chiquillo y éste se desplomó casi<br />
inerte al suelo.<br />
Murió aplastado entre gritos y lloros de la gente que huía aterrada.<br />
— ¡Allí arriba! —chilló una mujer señalando a Alfonso.<br />
Multitud de personas se volvieron para contemplar al muchacho. En él vieron un joven<br />
con la mano envuelta en sangre. Con una postura psicópata, una mueca de ira homicida<br />
y con los ojos poseídos por el diablo. Los gritos resonaron entre la multitud y<br />
corrieron más y más. Golpeándose entre ellos, cayéndose encima los unos de los<br />
otros. Cuatro niños fueron aplastados y murieron agónicamente.<br />
><br />
— ¡No escapareis! —aulló.<br />
Corrió hacia la ventana. La ventana que había utilizado para disparar con la pistola<br />
de bolas. Golpeó el cristal y arrancó un buen trozó cortándose la mano con cortes<br />
profundos. La sangre comenzó a colorearle sus pantalones.<br />
Cogió el cristal como un vúmeran. Lo impulsó de atrás a delante. El cristal salió<br />
disparado contra la multitud.</p>
<p>Testigo ocular 1, 1 de Diciembre de 2005<br />
El cristal, con forma puntiaguda y alargada me pasó por encima de la cabeza. Era<br />
una auténtica guillotina… Cortó cuanto encontró a su paso: cabezas, brazos, pies…<br />
Fue una auténtica masacre.<br />
Fin: (el sujeto no pudo continuar, se mordió la lengua en un ataque de epilepsia y<br />
se murió al instante)</p>
<p>Victorioso alzó sus manos vociferando un grito de guerra. Sus pies se movieron.<br />
Primero lentamente y después despacio. Su tejado estaba contiguo al de ocho casas<br />
más. Sus pasos se movieron con más rapidez. Parecían un rastro borroso. Alfonso<br />
corría por el tejado mirando a los humanos heridos. Corrió y corrió con una<br />
velocidad infernal. Se desvió hasta el final del tejado y saltó. Saltó en dirección<br />
al público. Se elevó por los aires y entonces fue cuando…</p>
<p>Testigo ocular 2, 1 de Diciembre de 2005:<br />
En los aires se detuvo. Empezó a cambiar. Su piel bulló, las ampollas se le formaron<br />
en la carne y gotas ácidas cayeron al suelo, la gente que estaba debajo fue<br />
traspasada completamente por las gotas.<br />
FIN: (el sujeto no pudo continuar. Murió de un infarto)</p>
<p>El cuerpo se enrojeció. Sus manos se agrandaron, sus pantalones se desgarraron ante<br />
los prominentes músculos que salían de sus piernas. Su camisa estalló en los aires,<br />
y su pecho flácido se convirtió en un pectoral voluminoso. Su espalda se desgarró y<br />
sangró. La sangre se derramó encima de la gente. </p>
<p>Testigo ocular 3, 1 de Diciembre de 2005:<br />
Co&#8230;Corríamos y oía gente gritar. Cuando me di cuenta un chorro de sangre<br />
provinente del cielo se derramó sobre mi brazo (mostró el brazo amputado). Y ya ve…<br />
Fin: (El sujetó ardió ante todos como si lo hubieran rociado con NAPALM.)</p>
<p>Las alas le salieron de la espalda. Unas alas fuertes y macizas se extendían a lo<br />
alto del cielo.<br />
Alfonso se fue volando para no volver nunca más.</p>
<p>Último testigo superviviente (JHOONY KEEPER), 1 de Diciembre de 2005.<br />
Arranqué mi coche al oír gritos dentro de la feria. No se porque lo hice. Pero huí<br />
haciendo rugir el motor y acelerando tan rápido como pude. Vi un río de lava cayendo<br />
del cielo. Me quemó la parte trasera del coche y volqué. Cuando desperté no notaba<br />
na…</p>
<p>MANICOMIO PERE MATA:<br />
— ¡Les digo que es verdad! Tienen que creerme<br />
— Seguro Jhoony…<br />
— Ardierooon, Ardieron todos delante de mí cuando les contaba lo que ocurrió, todo<br />
esta destruido, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡ardierooon delante de mí!!!!!!!!<br />
— Te entiendo Jhoony<br />
Jhoony entró en la celda. La puerta hermética se cerró dejándolo a la vista por un<br />
pequeño cristal que se encontraba encima de la puerta.<br />
— Seguro Jhoony —Rió— El cristal de la puerta estalló disparándose contra Jhoony. Su<br />
cuerpo fue clavado contra la pared por miles de trozos de cristal.<br />
Alfonso disfrazado de médico sonrió.<br />
— EL DEMONIO SIEMPRE GANA</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/la-feria-del-diablo.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El juego</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-juego.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-juego.html#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 05 Jan 2011 05:04:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=2246</guid>
		<description><![CDATA[Hacía un mes Mi Amigo y yo habíamos hecho una apuesta: él aseguró que era incapaz de reprimir mi obsesión por las apuestas, yo afirmé rotundamente que podía dejar tan reprochable vicio cuando quisiera. En caso de que él tuviera razón, debía pagarle un euro; por el contrario, si estaba yo en lo cierto, sería [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2582" title="apuestasdiabolicas" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/01/apuestasdiabolicas.jpg" alt="" width="571" height="491" /><br />
Hacía un mes Mi Amigo y yo habíamos hecho una apuesta: él aseguró que era incapaz de reprimir mi obsesión por las apuestas, yo afirmé rotundamente que podía dejar tan reprochable vicio cuando quisiera. En caso de que él tuviera razón, debía pagarle un euro; por el contrario, si estaba yo en lo cierto, sería yo quien recibiría el dinero. La apuesta era válida hasta pasada la noche del treinta y uno de octubre; eso es, Halloween, la prueba definitiva de que era capaz de controlarme. Mi Amigo sabía mejor que yo mismo que iba a requerir un gran esfuerzo por mi parte el rehusar participar en la apuesta más fascinante de todo el año, preparada, únicamente para aquella macabra noche por un grupo de adictos a lo que llamábamos El Juego. Éste consistía en elegir a uno de nosotros, por sorteo; el afortunado estaba obligado a asesinar al primer niño que llamara a nuestra puerta. El reto era acertar si se atrevería o no a hacerlo.</p>
<p>No entiendo muy bien qué pretendía mi amigo con aquello. ¿Vencer al vicio por medio del vicio? No sé. A mí se me antojaba muy extraño, pero nunca se me ha dado muy bien pensar. Él era más inteligente que yo, siempre lo había sido, y a menudo lo había usado en mi contra; mas no se lo reproché en ninguna ocasión. Éramos un equipo; él la cabeza, yo el cuerpo. La razón y la fuerza.<br />
<span id="more-2246"></span><br />
Como es lógico, acepté la apuesta. Con tal de ganarla y conseguir el preciado euro de premio recurrí al eficaz método de abandonarme a los vicios para olvidar mi obsesión. Me entregué al tabaco, al alcohol y, para contrarrestar con un poco de ejercicio los efectos nocivos de los citados vicios, también me aficioné a los burdeles. Dejarme dominar por esos vicios, o placeres, según se mire, era fácil, pero no estimulante; gozoso, mas breve; perseguía yo un ritmo de vida alocado, basado en la simplicidad y la fugacidad del momento. No obstante, me acosaba constantemente la necesidad de ponerme a prueba, de excitarme y apasionarme como sólo era capaz apostando.</p>
<p>Emborracharme era, sin duda, el mejor modo de huir de esa exigencia. Cuando bebía podía evadirme y no pensar en mi anhelo profundo. El tabaco, por el contrario, no funcionaba. No me relajaba ni servía como fuga, ni siquiera me causaba placer, sino que su olor me resultaba molesto y me provocaba irritación, induciéndome a un proceder mezquino y violento. Poco faltó para que me enzarzara en una pelea con mi amigo cuando vino a visitarme; quería persuadirme para que faltara a mi palabra, por lo que mi reacción no fue precisamente modélica. Antes no perdía así los nervios. Yo, en verdad, era una persona muy tranquila y pacífica. El asesinato sólo me estimulaba si había apuestas de por medio; si no era así, escapaba a mi comprensión los motivos que impulsaban al crimen, no entendía el por qué de ese acto de locura y desesperación.</p>
<p>El otro vicio que escogí como sedante para mi ansia, los prostíbulos, también cumplieron su función, al menos durante un cierto tiempo. El sexo me agotaba. Además, siempre quedaba en la recámara el recurso de hablar con las prostitutas, actividad que me proporcionó horas de agradable evasión y me ayudó a comprender que las penalidades que estaba sufriendo no respondían al capricho del destino sino a una necesidad lógica, fortalecedora. Compartir mi tiempo con otras personas marginadas por la sociedad me aproximaba a la comprensión: ellos eran los enfermos, los adictos, no nosotros. Nosotros dependíamos de nuestros placenteros vicios, ellos de sus represoras leyes. ¿Quién necesita la felicidad de una vida controlada por otros y de fingido orden pudiendo someterse a la banalidad del placer fugaz y adictivo?</p>
<p>Una de las prostitutas con las que me relacioné me narró una breve historia que ilustra a la perfección esta idea de la liberación e independencia del repudiado. Mientras ella y una compañera buscaban clientes, pasó por su lado una mujer gorda, vestida con elegantes ropajes y suntuosas joyas, y acompañada, o más bien escoltada, por dos hombres jóvenes y apuestos. La oronda mujer le dirigió una mirada de repugnancia y reproche, se aferró con fuerza a sus acompañantes y huyó de allí tan rápido como sus pesadas carnes le permitieron. Esto es algo que nunca podría sucederme a mí, porque yo no dependo de ellos ni me preocupo por causarles una buena impresión; sin embargo, ellos, la gente acomodada e integrada, viven siempre de la apariencia, de cara a la vida pública. Y dependen mucho de nosotros; los hay incluso que sienten compasión por los solitarios lobos de las cloacas. Este pensamiento alentador se convirtió en mi Biblia durante las dos primeras semanas del suplicio.</p>
<p>Una noche vino a verme uno de los adictos a El Juego: Jorge, el llorón, con quien personalmente nunca trabé mucha amistad. Se puede decir que había cierta tensión entre nosotros, acentuada por lo reducido de nuestro grupo; de ser posible, evitábamos pedirnos favores. Su actitud débil y sumisa me irritaba; se refugiaba siempre tras alguien fuerte que pudiera protegerlo, como un perro fiel a su amo, a diferencia de que su fidelidad no resultaba ser tal. Mi mayor temor era que, en un momento de descuido, encontrara a alguien más útil para satisfacer sus necesidades y nos diera la puñalada trapera. Llegué incluso a instar a Mi Amigo para que se deshiciera de él, pero éste, como un padre atento, era quien ejercía de señor y protector de la débil criatura; en ocasiones también Andrés desempeñaba esa función, mas, como en él se podía confiar aún menos, el llorón solía buscar cobijo en Mi Amigo.</p>
<p>Mantenía aventuras sexuales, que él llamaba romances, con prostitutas y millonarias sin sentir aparente predilección por ninguna de ambas clases de mujeres, aunque yo siempre intuí que con las ricas podía interpretar mejor su papel de llorón sumiso y complaciente. De estas relaciones, una vez terminadas, surgía la tragedia en forma de llanto descontrolado y repulsivo, propio de un culebrón televisivo. Un chico insoportable.</p>
<p>El caso es que el llorón debió pensar que aquella era la oportunidad idónea para olvidar nuestras diferencias y decidió llevarme a conocer a unas &#8220;amigas suyas&#8221;, a las que, según sus propias palabras, tenía en alta estima. Vagabundeamos gran parte de la noche hasta encontrarlas y realmente lamenté que finalmente lo lográsemos. Traté de hablarles sobre mi teoría de la marginación y las adicciones, pero no parecían comprender ni una palabra; y cuando al fin conseguí que comprendiesen, tuvieron la osadía de decirme que no compartían mis ideas. Es más, convencidas de que intentaba justificar mis vicios, me preguntaron si era &#8220;yonqui&#8221;. Esta acusación, pues tal ofensa sólo puede considerarse como tal, me irritó profundamente y me marché sin importarme la sorpresa de las dos mujerzuelas. El llorón me suplicó que me quedara, viendo cómo su posibilidad de enredarme fracasaba; pero le ignoré. De camino a casa, me poseyó la necesidad de enterrar en el olvido la humillación que acababa de sufrir, y sentí un ansia terrible de apostar.</p>
<p>Sin embargo, y aunque no desee admitirlo, tal vez aquellas duras palabras provocaron un efecto inesperado en mí, pues a la mañana siguiente desperté con la horrible sensación de que mi vida andaba desencaminada. Se apoderó de mí un vago sentimiento de terror, que, conforme transcurría el día, se fue concretando en una sensación de desamparo y soledad. Me percaté de que apenas podía controlar mis ansias de apostar y, como iluminado por una nueva luz que me guiaba, deseché las reflexiones de las anteriores semanas y me prometí convertirme en un hombre recto, con un trabajo decente, amante de mi hermana, la humanidad, y solidario con los necesitados. Debía predicar el amor al prójimo.</p>
<p>Salí a la calle y sentí que me embargaba la euforia de un hombre contento y feliz porque sabe que va a prestar ayuda de manera incondicional y está en armonía consigo mismo. Me sentía renovado por un insólito optimismo. En el parque, entre el griterío de niños revoloteando, joviales, vislumbré una figura que se paseaba repartiendo amor, conversando con éste o con aquél, inculcando en sus mentes el bien del virtuoso y la palabra de Dios. Al acercarme al buen cura, el hombre me miró con desconfianza, debido, supongo, a mi mezquino aspecto; pero, puesto que hice gala de buenos modales, suavizó la expresión de su rostro y se mostró afable.</p>
<p>-Luego vendrás a confesarte, hijo mío -le dijo a un niño.- Ahora ve a crear lazos de amistad con los buenos cristianos.</p>
<p>Los curas, como los perros, tienen un olfato muy desarrollado para detectar los problemas y distinguir a los hombres perdidos en la senda del pecado. A ello, probablemente, debo atribuir el moralizante y enérgico sermón con que tuvo a bien obsequiarme. No obstante, allí delante del que, en teoría, era un modelo a seguir en esta nueva y virtuosa vida que me proponía llevar, me comenzó a inquietar la dura tiranía del aburrimiento y el hastío; poco a poco, retornaron a mí las reflexiones del día anterior y sentí que estaba siendo engañado por aquel falso santo. Decidí cortar por lo sano:</p>
<p>-Yo peco mucho, padre.</p>
<p>-Pero aún estás a tiempo de arrepentirte y entregarte a Dios. Él predica el perdón. Además, que estés aquí, que te hayas presentado ante mí para que poder acercarte a Él dice mucho en tu favor.</p>
<p>-¿Usted cree que nos observa?</p>
<p>-Él siempre vela por nosotros.</p>
<p>-Entonces le envidio, padre. Violaciones, asesinatos, guerras&#8230; Dios se lo debe pasar de puta madre en el cielo.</p>
<p>No le debí caer simpático, pues dio media vuelta y se alejó por donde había venido, murmurando no sé qué perorata religiosa. Una cosa de muy mal gusto. Costumbre de los perros de Dios.</p>
<p>Cuando se marchaba, por poco tropezó con un niño afanado en entretener a su perro. El chiquillo parecía haberse confabulado con el cura para amargarme la mañana: se arrastraba por el suelo; profería gritos dañinos para los tímpanos; gesticulaba de manera exagerada; y reía falsa y tontamente; todo ello, como piezas de un mismo puzzle, componía un cuadro vergonzoso que ponía de manifiesto un carácter de una debilidad alarmante y cómico hasta el ridículo. Resultaba irritante, por lo que me vi obligado a huir de aquel lugar antes de decirle cuatro verdades al mocoso. Yo de niño no era así.</p>
<p>¿Y ahora qué? Sentía crecer el ansia en mi interior; había fracasado el intento de abandonarme a los vicios y había fracasado, también, el de escapar de los ambientes sórdidos por los que solía remolonear. Era como si el destino me empujara hacia lo inevitable. Cuanto más intentaba dominarme, más hondo caía, más negro se hacía el agujero en que me hallaba inmerso. Cada método por el que apostaba, me conducía al hastío y me sumergía de nuevo, y con mayor intensidad, en el pozo del deseo.</p>
<p>Comenzaba a preguntarme si todo aquello tenía algún sentido. Sabía que era presa de mi vicio y sabía que era absurdo, pero ahora más que nunca dudaba de si merecía la pena librarme de él. Requería demasiados sacrificios. Y además, ¿qué ganaba con ello? Todo cuanto tenía y me importaba giraba en torno a ese mundo. Si me alejaba de ello, sólo quedaba partir de cero, empezar una nueva vida entre esa gente sumisa, tan adicta a su sociedad como yo a mi pasión.</p>
<p>Aquella noche, sumido ya en la más absoluta desazón, me visitó un amigo: Andrés. Andrés era un tipo gordo, patoso y bocazas que detestaba el ejercicio físico y mental. Entendía la vida como algo odioso de lo que debía huir; su pesimismo le había conducido a la marginación y a los vicios, que para él no eran placer, sino alivio y evasión, la única manera de escapar del horror que suponía su vida. En su trato con las personas era huraño, mezquino, pues definía la amistad como un estado cercano a la estupidez en el que sólo se dejan atrapar los tontos y los ingenuos. A pesar de ello, seguía participando en El Juego como uno de los miembros más activos, aunque, eso sí, puesto que solía perder, aportaba más penas y quejas que alegrías.</p>
<p>Me propuso acompañarlo a una cita con un grupo de alemanes, nuevos en el barrio, en los que no confiaba. Le pregunté por qué, en ese caso, apostaba con ellos; pero no respondió. Lo hacía a menudo. Pese a su pesimismo absoluto ante lo que la mayoría de la gente llama amistad, a menudo pedía tu confianza ciega en relación a ciertos asuntos. En un principio, debido a mi abatimiento, me negué, por lo que, a modo de venganza, instaló su oronda masa corporal en mi sillón y aseguró que no desalojaría hasta ver cumplidos sus deseos. Temiendo por la integridad de mi mueble predilecto, no me quedó más opción que acceder a su ruego, aún después de protestar y amenazarlo. Así, pues, mi grueso compañero y yo nos sumergimos en un mar de pestilentes aguas, hogar de la basura ciudadana de nuestra modélica urbe, ese lugar que era el único capaz de proporcionarnos seguridad. Más allá de sus fronteras, se hallaba un mundo peligroso y desconocido del que nada deseábamos saber.</p>
<p>Los alemanes resultaron ser una gente muy pacífica, pero el trato con Andrés siempre era complicado, y más al ser ellos nuevos en el barrio. Todavía no estaban al corriente de la mala leche de mi amigo y de sus pequeñas trampas, que los demás aceptábamos ya por costumbre. A menudo le advertíamos que intentará reprimirse con los extraños, pero él no temía ni respetaba a nadie, casi podría decirse que disfrutaba provocando y buscando el peligro. En el fondo, todos estábamos convencidos de que algún día moriría en una reyerta, incluso compartimos nuestras preocupaciones con él en más de una ocasión. De nada sirvió.</p>
<p>Por suerte para mí, no era ese día en el que se cumpliría al fin nuestra predicción. Pude intervenir y poner fin de manera pacífica a la disputa. O así fue en apariencia, al menos, pues Andrés se encolerizó conmigo por haber dado crédito a las, según él, falsas acusaciones de los alemanes. De vuelta a casa, profirió cientos de amenazas y promesas sobre lo que les sucedería a esos mentirosos si se cruzaba con ellos por la calle. No le presté demasiada atención a sus divagaciones, hastiado como estaba, pero la discusión había devuelto a mi sangre las ansias de apostar y la fiebre del juego recorría mi cuerpo. Con mayor fuerza todavía, el vicio me tentaba, como si cada acción que emprendía fuera una etapa cuyo desenlace sería el descenso a los infiernos. Primero el alcohol y las putas, después el cura y el niño, ahora Andrés y las apuestas; prueba tras prueba, cada una de ellas, por mucho que pareciera servirme como medio de evasión, me empujaban hacia El Juego, la prueba definitiva y con toda seguridad la razón de mi fracaso. Lo intuía, pero no podía evitarlo.</p>
<p>Al fin llegó Halloween, la temida fecha. Esa mañana desperté con una extraña sensación de congoja y alivio a la vez. Sentía que toda mi existencia giraba en torno a ese día y no había nada más. El todo o nada. La victoria o la derrota. No estaba seguro de cuál me convenía más, pero tampoco tenía sentido divagar sobre ello; pasase lo que pasase, ya no tenía alternativa, los senderos posibles se habían reducido a uno solo: esa noche.</p>
<p>Fui incapaz de negarme cuando mis amigos llamaron a la puerta, casi suplicándome, argumentando que yo, fundador y máximo promovedor de El Juego, no podía faltar. También fui incapaz de rechazar cuando insistieron en que jugara. Andrés, el obeso, me dijo, o más bien insinuó, que ese año habría novedades, apasionantes nuevos retos, más estimulantes si cabe que los viejos.</p>
<p>Acudieron a recogerme los cuatro amigos de siempre: Andrés, el gordo, a quien ya he presentado; Pedro, el drogadicto; Jorge, el llorón, a quien el lector ya recordará; y, por supuesto, omnipresente, rostro burlón, sonriente, Mi Amigo, el de la apuesta.</p>
<p>Pedro, el drogadicto, era propenso a las pastillas; ignoro cuántas tomaba al día, pero sé que consumía más de las que confesaba, y lo hacía, según sus propias palabras, porque &#8220;le ayudaban a funcionar&#8221;. En verdad, esta afirmación, en apariencia descabellada, cobraba sentido al verlo actuar en el día a día. Para cada acción que emprendía, incluso una tan sencilla como dormir o ducharse, tomaba una pastilla, como una pila que necesita energía para funcionar. Era una persona muy alegre, incapaz de permanecer tranquila, de estar enojada o triste, debido, sospeché siempre, a los antidepresivos que consumía, por lo que muchas veces íbamos a visitarlo cuando la vida se ponía cuesta arriba. Sin embargo, esta jovialidad innata lo hacía poco apropiado para tratar cuestiones delicadas, solucionar problemas o provocar enfrentamientos, actividades frecuentes en un barrio como el nuestro. Algunos incluso lo tachaban de cobarde por esta pequeña debilidad, que, desde mi punto de vista, compensaba sobradamente con su simpatía.</p>
<p>Por último, estaba Mi Amigo. Nadie conocía su nombre real y, en verdad, nadie se preocupó jamás de preguntárselo o averiguarlo por otros medios. Le aceptábamos tal como era por su inteligencia y capacidad de manipulación. Aún siendo nosotros los manipulados no podíamos reprochárselo, pues a menudo era mejor antidepresivo que las pastillas de Pedro, el drogadicto, y sus bromas pesadas siempre resultaban ser, finalmente, inofensivas. Poseía mayor ingenio que el resto del grupo junto y esta cualidad más de una vez nos libró de situaciones peliagudas. Además, de nada sirve negar la fascinación que despertaba en nosotros su personalidad, a excepción, claro, de en el obeso, Andrés, incapaz de fascinarse por nada. Incluso lo obsesivo y retorcido de su comportamiento nos apasionaba. Reflexionando ahora que poseo una visión más objetiva, o al menos no tan subjetiva, creo que, al contrario de lo que nos parecía entonces, ninguno del grupo lo conocía de verdad. Curiosamente, el tiempo lo ha desmitificado. Los días en que lo creíamos el hombre más siniestro que habíamos conocido se han esfumado y lo lejano de aquellos sucesos me permiten considerarlo uno más del grupo, y no el líder o el más peligroso. Sólo era un hombre que jugaba a ser un dios.</p>
<p>No obstante, he de señalar que aquella noche la idea que tenía de él era muy diferente; le profesaba un gran respeto, y no sólo por las leyendas que circulaban sobre él, sino porque se esforzaba en que así fuera. Cada gesto, cada movimiento, cada palabra&#8230; todo estaba calculado para provocar un efecto determinado en los demás. Su mente cuadriculada preveía las consecuencias de sus actos antes de ejecutarlos y sólo así podía mantener viva su leyenda.</p>
<p>Pero, puesto que no deseo irme por las ramas, regresemos al momento de la acción. Cuando llegamos a la casa donde nos reuníamos habitualmente, Pedro me apartó un momento de los otros y, no sin antes tomarse un par de pastillas, me dijo:</p>
<p>-Amigo, esto que haces no tiene sentido. Deberías dejar de torturarte de esta manera. Mírame a mí; soy adicto a las pastillas, y lo admito, y lo acepto. ¿Por qué? Porque no hay nada de malo en ello; me &#8220;ayudan a funcionar&#8221; igual que a ti te ayudan las apuestas. Es un estilo de vida. No puedes cambiar lo que eres.</p>
<p>“Piensa en esa gente integrada y decente. ¿Crees que ellos no son adictos a sus leyes y a su sociedad? Claro que lo son. Cuando uno de ellos depende de algo, si esa adicción es beneficiosa para los demás, la llaman &#8220;dedicación&#8221; y aseguran que ese adicto es una persona generosa y comprometida con la sociedad. Pura mentira. Cuando uno de nosotros, por el simple hecho de no compartir sus valores, se entrega a algo, entonces lo llaman &#8220;vicio&#8221;. Pura mentira. Entre ambos conceptos se halla la &#8220;obsesión&#8221;. Se denomina &#8220;obsesos&#8221; a aquellas personas, que, aunque no realizan tareas beneficiosas para los demás, tampoco perjudican. Pura mentira.</p>
<p>“Todo se reduce a lo mismo: simple y pura adicción. El resto es pura mentira, pura hipocresía. Sólo es pura adicción, pero le dan éste u otro nombre según concuerde o no con los valores que predican. No te dejes enredar por esas mentiras.</p>
<p>Sin darme tiempo a responder o reaccionar siquiera, el drogadicto dio media vuelta y se unió al grupo.</p>
<p>En aquel momento, me explicaron que la innovación de El Juego era matar, en lugar de al niño de turno, a Mi Amigo. Es imposible describir la gran sorpresa que me causó esta revelación. Lo miré y en su rostro vi una de sus maliciosas y desquiciantes sonrisas. Otra de sus bromas pesadas, pensé. Obviamente, nadie, ni siquiera yo mismo, pensaba que me atrevería a hacerlo; una mala pasada para reírse de mí. De hecho, incapaces de contenerse, ya oía yo sus carcajadas, las de los tres (el obeso nunca reía), resonando en mi cabeza como cantos diabólicos.</p>
<p>Ellos ignoraban los sucesos acaecidos desde la apuesta con Mi Amigo. No sabían cuántas penurias había tenido que pasar, así que decidí que lo comprendiesen de la manera más brutal que podía concebir: matando a Mi Amigo. Así con fuerza un objeto contundente, de hierro, próximo a mí y, antes de permitirle reaccionar, le golpeé en la cabeza con tanta rabia que no tardó en chorrear la sangre cual fuente de orina. Murió. Y Gané ambas apuestas. Y lo que es más importante, mi amigo se equivocó. Su error fue mi triunfo, el primero sobre él.</p>
<p>Los otros tres permanecieron inmóviles, la sorpresa reflejada en sus rostros, pero no osaron socorrerlo. Poco a poco, comenzaban a asimilar que, por primera vez, yo había vencido.</p>
<p>Antes de morir, el rostro de Mi Amigo se torció en una macabra mueca, lo que parecía ser un intento de sonrisa. Con voz débil, susurró:</p>
<p>-Nunca imaginé que mi vida valiese un euro, una careta de Freddy Kruegger y un mes de alcohol, tabaco y putas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/el-juego.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Escaleras abajo</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/escaleras-abajo.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/escaleras-abajo.html#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 29 Dec 2010 15:11:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=2263</guid>
		<description><![CDATA[Eludió a la patrulla fronteriza por sus habilidades atléticas. Ningún policía pudo alcanzarlo, y los perros que le pisaron los talones acabaron echados y con la lengua fuera, babeando en señal de cansancio y de sed. El fugitivo se perdió de vista y enseguida fue descrito a los cuerpos policíacos competentes, que se movilizaron sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/12/escaleras-abajo.jpg" alt="" title="escaleras-abajo" width="500" height="471" class="alignnone size-full wp-image-2554" /><br />
Eludió a la patrulla fronteriza por sus habilidades atléticas. Ningún policía pudo alcanzarlo, y los perros que le pisaron los talones acabaron echados y con la lengua fuera, babeando en señal de cansancio y de sed. El fugitivo se perdió de vista y enseguida fue descrito a los cuerpos policíacos competentes, que se movilizaron sin tardanza para dar con el indocumentado. Entretanto, Monroy había llegado a una gasolinera; entró en el local para robar comida y se ganó la desconfianza del dependiente, quien al punto lo calificó de mexicano indeseable y, peor aún, sin dinero. No había moros en la costa. El dependiente, al ver que Monroy tomaba emparedados envueltos en plástico y un par de botellas de agua, acarició discretamente la escopeta que ocultaba debajo del mostrador. Monroy se aproximó a la caja con la actitud de quien piensa pagar, pero huyó como un bólido al ver la puerta por el rabo del ojo. Escopeta en mano, el dependiente salió del establecimiento y se sintió horrorizado, pues le pareció que el ladrón se había fundido con el fuerte viento. Se limitó a llamar a la policía para formular la denuncia.<br />
Monroy escogió una zona boscosa para ubicarse bajo un árbol y comer con voracidad.<span id="more-2263"></span><br />
En menos de cinco minutos engulló los emparedados y bebió ambas botellas de agua. Se recostó en el pasto y gozó el frescor del viento. Por entre las copas de los árboles se notaba la transformación del cielo. El tono metálico que adquiría no presagiaba nada bueno. Acaso en menos de una hora se desataría una tormenta. De todos modos, él no podía quedarse ahí. Lo buscaban frenéticamente, y sin duda lo encontrarían si se permitía dormir una siesta. Se levantó con cautela y echó a andar. Durante parte de su trayectoria evocó sus recientes avatares. Nuevamente se arrepintió de haber decidido marchar a Estados Unidos. Quizá, si hubiera tenido un poco de paciencia, habría logrado labrarse un prometedor futuro como corredor de fondo. Pero siempre había destacado por la impetuosidad. De inmediato había aceptado el trato que le propusiera el pollero; sus magros ahorros acabaron en los bolsillos de ese infeliz, que lo dejó en manos del infernal calor del desierto. Sólo un atleta podría haber resistido las inhóspitas condiciones de aquellas tierras yermas, que parecían carecer de fin y donde nada ofrecía sombra. Pero Monroy prevaleció porque sabía correr; salvó a paso gimnástico una distancia tremenda, y al fin se vio a un paso de la tierra de la libertad. Cruzó el muro sin pensarlo dos veces y desde entonces huyó.<br />
Comenzó a llover. Monroy había avanzado unos diez kilómetros. El bosque se había espesado y pronto caería la noche. Más valía encontrar un refugio, no fuera a ser que alguna fiera saltara sobre él en cuanto se impusieran las sombras. ¿Dónde pernoctaría? No tuvo tiempo de pensar tranquilamente al respecto, pues salió disparado al escuchar un ruido que le pareció un ladrido. Asumió que los policías y sus malditos perros lo habían seguido hasta el bosque. No bien corrió una distancia de más de cien metros, se detuvo y aguzó la vista sobre una puerta desvencijada, aparentemente practicada al pie de un cerro. Se aproximó y giró un pomo oxidado. La puerta cedió. Entró en un espacio renegrido que olía a putrefacción. La tormenta arreció y un rayo golpeó un árbol cercano, partiéndolo por la mitad. Monroy se ocultó tras la puerta justo a tiempo, pues el tronco caído se había abalanzado sobre él.<br />
El silencio y las tinieblas que había en el refugio inspiraban horror. Monroy pensó seriamente en salir y afrontar a sus posibles perseguidores, pero la idea de que lo atraparan lo disuadió de actualizar su plan. No dudaba que quienes dieran con él, molestos por haber sido ridiculizados por un mexicano, lo abatirían gustosamente a tiros. Así que resopló y se dispuso a pernoctar en aquella especie de búnker. A tientas localizó un muro; pegó la espalda contra él y luego se sentó en el piso, que sintió húmedo. Supuso que el agua se había filtrado por debajo de la puerta. Empezó a invadirlo un sopor creciente; cabeceó, en vano trató de mantener los ojos abiertos. Se había cansado demasiado en pocas horas. Debía dormir. Empezó a acomodarse de medio lado cuando sintió un desnivel. No pudo evitar la caída.<br />
Mientras, dando tumbos, rodaba escaleras abajo, se desconectó de la realidad.<br />
Estaba de medio lado, en posición casi fetal. Sentía los músculos entumecidos y la garganta seca. Por lo demás, tenía los huesos íntegros. Se incorporó al ritmo de gemidos y se sorprendió al notar que ahora había luz. No pudo localizar su fuente, pero se conformó con que le permitiera distinguir la escalera por donde había caído.<br />
Era enorme, de piedra, con peldaños anchos y balaustrada decorada con extrañas figuras. Monroy tragó saliva. Le parecía imposible haber sobrevivido tras golpearse el cuerpo entero contra tanta roca. Se puso en pie, dispuesto a ascender la escalera y regresar al punto desde el que se había precipitado. Suponía que su desmayo había durado horas; tanto si ya hubiera escampado como si no, se arriesgaría a volver al bosque, con la esperanza de que no lo estuviera esperando una cuadrilla de furiosos policías.<br />
En cuanto pisó el primer peldaño, advirtió un resplandor blanco en la cima de la escalera. Fue como si alguien se aproximara con una linterna. Monroy se sintió perdido, pero fue incapaz de ponerse a buscar una salida alterna. Tan sólo pudo retroceder tres pasos y mantenerse a la expectativa. Se llenó de horror al ver bajar, a velocidad impresionante y sin tocar los peldaños, una figura antropomorfa, ataviada con una suerte de casulla negra; no se le notaba la cara, sino tan sólo un par de ojos de los que partía una intensa luz blanca. Su mano indistinguible sostenía un cirio encendido. Llegó al pie de la escalera y enfrentó a un Monroy aterrorizado y pálido, convencido de que, lejos de haber despertado, seguía sin sentido y sufriendo una pesadilla particularmente horripilante. Vio que otras figuras flotantes se sumaban a la primera, descendiendo sin hacer ruido por la enorme escalera. Una veintena rodeó a Monroy.<br />
—Pray! —exclamaron al unísono, con voces cavernosas.<br />
Monroy sufrió un colapso. Se ovilló en el suelo, cerró fuertemente los ojos y se echó a llorar, esperando que aquella pesadilla terminara pronto. Entretanto, los visitantes repitieron la consigna sin cansarse, y quizá sin saber que no era entendida por el espantado oyente.<br />
El clamor cesó de golpe. Monroy suspiró y se atrevió a abrir los ojos. Al parecer, había vuelto a quedarse solo. Creyó a pie juntillas que acababa de liberarse de la pesadilla más atroz que había tenido en su vida. Se puso en pie de un salto, decidido a salir de aquel sitio malsano y a enfrentarse hasta la muerte con sus perseguidores. Vio ante sí la inmensa escalera, que aún estaba iluminada por una luz de incierta procedencia. Empezó a subir ágilmente, recordando que para llegar a la puerta del búnker sólo tendría que dar unos cuantos pasos. Dejó atrás la escalera y, cuando atravesaba una porción de profunda negrura, sintió que una mano áspera lo aferraba por la garganta.<br />
Un sabueso incansable, empapado, acezando y guiando a un policía gordinflón a punto de desmayarse de puro cansancio, dejó de olfatear y empezó a ladrar cuando se detuvo frente a una puerta desvencijada. El gordinflón llamó por radio a sus camaradas, y en menos de diez minutos se apostó un pelotón de fusilamiento a las afueras del sitio descubierto. Nadie sabía que en esa parte del bosque hubiera un refugio. Se llamó al fugitivo por altavoz. No hubo respuesta, de ahí que se decidiera entrar y sacar a rastras al escurridizo indocumentado. El hedor que recibió a los agentes amenazó con anularlos, pero pudieron aguantar y, linternas y rifles en mano, cruzaron en diagonal un vestíbulo lleno de trebejos que recordaban la era de las diligencias, y desembocaron en una larga escalera de piedra.<br />
Corrieron escaleras abajo y lo que iluminaron los forzó a detenerse y horrorizarse.<br />
Habían encontrado el cadáver de Monroy, sin cuero cabelludo y destripado. Ocupaba la cima de una veintena de esqueletos apilados. Investigaciones posteriores revelaron que el destino de una partida de misioneros, desaparecida dos siglos atrás, por fin se había descubierto.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/escaleras-abajo.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>LA CASA EMBRUJADA</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/la-casa-embrujada.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/la-casa-embrujada.html#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 09 Dec 2010 16:04:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=2332</guid>
		<description><![CDATA[Hace algún tiempo, en un paseo que hice a los bosques de la ciudad de México, íbamos por la carretera, cuando de pronto el auto en el que viajábamos mi prima Angela y yo, se paró sin razón, lo habíamos alquilado y nos habían asegurado que todo estaba bien, por lo que decidimos bajar del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2333" title="CasaEmbrujada, cuentos de miedo" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/12/CasaEmbrujada.jpg" alt="" width="655" height="491" />Hace algún tiempo, en un paseo que hice a los bosques de la ciudad de México, íbamos por la carretera, cuando de pronto el auto en el que viajábamos mi prima Angela y yo, se paró sin razón, lo habíamos alquilado y nos habían asegurado que todo estaba bien, por lo que decidimos bajar del auto y pedir ayuda, ya como mujeres inexpertas que éramos en mecánica, ni siquiera lo intentamos arreglar, teníamos miedo de estropearlo más de lo que ya estaba.</p>
<p>Nos colocamos las dos en el arcén de la carretera esperando que algún auto pasara y nos ayudara, era alrededor de las cinco de la tarde, y como era en el mes de noviembre ya empezaba a oscurecer, empezamos a sentir miedo e inseguridad, nosotras en plena carretera y solas.</p>
<p>Pero nuestra suerte cambió en pocos minutos y mi amiga Angela logró detener un auto, era un joven muy guapo, nos preguntó que pasaba y nosotros no supimos explicarle exactamente el problema que tenía el auto, el joven levantó el capó y miró si el auto tenía algún desperfecto, pero como ya oscurecía y no teníamos ninguna linterna el joven nos sugirió:</p>
<p>- Miren, vivo cerca de aquí, en una pequeña casa, muy humilde, vivo con mis abuelos, pero con todo gusto les ofrezco mi casa y mañana bien temprano vamos al pueblo mas cercano y buscamos ayuda, y si no es algo grave hasta yo les puedo ayudar sin ningún compromiso..¿que dicen?</p>
<p>Angela y yo nos miramos y pensando que era peor quedarnos solas en la carretera, aceptamos la propuesta del joven.</p>
<p>Ocultamos el auto entre unos árboles y nos dirigimos bosque adentro hacia el hogar del joven, efectivamente no se encontraba lejos de la carretera, cuando entramos a la casa, estaban una linda pareja de ancianitos sentados en unas mecedoras de madera, muy callados, la abuela sólo nos sonrió, nosotras contestamos el saludo y el joven inmediatamente nos llevó a lo que sería nuestro cuarto.<span id="more-2332"></span></p>
<p>Al llegar la noche, Angela y yo no podíamos dormir de tantos ruidos que escuchábamos, decidimos salir para ver que pasaba, y vimos que el cuarto del joven tenía la luz encendida, y escuchábamos como se aclamaba desesperadamente a Dios pidiendo repetidas veces perdón&#8230;pero no sabíamos<br />
por qué, Angela se acercó al barandal de la escalera y me dijo:</p>
<p>- ¡Mira!&#8230;</p>
<p>Estaban bajo nosotras las dos mecedoras que se movían como si algo o alguien estuviera sentado ahí, meciéndose, no había viento ni nada que las moviera, las dos nos miramos asustadas y corrimos a nuestra habitación para encerrarnos, cuando amaneció ninguna de las dos había podido dormir. Cuando salimos de la habitación había un silencio sepulcral, que hasta daba miedo, estábamos tan asustadas que decidimos salir de de la casa y buscar el auto, al fin de cuentas no caminaríamos mucho.</p>
<p>Cuando llegamos al auto, cual seria la sorpresa, que arrancó a la primera, sin ningún fallo y logramos irnos de ese misterioso lugar el cual nos causaba miedo.</p>
<p>Llegamos a un restaurante del primer pueblo que encontramos, teníamos mucha hambre, un policía que se encontraba sentado cerca de nosotras nos preguntó:</p>
<p>- ¿Es de ustedes ese auto que esta afuera?<br />
- Si.- le respondimos.- ¿Por qué oficial?.<br />
- Me pareció haberlo visto en la orilla de la carretera.<br />
_ Ah si, lo que pasa es que nos quedamos en una casa que esta cerca del lugar, ya<br />
que nuestro auto se paró y no podíamos arrancarlo.<br />
_¿Donde dicen que se quedaron?<br />
_ En una casa que esta cerca de allí.<br />
_ La única casa que está cerca de allí es la de los Sres. Sánchez.<br />
- ¿Unos que viven con un joven?<br />
- Dirán, vivían, hace tiempo que murieron los abuelos, al parecer cuentan que el<br />
joven los mató y después se suicidó. Se encontraron los cuerpos de los abuelos sin<br />
vida sentados en sus sillas y el joven colgado de su cuarto.<br />
- No puede ser oficial, tal vez sea otra familia la que usted nos dice, porque nosotras estuvimos en esa casa, y ahí estaban los abuelos y el joven, la abuela<br />
hasta nos sonrió y el joven nos prestó una habitación.<br />
- Pues quien sabe muchachas, tal vez esté equivocado, puede ser alguna otra cabaña del lugar que yo no conozca, pero no lo creo, este pueblo es muy chico y vivo aquí desde que nací, y créanme, según yo, la única casa separada del bosque es esa, pero<br />
para salir de dudas, ¿por qué no vamos al lugar donde dicen ustedes que se quedaron a pasar la noche?.</p>
<p>Decidimos llevar al oficial a la casa, tal vez porque queríamos escuchar de sus palabras, que efectivamente, se había equivocado y nosotras nos quedaríamos tranquilas.</p>
<p>Pero cuando llegamos al lugar, el oficial afirmó que realmente era la casa de los abuelos asesinados y del joven que se había suicidado. Nosotros le creímos porque la casa ya no estaba igual, cuando entramos, era una casa totalmente abandonada, sin techo, con telarañas, ahí estaban las dos sillas solas y del techo de la habitación del joven, aun colgaba la cuerda con la que había sido ahorcado.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/la-casa-embrujada.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Último Réquiem</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/otros-cuentos/el-ultimo-requiem.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/otros-cuentos/el-ultimo-requiem.html#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 27 Oct 2010 21:53:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Otros Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=1179</guid>
		<description><![CDATA[Abajo, el caos reina en las calles. La gente se amontona aterrorizada en cualquier rincón, y ya nada parece quedar realmente sano en sus mentes. Roban, matan, luchan, compiten por una incierta posibilidad de supervivencia que no es más que delirio, ilusión. Algunos parecen no poder soportar la idea de lo que nos va a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1180" title="cuentosdeterror" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/10/cuentosdeterror.jpg" alt="" width="540" height="428" />Abajo, el caos reina en las calles. La gente se amontona aterrorizada en cualquier rincón, y ya nada parece quedar realmente sano en sus mentes. Roban, matan, luchan, compiten por una incierta posibilidad de supervivencia que no es más que delirio, ilusión. Algunos parecen no poder soportar la idea de lo que nos va a acontecer, mientras que otros prefieren ignorarlo y sólo ven en este caos la posibilidad de conseguir el provecho propio.</p>
<p>Así es la humanidad. Definitivamente mis hermanos terrícolas no darían muy buena imagen frente a ojos ajenos ahora mismo, pero qué se le va a hacer. Amo igualmente a los míos. Tanto como amé a este planeta cuando aún había tiempo, cuando aún teníamos la oportunidad de frenar la autodestrucción. Nadie me escuchó a mi ni a mis colegas, y llevábamos ya meses esperando este día en soledad, en amargura, seguros de lo que iba a suceder.</p>
<p>Sentado en el borde de la azotea, mi hijo rasga con su guitarra eléctrica notas suaves, improvisadas, tal vez la más intensa improvisación que pueda hacer nadie nunca sobre este planeta. Cualquier otro día le haría notar lo peligroso de su posición, pero no hoy. Su música, salida de lo más profundo de las emociones, no sólo nos sobrecoge, sino que nos sirve como la perfecta canción de cuna de cara a nuestro descanso eterno. Porque hemos de permanecer unidos, cuerdos. Son nuestros últimos momentos, lo teníamos claro desde hacía meses y no hemos de dejar que la locura mancille estos preciosos segundos.<br />
<span id="more-1179"></span><br />
Mi mujer mira por la ventana inmóvil, melancólica, como queriendo captar cada detalle en su retina, como si sus ojos necesitaran alimentarse ávidamente de las motas de luz reflejadas en cada detalle del lejano horizonte. Como queriendo llevarse consigo cada una de las partes de nuestra bonita ciudad en Ecuador.</p>
<p>Dos de mis tres colegas siguen también aquí con nosotros, en este último piso del edificio más alto de toda la ciudad. Juegan a las cartas como tantas otras veces han hecho en su vida&#8230; con la diferencia de sus semblantes serios y el silencio, ese que nadie se atreve a romper.</p>
<p>Mi tercer colega, el único con esposa aparte de mi, no está con nosotros, sino en alguna habitación cercana. Probablemente ha elegido pasar sus últimos momentos amando a la mujer de su vida, en intimidad. Posiblemente es lo que yo mismo debería hacer. Y, sin duda, podría asegurar que lo pensé millones de veces, tuve (y tengo) claro que no hay modo más bonito de acabar tus días que abrazado a los tuyos, en silencio, en serenidad.</p>
<p>Sin embargo, siento un impulso dentro de mí que nunca antes había conocido; tal vez algo similar a lo que llevó a Gandhi a dedicar su vida a la búsqueda de paz, o a Ernesto Che Guevara a iniciar su sangrienta revolución por conseguir devolver la libertad a su pueblo. Siento que debo escribir, escribir hasta el fin, contar esto a un mundo futuro y legarlo al hipotético renacimiento de la humanidad tras una hipotética nueva edad de hielo que devuelva los polos a su estado normal.</p>
<p>Puede que de aquí a miles de años, tal vez millones, resurja de nuevo la vida inteligente en este planeta, o incluso venga del espacio. Posiblemente nunca sabrán con exactitud lo que ocurrió, nunca tendrán muy claro cómo nos extinguimos al igual que nosotros hoy en día tampoco tenemos muy claro lo que ocurrió con los dinosaurios. Por ello, intentaré resumir nuestra situación lo mejor posible, con la esperanza de que mis palabras puedan comunicar algo a alguien aunque sea de aquí a muchísimo tiempo.</p>
<p>La Tierra llevaba ya años, casi décadas, sufriendo el deterioro de la capa de ozono y el consecuente aumento alarmante del calentamiento global. El cambio climático fue siendo una realidad cada vez más cotidiana, pero nadie hizo nunca nada por intentar atenuarlo, nada. Sólo la comunidad científica se llevaba las manos a la cabeza, y parecía ser que a los políticos les preocupaba más seguir conservando su estilo de vida y su dinero antes que contribuir a detener el apocalipsis.</p>
<p>Más tarde lanzamos al mundo una última advertencia: la capa de ozono no iba a resistir mucho más. Pronto iba a llegar el umbral de deterioro que permitiría que los polos se empezaran a derretir de tal forma que causaran un derrumbamiento en cadena, lo cual aceleraría el deshielo de forma alarmante a causa de la fragmentación. Sólo en ese momento logramos concienciar a varios de los países del mundo, aunque lo único que logramos fue retrasar nuestro fin un poco más.</p>
<p>Gracias a las últimas informaciones que hemos recibido de medios de comunicación (en países tanto del hemisferio norte como del hemisferio sur), sabemos que dos olas gigantes se abalanzan hacia nosotros desde norte y sur, dos tsunamis que deben de haberse tragado ya la mayor parte de la población global y vienen raudos hacia nosotros, los moradores del centro del globo.</p>
<p>La humanidad&#8230; ¿qué puedo decir de ella? Verdaderamente, ni mucho ni muy bueno. Los terrícolas, a lo largo de los siglos hemos sido seres violentos, mezquinos, arrogantes, egoístas, despreocupados&#8230; cuando nos movemos en grupo perdemos el juicio y actuamos como una sola masa anárquica y caótica, nuestra responsabilidad se diluye incluso más y nuestros instintos salen a flote amparados por la muchedumbre. Nuestra propia voluntad se anula y se funde en una sola irracional, peligrosa, autocomplaciente. Nos liberamos de nuestras obligaciones echándoselas al de al lado, y éste hace lo mismo hasta cerrar un círculo vicioso: así fue, ni más ni menos, como empezó la extinción que avanza inexorablemente hacia nosotros.</p>
<p>A pesar de ello, y aunque pueda sonar hipócrita, amo a mis hermanos de la Tierra. Ahora, a las puertas del fin, los amo más que nunca, y lamento no haber sabido expresar mejor esta sensación cuando aún me quedaba tiempo para vivir. Porque, a pesar de todo lo que he dicho de ellos, los humanos somos algo fascinante: nadie, ninguno de nosotros es igual al otro. A pesar de lo que pueda pensar de la mayoría de personas y lo que sucede al desviar nuestro ego individual a un grupo, algo que no puedo negar es que la belleza de nuestra raza humana nos ilumina (iluminó) en cada una de las zonas de nuestro planeta. Somos todos diferentes, a veces en extremo, pero eso nunca nos ha impedido colaborar para salir adelante, enriquecernos los unos a los otros. Hay gente que consideraría muy buena en el mundo, no sólo personas que podría considerar malvadas. Pero, lo mejor de todo, es que muy posiblemente mi vecino tendría una visión totalmente diferente de lo que yo vería como malo o bueno, aceptable o no aceptable, y aún así poder convivir maravillosamente, sin conflictos. Ahí es donde reside nuestra belleza, nuestra virtud. Son esas situaciones de contacto entre nosotros las que nos impulsan a evolucionar, a aprender, tolerar y respetar, humanizarnos.</p>
<p>Pronto, todo eso habrá terminado, tal vez para siempre. Pero hay que mantener la esperanza en el futuro, ya que eso no nos lo puede quitar nadie&#8230; como humanos que somos.</p>
<p>Mi esposa acaba de emitir un grito ahogado, pavoroso. La agradable canción de cuna de mi hijo ha parado de sonar y mis dos compañeros que jugaban a las cartas han saltado de sus sillas y se han situado en la ventana frente a la que usa mi mujer, atónitos.</p>
<p>Me dicen que el fin se acerca. Que las dos olas se atisban imparables, cada vez más grandes, desde lo más lejano del horizonte a norte y sur. Yo aún no las he visto.</p>
<p>Ya no queda tiempo. Imprimiré estos papeles, los meteré en mi maletín hermético de acero inoxidable y me iré sin más a abandonar este mundo junto a los míos, con la esperanza de que algún día mi legado pueda ser encontrado. Pero, sobretodo, con la esperanza de que algún día alguien pueda acabar de componer la preciosa balada de mi hijo y la pueda tocar frente a miles de personas emocionadas, en comunión, juntas. De que nunca muera la humanidad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/otros-cuentos/el-ultimo-requiem.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Nunca retes al Diablo</title>
		<link>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/nunca-retes-al-diablo.html</link>
		<comments>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/nunca-retes-al-diablo.html#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 19 Jun 2010 08:29:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos de miedo]]></category>
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de Terror]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Contados]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios Reales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.aterrorizar.com/?p=892</guid>
		<description><![CDATA[Han pasado ya varios años, pero lo recuerdo todo como si hubiera ocurrido ayer. Los sonidos, sombras y olores, todas las sensaciones de aquel día, inundan aún hoy mis sentidos y me transportan una y otra vez a mi terrible pasado. Aquella era una noche de verano de un mes de Agosto. Me encontraba con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-893  aligncenter" title="angeles-y-demonios" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/06/angeles-y-demonios.jpg" alt="" width="489" height="349" /></p>
<p>Han pasado ya varios años, pero lo recuerdo todo como si hubiera ocurrido ayer. Los sonidos, sombras y olores, todas las sensaciones de aquel día, inundan aún hoy mis sentidos y me transportan una y otra vez a mi terrible pasado.</p>
<p>Aquella era una noche de verano de un mes de Agosto. Me encontraba con mis amigos pasando unos días de acampada en la sierra. Éramos el grupo de veinteañeros de siempre. Amigos desde pequeños y compañeros para todo. Después de la cena de un largo día repleto de emociones, nos reunimos en torno al fuego siguiendo la costumbre diaria de acabar la jornada con un buen rato de charla.</p>
<p>En aquella ocasión, habíamos bajado al pueblo y traído unas bolsas de hielo, refrescos y alcohol, con los que alegrar la velada. Tras un largo rato de conversación muy animada y bromas, sin saber cómo, terminamos contando historias de miedo. Esas historias tontas, pensadas para asustar a los niños y absurdas siempre. O al menos así me lo parecieron en aquél momento.</p>
<p>La noche invitaba al misterio. Sin luna, el cielo se mostraba totalmente estrellado. Una suave y fresca brisa hacía que las llamas de la hoguera se movieran como queriendo ascender al infinito. Más allá de los escasos metros que iluminaban las llamas, dominaba la oscuridad más absoluta. Se veían las tiendas de campaña y a penas las primeras líneas de árboles que delimitaban el claro donde estábamos acampados. Recuerdo bien cuando mi mejor amigo Enrique, ya muy borracho, comenzó a hablar de la vida y de la muerte. Del premio en el cielo y el castigo del infierno.</p>
<p>La muerte&#8230; ¡que lejana palabra para los que piensan que tienen toda la vida por delante!.<span id="more-892"></span></p>
<p>Las caras y gestos se tornaron serios y la charla pasó a ser áspera, cuando Enrique comenzó a hablar del Diablo y el desprecio que sentía, por lo que él consideraba el invento religioso más rentable de todos los tiempos. Mi amigo explicaba que el Demonio no era más que un bicho con patas de cabra, cuernos, rabo y tridente, pintado de rojo e inventado por los curas para amedrentar a la gente. No fue eso lo que enrarecía los ánimos. Era su continua mofa a Satanás. Llegó a decir voz alta y en pié:</p>
<p>“¡Si existe Lucifer, que venga y se nos lleve!”.</p>
<p>En aquel momento, lo único que se me ocurrió fue interrumpirle y hacerle abandonar la reunión con la excusa de que viniese a ayudarme al río a traer agua. Todos estaban serios y molestos con Enrique cuando abandonamos el campamento iluminados por la tenue luz del farol que portábamos. Llenando las cantimploras, no me di cuenta cuando mi amigo se tumbó a mi lado a dormir al borrachera.</p>
<p>Tampoco reparé cuando comenzaron las señales a mi alrededor. Fue como si el tiempo se hubiera congelado. La brisa se paró. El monótono y persistente canto de las chicharras se detuvo. El silencio y la oscuridad se adueñaron de todo. Mis intentos por despertar a Enrique fueron vanos. Una fuerte sensación invadía mi alma. En mi interior yo sabía que algo ni iba bien.</p>
<p>Decidí entonces ir al campamento por ayuda para traer de vuelta a Enrique. Lo acomodé de costado por si vomitaba en mi ausencia y mientras me alejaba, pude ver cómo la oscuridad lo envolvía rápidamente a medida que caminaba en busca de los otros. Pero al llegar no encontré a nadie. Habían desaparecido. Quise pensar que era una mala broma, quise pensar que estaban escondidos. Mil ideas desfilaron como rayos por mi cabeza, cuando algo me impulsó a darme la vuelta. Levanté la mirada y allí estaba Enrique.Permanecía quieto. Ya no parecía borracho. Su cara estaba inexpresiva y la mirada de sus ojos vacía. Sé que no fue él quien habló cuando me dijo:</p>
<p>“Por vosotros vendré cuando os llegue la muerte”. Luego se desplomó inconsciente. Y en mi mente ya, una sola palabra. Satanás. Aquella voz diferente al resto, aún rebota por todos los rincones de mi ser. Del grupo que éramos, a excepción de mi amigo y el que os cuenta lo sucedido, no se supo nunca nada. Jamás aparecieron. Los recuerdos de Enrique de aquella noche, se cortan en el río. Él piensa en animales salvajes como explicación a lo sucedido, y con eso logra dormir por las noches.</p>
<p>No le he contado lo que no recuerda de aquella noche ni las palabras que salieron de su boca. Además de que no me creería nunca, no quiero que sepa lo que nos espera al morir. Él sigue sin creer en el Diablo. Por lo que a mí respecta, espero poder vivir muchos años. Ojalá no muriese nunca y pudiera estar para siempre en este infierno que me acompaña desde aquel día maldito.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.aterrorizar.com/cuentosdeterror/nunca-retes-al-diablo.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

