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	<title>Cuentos de Miedo, Relatos de Terror, Leyendas Urbanas. El miedo tambien mata &#187; cuentos de miedo</title>
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	<description>Miedo en aterrorizar es Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas</description>
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		<title>Historia en Birmania</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 02:30:05 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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		<description><![CDATA[Te veías tan sola, cual hoja dormida que flota en el regazo de un gris lago birmano. No me atrevía a hablar por miedo a tu descortesía, sin embargo el desgarrador sonido de tu llanto me hizo ver la fragilidad que te envolvía, por lo que decidí obviar mis prejuicios e interesarme en tu dolor. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-4321 alignleft" title="images" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/images.jpg" alt="" width="320" height="157" />Te veías tan sola, cual hoja dormida que flota en el regazo de un gris lago birmano. No me atrevía a hablar por miedo a tu descortesía, sin embargo el desgarrador sonido de tu llanto me hizo ver la fragilidad que te envolvía, por lo que decidí obviar mis prejuicios e interesarme en tu dolor.</p>
<p>Tenías la voz de una sirena, tan hechizante y celestial, tus ojos de un café especialmente delicado, pero de mi memoria no se apartarán tus labios, de un tono sangre y al mismo tiempo tentador&#8230;</p>
<p>Continúo, me contaste la historia que amargaba tu corazón con tanto deseo, que no imaginaba el poder apartarme de ti ni un segundo más. Me relataste, como tu hermanita tan llena de vida había perecido en manos de un cruel criminal, como después de esto destruiste tu matrimonio y la relación con tus padres&#8230; Y aun más, como ese trágico evento del destino arrebató tus deseos de vivir, y que tal vez yo sería la última persona con quien tú hablarías. Intenté convencerte, pero de inmediato te levantaste del asiento, caminaste hacia el atardecer y te perdiste en la niebla compuesta por mis lágrimas…</p>
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		<title>El salón que conecta con el Más Allá</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 17:13:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Fantasmas]]></category>
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		<description><![CDATA[Un relato de:  Reynaldo Silva. Mi tío Francisco era un tipo de esos rudos que no creían en fantasmas ni nada que se le parezca; no lo culpo. Él, a sus 60 años había sido educado en una época en que si los padresde un crío le escuchaban hablar de aparecidos y cosas de esas, consideraban que mentía, yla mejor forma de quitarle la costumbre de decir mentiras eran unos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/999FC3C51.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p style="padding-left: 30px;">Un relato de:  Reynaldo Silva.</p>
<p>Mi tío Francisco era un tipo de esos rudos que no creían en fantasmas ni nada que se le parezca; no lo culpo. Él, a sus 60 años había sido educado en una época en que si los padresde un crío le escuchaban hablar de aparecidos y cosas de esas, consideraban que mentía, yla mejor forma de quitarle la costumbre de decir mentiras eran unos buenos azotes. Por eso me fue muy interesante cuando, una noche en una reunión familiar, me contó una experiencia que le había ocurrido cuando niño.</p>
<p>&#8220;Quiero que sepas que te cuento esto sólo a ti&#8221; -me dijo-, &#8220;no quiero que nadie en la familia piense que estoy loco&#8221;. Tras hacerle entender que su secreto estaría bien guardado conmigo, el tío Francisco se acomodó en su sofá y se sirvió otro vaso de cerveza para acompañar su relato. Estábamos en una sala de su casa; era un día de fiesta: el cumpleañosde su hermana, mi tía Claudina. En realidad no eran tíos míos; eran parientes sí, pero el vínculo familiar era tan lejano que, cuando me explicaban el árbol genealógico de la familia, desistía de entenderlo. Para mí y para mi familia, eran nuestros parientes y ya.</p>
<p>Su inmensa casa, de construcción muy antigua, contaba con varios salones, por lo que no era difícil alejarnos del jolgorio como en esa ocasión en que estábamos ambos solos, en un salón apartado, en total confidencia. &#8220;Tú sabes que en este pueblo siempre se cuentas historias de duendes y aparecidos&#8221; -prosiguió su relato-, &#8220;a mí siempre me han parecido cosas de vagos, de gente que no tiene otra cosa que hacer que inventar tonterías. Igual, deesta casa, cuentan siempre la historia de los hijos de la empleada que desaparecieron sin dejar rastro&#8230;.&#8221;. Sí había escuchado esa historia, que decían pasó en la época del bisabuelo del tío Francisco. <span id="more-4291"></span></p>
<p>&#8220;&#8230;.Pero una vez, cuando era niño, me pasó algo que hasta ahora no puedo entender: te lo cuento para que tú me digas qué fué&#8230;&#8221;. Veía en los ojos de aquél hombre la necesidad desaber la verdad de un capítulo oculto de su vida. Mintiendo descaradamente, le dije que yo desentrañaría lo que le aflijía. &#8220;Yo tenía 12 años&#8221;- recomenzó a relatar su experiencia-, &#8220;había una fiesta así como ahora; era el cumpleaños de la abuela Petronila. En esos tiempos, los cumpleaños duraban tres días, venía todo el pueblo, había mucha comida y bebida. Los hombres se sentaban en los salones, y las mujeres cocinaban para todos los visitantes. Los niños no podíamos estar ni en los salones ni en la cocina; debíamos jugar en el patio&#8221;.</p>
<p>&#8220;Para esa fecha, mis padres me vistieron con un traje nuevo, de camisa blanca, chalequín azul, pantalones arriba de las rodillas, medias altas y los zapatos del domingo: yo estaba furioso por eso. Yo vivía feliz correteando sin zapatos por el campo, subiendo árboles, cogiendo higos de los huertos, robando huevos de pato en el sembrío del vecino,&#8230;.&#8221;- decía mientras reía recodándose como un pequeño mataperros-, &#8220;&#8230;.ese traje era como un castigo para mí; para contentarme, mis padres me compraron también una enorme pelota roja. Estando ya en el patio, con los demás niños, y todos se burlaban de mi aspecto&#8221;.</p>
<p>&#8220;No aguanté mucho; me peleé con todos y me metí a la casa, buscando paz. Sin pedir permiso a nadie, me metí en el salón viejo. Estaba prohibido en mi casa que yo o mis hermanas jugásemos ahí: en ese salón estaban las pinturas de los parientes, el reloj depéndulo y el viejo fonógrafo. Me imagino que mis papás no querían que los rompiésemos. No había nadie en el salón, así que me puse a jugar, solo, con mi pelota. Me paré frente a la pared donde estaba el reloj y comencé a botar mi pelota contra ella. Tirana la bola al suelo, rebotaba, golpeaba la pared y la cogía con mis manos; así una y otra, y otra vez. &#8221;</p>
<p>&#8220;De pronto, el viejo reloj comenzó a repicar: eran las tres de la tarde. Años después escuché decir al cura del pueblo que las tres de la madrugada era la hora del diablo y de los duendes, pero en ese momento eran las tres de la tarde. Paré un rato, tomando mi pelota con ambas manos, mientras el reloj daba las tres campanadas. Una vez que el reloj dejó de sonar, lancé la pelota contra el suelo. El balón golpeó contra los ladrillos del piso y sonoramente, se elevó hacia la pared&#8230;&#8230;¡Y LA ATRAVESÓ POR COMPLETO!, ¡NO TE MIENTO, POR DIOS: LA PELOTA DESAPARECIÓ, COMO SI HUBIESE ATRAVESADO UNA PUERTA ABIERTA, LA PARED ESTABA INTACTA Y LA PELOTA NO ESTABA!!!.&#8221;</p>
<p>&#8220;Yo era un niño; estaba más maravillado que temeroso. Pude escuchar a través de la pared cómo el balón rebotaba contra el suelo, muuuy lejos, haciendo un grave eco. Me acerqué a la pared y tendí mi mano,&#8230;.y pude ver casi sin creérmelo cómo mis dedos y luego toda mi mano desaparecían frente a mis ojos, a medida que atravesaban la pared. ¡Jamás en mi vida había visto yo algo así ni lo volví a ver!; yo sentía claramente que mi brazo estaba en un lugar frío; podía mover dentro los dedos. Cuando retiré mi mano de ahí, ésta estaba envuelta en una pequeña película grasosa y transparente,&#8230; como cuando te frotas aceite. Volví a meter mi mano un par de veces para constatar el prodigio. En ese momento, &#8220;algo&#8221; me dijo que debía dejar de hacerlo. Saqué de nuevo la mano de la pared y pensaba en cómo recuperar mi pelota cuando ví que la pared se arqueaba hacia afuera&#8230;&#8221;</p>
<p>&#8220;No me dió tiempo para reaccionar: ¡UNA MANO HORRIBLE, DE UÑAS COMO GARRAS, NEGRA, NEGRÍSIMA, SALIO DE LA PARED Y ME AGARRÓ FUÉRTEMENTE DE LA MUÑECA!, ¡ERA FRÍA Y VISCOSA, SE AFERRABA A MI PEQUEÑA MUÑECA COMO UNA SERPIENTE, COMO UNA BABOSA, ERA HORRIBLE!!&#8230;.sólo sé que esa &#8220;cosa&#8221; no era humana&#8230;.. Me quedé paralizado del miedo mientras esa &#8220;cosa&#8221; me arrastraba, en silencio hacia la pared. Estaba tan aterrado que no grité: sólo atiné a defenderme pataleando, jalando, berreando, golpeando con mi puñito, tratando de zafarme. Tenía una fuerza superior a la mía,&#8230;. muy superior a la deun hombre. No pude hacer nada mientras sentía cómo, inexorablemente, introducía todo mi cuerpo dentro de la pared, en medio de una oscuridad profunda, en la que no había ningún atisbo de luz&#8230;.&#8221;</p>
<p>&#8220;No sé cuánto rato pasó, pero comencé a sentirme muy liviano. Era una sensación fría yopresora. Oía yo por todos lados risas inhumanas, llantos, gemidos, y gruñidos de criaturas que no pude identificar. Era muy oscuro. Más oscuro que lo que jamás haya visto. Si abría los ojos, era como si aún los tuviese cerrado. No flotaba en el aire, era como si más bien flotase en un líquido muy espeso y frío. Ya siendo mayor, una vez metí mi mano en un barril depetróleo: era una sensación muy similar. Pero no estaba solo: aparte de las voces que veníande ningún lado, y que me aterraban,&#8230;algo más había ahí conmigo,&#8230;. Era como si unas criaturas &#8220;nadasen&#8221; alrededor mío,&#8230;. Las sentía moverse a mi lado, rodearme, gruñir,&#8230;.era horrible. En un instante, sentí algo redondo cerca de mi cara: le toqué y supe que era mi pelota. Al tratar de cogerla, una de esas &#8220;criaturas&#8221; se me abalanzó y me mordió: grité muy fuerte al sentir esos colmillos que se incrustaban en mi mano. Me recogí en mí mismo, sollozando. Me puse en posición fetal. Parecía que aquellas criaturas de ese horrendo lugar disfrutaban con mi dolor. Las escuchaba riendo gravemente&#8221;.</p>
<p>&#8220;No sé cuánto tiempo estuve ahí: parecían siglos. Me empezó a llenar una infinita sensaciónde abandono, de dolor, que me oprimía el pecho. ¿Alguna vez has sentido miedo a la muerte?, pues yo sí y muchas veces,&#8230;. pero esa sensación era distinta, no sólo temía no volver nunca, no ver de nuevo a mi familia,&#8230; era una sensación a desaparecer, a estar solo siempre,&#8230;.era terrible; es algo que no quiero volver a sentir jamás&#8230;.&#8221; &#8211; en ese punto, el tío Francisco comenzó a sollozar. Gruesas lágrimas comenzaron a derramarse por sus arrugadas mejillas, juntándose en su enorme nariz. Trató de sobreponerse, de volver a tener entereza, pero no podía. Mientras aguardaba, pude ver un par de alargadas y triangulares cicatrices en el dorso de su mano derecha: siempre había pensado que eran producto dealguna pelea.</p>
<p>&#8220;Nunca supe qué pasó después&#8230;&#8221; -retomó de pronto su relato-, &#8220;abrí lentamente los ojos yestaba tirado en el suelo de la sala, junto al reloj. Caminaba como borracho. Ya estaba oscuro, el reloj marcaba las 7 de la noche. Nadie se había percatado de mi ausencia. Cuando fui donde mis padres, me reprendieron: tenía esas marcas en una mano y llegaba sin mi pelota y como embadurnado de aceite de pies a cabeza. Mi traje era una lástima. Ni qué decir que me dieron una buena zurra: seguro que me estuve peleando con algún mocoso, pensaron. Mientras mi madre me limpiaba, recriminándome, me di cuenta de que sostenía un papel en la otra mano: era éste&#8230;.&#8221;</p>
<p>Sacando un papel viejo de su cartera, el tío Francisco me dijo que lo guardaba consigo desde entonces: era un papel muy viejo y arrugado. Por un lado estaba impreso un programa demisas de la parroquia del pueblo,&#8230;y la fecha era 16 de Mayo de 1868. Definitivamente estaba impreso con tipos antiguos. Al reverso, un dibujo: un niño parecía haber dibujado una vaca ytres personajes con carbón: una mujer mayor y dos niños.</p>
<p>&#8220;Mis padres querían a toda costa que les diga quién me había golpeado y robado mi pelota, eso era lo que creían. Nunca me atreví a contarles nada. Mi papá me compró una bicicleta y la puso sobre un ropero en mi cuarto: me la daría si confesaba. Nunca dije nada y la bicicleta se quedó ahí muchos años. Esa es la historia; dime, ¿dónde estuve?&#8221;.</p>
<p>Tuve que ser sincero y decirle que no podía responderle. Lo tomó con calma. &#8220;Cuando me dicen que cumplo años, me río por que pienso que me faltan cuatro horas de mi vida,&#8230; pienso que me faltan cuatro horas en todo&#8221; -me dijo. Le prometí que trataría de investigar-, &#8220;&#8230;.no me da miedo ya morirme, a mi edad,&#8230;pero me da miedo pensar en que si muero,&#8230;.tal vez vuelva a ese sitio&#8230;.&#8221;</p>
<p>La noche ya avanzaba cuando terminó la fiesta y junto con mi familia, me apresuré a despedirme de la parentela. Una vez más, demostrándome a mí mismo que no puedo con mi genio, decidí salir de la casa de mi tío por el camino más largo: atravesando el salón antiguo. Estaba oscuro y en orden: nadie estuvo ahí durante la fiesta. Estaba limpio y ordenado, como siempre. Atravesando la penumbra, me paré frente a esa pared, al lado estaba el viejo reloj, que aún funcionaba. Miré un buen rato la pared, hasta que me dí cuenta que el reloj estaba marcando cinco minutos para las tres de la madrugada. No había bebido casi nada,&#8230;pero sentí como si el piso se inclinase hacia ese lado del salón. No me atreví a quedarme hasta esperara que fueran las tres.</p>
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		<title>La leyenda de los muñecos bebé demonios</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 22:29:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/38DFA54A6.jpg" alt="" border="0" /></p>
<p>Existe una leyenda en la Vieja Nueva Orleans acerca de la existencia del bebé demonio de la calle Bourbon, un niño monstruo de una gran dama criolla, la reina Vudú María Laveaux y que fue bautizado por la famosísima señora LaLaurie. El bebé se asegura vivió y rondó por el Barrio Francés y sus alrededores,&#8230; según dicen, hasta hace varios años,&#8230; aunque algunos dicen que todavía existe, al menos en forma fantasmal, rondando las calles estrechas ycallejones de la vieja ciudad. Algunos otros dicen que sus pequeños huesos están pudriéndose junto con los de su &#8220;madre&#8221;, María Laveaux, en su famosa tumba Nº 1, en el cementerio de San Luis.</p>
<p>En los últimos años, hubo muchas versiones de la ya famosa leyenda, acerca de la existenciade una o varias muñecas del bebé demonio, la primera de las cuales se asegura, fué tallada en calabazas ahuecadas. Estas primitivas muñecas diablo bebé a menudo se colgaban en las ventanas de la vieja casonas criollas de la ciudad para ahuyentar al verdadero bebé diablo, que acechaba en la oscuridad más allá de las luces de gas.</p>
<p>Algunas primitivas muñecos bebé diablo tallados, con cuernos y una cola de yute con nudos, a veces aparecen en tiendas de productos &#8220;Hoodoo&#8221; (práctica local del vudú), ofrecidas a precio de rebaja a desafortunadas víctimas, por hechiceros sin escrúpulos (se dice Maríae Laveaux frunció el ceño al enterarse de la práctica de crear efigies del diablo bebé, ya que se hizo con el objetivo de causar aflicciones &#8220;<img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/space.gif" alt="" hspace="3" vspace="2" /></p>
<p>Estos iniciales muñecos tallados a mano son extremadamente raros en estos días: las familias que cuentan con dicha reliquia, por lo general las han mantenido ocultas y las han pasado de generación en generación, así que es difícil estimar cuántos de estas pequeñas efigies estarán en circulación en realidad.<br />
<span id="more-4300"></span><br />
En el siglo 20, sin embargo, otras versiones de los muñecos bebé demonio comenzó a aparecer de nuevo, en y alrededor de Nueva Orleans. Esta vez más bien se hablaba demuñecos contemporáneos, vestidos con el atuendo de los niños,&#8230; y que eran capaces de&#8221;valerse por sí mismos&#8221;, ya que sus piernas y brazos se movían ligeramente. El rostro deestos muñecos bebé demonio era siempre el mismo: con miradas lascivas, los ojos vidriososy pequeños cuernos que sobresalen de la frente. Se dijo que estas muñecas tenían el rostro que más se parecía a la verdadero bebé demonio, lo que fue verificado por una mujer que había jugado, de niña evidentemente, con el auténtico Niño Diablo!!</p>
<p>Estas son las primeras muñecas que tienen realmente una reputación de &#8221;malditas&#8221;. Eran muy buscadas y reputadas en el &#8220;mercado negro&#8221; del viejo Nueva Orleáns, y con para obtenerlas, era necesario estar muy bien conectado con lo más selecto y secreto de la comunidad Vodú y Hoodoo.. Como la mala suerte parecía seguir a las muñecas &#8211; algunos dicen que a causa de una maldición que echó sobre todos ellos María Laveaux -, es que ninguno de ellos parece haber sobrevivido a este periodo. Sólo partes de una muñeca se conservaron y estos habían sido enterrados ó escondidos hasta hace muy poco tiempo,&#8230;</p>
<p>Recientemente han reaparecido las historias de los malditos muñecos de bebés demonios en Nueva Orleans; todo empezó cuando el artista local y diseñador del desfile del Mardi Gras, Ricardo Pustanio fue capaz de obtener los restos de los últimos supervivientes conocidos delas &#8220;Devil Doll Baby&#8221; (de cerca del año 1900); a partir de estos, fue capaz de recrear los muñecos, con el tamaño y estilo del original, para su uso e ilustración de las historias sitio en Internet Haunted.</p>
<p>Estos nuevos muñecos bebé demonio, por su tamaño natural, eran réplicas exactas de los muñecos del siglo pasado producidos en la vieja Nueva Orleans, y, al igual que sus predecesores, hay algo que da toda la razón acerca de ellos y de su terrorífica &#8220;autenticidad&#8221;.</p>
<p>Estos muñecos hechos a mano, parecen haber cobrado vida propia: sus ojos parecen seguirte cuando te estás moviendo por la habitación, cerca de ellos, y cuando se reúnen a veces aparece de la nada el sonido de susurros y se han reportado inexplicables robos en la proximidad de ellos. Dado que los muñecos se construyeron sin ninguna intención mágica real, el hecho de que parecerían estar &#8220;animadas&#8221;, parece provenir de algún agente aparte dela curiosidad de Pustanio por ver qué pasaría si las confeccionaba.</p>
<p>A pesar de que a nadie en Nueva Orléans le gusta tener los muñecos bebé demonio consigo, Pustanio fue capaz de convencer a algunos de sus amigos a tomar a uno de los muñecos para su custodia. No pasó mucho tiempo antes de que los amigos de Pustanio comenzaran a quejarse por tener los muñecos y todos estaban muy ansiosos por devolverlos. Evidentemente, incluso separados, hay algo diabólico en los muñecos bebé demonio.</p>
<p>Una persona afirmó que el muñeco se trasladó por sí solo cuando no había nadie en su casa. Se encontraba en un armario del dormitorio y todos los días, cuando el cuidador incautos regresaba del trabajo, la puerta del armario estaba entreabierta y muñeco estaba tumbado en la alfombra.</p>
<p>Otro de los muñecos de Pustanio aparentemente &#8220;se escapó&#8221; por la noche en la casa de una pareja que lo guardaba, dejando en el suelo regados los ceniceros y en desorden el piso dela cocina, con los granos tirados por todas partes. La pareja no tenía mascotas ni niños, así que no había otra explicación para los extraños sucesos.</p>
<p>Un tercer muñeco maldito fue entregado al famoso psíquico Reese, quién lo conservó en su nueva casa en Lakeview, en los días antes del huracán Katrina. Reese, un coleccionista demuñecos raros, de inmediato afirmó que no le gustaba el bebé demonio, pero accedió a regañadientes a mantenerlo consigo.</p>
<p>En las dos semanas en que lo tenía, despertó de forma continua en la noche, debido al insistente llanto de un bebé. Al final de la segunda semana de que el muñeco estaba en su casa, el huracán Katrina golpeó la casa, inundándola bajo 7 metros de agua turbia. Cuando Reese volvió a su propiedad devastada, estaba perturbado al ver que el muñeco del bebé demonio era una de las únicas cosas indemnes que rescató del interior de su casa.</p>
<p>Sylvia Cruz, una investigadora de lo paranormal que se especializa en objetos poseídos, le compró un muñeco de bebé demonio, vía online directamente a Pustanio. Ella pensó que sería el complemento perfecto para su colección de muñecas espeluznantes; poco después sabría que ella había comprado una cosa real.</p>
<p>En poco tiempo, observó cambios en la posición del muñeco de la mañana a la noche; ella informó también de sonidos de resoplidos y llanto procedente de cerca del muñeco bebé, yella también relató que sus dos gatos no se acercaba al muñeco, negándose a estar aún en la misma habitación con él.</p>
<p>&#8220;Algunos objetos&#8221; -dice Cruz-, &#8220;solamente existen, nacen,&#8230;&#8221;, por falta de una palabra mejor, con un &#8220;alma oscura&#8221;. Creo que el bebé demonio es uno de esos objetos. Si usted mira en sus ojos casi se puede distinguir el parpadeo de un alma atrapada e infeliz. Otros creen que el brillo fué puesto allí por el mismo diablo y que son sus reclamos, presentes en cada representación del diablo bebé, dando a entender que le pertenecen&#8221;.</p>
<p>Cruz también ha comprado una muñeca de vudú Reina de Pustanio y que ella asegura que también está encantada. Pustanio afirma por su parte que sólo su talento y nada mágico o fantasmal entra en la creación de sus muñecas,&#8230; pero muchos aún creen que son poseídos por algo inexplicable y extraño. Es interesante señalar que en las incursiones anteriores Pustanio en otras formas de arte, en los últimos 15 años, incluyendo la pintura y la escultura, se rumorea que también tienen algo de lo sobrenatural sobre ellos,&#8230;</p>
<p>Además de su tienda en línea, Ricardo Pustanio recientemente permitió que su diablo muñecos para ser colocado en eBay para la subasta como una muestra inicial de una gran colección de obras de arte inspiradas en Nueva Orleans. Un diablo muñeca ya ha cambiadode manos varias veces en eBay, parece que el viejo dicho &#8220;el comprador tenga cuidado&#8221; nunca fue más apropiado!</p>
<p>Preguntado sobre la posibilidad de que su obra está encantada, Pustanio encoge dehombros y dice: &#8220;He oído hablar de muñecas encantada desde que era joven. Hemos tenido varias en nuestra familia que llegó hasta nosotros. Pero nunca pensé que mis muñecas sería perseguido, también. &#8221; Diablo Ricardo Pustanio de muñecas del bebé, encantada o no, están en alta demanda. Cada uno es único en su clase y pueden ser hechos por encargo y vestido con ropa de bebé los suministros comprador. Otras muñecas por Pustanio incluyen muñecos vudú Reina, Voodoo Zombie y muñecas lúa, y Voodoo Usted muñecas hechas por el artista para parecerse a cualquier persona que desee el comprador.</p>
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		<title>Los fantasmas de la carretera 66</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 22:01:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ruta 66]]></category>

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		<description><![CDATA[Si usted decide seguir viajando a lo largo de la ruta 66, pronto se encontrará Catoosa, Oklahoma (USA), al conducir a través Catoosa, recuerde que debe permanecer en la ruta 66: si usted toma un giro equivocado y termina en la carretera 412, a unas 6 millas de Catoosa, no pocos le informarán de un incidente que muchos otros han atestiguado haber vivido. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img style="border-style: initial; border-color: initial; border-image: initial; border-width: 0px;" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/5921F90F5.jpg" alt="" width="500" height="360" border="0" /></p>
<p>Si usted decide seguir viajando a lo largo de la ruta 66, pronto se encontrará Catoosa, Oklahoma (USA), al conducir a través Catoosa, recuerde que debe permanecer en la ruta 66: si usted toma un giro equivocado y termina en la carretera 412, a unas 6 millas de Catoosa, no pocos le informarán de un incidente que muchos otros han atestiguado haber vivido.</p>
<p>Una vez que llegue al cementerio de Timber Ridge ya no hay vuelta atrás: ahí es donde un pequeño niño nativo americano ha sido visto,&#8230; e incluso golpeado por más de un conductor.</p>
<p>El pequeño se observa detenido a lo largo de la carretera con su bicicleta, donde un vehículo lo atropelló y lo mató. Fue enterrado en el cementerio mismo, en la primera fila junto a la puerta, cerca de la parte inferior de la colina. Varias personas juran que al atravesárseles, sintieron realmente cómo golpearon al niño,&#8230; y encontrar huellas de pequeñas manos ensangrentadas en los parachoques de sus coches. Otros lo han visto de rodillas a lo largode la carretera, mientras que algunos otros incluso han asegurado haber sufrido daños en sus vehículos, después de golpear al niño que luego se desvanece,&#8230;</p>
<p>Recuerde que cuando viaje a Catoosa, cerca a la ruta 66, no viaje por la carretera 412 a menos que quiera a mirar a ese niño fantasma a la cara.</p>
<p>El Reno es otra ciudad a lo largo de la Ruta 66 que cuenta con su propia leyenda. Recorriendo por el camino que se conoce como &#8220;la Ruta de la Madre&#8221; de El Reno, y entre éste y Weatherford, usted se encontrará con el fantasma de un hombre jorobado. Lleva un abrigo marrón y un sombrero que es de &#8221;estilo bogies&#8221;, cubriéndole los ojos. Le encanta aparecer en las noches de niebla o de lluvia.</p>
<p>Algunas personas se han detenido a lo largo de la carretera a recoger a este misterioso hombre sólo para ver que él pide dejar el vehículo tras un corto tramo, carretera más adelante,&#8230; para luego ver pasmados cómo su imagen se mantiene como caminando frente a ti, en la misma carretera, ¡pero lo verás así flotando por varias millas delante de ti.</p>
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		<title>Angeles caidos</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 16:28:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia de Vampiros]]></category>
		<category><![CDATA[Angeles caidos]]></category>
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		<category><![CDATA[cuentos de vampiros]]></category>
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		<description><![CDATA[Estaba allí sentada en la oscuridad de aquel local, con toda la gente alrededor, pensando que no me veían. Buscando entre la penumbra de aquel sitio, encontré un hombre que me llamó la atención porque tenía algo misterioso. Era blanco como la nieve que cae en invierno sobre los árboles y la hierba, sus manos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-4260 alignleft" title="ANGEL CAIDO - CORAZON DE VAMPIRO" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/ANGEL-CAIDO-CORAZON-DE-VAMPIRO.jpg" alt="" width="400" height="320" />Estaba allí sentada en la oscuridad de aquel local, con toda la gente alrededor, pensando que no me veían. Buscando entre la penumbra de aquel sitio, encontré un hombre que me llamó la atención porque tenía algo misterioso.</p>
<p>Era blanco como la nieve que cae en invierno sobre los árboles y la hierba, sus manos parecían frágiles, pero a la vez fuertes, su pelo era negro como las noches que tapan las ciudades, sus ojos eran como dos estrellas que han bajado del cielo, los luceros que me alumbraban según se movía, su boca era de color rojizo y suave.</p>
<p>Era como un ángel caído del cielo. Pero aún así algo malévolo había en su ser. Me di la vuelta un momento, solo un simple segundo y había desaparecido. Quise gritar y pensé: &#8221; quizá está fuera&#8221; me levanté, sin decir nada y salí a la calle.</p>
<p>En la calle, la lluvia tocaba toda mi pálida piel, miré para todas partes pero fue inútil, no había nadie, ni un alma en aquel callejón. Me arrodillé en el suelo y reclamé al ángel negro que lo trajera aquí de nuevo. Me levanté porque mis plegarias no habían tenido respuesta, de repente en la oscuridad de la noche, vi unos ojos verdes que salían de ella, avanzó hacia a mi, me miró a los ojos, agaché la mirada, él me la levantó y me puso la chaqueta por encima, se acercó a mi oído y me dijo: &#8220;no te asustes, no quiero hacerte nada&#8221;,<span id="more-4259"></span> yo le respondí: “yo no tengo por qué asustarme de ti, era algo bello y maravilloso como me sonrió y volvió a decir:&#8221;te amo, eres como un ángel que se ha escapado del cielo, desde hace mucho tiempo nadie me aclamaba o me buscaba no me dio tiempo a decir nada más, él se deslizó hacia mi cuello y me mordió suavemente para que no sufriera mucho, una gota de sangre fue deslizándose hasta mi pecho, sentía que mi corazón separaba poco a poco, me cogió en brazos y dijo: “yo te cuidaré para que siempre te quedes a mi lado amor mío, yo en un agonía le contesté: “yo siempre me quedaré contigo viva o no, siempre estaré contigo &#8211; NO, TU VIVIRAS!!! eres fuerte y mi corazón no aguantaría perderte, serás la princesa de las tinieblas, yo le abracé fuertemente, los dos nos metimos en la oscuridad para no salir nunca.</p>
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		<title>Historia del ropón negro</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 15:14:50 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[ Romero quería que a su hijo recién nacido se le permitiera crecer y decidir por cuenta propia se le interesaba ser bautizado. Su esposa y la familia de ésta se negaron rotundamente, originando rispidez en sus relaciones con Romero y el principio de conflictos en su matrimonio. La esposa comenzó a tratarlo con pocos miramientos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="wp-image-4252 alignleft" title="oscuridad" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/oscuridad.jpg" alt="" width="365" height="316" /> Romero quería que a su hijo recién nacido se le permitiera crecer y decidir por cuenta propia se le interesaba ser bautizado. Su esposa y la familia de ésta se negaron rotundamente, originando rispidez en sus relaciones con Romero y el principio de conflictos en su matrimonio. La esposa comenzó a tratarlo con pocos miramientos y, veladamente, le dio a entender que si él persistía con sus ideas anticristianas se separarían, si bien jamás le concedería el divorcio. Romero creyó que se había generado una tempestad en un vaso con agua y decidió olvidar el asunto, pero las continuas recriminaciones de sus suegros lo obligaron a decidir vengarse.<br />
Les hizo creer que estaba arrepentido al proponerles comprar él mismo el ajuar de la criatura. Los otros no se opusieron y estuvieron seguros de que el díscolo compraría ropita blanca, perfectamente tejida y cara. Pero Romero tenía otros planes; acudió con un sastre para solicitar el ropón (que pagó generosamente) y luego fue por una cobija blanca, lo bastante amplia para cubrir casi por completo al bebé. Como hacía frío y el bautizo se avecinaba, era de creer que aquél temblaría como nunca si no iba bien arropado.<br />
Llegó el día y Romero se empeñó en vestir al niño y llevarlo en brazos a la parroquia. Nadie se opuso. Mientras reía salió de casa y caminó dos cuadras para sumarse a la concurrencia, que aguardaba al catecúmeno. Los padrinos sonreían y todo el mundo se enterneció al ver al escuincle envuelto en una cobija. Pero urgía admirar su ropón, que salió a la luz cuando padres y padrinos estuvieron ante el sacerdote: era un ropón negro, lo cual fue considerado no sólo blasfemo, sino diabólico. El sacerdote emitió una interjección y retrocedió tambaleándose, mientras que la madre y los padrinos se persignaron. Romero sonreía plácidamente. Su mujer le arrebató al niño y huyó rumbo a casa para hallar ropa apropiada (la ceremonia no se suspendería), al tiempo que Romero era objeto de improperios e incluso empujones, que casi desataron una trifulca.<br />
Pero el cura exigió calma y, en pose soberbia, ordenó al blasfemo que abandonara la casa de Dios y se resignara a la excomunión. Romero se marchó para que las cosas se calmaran, pero nunca consideró que se había pasado de la raya; estimó que había quedado a mano con su esposa y sus suegros.<br />
Sin embargo, aquélla lo dejó y con el tiempo se divorció de él. Nunca le permitió ver al niño de nuevo.</p>
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		<title>El cuadro mentiroso</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 16:56:38 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Los Mentoran son una familia feliz, conformada por Raúl, el padre, Andrea, la madre, Manuel con 14 años es el hijo mayor, Alice con 9 años, y Pedro con 2 años es el menor. La familia se mudó a una casa muy antigua, pero grande, cuando ingresabas, se podía ver el cuadro de una bruja [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="wp-image-4181 alignleft" title="angelmentiroso" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/angelmentiroso.jpg" alt="" width="335" height="470" />Los Mentoran son una familia feliz, conformada por Raúl, el padre, Andrea, la madre, Manuel con 14 años es el hijo mayor, Alice con 9 años, y Pedro con 2 años es el menor.</p>
<p>La familia se mudó a una casa muy antigua, pero grande, cuando ingresabas, se podía ver el cuadro de una bruja que sonreía. Alice al fijarse en la bruja se veía enfadada y en su mano tenía cinco muñecos vudú.</p>
<p>Al pasar tres días sucedió una terrible tragedia, Raúl, murió degollado, pero a pesar de eso la guardia civil no encontró ninguna pista, era imposible. Al siguiente día Alice se fijo otra vez en el cuadro, la bruja tenía cuatro muñecos vudú en la mano, pero no le dio importancia porque aun estaba triste por lo de su padre.<span id="more-4180"></span></p>
<p>Dos días después, la madre se dirigió a la nevera para dar de comer a su familia, allí encontró muerto y congelado a Manuel. Andrea no podía soportar la carga de lágrimas. Alice como siempre volvió a fijarse en aquel cuadro, ¡ahora eran tres muñecos vudús! Empezó a tomarle importancia pero como iba a creerle su madre&#8230;</p>
<p>Al día siguiente a Andrea le cayó encima una lámpara, no se pudo hacer nada, y en el cuadro desapareció un muñeco vudú más. Al ver esto la niña preparo rápidamente una maleta con comida y ropa.</p>
<p>Salió corriendo de la casa y lo primero que vio fue una granja, dejó al bebe en la puerta, toco el timbre y de repente la rama de un árbol la agarró brutalmente de la pierna y la hundió dentro de la tierra.</p>
<p>En ese mismo instante la dueña de la granja abrió la puerta, y allí se encontró a Pedro lo acogió y nunca supo la razón de que aquel bebe este en la puerta de su casa.<br />
Lo que nadie vio es que en el cuadro de aquella casa la bruja volvió a sonreír.</p>
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		<title>El señor de la basura</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 01:11:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La figura encorvada del viejo asomó por encima de un montículo de basura y se recortó con nitidez entre la línea irregular del horizonte y el cielo gris. Había dejado atrás la zona baja del volcadero, donde un grupo de caballos y cerdos comían algunos desperdicios y unas máquinas motoniveladoras trabajaban sobre el terreno; escaló [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-4176 alignleft" title="basura" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2012/01/basura.jpg" alt="" width="400" height="254" /><br />
La figura encorvada del viejo asomó por encima de un montículo de basura y se recortó con nitidez entre la línea irregular del horizonte y el cielo gris. Había dejado atrás la zona baja del volcadero, donde un grupo de caballos y cerdos comían algunos desperdicios y unas máquinas motoniveladoras trabajaban sobre el terreno; escaló una montaña empinada y, una vez en la cúspide, descendió por un barranco acolchonado de residuos y recorrió unos trescientos metros hasta llegar al corazón del basural.</p>
<p>Revisaba la basura con la concentración de un neurocirujano durante una operación de médula espinal. Utilizaba el mismo nudoso bastón que le servía como sostén para revolver entre los desechos a medida que avanzaba. Tenía el ojo entrenado para reconocer a la distancia la materia, composición y origen de los residuos, o detectar un alimento comestible de uno tóxico identificando su nivel de descomposición por la cantidad de gusanos. Podía clasificar la basura en cientos de categorías con sólo verla a algunos metros. Eran taxonomías del todo empíricas, nunca podría haber explicado con palabras el funcionamiento intelectual ni los mecanismos mentales que realizaba cada vez que escaneaba la basura con la mirada, pero no por falta de estudio, sino porque comprendió muy pronto que para sobrevivir de los desechos debía olvidarse sistemáticamente de todo lo que había aprendido sobre el mundo en su vida anterior, cuando todavía usaba una corbata decente y bebía Jack Daniel´s.<br />
<span id="more-4175"></span><br />
El viejo se detuvo. Levantó la cabeza y contempló el panorama. Más allá de las dunas se agitaban las siluetas de familias enteras, cientos de hombres y mujeres de todas las edades, con el cuerpo torcido hacia los residuos, y una docena de niños correteando, que permanecían ahí esa tarde de sol pálido y mucho frío. Un viento helado sacudió la melena rala del viejo, pero éste se mantuvo inmutable. La temperatura era algo que había dejado de preocuparle hacía bastante. Su rostro era una máscara descolorida donde el tiempo había acumulado incontables capas de mugre, formando una especie de membrana ultrarresistente que lo protegía de cualquier inclemencia climática.</p>
<p>De alguna manera, se había efectuado una asimilación simbiótica entre el basural y su organismo, como ocurre con las bacterias que habitan en el intestino humano. El olor hediondo —que hubiera hecho que cualquier persona se desmaye de asco a los pocos segundos, víctima de un ataque de náuseas y vómitos— y las enfermedades que pululaban en el aire como un gas venenoso, era lo que él respiraba y lo mantenía vivo.</p>
<p>Sacó un cigarrillo arrugado y a medio fumar de algún lugar de sus raídas ropas y lo encendió. Inspiró una bocanada profunda, que le produjo un ardor placentero en la garganta, y exhaló una voluta de humo con forma de anillo. Algunas costumbres nunca se pierden. Luego lo apagó, se lo guardó y continuó caminando algunos metros, siguiendo la misma metodología: hundía el bastón en la inmundicia y la revolvía, al tiempo que lo sacaba y lo volvía a hundir, y con la mano libre espantaba la nube de moscas que sobrevolaba continuamente sobre la superficie y le dificultaba el paso.</p>
<p>El bastón se paralizó a pocos centímetros del suelo y se mantuvo en el aire como un perro de caza señalando con el hocico a su presa. Sobre una bolsa abierta llena de restos de comida podrida, el viejo había descubierto una manzana. Era roja como la sangre, brillante, del tamaño de un puño. Lo primero que notó fue que estaba intacta: nadie había clavado los dientes en ella. La contempló durante un momento, saboreando de antemano el sabor dulce de sus jugos, sintiendo la frescura natural de la fruta disolviéndose en su boca. Involuntariamente, un hilillo de baba salió por la comisura de sus labios. Luego se agachó y extendió la mano con decisión. Estaba a punto de tomarla cuando, para su sorpresa, la manzana se hundió en la basura, como queriendo escapar de sus garras. Volvió a estirar la mano en la misma dirección y el puño se cerró en el aire: otra vez, la manzana se había hundido aún más. El viejo se levantó y se rascó la barbilla, mirando con recelo para todos lados. Se volvió a inclinar y esta vez la manzana se hundió por completo. Y junto con ella, toda la basura que estaba alrededor comenzó a caer como en una especie de embudo. El viejo se apartó con un gesto de sorpresa, pero no de miedo, y vio cómo los desperdicios eran tragados por el vacío, formando un pozo donde segundos antes había encontrado la manzana.</p>
<p>El viejo conocía los efectos del gas metano que producía la materia orgánica en descomposición, pero nunca había visto algo parecido. Un círculo perfecto de negrura de un metro de diámetro se había abierto frente a sus narices. El hombre se acercó hasta el borde, se inclinó sobre la boca del pozo y sólo vio oscuridad. Se quedó un rato observando hacia el fondo como hipnotizado y creyó oír unos sonidos sordos y acuosos que provenían del interior, como de algo viscoso que se movía en una ciénaga. Por un momento, la oscuridad le pareció casi viva, expectante. El olfato, que creía haber perdido hacía tiempo, detectó un olor más nauseabundo del que hubiera sentido jamás. El viejo se acercó más, casi metiendo la cabeza adentro. Y entonces lo escuchó:</p>
<p>— Hola, Viejo… —dijo una voz gutural y cavernosa que salió de las profundidades del pozo.</p>
<p>El hombre se incorporó de un salto, miró el pozo y luego alzó la vista. La persona más cercana a él era una mujer entrada en años que se encontraba a unos cincuenta metros y estaba concentrada metiendo cajas de leche en polvo en una bolsa de plástico.</p>
<p>¿Qué clase de truco es este?, pensó el viejo. Alguno de los vagos le estaba gastando una broma que no le causaba ninguna gracia.</p>
<p>— No es ningún truco, Viejo… Y tampoco se trata de ninguna broma —dijo la voz con una determinación que esta vez sí lo impresionó.</p>
<p>El hombre volvió a mirar para todos lados. La gente estaba demasiado lejos como para escuchar —o como para que se tratase de algún artificio sonoro—. Por otro lado, sólo se oía el zumbido constante de las moscas y, más allá, en el límite del basural, el tronar de los motores de las máquinas motoniveladoras que trabajaban en los montículos.</p>
<p>— No te convences ¿eh? —siseó la voz con un tono que al viejo le hizo erizar los pelos de la nuca—. Mira hacia tu derecha, Viejo.</p>
<p>El hombre obedeció. Un grupo de chicos, de entre siete y diez años, jugaba mientras sus padres hurgaban entre la basura. Corrían, se reían y gritaban. Había dos que tiraban de una soga, haciendo equilibrio entre las bolsas, y otro festejaba luego de haber rescatado una pelota grande, blanquecina, que enseguida colocó sobre su cabeza haciendo piruetas. Mientras tanto, una nena de dos años seguía los movimientos con sus enormes ojos negros abiertos como platos.</p>
<p>— Mira la niña, Viejo… mira la niña… —Esta vez, el hombre no pudo determinar si el sonido de la voz había surgido del agujero o si resonó en su propia cabeza. Como fuera, cada vez que hablaba brotaba del pozo un efluvio de putrefacción.</p>
<p>El hombre tenía los ojos fijos en la niña, que estaba parada sobre una caja de cartón. Seguía mirándola con creciente interés, como le había ordenado la voz del pozo. Y de pronto, como en un predecible truco de magia, la niña desapareció de su vista. En un segundo se encontraba ahí y al siguiente… ya no estaba. La basura se la había tragado.</p>
<p>— Pero… ¿cómo lo hiciste? —preguntó el hombre. Estaba atónito.</p>
<p>— Espera… la función no ha terminado…</p>
<p>Volvió la vista hacia donde estaba el grupo de chicos y esta vez el que estaba con la pelota, que saltaba de un lugar a otro, se hundió súbitamente. Y luego siguió otro, y otro. Los demás chicos, que vieron lo que estaba sucediendo, corrieron para dar aviso a sus padres. En cuestión de minutos una multitud se había congregado alrededor del lugar donde habían desaparecido los niños. Estaban inclinados, apartando las bolsas y cavando con desesperación. Las mujeres gritaban, histéricas. El momento del gran acto había llegado. Sin obedecer a ninguna ley lógica, como si de pronto hubiera desaparecido el suelo en el que hacían pie, todos cayeron al vacío, desapareciendo ellos también.</p>
<p>Pasaron algunos segundos de silencio, durante los cuales el viejo se preguntó si todo aquello estaba ocurriendo realmente o si era producto de una alucinación, si no sería tan sólo una mala pasada que su estropeada mente le estuviera jugando. No había terminado de discurrir este pensamiento cuando comenzó a oírse un sonido grave y acompasado que provenía de debajo de la superficie. El suelo tembló bajo sus botas, todo el basural se estremeció con un movimiento sísmico. Y de repente, desde el montículo de basura donde había desaparecido el grupo de gente, salió eyectada una descarga de sangre fulminante junto con trozos de carne y huesos, como una erupción volcánica de cuerpos licuados, y luego cayó en forma de lluvia tiñendo de rojo el aire del atardecer.</p>
<p>El hombre se llevó una mano a la boca, ahogando un grito.</p>
<p>— Pero… ¿Quién…? —empezó a decir, y luego se corrigió—: ¿Qué eres?</p>
<p>— Basura, Viejo… Igual que tú.</p>
<p>— Pe… pero… no… no es posible… —balbuceó. El horror de lo que acababa de ver le impedía hablar y pensar con fluidez.</p>
<p>— Es posible, Viejo. Claro que es posible —afirmó la voz roncamente—. Mira hacia el norte, a nuestra Gran Creadora, allí… ¿Puedes verla, Viejo?</p>
<p>Podía verla. Claro que podía. El sol había comenzado a caer y las luces de la Ciudad formaban una constelación de diamantes en el horizonte. La misma Ciudad en la que él había caminado con la frente bien alta y la misma que lo había expulsado y condenado al destierro.</p>
<p>— Imagínalos ahí, toda esa gente linda, suave y agradable. Personas educadas y de buenos modales, produciendo miles de toneladas de basura diarias. Arrojando al volcadero sus porquerías… Y no son sólo las bolsas con restos de comida, papeles y plástico, no… Son también megalitros de semen envueltos en preservativos, el fruto sangriento de infinitas menstruaciones, la cría de animales que nadie quiere, los cadáveres mutilados y los embriones semimuertos, producto de las violaciones y embarazos no deseados. Lo que arrojan son sus propias miserias: la mezquindad, la hipocresía, el cinismo, la barbarie…</p>
<p>Los ojos del viejo brillaron de entendimiento. Un estallido de conciencia le hizo comprender lo que la voz le quería decir. Imaginó a todo esa bazofia revolviéndose en el fondo del basural desde el inicio de los tiempos, coagulando, formando un amasijo putrefacto nacido de la rabia, el remordimiento y el odio más visceral. La sola idea lo hizo marearse de entusiasmo.</p>
<p>— Somos la basura, los desechos, los desperdicios, la resaca de la sociedad. Somos lo que el mundo arroja de sí, la cara de la humanidad que ya nadie quiere ver… Somos Basura.</p>
<p>“Ven a mí. Ven, buen hijo mío.”<br />
“Ven a mí.”<br />
“Ven…”</p>
<p>El viejo percibía el llamado cada vez con más fuerza y premura. Se dejó caer sobre las bolsas y sintió que la basura lo envolvía en un abrazo de reconocimiento, protegiéndolo, recibiéndolo en su seno con el calor de una madre. Notó que se hundía, pero no sintió miedo, sino alivio. La tranquilidad de saber que al fin la disolución sería completa. Sintió que la basura se le metía por la boca, la nariz y los ojos. La putrefacción comenzaba a correr por sus venas, llenando sus pulmones y estómago. Y ahora sí, su corazón y la basura formaban un solo, rítmico latido. Una sola pulsión.</p>
<p>El basural entero se sacudió en un asqueroso maremágnum de podredumbre. Si alguien hubiera obtenido una toma satelital del terreno en ese momento, habría visto cómo la mancha oscura que formaba el basurero se había ensanchado repentinamente, ocupando de pronto más espacio que antes.</p>
<p>— ¿Qué fue eso? —gritó el joven con el traje de dril naranja mientras bajaba de la cabina de la máquina motoniveladora. Estaba pálido.</p>
<p>— ¿Qué? —preguntó su compañero desde la otra máquina. Luego bajó y encendió un cigarrillo.</p>
<p>— José, creo que me estoy volviendo loco. Estoy alucinando. Acabo de ver cómo se movía el basural, parecían las olas de un océano, hermano.</p>
<p>El otro miró la montaña que se extendía cientos de kilómetros hasta donde alcanzaba la vista, mientras daba una larga pitada, y luego miró a su compañero.</p>
<p>— Es verdad —respondió—. Estás loco de remate.</p>
<p>— No sé, hermano, no sé…</p>
<p>— ¿Qué? —apuró con fastidio.</p>
<p>— Hace años que trabajo de esto y no termino de acostumbrarme a ver tanta… —hizo un gesto con las manos que intentaba abarcar todo el paisaje.</p>
<p>— ¿De qué carajo hablas?</p>
<p>— Mira, hoy estuvimos trabajando todo el día y toda la tarde moviendo esta mierda para que no llegue hasta la autopista. ¿Y para qué? Al final de cada jornada, parece que no la hemos movido ni un centímetro, incluso parece que estuviera más cerca que antes.</p>
<p>El otro miraba distraídamente a un lado y a otro mientras escuchaba, fumando con tranquilidad.</p>
<p>— ¿Sabes lo que pienso? Pienso que va llegar un día en que la basura nos va a tapar a todos, a todos y cada uno.</p>
<p>El otro se lo pensó un momento, mientras daba una larga pitada al cigarrillo, exhaló el humo y luego lo aplastó contra la puerta de la máquina.</p>
<p>— Cuando ese día llegue —dijo al fin—, pondremos la basura en cápsulas y las lanzaremos al espacio.</p>
<p>Se dio vuelta para arrojar la colilla y se encontró con un muro de oscuridad: un tsunami de desperdicios se alzaba varios metros por encima de su cabeza. No llegó a comprender las dimensiones del horror de lo que vendría. La basura se estrelló contra los hombres y comenzó a correr por la autopista con una impetuosidad que, aparentemente, no tenía visos de terminar. Pronto alcanzaría las calles, las arterias menores.</p>
<p>Y el corazón de la Ciudad.</p>
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		<title>La miel silvestre</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 21:32:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-4165 alignleft" title="mielsilvestre" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/12/mielsilvestre.jpg" alt="" width="450" height="338" />Tengo en el Salto Oriental dos primos, hoy hombres ya, que a sus doce años, y a consecuencia de profundas lecturas de Julio Verne, dieron en la rica empresa de abandonar su casa para ir a vivir al monte. Este queda a dos leguas de la ciudad. Allí vivirían primitivamente de la caza y la pesca. Cierto es que los dos muchachos no se habían acordado particularmente de llevar escopetas ni anzuelos; pero, de todos modos, el bosque estaba allí, con su libertad como fuente de dicha y sus peligros como encanto.</p>
<p>Desgraciadamente, al segundo día fueron hallados por quienes los buscaban. Estaban bastante atónitos todavía, no poco débiles, y con gran asombro de sus hermanos menores -iniciados también en Julio Verne- sabían andar aún en dos pies y recordaban el habla.</p>
<p>La aventura de los dos robinsones, sin embargo, fuera acaso más formal a haber tenido como teatro otro bosque menos dominguero. Las escapatorias llevan aquí en Misiones a límites imprevistos, y a ello arrastró a Gabriel Benincasa el orgullo de sus stromboot.</p>
<p>Benincasa, habiendo concluido sus estudios de contaduría pública, sintió fulminante deseo de conocer la vida de la selva. No fue arrastrado por su temperamento, pues antes bien Benincasa era un muchacho pacífico, gordinflón y de cara rosada, en razón de su excelente salud. En consecuencia, lo suficiente cuerdo para preferir un té con leche y pastelitos a quién sabe qué fortuita e infernal comida del bosque. Pero así como el soltero que fue siempre juicioso cree de su deber, la víspera de sus bodas, despedirse de la vida libre con una noche de orgía en componía de sus amigos, de igual modo Benincasa quiso honrar su vida aceitada con dos o tres choques de vida intensa. Y por este motivo remontaba el Paraná hasta un obraje, con sus famosos stromboot.<span id="more-2048"></span></p>
<p>Apenas salido de Corrientes había calzado sus recias botas, pues los yacarés de la orilla calentaban ya el paisaje. Mas a pesar de ello el contador público cuidaba mucho de su calzado, evitándole arañazos y sucios contactos.</p>
<p>De este modo llegó al obraje de su padrino, y a la hora tuvo éste que contener el desenfado de su ahijado.</p>
<p>-¿Adónde vas ahora? -le había preguntado sorprendido.</p>
<p>-Al monte; quiero recorrerlo un poco -repuso Benincasa, que acababa de colgarse el winchester al hombro.</p>
<p>-¡Pero infeliz! No vas a poder dar un paso. Sigue la picada, si quieres&#8230; O mejor deja esa arma y mañana te haré acompañar por un peón.</p>
<p>Benincasa renunció a su paseo. No obstante, fue hasta la vera del bosque y se detuvo. Intentó vagamente un paso adentro, y quedó quieto. Metióse las manos en los bolsillos y miró detenidamente aquella inextricable maraña, silbando débilmente aires truncos. Después de observar de nuevo el bosque a uno y otro lado, retornó bastante desilusionado.</p>
<p>Al día siguiente, sin embargo, recorrió la picada central por espacio de una legua, y aunque su fusil volvió profundamente dormido, Benincasa no deploró el paseo. Las fieras llegarían poco a poco.</p>
<p>Llegaron éstas a la segunda noche -aunque de un carácter un poco singular.</p>
<p>Benincasa dormía profundamente, cuando fue despertado por su padrino.</p>
<p>-¡Eh, dormilón! Levántate que te van a comer vivo.</p>
<p>Benincasa se sentó bruscamente en la cama, alucinado por la luz de los tres faroles de viento que se movían de un lado a otro en la pieza. Su padrino y dos peones regaban el piso.</p>
<p>-¿Qué hay, qué hay?-preguntó echándose al suelo.</p>
<p>-Nada&#8230; Cuidado con los pies&#8230; La corrección.</p>
<p>Benincasa había sido ya enterado de las curiosas hormigas a que llamamos corrección. Son pequeñas, negras, brillantes y marchan velozmente en ríos más o menos anchos. Son esencialmente carnívoras. Avanzan devorando todo lo que encuentran a su paso: arañas, grillos, alacranes, sapos, víboras y a cuanto ser no puede resistirles. No hay animal, por grande y fuerte que sea, que no haya de ellas. Su entrada en una casa supone la exterminación absoluta de todo ser viviente, pues no hay rincón ni agujero profundo donde no se precipite el río devorador. Los perros aúllan, los bueyes mugen y es forzoso abandonarles la casa, a trueque de ser roídos en diez horas hasta el esqueleto. Permanecen en un lugar uno, dos, hasta cinco días, según su riqueza en insectos, carne o grasa. Una vez devorado todo, se van.</p>
<p>No resisten, sin embargo, a la creolina o droga similar; y como en el obraje abunda aquélla, antes de una hora el chalet quedó libre de la corrección.</p>
<p>Benincasa se observaba muy de cerca, en los pies, la placa lívida de una mordedura.</p>
<p>-¡Pican muy fuerte, realmente! -dijo sorprendido, levantando la cabeza hacia su padrino.</p>
<p>Este, para quien la observación no tenía ya ningún valor, no respondió, felicitándose, en cambio, de haber contenido a tiempo la invasión. Benincasa reanudó el sueño, aunque sobresaltado toda la noche por pesadillas tropicales.</p>
<p>Al día siguiente se fue al monte, esta vez con un machete, pues había concluido por comprender que tal utensilio le sería en el monte mucho más útil que el fusil. Cierto es que su pulso no era maravilloso, y su acierto, mucho menos. Pero de todos modos lograba trozar las ramas, azotarse la cara y cortarse las botas; todo en uno.</p>
<p>El monte crepuscular y silencioso lo cansó pronto. Dábale la impresión -exacta por lo demás- de un escenario visto de día. De la bullente vida tropical no hay a esa hora más que el teatro helado; ni un animal, ni un pájaro, ni un ruido casi. Benincasa volvía cuando un sordo zumbido le llamó la atención. A diez metros de él, en un tronco hueco, diminutas abejas aureolaban la entrada del agujero. Se acercó con cautela y vio en el fondo de la abertura diez o doce bolas oscuras, del tamaño de un huevo.</p>
<p>-Esto es miel -se dijo el contador público con íntima gula-. Deben de ser bolsitas de cera, llenas de miel&#8230;</p>
<p>Pero entre él -Benincasa- y las bolsitas estaban las abejas. Después de un momento de descanso, pensó en el fuego; levantaría una buena humareda. La suerte quiso que mientras el ladrón acercaba cautelosamente la hojarasca húmeda, cuatro o cinco abejas se posaran en su mano, sin picarlo. Benincasa cogió una en seguida, y oprimiéndole el abdomen, constató que no tenía aguijón. Su saliva, ya liviana, se clarifico en melífica abundancia. ¡Maravillosos y buenos animalitos!</p>
<p>En un instante el contador desprendió las bolsitas de cera, y alejándose un buen trecho para escapar al pegajoso contacto de las abejas, se sentó en un raigón. De las doce bolas, siete contenían polen. Pero las restantes estaban llenas de miel, una miel oscura, de sombría transparencia, que Benincasa paladeó golosamente. Sabía distintamente a algo. ¿A qué? El contador no pudo precisarlo. Acaso a resina de frutales o de eucaliptus. Y por igual motivo, tenía la densa miel un vago dejo áspero. ¡Mas qué perfume, en cambio!</p>
<p>Benincasa, una vez bien seguro de que cinco bolsitas le serían útiles, comenzó. Su idea era sencilla: tener suspendido el panal goteante sobre su boca. Pero como la miel era espesa, tuvo que agrandar el agujero, después de haber permanecido medio minuto con la boca inútilmente abierta. Entonces la miel asomó, adelgazándose en pesado hilo hasta la lengua del contador.</p>
<p>Uno tras otro, los cinco panales se vaciaron así dentro de la boca de Benincasa. Fue inútil que éste prolongara la suspensión, y mucho más que repasara los globos exhaustos; tuvo que resignarse.</p>
<p>Entre tanto, la sostenida posición de la cabeza en alto lo había mareado un poco. Pesado de miel, quieto y los ojos bien abiertos, Benincasa consideró de nuevo el monte crepuscular. Los árboles y el suelo tomaban posturas por demás oblicuas, y su cabeza acompañaba el vaivén del paisaje.</p>
<p>-Qué curioso mareo&#8230; -pensó el contador. Y lo peor es&#8230;</p>
<p>Al levantarse e intentar dar un paso, se había visto obligado a caer de nuevo sobre el tronco. Sentía su cuerpo de plomo, sobre todo las piernas, como si estuvieran inmensamente hinchadas. Y los pies y las manes le hormigueaban.</p>
<p>-¡Es muy raro, muy raro, muy raro! -se repitió estúpidamente Benincasa, sin escudriñar, sin embargo, el motivo de esa rareza. Como si tuviera hormigas&#8230; La corrección -concluyó.</p>
<p>Y de pronto la respiración se le cortó en seco, de espanto.</p>
<p>-¡Debe ser la miel!&#8230; ¡Es venenosa!&#8230; ¡Estoy envenenado!</p>
<p>Y a un segundo esfuerzo para incorporarse, se le erizó el cabello de terror; no había podido ni aun moverse. Ahora la sensación de plomo y el hormigueo subían hasta la cintura. Durante un rato el horror de morir allí, miserablemente solo, lejos de su madre y sus amigos, le cohibió todo medio de defensa.</p>
<p>-¡Voy a morir ahora!&#8230; ¡De aquí a un rato voy a morir!&#8230; no puedo mover la mano!&#8230;</p>
<p>En su pánico constató, sin embargo, que no tenía fiebre ni ardor de garganta, y el corazón y pulmones conservaban su ritmo normal. Su angustia cambió de forma.</p>
<p>-¡Estoy paralítico, es la parálisis! ¡Y no me van a encontrar!&#8230;</p>
<p>Pero una visible somnolencia comenzaba a apoderarse de él, dejándole íntegras sus facultades, a lo por que el mareo se aceleraba. Creyó así notar que el suelo oscilante se volvía negro y se agitaba vertiginosamente. Otra vez subió a su memoria el recuerdo de la corrección, y en su pensamiento se fijó como una suprema angustia la posibilidad de que eso negro que invadía el suelo&#8230;</p>
<p>Tuvo aún fuerzas para arrancarse a ese último espanto, y de pronto lanzó un grito, un verdadero alarido, en que la voz del hombre recobra la tonalidad del niño aterrado: por sus piernas trepaba un precipitado río de hormigas negras. Alrededor de él la corrección devoradora oscurecía el suelo, y el contador sintió, por bajo del calzoncillo, el río de hormigas carnívoras que subían.</p>
<p>Su padrino halló por fin, dos días después, y sin la menor partícula de carne, el esqueleto cubierto de ropa de Benincasa. La corrección que merodeaba aún por allí, y las bolsitas de cera, lo iluminaron suficientemente.</p>
<p>No es común que la miel silvestre tenga esas propiedades narcóticas o paralizantes, pero se la halla. Las flores con igual carácter abundan en el trópico, y ya el saber de la miel denuncia en la mayoría de los casos su condición; tal el dejo a resina de eucaliptus que creyó sentir Benincasa.</p>
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		<title>Varney el Vampiro</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 19:28:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las doce solemnes campanadas del viejo reloj de la catedral acaban de anunciar la medianoche. El aire es pesado, denso, y una extraña quietud de muerte invade la naturaleza. Todo parece algo así como una inmensa tumba. Mas de pronto, el paisaje cambia. Empieza a granizar. Sí. Una tormenta de granizo ha estallado sobre la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/12/vampiro.jpg" alt="" title="vampiro" width="500" height="500" class="alignnone size-full wp-image-4158" />Las doce solemnes campanadas del viejo reloj de la catedral acaban de anunciar la medianoche. El aire es pesado, denso, y una extraña quietud de muerte invade la naturaleza. Todo parece algo así como una inmensa tumba.</p>
<p>Mas de pronto, el paisaje cambia. Empieza a granizar. Sí. Una tormenta de granizo ha estallado sobre la ciudad. Las hojas de los árboles y sus ramas más tiernas son diezmadas. Los cristales de las ventanas son azotados con furia por el helado pedrisco, y se rompen, y aquel mundo de silencio de antes se convierte en un estruendo que ahoga los gritos de sorpresa y consternación de los habitantes de la ciudad que ven sus hogares invadidos por la tormenta. ¡Vaya tempestad! ¡Granizo, lluvia y viento! Ciertamente, una noche infernal.<br />
<span id="more-2058"></span><br />
En una vieja casa hay una antigua habitación. Raros y abundantes labrados adornan las paredes y hasta la gran chimenea resulta una curiosidad por sí misma. El techo es bajo, y un largo ventanal, que va de pared a pared y de arriba a abajo, mira hacia el Oeste. Este ventanal se compone de muchos paneles que enmarcan cristales con singulares figuras pintadas en vivos colores y que proporcionan al aposento una extraña y bella luz cuando el sol o la luna da en ellos.</p>
<p>Hay una cama en la habitación, construida con madera de nogal, de un diseño exquisito y bellamente labrada también. Se trata de una gran obra de artesanía de la época isabelina. De la parte superior cuelgan sedas y damascos. Algunos penachos de plumas, no faltos de polvo, pueden verse en los rincones y todo el aspecto en sí del aposento tiene algo de fúnebre. El pavimento es de roble pulido.</p>
<p>¡Dios! ¡Hay que ver con qué fuerza golpea el granizo en la vieja ventana! Parece como si un batallón de fusilería descargara sin cesar contra los pequeños vidrios, pero éstos resisten. Su reducido tamaño los salva. El granizo, la lluvia y el viento descargan en vano su furia contra ellos.</p>
<p>La cama de aquella vieja habitación no está vacía. Una hermosa criatura, bella y joven como una mañana de primavera, yace en ella medio dormida, con su espléndida cabellera extendida sobre la almohada. Se nota que su sueño no ha sido tranquilo y reparador porque las ropas de la cama están muy revueltas. Uno de los brazos descansa sobre la cabeza y el otro cuelga de un lado de la cama. Su cuello y su pecho son tan hermosos que parecen hechos por algún genio de la escultura. En su adormecimiento, mueve los labios ligeramente como si estuviera recitando una plegaria a Aquel que vino al mundo a sufrir por todos nosotros.</p>
<p>Como cuando se acostó estaba tan fatigada, la tormenta no ha tenido suficiente fuerza para truncar su sueño aunque sus furiosos elementos sí se lo han alterado.</p>
<p>¡Oh! ¡Qué hechizo emanaba de aquella boca entreabierta en la que podía verse una hilera de dientes como perlas que incluso con la sola leve luz que entraba por el ventanal podían brillar! Sus largas pestañas yacían sobre sus mejillas. Se mueve un poco y queda un hombro al descubierto. Su piel es suave como la seda. Se trata, en suma, de un capullo de mujer. ¿Relampaguea? Sí. Un terrorífico y vívido flash seguido del estruendo de un gran trueno da la impresión de que en el cielo unas montañas se abalanzan sobre otras. ¿Quién duerme ahora en la vieja ciudad? Nadie. La temible trompeta de la eternidad no hubiera despertado a sus habitantes con más eficacia.</p>
<p>La granizada continúa. El viento también. La furia de los elementos parece hallarse en su punto álgido. La muchacha que descansa en la antigua cama se despierta, abre sus azules ojos y un grito de alarma sale de sus labios. Pero el grito queda ahogado por el estruendo de la tormenta. Se incorpora en la cama y se restriega los ojos. Un gran relámpago se estrella contra el ventanal, iluminando con su fantasmagórico luz el aposento y haciendo resaltar las figuras de los cristales.</p>
<p>Un grito de terror sale de la boca de la joven, mientras con los ojos fijos en la ventana, ahora oscura, su cuerpo tiembla.</p>
<p>«¿Qué es lo que ha sucedido?», se pregunta con angustia. «¿Ha sido una visión real o pura imaginación?» «¡oh, Dios!» Sí, lo ha visto. La luz del relámpago se lo ha mostrado. Una figura alta y delgada, de pie, junto al ventanal, intentaba abrir desde el exterior.</p>
<p>El viento se ha calmado un poco, el granizo ya no cae con tanta fuerza, pero un extraño repiqueteo sigue proviniendo de la ventana. No puede ser figuración suya. Está despierta y oye. «¿Qué es lo que puede producir aquello?» Un nuevo relámpago y otro grito. Ahora ya no se trata de ninguna ilusión. Una figura alta y flaca permanece en el borde exterior del ventanal. Son las uñas de sus dedos las que siguen produciendo aquel ruido, ahora que el granizo ha cesado. Un miedo intenso la paraliza, y con las manos entrelazadas, el corazón latiéndole tan violentamente que parece que le va a estallar, el rostro como el mármol y los ojos dilatados y fijos en la ventana, permanece inmóvil.</p>
<p>El ruido de las uñas golpeando los cristales continúa. No se oye una palabra, y ella sigue distinguiendo la oscura figura, una figura con largos brazos que se mueven como alas y que, de alguna manera, trata de entrar.</p>
<p>¿Qué extraña luz es ésta que ahora va invadiendo el ambiente? Roja, terrible, y cada vez más brillante. Un rayo ha caído en una fábrica incendiándole y el reflejo del fuego que rápidamente consume el edificio da contra el amplio ventanal. La figura sigue allí, golpeando los cristales con sus largas uñas, unas uñas que parece no han sido cortadas durante años y años.</p>
<p>La joven quiere gritar, pero no puede. Sus labios parecen haberse vuelto de plomo. Aquello es demasiado horrible. Apenas si puede susurrar «¡Socorro! ¡Socorro!» Y sigue repitiendo esta palabra como en una imperceptible letanía.</p>
<p>El rojo resplandor del incendio continúa iluminando la terrorífica figura pegada a la ventana. Un panel de ésta es roto y por él penetra una mano larga, que parece falta de carne; fuerza la cerradura, quedando media hoja del ventanal abierta y girando sobre sus goznes.</p>
<p>La muchacha no puede ni gritar ni moverse. Tan sólo sigue susurrando, «¡Socorro! ¡Socorro!»</p>
<p>«¡Oh, Señor! ¡Qué horrible visión la que tiene delante de sus ojos! Una visión tan espantosa que es capaz de anular de golpe todo lo bello que uno haya podido ver en este mundo.»</p>
<p>La figura se vuelve y la luz le da de lleno en la cara. Ésta es blanca, sin sangre, los ojos como de metal pulido, y de sus labios estreabiertos salen unos dientes largos, blancos y afilados, como de animal salvaje dispuesto a atacar.</p>
<p>La figura se aproxima hacia la cama con extraño y deslizante movimiento, chasqueando sus largas uñas que parecen colgar de sus dedos. Ningún sonido sale de la boca de la joven. Tan atenazada está por el terror que ni tan siquiera puede abrirla para pedir socorro. «¿Estará volviéndose loca?»</p>
<p>El poder de sus articulaciones desaparece, aunque puede deslizarse por sí misma hacia el lado de la cama a donde se acerca la terrorífica aparición. Sus ojos están fascinados por la mirada de aquellos ojos metálicos que se inclinan hacia su rostro. Ahora, la enorme y horrenda figura parece reducirse, siendo su cara lo que más destaca de ella. «¿Por qué sucede así? ¿Qué necesita de allí? ¿Qué es lo que la hace tan horrible? ¿Cómo podía existir en la tierra un ser tan insólito y tan repulsivo y qué hacía precisamente allí?»</p>
<p>Cuando estaba al borde de la cama, la figura se detuvo y pareció como si la vida en la muchacha se detuviera también. Inconscientemente se agarró a las ropas de la cama. Su respiración era entrecortado y densa, su pecho se elevaba palpitante y sus labios temblaban mientras seguía sin poder apartar los ojos de aquella cara de mármol cuyos relucientes ojos metálicos la anulaban.</p>
<p>Ha cesado la tormenta. Los vientos se han apaciguado y ha renacido la calma. El viejo reloj de la catedral ha dado la una. Un silbante sonido sale del pecho de aquel terrorífico ser y levanta sus largos y flacos brazos. Mueve los labios, avanza. La muchacha pone en el suelo uno de sus pequeños pies. Inconscientemente arrastra la ropa con ella. La puerta del aposento se halla en aquella dirección. ¿Podrá alcanzarla? ¿Podrá andar? ¿Podrá apartar sus ojos de los de aquel intruso y romper el terrorífico encantamiento? ¿Es todo esto real o tan sólo un mal sueño pero tan intenso como para trastornar el juicio?</p>
<p>La figura se detiene de nuevo y, mitad en la cama, mitad fuera de ella, la muchacha sigue temblando, sus largos cabellos formando un río sobre la almohada. Esta pausa debió durar un minuto, pero un minuto que fue de agonía. Un minuto bastó para que la locura consumara su trabajo.</p>
<p>Con una súbita rapidez que no hubiera podido ser ni prevista, con un extraño alarido que hubiera bastado para aterrar al corazón más valiente, asió los largos cabellos de la muchacha, los retorció con sus huesudas manos y la ató con ellos.</p>
<p>Entonces, ella gritó —el cielo le había concedido de nuevo la facultad de poder gritar—. A un grito sucedió otro, y otro. Las ropas de la cama cayeron y ella fue arrastrada, mientras en sus bellos labios aparecía el rictus de la agonía.</p>
<p>Los metálicos y terroríficos ojos de la figura miraban aquel angélico cuerpo con demoniaca satisfacción. Arrastró su cabeza hasta el borde de la cama, la dobló hacia atrás y, hundiendo sus afilados dientes en su blanco cuello, chupó su sangre. La muchacha quedó desfallecida y el vampiro apuró hasta el final su banquete.</p>
<p>Historias fantásticas Duende No. 3 Editorial Mosaico, México, D.F., 1977 </p>
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