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	<title>Cuentos de Miedo, Relatos de Terror, Leyendas Urbanas. El miedo tambien mata &#187; cuentos completos</title>
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	<description>Miedo en aterrorizar es Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas</description>
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		<title>El loco- Hechos Reales</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Feb 2011 04:46:17 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cuando murió presidía uno de los más altos tribunales de Justicia de Francia y era conocido en el resto por su trayectoria ejemplar. Se había ganado el profundo respeto de abogados, fiscales y jueces, que se inclinaban ante su elevada figura de rostro grave, pálido y enjuto y mirada penetrante. Su única preocupación había consistido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2991" title="loco" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/02/loco.jpg" alt="" width="350" height="318" /></p>
<p>Cuando murió presidía uno de los más altos tribunales de Justicia de Francia y era conocido en el resto por su trayectoria ejemplar. Se había ganado el profundo respeto de abogados, fiscales y jueces, que se inclinaban ante su elevada figura de rostro grave, pálido y enjuto y mirada penetrante.</p>
<p>Su única preocupación había consistido en perseguir a los criminales y defender a los más débiles. Los asesinos y los estafadores le tenían por su peor enemigo, ya que parecía ser capaz de leer sus pensamientos y adivinar las intenciones que ocultaban en los rincones más oscuros de sus almas.</p>
<p>Su muerte, a la edad de 82 años, había provocado una sucesión de homenajes y el pesar de todo un pueblo. Había sido escoltado hasta su tumba por soldados vestidos con pantalones rojos, e ilustres magistrados habían derramado sobre su ataúd lágrimas que parecían sinceras.</p>
<p>Sin embargo, poco después de su entierro, el notario descubrió un estremecedor documento en el escritorio donde solía guardar los sumarios de sus grandes casos. Su primera hoja estaba encabezada por el título: «¿POR QUÉ?».<span id="more-2909"></span></p>
<p>* * *</p>
<p>20 de junio de 1851. Acabo de dictar sentencia. ¡He condenado a muerte a Blondel! Me pregunto por qué mató este hombre a sus cinco hijos. ¿Por qué? Uno se encuentra a menudo con personas para quienes el hecho de quitar la vida a otra parece suponer un placer. Sí, debe de ser un placer, quizá el mayor de todos. ¿Acaso matar no es lo que más se asemeja a crear? ¡Hacer y destruir! La historia del mundo, la historia del universo, todo lo que existe&#8230; absolutamente todo se resume en estas dos palabras. ¿Por qué es tan embriagador matar?</p>
<p>25 de junio. Un ser vive, anda, corre&#8230; ¿Un ser? ¿Qué es un ser? Es una cosa animada que contiene el principio del movimiento y una voluntad que dirige este principio. Pero esa cosa acaba convirtiéndose en nada. Sus pies carecen de raíces que los sujeten al suelo. Constituye un grano de vida que se mueve separado de la tierra; un grano de vida, procedente de un lugar que desconozco, que puede ser destruido por deseo de cualquiera. Entonces ya no es nada. Nada. Desaparece; se acaba.</p>
<p>26 de junio. ¿Por qué es un crimen matar? ¿Por qué, si es la ley suprema de la Naturaleza? Todos los seres tienen esta misión: matar para vivir y vivir para matar. Nuestra propia condición está sujeta a este hecho. Las bestias matan continuamente, durante todos los instantes de cada uno de los días de su vida. El hombre mata para alimentarse; pero, como también necesita matar por puro placer, ha inventado la caza. El niño mata a los insectos, a los pajaritos&#8230; a todos los animalillos que caen en sus manos. Todo ello no basta para calmar la irresistible necesidad que todos sentimos. Matar animales no es suficiente para nosotros; necesitamos también matar personas. Las civilizaciones antiguas satisfacían su ansia con sacrificios humanos. Hoy, vivir en sociedad nos ha obligado a convertir el asesinato en un grave delito y, como no podemos entregarnos libremente a este instinto natural, cada cierto tiempo desencadenamos una guerra para calmarlo. Así, todo un pueblo se dedica a aplastar a otro en un derroche de sangre que hace perder la cabeza a los ejércitos y que embriaga también a la población civil: mujeres y niños, que a la luz de las velas, leen por la noche el exaltado relato de las matanzas.</p>
<p>Sería lógico suponer que se desprecia a los que elegimos para llevar a cabo estas carnicerías. Pues bien, por el contrario, les tributamos homenaje y les cubrimos de honores. Se les engalana con resplandecientes vestiduras de oro y se atavían con sombreros de plumas. Les otorgamos títulos, cruces, recompensas de todo tipo. Son admirados por las mujeres y respetados y aplaudidos por las multitudes&#8230; sólo porque su misión consiste en derramar sangre humana! Desfilan por las calles con sus herramientas de muerte mientras el ciudadano común, vestido de oscuro, los contempla con envidia. Matar es la ley suprema que la Naturaleza ha impreso en el corazón de cada ser. No hay nada tan bello y honorable como matar!</p>
<p>30 de junio. Matar es la gran ley. La Naturaleza ama la juventud eterna y nos empuja a acabar con la vida sin que apenas nos demos cuenta. En cada una de sus manifestaciones parece apremiarnos gritando: «¡Rápido! ¡Rápido!». A medida que destruye se va renovando.</p>
<p>2 de julio. ¿Qué es el ser? Todo y nada. A través del pensamiento es el reflejo de todo. A través de la memoria y de la ciencia es un resumen del mundo, porque guarda en sí la historia de éste. Como espejo de las cosas y reflejo de los hechos, cada ser humano se convierte en un universo dentro del Universo. Pero al viajar y contemplar la diversidad de las etnias el hombre se convierte en nada. ¡Ya no es nada! Desde la cumbre de una montaña no es posible distinguirlo. Cuando el barco se aleja de la orilla, plagada por la muchedumbre, sólo se divisa la costa. El ser es tan pequeño, tan insignificante, que desaparece. Cruzad Europa en un tren rápido. Al mirar por la ventanilla veréis hombres, hombres, siempre hombres; hombres innumerables y desconocidos que hormiguean por las calles, que hormiguean por los campos, mujeres despreciables cuyo único cometido se limita a parir y dar la comida al macho y estúpidos campesinos que sólo saben destripar terrones.</p>
<p>Viajad a China o a la India. Allí también veréis agitarse a miles de millones de seres, que nacen, viven y mueren sin dejar otra huella que la de un insecto aplastado sobre el polvo de un camino. Id a las tierras de los negros, alojados en cabañas de barro, y a las de los árabes, cobijados bajo una lona parda que ondea al viento. Comprenderéis que el ser aislado, el individuo, no es nada. Nada. A estos pueblos, que son sabios, no les inquieta la muerte. Para ellos el hombre no significa nada. Matan a sus enemigos sin piedad; es la guerra. Hace tiempo nosotros hacíamos lo mismo de provincia en provincia, de mansión en mansión.</p>
<p>Atravesad el mundo y comprobad cómo hormiguean los humanos, innumerables y desconocidos. ¿Desconocidos? ¡Esta es la clave del problema! Matar constituye un crimen porque los seres están numerados. Cuando nacen se les da un nombre, se les registra, se les bautiza. ¡De eso se trata! La Ley los posee. El ser que no está inscrito no cuenta. Matadlo en el desierto o en el páramo; matadlo en la montaña o en la llanura. ¿Qué importa? La Naturaleza ama la muerte. ¡Ella no castiga!</p>
<p>Lo que, sin duda, es sagrado, es el Registro Civil. Él es quien defiende al individuo. El ser se convierte en sagrado cuando es inscrito en el Registro. Respetad al Dios legal. ¡Poneos de rodillas ante el Registro Civil!</p>
<p>Al Estado le está permitido matar porque tiene derecho a modificar el Registro Civil. Cuando sacrifica a doscientos mil hombres en una guerra, los borra del Registro; sus escribanos, sencillamente, los suprimen. Acaban con ellos. Pero nosotros debemos respetar la vida; no podemos cambiar los libros de los ayuntamientos. ¡Yo te saludo, Registro Civil, divinidad gloriosa que reinas en los templos de los municipios! Eres más poderoso que la Naturaleza. ¡Ja, ja, ja!</p>
<p>3 de julio. Matar debe ser un extraño y maravilloso placer: tener delante de uno a un ser vivo capaz de pensar; hacerle un agujerito, sólo uno; ver como mana por él la sangre roja, que transporta la vida, y ya no tener delante más que un montón de carne inerte y fría, vacía de pensamientos.</p>
<p>5 de agosto. Me he pasado la vida juzgando y condenando, matando con mis palabras y con la guillotina a quienes habían asesinado con un cuchillo. ¡Yo! Si yo hiciera lo mismo que todos los hombres a quienes he castigado, ¿quién lo descubriría?</p>
<p>10 de agosto. Nadie lo sabría jamás. ¿Acaso sospecharían de mí, de mí, si elijo a un ser al que no tengo el menor interés en hacer desaparecer?</p>
<p>15 de agosto. La tentación ha penetrado en mí reptando como un gusano y se pasea por todo mi cuerpo. Se pasea por mi cabeza, que no piensa más que en matar; se pasea por mis ojos, que necesitan contemplar la sangre y ver morir; se pasea por mis oídos, que no dejan de escuchar algo terrible y desgarrador: el último grito de un ser; se pasea por mis piernas, que anhelan dirigirse al lugar donde ocurrirá; se pasea por mis manos, que tiemblan por la necesidad de matar.</p>
<p>¡Cuán extraordinario tiene que ser, tan propio de un hombre libre, dueño de su corazón, que está por encima de los demás y busca sensaciones refinadas!</p>
<p>22 de agosto. Ya no podía esperar más. He matado un animalito para ensayar, sólo para empezar.</p>
<p>Jean, mi criado, tenía un jilguero encerrado en una jaula que estaba colgada en la ventana de la cocina. Le he mandado a hacer un recado y he aprovechado su ausencia para coger al pájaro. Lo he aprisionado con mi mano; sentía latir su corazón. Estaba caliente. Después he subido a mi cuarto. De vez en cuando apretaba con más fuerza al pajarito; su corazón latía más deprisa. Era tan atroz como delicioso. He estado a punto de ahogarlo, pero no habría visto su sangre.</p>
<p>He cogido unas tijeritas de uñas y, con suavidad, le he cortado el cuello de tres tijeretazos. Abría el pico desesperadamente, tratando de respirar. Intentaba escapar, pero yo lo sujetaba con fuerza. ¡Vaya si lo sujetaba! ¡Habría sido capaz de sujetar a un dogo furioso! Por fin he visto correr la sangre. ¡Qué hermosa es la sangre roja, brillante, viva! La hubiera bebido con gusto. He mojado en ella la punta de mi lengua. Tiene un sabor agradable. ¡Pero el pobre jilguero tenía tan poca! No he tenido tiempo de disfrutar del espectáculo tanto como me hubiera gustado. Tiene que ser soberbio ver desangrarse a un toro.</p>
<p>Para terminar, he hecho lo mismo que los asesinos de verdad: he lavado las tijeras, me he enjuagado las manos y he tirado toda el agua. Después he llevado el cadáver al jardín para ocultarlo. Lo he enterrado debajo de una mata de fresas. Nunca lo encontrarán. Todos los días comeré un fruto de esa planta. ¡Uno puede disfrutar realmente de la vida si sabe cómo hacerlo!</p>
<p>Mi criado ha lamentado la pérdida del pajarito. Cree que se ha escapado. ¿Cómo va a sospechar de mi? ¡Ja, ja, ja!</p>
<p>25 de agosto. ¡Necesito matar a una persona! ¡Tengo que hacerlo!</p>
<p>30 de agosto. Ya lo he hecho. ¡Qué poca cosa!</p>
<p>Había ido a pasear por el bosque de Vernes. Caminaba sin pensar en nada cuando, de repente, ha aparecido en el camino un chiquillo que iba comiéndose una tostada con mantequilla.</p>
<p>Se ha detenido para verme pasar y me ha saludado: «¡Hola, señor Presidente!».</p>
<p>En mi cabeza ha aparecido una idea muy clara: «¿Y si lo mato?».</p>
<p>Le he preguntado:</p>
<p>-¿Estás solo, muchacho?</p>
<p>-Sí, señor.</p>
<p>¿Completamente solo en el bosque?</p>
<p>-Sí, señor.</p>
<p>Los deseos de matarlo me han embriagado como el vino. Me he acercado a él con sigilo, pensando que iba a tratar de huir. Lo he agarrado por la garganta y he apretado, he apretado con todas mis fuerzas. Me ha mirado aterrorizado con unos ojos espantosos. ¡Qué ojos! Eran muy redondos, profundos&#8230; ¡terribles! Jamás había experimentado una sensación tan brutal&#8230; pero tan breve. Sus manecitas se aferraban a mis puños mientras su cuerpo se retorcía. He seguido apretando hasta que ha quedado inmóvil.</p>
<p>Mi corazón latía con tanta fuerza como el del pájaro. He arrojado su cuerpo a la cuneta y lo he cubierto con hierbas.</p>
<p>Al volver a casa he cenado bien. ¡Qué poca cosa! Me sentía alegre, ligero, rejuvenecido. Después he pasado la velada en casa del prefecto. Todos los que allí se encontraban han juzgado mi conversación muy ingeniosa.</p>
<p>¡Pero no he visto la sangre! Aún no estoy tranquilo.</p>
<p>30 de agosto. Han descubierto el cadáver y buscan al asesino. ¡Ja, ja, ja!</p>
<p>1 de septiembre. Han detenido a dos vagabundos; pero no tienen pruebas.</p>
<p>2 de septiembre. Han venido a verme los padres llorando. ¡Ja,ja,ja!</p>
<p>6 de octubre. No se ha descubierto nada. Suponen que algún merodeador habrá cometido el crimen. ¡Ja, ja, ja! Estoy seguro de que estaría más tranquilo si hubiera visto correr la sangre.</p>
<p>18 de octubre. El ansia de matar sigue envenenándome. Es comparable con los delirios de amor que nos torturan a los 20 años.</p>
<p>20 de octubre. Otro más. Caminaba por la orilla del río después de almorzar. Era mediodía. Bajo un sauce dormía un pescador. En un campo cercano, sembrado de patatas, había una azada. Parecía que alguien la había dejado allí expresamente para mí.</p>
<p>La he cogido, me he acercado, la he levantado como si se tratase de una maza y con el filo, de un solo golpe, le he partido la cabeza al pescador. ¡Oh! ¡Este sí que sangraba! Era una sangre muy roja que, mezclada con sus sesos, se deslizaba muy suavemente hacia el agua. Me he marchado sin que nadie me viera y con toda tranquilidad. ¡Yo habría sido un asesino excelente!</p>
<p>25 de octubre. Todo el mundo comenta el caso del pescador. Se acusa a su sobrino, que estaba pescando con él.</p>
<p>26 de octubre. El juez instructor del caso asegura que el sobrino es culpable. En la ciudad todo el mundo lo cree. ¡Ja, ja, ja!</p>
<p>27 de octubre. El sobrino se defiende muy mal. Afirma que había ido al pueblo a comprar pan y queso. Jura que mataron a su tío durante su ausencia. ¿Quién va a creerle?</p>
<p>28 de octubre. Han mareado tanto al sobrino que ha estado a punto de confesarse culpable. ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya con la Justicia!</p>
<p>15 de noviembre. Tienen pruebas abrumadoras contra el sobrino. Era el único heredero de su tío. Yo presidiré el tribunal.</p>
<p>25 de enero. ¡A muerte! ¡A muerte! ¡Le he condenado a muerte! ¡Ja, ja, ja! El fiscal habló como un ángel. ¡Ja, ja, ja! Uno más. Asistiré a su ejecución.</p>
<p>18 de marzo. Se acabó. Lo han guillotinado esta mañana. ¡Bien muerto está! Me ocasionó un grato placer. ¡Qué bello es ver cómo le cortan la cabeza a un hombre! La sangre ha brotado como una marea. Si hubiera podido, me habría bañado en ella. ¡Oh, qué maravilla tenderme debajo, dejar que empape mi rostro y mi cabello y levantarme teñido de rojo! ¡Si supieran&#8230;!</p>
<p>Pero ahora debo esperar. Puedo hacerlo. Cualquier descuido o imprudencia podría delatarme.</p>
<p>* * *</p>
<p>El manuscrito tenía muchas más páginas; pero ninguna de ellas relataba un nuevo asesinato.</p>
<p>Los psiquiatras que lo han estudiado aseguran que en el mundo existen muchos locos ignorados, tan hábiles y temibles como este monstruoso lunático.</p>
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		<title>Estas sol@</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Dec 2010 23:54:13 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-2548" title="sola" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/12/sola.jpg" alt="" width="500" height="340" />Elvira era una niña de unos diez años que no tenía papá, su mamá trabajaba todo el tiempo por lo que tenía que dejar a su hija sola en casa, pero una noche, sintió un escalofrío y tuvo<br />
miedo de dejarla sola, pero como no podía dejar su trabajo ya que era su único sustento decidió irse.<br />
&#8220;voy a llamarte cada 2 horas para ver como estas y no le abras a nadie, cuando llegue tocaré la puerta tres veces&#8221;.<br />
La madre cerró la puerta y se marchó, Elvira, asustada y sola decidió dormir para que pasara el tiempo sin darse apenas cuenta .<br />
Al poco rato, el teléfono sonó despertando a la niña, se levantó del sillón y apresurada cogió el teléfono con la esperanza de escuchar la dulce voz de su madre:<br />
- Mamá, ¿Eres tu?, ¿mamá?,¿mamá?&#8230;.<br />
Pero nadie contestó. Desilusionada y asustada colgó el teléfono y se fue a la cama mientras se tranquilizaba para quitar importancia a lo ocurrido.<br />
- Después de todo la llamada se habrá cortado. Pensó Elvira.<br />
De pronto, antes de que se acostase el teléfono volvió a sonar, al llegar y descolgarlo:<br />
-¡Bueno..mamá no es gracioso contesta..mamá, estas asustándome!.</p>
<p>Elvira colgó de nuevo el teléfono y regresó a la cama, esta vez más asustada.<br />
De pronto llamaron la puerta TOC TOC pero no hubo una tercera vez por<br />
lo que Elvira decidió no abrir ya que su madre le había dicho que tocaría tres veces.</p>
<p>Al caer la noche la madre no había regresado y Elvira empezó a preocuparse y de nuevo el teléfono sonó.<br />
-Bueno..mamá, ya es tarde ven a casa.<br />
Del otro extremo del teléfono sólo se escuchó:<br />
-Tu estas sola ahora.<span id="more-2265"></span><br />
Elvira colgó rápidamente el teléfono desesperada empezó a llorar corrió hacia la puerta para ir con alguno de sus vecinos para que llamaran a la policía, pero al salir Elvira encontró el cuerpo de su madre tirado en el suelo, ensangrentado, desgarrado totalmente, sus piernas horriblemente torcidas hacia ambos lados, sus brazos<br />
quebrados como si un trailer hubiese pasado varias veces por encima.<br />
Elvira no pudo resistir el tremendo impacto y cayó desmallada perdiendo el conocimiento, cuando despertó. Cuando despertó ya estaba en un centro de psicología infantil.<br />
Aunque la ayudaron a superar la traumática experiencia, ella no dejaba de soñar con esa voz que le decía una y otra vez:<br />
- Tu estás sola ahora…<br />
Los psicólogos creían que Elvira había sido la culpable de la muerte de su madre, pero Elvira pensaba que eso no era cierto.<br />
Elvira quería mucho a su madre y soñaba todos los días con ella.<br />
Hoy aunque han pasado diez años de aquel trágico incidente, Elvira sigue en tratamiento y totalmente traumatizada en un centro psicológico.<br />
¿Qué como se todo esto?, simplemente porque yo soy Elvira y quiero decirte a ti que estás leyendo estas lineas:<br />
- TU ESTAS SOL@ AHORA.</p>
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		<title>Museo de Cera</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Feb 2010 12:42:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada noche desde hacia tres meses recorría sus pasillos con su vieja linterna. Con la penumbra, aquellas figuras parecían incluso cobrar vida. Eran tan reales, estaban tan bien hechas. Afortunadamente, a el no le impresionaban. Recordaba en cambio las historias que le contaba los últimos días el guarda anterior, al que le aterraba pasar las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-560" title="LinternaMagica3" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/02/LinternaMagica3.jpg" alt="" width="425" height="398" /><br />
Cada noche desde hacia tres meses recorría sus pasillos con su vieja linterna. Con la penumbra, aquellas figuras parecían incluso cobrar vida. Eran tan reales, estaban tan bien hechas. Afortunadamente, a el no le impresionaban. Recordaba en cambio las historias que le contaba los últimos días el guarda anterior, al que le aterraba pasar las noches sólo en aquel increíble lugar. Cada vez que realizaba la ronda una extraña sensación de compañía le aguardaba en cada esquina, sobre todo cuando debía atravesar el área de asesinos, monstruos y tortura. ¿En que cabeza cabía recrear aquellas escenas tan macabras?, solía decir. Sin embargo, era por mucho el área más vista de todo el museo. Era como si el ser humano disfrutase viendo el terror y el dolor ajeno. A veces, Roberto le contaba historias fantasiosas sobre figuras que aparecían de un día para otro, o sobre extrañas desapariciones. Pero, teniendo en cuenta su edad y lo mucho que bebía, no era de extrañar. Roberto era uno de los pocos vigilantes que había pasado allí algo más de dos años y en los últimos meses se negó a trabajar a solas. Al final Hendrix, el jefe, le tuvo que despedir. Lo cierto, es que el personal del museo tenía una de las rotaciones mayores que el hubiese visto en toda su carrera de guarda. Pero, dado el tipo de trabajo, tampoco era de extrañar. El trabajo en el museo era bastante monótono e iba claramente a menos y los sueldos también.<br />
<span id="more-559"></span><br />
Aquella noche, como otras tantas, Frank tomó una lata de coca cola y dio un trago antes de empezar su ronda. Mientras recorría los pasillos empezó a pensar en la rapidez con que se creaban nuevas figuras. Antes, cuando había un grupo de artesanos locales encargados de la creación y reparación de las figuras, no era tan sorprendente pero, desde que limitaron los fondos destinados al museo, era el propio Hendrix quien llevaba a cabo aquellas tareas.¿ De dónde sacaba el tiempo para todo aquello? Hendrix, el responsable del museo, había pasado toda su vida con aquellas figuras. A falta de familia había hecho de aquel museo su casa. Pasaba allí horas y horas, admirando a sus amigas las estatuas, sus obras de arte. De hecho, todas tenían un nombre cariñoso que el les había puesto. Tan sólo había una parte del museo que estaba totalmente vetada al personal y era la zona donde se montaban las nuevas figuras. No era de extrañar que les prohibiesen el paso ya que, cualquier pequeño contratiempo, podía enviar al traste la obra de varias semanas. La cera, hasta que no estaba completamente terminada, era un material excesivamente maleable y delicado como para dejar que cualquiera pasase cerca de ella.</p>
<p>Debía ser cerca de media noche cuando Frank, al pasar por la zona ambientada en el SXVIII, se fijó en aquella estatua. No recodaba haberla visto antes. Quizás, la habían colocado aquella misma mañana antes de que el entrase de guardia. Se acercó por detrás con sumo cuidado. Era una mujer de estatura media y ataviada con ricos ropajes y peluca blanca, típica de la época. Al verla de frente, por un segundo, creyó reconocer aquel rostro aunque, medio oculto tras aquel hermoso antifaz, dejaba gran parte de sus rasgos a la imaginación. Aquella mujer le recordaba a alguien, aunque no conseguía saber a quien. Tampoco era de extrañar que entre tantas caras de famosos y personajes célebres, alguna le resultase familiar. Seguramente que debía ser la reproducción de alguna noble que debió ser muy conocida en aquel periodo. Sin darle mayor importancia, Frank siguió con su ronda. Pasaron las horas y ya de madrugada Frank esperó con ganas que llegara María, la mujer de la limpieza y José, el encargado de día. Puntual como cada mañana, José llegó al museo con su destartalada motocicleta.</p>
<p>-¿Qué tal la noche? Preguntó como solía hacer cada día.<br />
-Bien, sin novedad en el frente, contestó Frank.<br />
-¿No ha llegado todavía María?<br />
-No. Igual llama diciendo que se encuentra mal. Ya sabes que siempre es la primera en llegar.</p>
<p>Entonces apareció por la puerta el viejo Hendrix.</p>
<p>-María no va a venir, ayer me notificó que dejaba el trabajo. Dijo Hendrix dirigiéndose a ambos.<br />
-¿Y eso? Si necesitaba la pasta más que ninguno de nosotros. Apuntó Frank.<br />
-Ya, pero por lo visto le ha salido otro trabajo mejor.<br />
-¿Así, de la noche a la mañana y sin despedirse de nadie? Dijo José sorprendido.<br />
-Bueno, menos charla y a trabajar. Dijo el viejo algo molesto por las dudas.</p>
<p>José se cambió e inició la ronda como cada mañana pero, cuando llegó a la altura de la zona dedicada al SXVIII, al igual que a Frank, una nueva figura llamó su atención. Se acercó a ella y la miró atentamente. Aquel rostro le era familiar. Sin embargo, a diferencia de Frank, José levantó el antifaz. Era ella, era sin lugar a dudas, el rostro de María.</p>
<p>-¿A que le sientan bien los ropajes de época? Pregunto el viejo Hendrix desde la parte trasera de la sala.</p>
<p>José sobresaltado miró con horror al viejo loco. Se acercó a el y agarrándole por las solapas de la chaqueta exclamó:</p>
<p>-¿Qué le ha hecho a María?<br />
-Tranquilo. Ella está bien, tan sólo utilice su cara como patrón. ¿Acaso cree que soy un asesino?</p>
<p>Nervioso José retrocedió. La verdad es que quería creer aquellas palabras bajo cualquier concepto. La remota posibilidad de que aquella estatua fuese María le removía las entrañas.</p>
<p>-Hace un par de meses le pregunté si quería ceder su cara para una de las estatuas a cambio de algo de dinero y la chica lo hizo encantada.<br />
-Lo siento. Se parece tanto que por un instante yo…<br />
-Le entiendo pero otra vez, controle sus impulsos. Dijo el viejo mientras se alejaba por el pasillo.</p>
<p>José miró nuevamente la figura y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Se parecía tanto a ella.</p>
<p>El día, pese a ser festivo pasó relativamente tranquilo. Un grupo organizado, alguna familia, alguna pareja…Sin darse cuenta le dieron la ocho, la hora de cerrar. Cuando estaba cambiándose llegó Frank. José contrariado por lo ocurrido con Hendrix le explicó la historia a su compañero.</p>
<p>-Pues vaya susto te tuviste que dar.<br />
-No lo sabes bien.<br />
-Ya decía yo que me sonaba su cara; normal.<br />
-Creo que lo de trabajar en este decrépito museo me está afectando. No sería mala idea buscar algo fuera de aquí como ha hecho María. Contestó José.<br />
-¿Así que quiere dejarnos, señor Manzano? Preguntó desde detrás de la puerta de entrada a los baños.<br />
-Bueno, yo no he dicho exactamente eso…Contestó José tratando de excusarse.</p>
<p>Pasó una semana y una mañana, cuando Frank esperaba la llegada de José, un nuevo vigilante apareció en el centro.</p>
<p>-José ha cumplido finalmente con sus deseos y ha encontrado algo mejor. Le presento a Ernesto, el nuevo guarda. Dijo Hendrix anticipándose a la pregunta de Frank.<br />
-¿Sin despedirse? Preguntó Frank dando nula credibilidad a las palabras de su jefe.<br />
-Quizás no era tan buen amigo como usted pensaba. Contestó el viejo en tono irónico.</p>
<p>A la noche siguiente, Frank dio rienda suelta a su intuición. Que María se fuese sin despedirse, cabía dentro de la probable pero que lo hiciese José, no. Lo que Hendrix no sabía era la relación que ambos tenían incluso fuera del trabajo. José jamás se hubiese ido de aquella manera. Nervioso, Frank se acercó a la estatua de aquella mujer, pero esta vez dispuesto a borrar toda duda. Le quitó con delicadeza el antifaz y observó atentamente su cara. Entonces, asomando ligeramente bajo la blanca peluca Frank creyó ver algo fuera de lo normal. Con cuidado trató de levantar ligeramente la peluca. Cuál fue su sorpresa cuando tras ella, una hermosa cabellera negra idéntica a la de María, salió a relucir. ¿Quién iba a recrear la existencia de un pelo real bajo la peluca blanca? Aquello no tenía sentido. Inquieto, se acercó a otra figura del mismo periodo y tiró fuertemente de su peluca. Tal y como imaginaba, bajo aquella peluca no había nada más que un desnuda cabeza de cera. Sobrecogido, regresó frente a María y con las uñas trató de arrancar la cera que yacía sobre su piel. Tal y como imaginaba, en cuanto hubo arrancado una fina capa, entre sus uñas Frank descubrió rastros de sangre y de piel.<br />
Alterado, Frank decidió que ya era hora de entrar en el taller de aquel viejo loco y ver que terribles secretos guardaba allí. Sin dudarlo forzó la puerta y entró en aquella sala.</p>
<p>-¡Que has hecho! Exclamó la voz del viejo Hendix desde su interior. Ahora vendrán a por ti.<br />
-¡Usted la mató!<br />
-Yo no maté a nadie. Dijo mostrándole el cuerpo de José convertido en una nueva estatua lista para decorar la sala egipcia.<br />
-¡Dios! ¿Por qué? Preguntó Frank apuntando al viejo con su revolver.<br />
-No soy yo. Son ellas, las verdaderas propietarias del museo; las figuras.<br />
-¿Cómo?<br />
-Saben que cada vez viene menos gente a verlas y que tarde o temprano acabarán por cerrar el museo. Ya no hay presupuesto para nuevas estatuas y por eso, cuando alguno de nosotros amenaza con irse…ellas sólo aprovechan. ¿Sabe usted lo cara que va la cera? Yo sólo trato de convertir el horror en arte.</p>
<p>De pronto, Frank sintió pasos tras de sí. Asustado, giró rápidamente su cabeza. Tras de sí, un auténtico ejercito de estatuas avanzaban como zombies con los brazos extendidos. Frank empezó a disparar indiscriminadamente.</p>
<p>-El plomo no sirve de nada. Ya están muertas. Dijo Hendrix sonriéndose mientras Frank chillaba con la expresión desencajada. No te resistas Frank, o todavía será peor.</p>
<p>A la mañana siguiente, el museo no abrió sus puertas. Un cartel colgado en la entrada dictaba. “Cerrado por restauración y mantenimiento de las figuras”.</p>
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