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	<title>Cuentos de Miedo, Relatos de Terror, Leyendas Urbanas. El miedo tambien mata &#187; abandonado</title>
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	<description>Miedo en aterrorizar es Relatos de Terror, Cuentos de Miedo, Leyendas Urbanas</description>
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		<title>Amistad</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 07:49:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/09/sonar-con-muerte.jpg" alt="" />Estaba el sentado ahí, abandonado en el ultimo rincón de esa concurrida discotheque, pasaba tan desapercibido que ni los acosantes meseros se acercaban para ofrecerle algo de beber, ahí, acompañado de las telarañas y los restos de basura del día anterior inteligentemente depositados en esa esquina para evitar recogerlos estaba aguardando, su mente estaba completamente en blanco, ni los intensos sampleos golpeando los enormes bafles, ni los estridentes ruidos industriales entremezclados con el ambiente podían hacer que aquella figura entre la sombra hiciera un solo movimiento.</p>
<p>Vigilante hacia la puerta de acceso, viendo cada una de las personas que entraban y salían del lugar. Unos venían en busca de diversión, otros solo por el hecho de presenciar una fiesta &#8220;underground&#8221; poco usual por aquellos sitios y la gran mayoría solo por tener un pretexto para embriagarse y drogarse con los ácidos tan comunes en estas fiestas y tan desconocidos para la gente de esa pequeña ciudad.<span id="more-2140"></span></p>
<p>Parecía que aquel hombre esperaba a alguien y seguramente no entre el tumulto de las mesas puesto que estaba ahí antes que cualquier persona entrara y no había retirado los ojos de esa puerta que abría y cerraba constantemente mas no así sus párpados que no querían perder detalle alguno.</p>
<p>Por fin pareció terminar su espera pues al ver cruzar a aquel tipo con aspecto presuntuoso se incorporo inmediatamente para interceptarlo en su llegada, mientras aquel saludaba a varias personas a su paso con una actitud superior y arrogante a pesar de su desnutrido aspecto, se sentía dueño del lugar, con su largo y escaso pelo suelto que caía en su inflada chamarra negra que bien ocultaba su deficiente físico, caminando entre las mesas deteniéndose de vez en cuando para hacer visible su insípida popularidad.</p>
<p>Así continuo por algunos metros hasta que se topó frente a frente con aquel quien le aguardaba tan pacientemente, sus miradas se estrellaron de manera tan aparatosa que pareció verse un destello tan luminoso que se confundía con el juego de luces que se enmarañaban con las estructuras metálicas del techo, el rencor se hizo sentir inmediatamente, ocultándose con un saludo de aspecto mas que fraternal.</p>
<p>- Que paso Gabriel -dijo con voz ronca aquel hombre al recién llegado.-</p>
<p>- Nada mas por aquí, checando esta dichosa fiesta -Contesto con un dejo de temor-</p>
<p>- Que pasa Gabriel, ¿acaso temes a tu mejor amigo?, sin rencores hombre, ven acá que te invito una cerveza para que platiquemos un poco, creo que hay mucho de que hablar después de todo.</p>
<p>- Vamos pues -dice siguiendolo-.</p>
<p>Al percatarse de que el lugar estaba tan apartado de la muchedumbre -dijo rápidamente-.</p>
<p>- Por que tan alejado del ambiente, mejor sentémonos mas al centro para poder ver mejor el panorama.</p>
<p>- Como quieras -contesto- pero me extraña que te interesen este tipo de asuntos tan electrónicos y festivos, que, me vas ha decir que ahora te gusta el &#8220;techno&#8221; y el &#8220;industrial&#8221;.</p>
<p>- No, para nada -contesto Gabriel tratando inútilmente de ocultar su temor-, solo que quiero divertirme un poco viendo a las mujeres brincar de aquí para allá.</p>
<p>- Vamos pues -dice el pensando para sí &#8211;!estúpido hipócrita!&#8211;.</p>
<p>Ubicados ya, casi al frente de la pista, no tardaron ahora si, en ser interrogados por un mesero.</p>
<p>- Algo de tomar jóvenes -dijo el mesero-</p>
<p>- Que tomas Gabriel -pregunto él-</p>
<p>- Una cerveza -contesto-</p>
<p>- Que sean dos para cada quien, es mas -replico-, tráenos una de esas cubetas a cada uno para evitarnos la molestia de seguirte viendo la cara !pinche negro!, -dijo en tono sarcástico-</p>
<p>El mesero, aun sin comprender si aquello había sido en broma o era uno mas de los tantos desprecios que se hacia merecedor por su obscuro color y su aspecto de indígena se retiro inmediatamente.</p>
<p>- No cabe duda Gabriel, estos pinches indios están cada vez mas dentro de la sociedad, que se creen, que son iguales a nosotros, deberían volver todos a su selva para que el ejercito continuara exterminándolos uno a uno y en su defecto solo a morir de hambre, o tu que piensas -pregunto- acaso ya cambiaste tu antigua ideología?.</p>
<p>- Para nada -contesto-, sigo compartiendo el desprecio al igual que tú.</p>
<p>- Perfecto -dijo él- aunque sabia por dentro que el tal Gabriel seguía siendo el mismo hipócrita que fuera su mejor amigo hacia un par de años.</p>
<p>Al momento se apareció nuevamente el mesero cargando las dos cubetas repletas de cervezas y hielo, colocándolas encima de la pequeña mesa, entregándole después la nota del costo a su cruel cliente el cual le entrego un billete por el doble del costo -diciéndole-</p>
<p>- Toma esto, y con el cambio te compras unos condones para que no se te ocurra seguir esparciendo tu raza por todas partes, pues no me vas a negar que tienes alguna &#8220;maria&#8221; por ahí con la cual te revuelcas como los cerdos.</p>
<p>Dicho esto el mesero se retiro, un poco molesto por el comentario, pero la fuerte propina era suficiente para tragarse su pequeño orgullo tantas veces ya pisoteado.</p>
<p>- Pues como te decía Gabriel, esta gente que ahora piensa que cubriendo su rostro con un pasamontañas y con armas de madera pretenden obtener su libertad, que utopía mas grande, espero y que nuestro gobierno no pretenda perdonarles esto, aunque se que para la prensa si lo hará, pero el gobierno a pesar de ser malo para los negocios en el aspecto de venganzas es experto y ya encontraran la manera de ocuparce de ellos de manera clandestina, o tu que opinas -pregunto-.</p>
<p>- Estoy de acuerdo contigo -asintió-</p>
<p>Aquel hombre al percatarse que su platica en este tema se había convertido en un monologo, -claro que mas podía esperar de Gabriel si su intelecto no le daba para mas- entonces cambio abruptamente de tema con lo cual asusto aun mas a su receptor.</p>
<p>- Oye escuche comentarios por allí de que ahora andas metido en asuntos de drogas, acaso quieres acabar con tu pequeño cerebro de una vez por todas -dijo de manera amenazante y visiblemente alterado- con lo cual Gabriel penso por un momento en pararse y salir corriendo de ahí antes de que otra cosa pasara. No ya en serio, que hay con respecto a esos comentarios.</p>
<p>Gabriel ya mas tranquilo al comprender la broma, -contesto-</p>
<p>- Pues algo hay de eso -afirmó-, pero solo fue por que una &#8220;vieja&#8221;, que estaba bastante bien le &#8220;ponía&#8221; a la marihuana, tu bien sabes que tratándose de mujeres yo hago cualquier cosa.</p>
<p>- Me suponía algo de eso -dijo mientras destapaba otra cerveza dejando la anterior con mas de la mitad del líquido-, pues aprovecha ahora -dijo mientras señalaba hacia enfrente, donde se encontraban dos chicas de muy buen aspecto que no dejaban de voltear hacia donde estaban ellos-, pongo a prueba tu talento a ver si logras que vengan a sentarse aquí con nosotros.</p>
<p>- Espera entonces -dijo Gabriel queriendo sin duda demostrar la única de sus virtudes-.</p>
<p>Se dirigió hacia dicha mesa con la mejor de sus fingidas poses y no tardo mas de dos minuto cuando ya se dirigía de vuelta a su mesa con aquellas dos hermosas chicas. Tenían un aspecto algo vulgar por lo exagerado de su maquillaje que por lo regular usan buscando enaltecer sus mas carentes rasgos, sus entalladas ropas tan de moda en estos tiempos dejaban en claro sus indespreciables atributos físicos e indudablemente no seria mayor problema el poder disponer de estos. Se procedió pues a la presentación de rigor y una vez hecho esto se enfrascaron en una de esas estúpidas conversaciones sin sentido que por lo regular se tienen en este tipo de lugares.</p>
<p>Entre, ¿en que trabajas?, ¿que auto tienes? y ya mas sumergidos en el alcohol, ¿como prefieres hacerlo?, se fue consumiendo la noche, entre risas y constantes chocar de botellas en el aire fueron transcurriendo una a una esas horas, indudablemente Gabriel estaba es su ambiente, con su arrogancia ya borrada por el alcohol se dedicaba solo a manosear burdamente a su correspondiente pareja, mientras que aquel hombre, visiblemente desesperado, se reducía a decir esporádicos y triviales comentarios que se le venían a la mente y que solo lograba intimidar a la otra chica con su penetrante mirada de &#8220;biendisimulada&#8221; lastima, ella no podía hacer mas que sonreírle y envalentonada ya por la cervezas que habían ellas chupado como esponjas, se atrevió a acariciar la entrepierna de aquella inmutable estatua, sin duda, esa noche aquella mujer desenmascarando ya su verdadera identidad de &#8220;perra&#8221; se adjudico como un reto el enredar entre sus encantos e ese hombre que le parecía tan diferente a todos y a la vez tan atractivo.</p>
<p>El evento estaba evidentemente llegando a su fin pues la gente ya cansada y sobre todo embriagada, comenzaba a abandonar el lugar, Gabriel indudablemente ya &#8220;caliente&#8221; las invito a seguir la fiesta en otra parte, confiando en que su ya nuevamente amigo, no se opondría en llevarlos en su carro, pues como siempre decía, su inexistente carro se encontraba en el taller (una de sus tantas mentiras que se sumaba a su delirio de grandeza y que solo era reflejo de la inseguridad que realmente sentía todo el tiempo), el acepto de buena manera y les indico donde se encontraba el auto extrañamente estacionado a mas de cinco cuadras de el lugar, tan lejos según decía por lo saturado de la zona en los días viernes, procedieron pues, entre gritos y tropezones a emprender la búsqueda del transporte, mientras el les decía que lo esperan allá, pues iba a despedirse de un amigo que andaba por ahí.</p>
<p>Una vez que aquellos tres seres abandonaron el lugar, el permaneció ahí en su sitio, inmutable como hacia unas horas permanecía esperando, estuvo largo rato mirando hacia la nada, pasados poco mas de 15 minutos se paro súbitamente emprendiendo el camino hacia la salida dejando atrás todo ese frenético desorden, una vez fuera, miro hacia el infinito cielo nocturno y con un largo suspiro se encamino hacia el auto, al ir acercándose, eran ya audibles las risas y los gritos, señal de que sus nuevos pasajeros habían encontrado el sitio correcto.</p>
<p>- Estoy ya aquí -dijo-</p>
<p>- Pues que esperamos -respondió Gabriel- subiéndose en el asiento trasero del auto para continuar con su desesperado manoseo.</p>
<p>Se dirigieron hacia una tienda cercana, de esas que están abiertas toda la noche para los que gustan de trasnochar, después de comprar un cargamento de cerveza, cruzaron la ciudad hasta tomar la carretera y adentrarse en la obscura noche.</p>
<p>Recorrieron varios kilómetros hasta llegar a una desviación que los conducía dentro de aquel desértico y erosionado panorama.</p>
<p>- Ya se a donde te diriges -afirmó Gabriel- recordemos pues los antiguos tiempos amigo mío -dijo- al momento que levantaba su botella para brindar, indudablemente había perdido ya todo su miedo y desconfianza la cual había demostrado al inicio de esa noche.</p>
<p>- Por los viejos tiempos pues -respondió- mientras alzaba su botella para brindar por los recuerdos.</p>
<p>Se adentraron un poco mas, hasta llegar a un gran portón donde se detuvieron, Gabriel se bajo del auto para abrirlo con la llave que su amigo le entrego en ese instante, una vez adentro, se volvió a clausurar la puerta para evitar intromisiones. El terreno era una especie de centro recreativo al cual se llegaba una vez cruzado el portal, por una larga brecha hasta toparse con lo que había sido un arrollo en alguna época, una vez ahí, Gabriel y su cálida pareja se bajaron del auto para introducirse en lo profundo del monte.</p>
<p>El permaneció sentado con el cinturón de seguridad todavía puesto y con el liquido de su botella ya caliente pues desde hacia un par de horas había evidentemente dejado de tomar, su acompañante rompió el silencio preguntando:</p>
<p>- ¿En que piensas?</p>
<p>- Nada en particular -respondió secamente-</p>
<p>- ¿Y este lugar?, lo visitan regularmente? -pregunto nuevamente-</p>
<p>- Era un centro de recreación -contesto- mi padre era parte de la administración, pero hace casi tres años que dejo de funcionar, Gabriel y yo solíamos venir de vez en cuando para -no pudo terminar de decir esto cuando aquella chica dispuesta a todo se abalanzo para besarlo bruscamente, al no ver una oposición por parte de el, siguió haciéndolo, lamiéndole vulgarmente todo el rostro, sus manos apretujaban torpemente su miembro que después de unos minutos consiguió una inevitable erección, al percatarse ella de esto se agacho para morderle por encima de la protuberancia de su pantalón, desabrochándolo lentamente hasta tener al descubierto aquel objeto que tanto deseaba y que se había propuesto tenerlo para si esa noche, ya entre sus manos, comenzó a acariciarlo lentamente con su lengua, lo apretaba con sus labios, jugueteaba pícaramente con el en su boca y a cada instante volteaba a ver el rostro de su nueva víctima el cual solo se reducía a ver lo que ella le hacia sin parecer disfrutarlo, a ella no le importo eso, y de un solo movimiento se despojo de su entallada blusa dejando al descubierto esos abultados y firmes pechos que en otro frenético beso se untaban en el acaraciandolo de arriba abajo diciéndole entre balbuceos:</p>
<p>- Que te pasa amor, acaso no te gusto</p>
<p>- No es eso -dijo él- es que no acostumbro hac..-ella lo interrumpió amenazadoramente y le dijo-</p>
<p>- ¿Que acaso no puedes?.</p>
<p>Derrepente los ojos del el brillaron como poseídos por una fuerza indescriptiblemente maligna, su mirada parecía quemar la piel al descubierto de aquella mujer, de un solo tirón la bajo del auto colocándola encima del cofre y de un feroz zarpazo arranco su mayon de licra junto con su diminuta prenda interior de fino encaje, parecía poseído por todos los demonios del infierno que una vez pelearon en la sangrienta batalla celestial, no pronunciaba palabra entendible alguna, la coloco de espaldas y de un certero golpe la penetro ferozmente por el ano, un grito de dolor se dejo oír en todo el lugar, grito que indudablemente alertaría a la otra pareja aunque se encontrara a cientos de metros de allí, ella solo podía retorcerse del dolor pues aquel miembro que instantes atrás tuvo en su boca pareciese que hubiera crecido tres veces mas para destrozarla por dentro, el con su colosal furia, la tomaba de los cabellos y la seguía torturando a tal grado que por sus piernas comenzó a correr una cascada de sangre mezclada con excremento la cual provocaba una monstruosa fragancia que comenzaba a inundar el ambiente, acto seguido le jalo el cuello hacia atrás y le vocifero al oído:</p>
<p>- Lo siento mi amor, pero hoy no fue tu día.</p>
<p>Después de esto encajo sus filosas uñas (que evidentemente había dejado crecer para una ocasión como esta) en sus caderas y de un solo jalón desprendió una gran tira de piel y carne que remojaron de sangre sus manos y resbalaba por sus brazos por innumerables canales de fluido rojo, ella no dejaba de retorcerse y gritar, solo se callaba por momentos en que parecía desmayarse, de repente entre los arboles apareció aquella quien era su compañera de juerga y corrió hacia donde aquel hombre la estaba torturando, no logro llegar tiempo, pues segundos después aquel hombre tomo la cabeza de su víctima entre sus manos y con un perfecto girar de brazos hizo crujir su cuello, tan aparatoso fue el sonido, que aquella otra mujer que corría hacia el lugar se cayo pesadamente en la tierra al parecer desmayada por la impresión; Aquel monstruo dejo por fin caer a su inerte víctima en el suelo y miro directamente a Gabriel quien estaba parado frente a el y temblando de miedo.</p>
<p>- Que te pasa -dijo- acaso ahora te haz convertido en un gallina, que no fue esto lo que tantas veces planeamos hacer.</p>
<p>-Gabriel permaneció en silencio-</p>
<p>- Ahora que pasa, ahí la tienes, ahora te toca a ti el arrancarle la vida a esa otra &#8220;perra&#8221;.</p>
<p>-Gabriel continuo inmóvil y temblando-</p>
<p>- Eres un maldito cobarde -le grito- mientras se acercaba a su siguiente víctima a quien de una sola patada en la cabeza hizo brotar uno de sus hermosos ojos claros logrando que rodara por el suelo, y continuo así pateándola con los rígidos casquillos de sus botas militares que no tardaron en blandir por completo la cabeza de aquella otra mujer, que de ser bella, paso a ser una grotesca mascara de &#8220;hallowen&#8221;, el multihomicida se detuvo y vio amenazadoramente a Gabriel, y una vez mas el rencor que se hizo sentir desaparecía cuando el hombre alzo los brazos y grito:</p>
<p>- Victoria, esta es la victoria, se han cumplido todas nuestras fantasías de adolescente, ven acá hermano, ven acá Gabriel compártela conmigo.</p>
<p>Gabriel evidentemente por miedo a correr la misma suerte de aquellas dos, se abalanzo sobre el y lo abrazo fraternalmente fingiendo jubilo y alegría, mientras hacia esto sintió aquellas húmedas manos bañadas en sangre tocar su espalda y fueron subiendo hasta llegar a su cuello, estos momentos parecieron eternos para Gabriel, sabia que corría peligro, pero a pesar de todo no creyó que aquel desquiciado olvidara tan fácilmente su larga amistad, mientras pensaba en como iba a delatar a aquel asesino, sintió como una de sus orejas eran arrancadas de tajo por una voraz mordida, Gabriel cayo al suelo suplicando perdón.</p>
<p>Mientras escupía el trozo de cartílago cercenado, esbozo una sonrisa bañada en sangre y dijo:</p>
<p>- No tengo nada que perdonarte imbécil -grito- tu te has ganado esto, jamas debiste hablar mal de mi, y utilizar todos los secretos que tu sabias para hacerme quedar en ridículo, lo siento por esas dos &#8220;golfas&#8221; que no tenían nada que ver, pero en fin, tu momento ha llegado y por fin consumare mi venganza&#8230;</p>
<p>Aquí estoy, han pasado tres años desde que no se ha sabido nada de Gabriel, mi gran amigo, todos dijeron que lo vieron salir con dos chicas de aquella legendaria fiesta, la policía me interrogo puesto que yo había sido el ultimo en saber de el, pero que mas pude decir, salió con esas dos mujeres que jamas fueron reclamadas por nadie y yo simplemente por cobarde no me atreví a acompañarlo, aquí estoy como ya lo dije, escarbando en este seco arrollo, esperando que la naturaleza se halla encargado de limpiar esos cráneos para poder llevármelos conmigo y colocarlos entre mis trofeos, espero encontrarlos y dejar ahí enterrado este relato para que jamas llegue a manos equivocadas.</p>
<p>FIN.</p>
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		<title>El Cazafantasmas</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 03:14:49 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3358" title="catedral-procesion-espectros" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/04/catedral-procesion-espectros.jpg" alt="" width="574" height="429" /><br />
Las luces internas de la ambulancia parpadeaban sin cesar, impidiéndoles a los paramédicos realizar satisfactoriamente su trabajo; Javier se aferraba al asiento tratando de mantener el equilibrio; el movimiento era brusco, pero a pesar de eso, su mejor amigo permanecía inmovilizado. El ulular de las sirenas le enchinaba la piel, los paramédicos hacían malabares con el suero, las jeringas, oxigeno y los aparatos, y hacían hasta lo imposible por mantenerlo con vida. Él sentía la impotencia de poder ayudar a Pedro.</p>
<p>Un sonido uniforme y permanente en uno de los aparatos, indicaba que el corazón de Pedro había dejado de funcionar. Él miraba con los ojos vidriosos por el llanto como el cuerpo de su amigo se relajaba y la cabeza caía hacia el costado izquierdo&#8230; Casi percibió como el alma dejaba ese cuerpo inerte&#8230; El grito de uno de los paramédicos hacia su compañero, lo sobresalto y lo devolvió a la realidad.</p>
<p>-¡Rápido pásame el &#8220;Revividor&#8221;!</p>
<p>Javier estaba horrorizado con las maniobras, había visto muchas veces en las películas, la misma escena que estaba presenciando, pero nunca pensó que fuera tan dramático en la vida real; y no por que se tratara de su mejor amigo&#8230; El sonido del aparato convulsionando el cuerpo de Pedro al pasarle la corriente eléctrica, era estremecedor. Uno de los paramédicos le inyecto un medicamento, mientras el otro preparaba la siguiente descarga&#8230; Al tocar el desnudo cuerpo, se produjo el peculiar sonido que le taladraba los oídos&#8230; Dos gruesas lagrimas escurrían por sus mejillas, levantó su vista al cielo y en su mente exclamó: ¡Por qué Dios mío! ¿Qué fue lo que pasó en esa diabólica casa? ¡Maldita la hora en que le pedí que pasará unas noches en la casa de la abuela!.<br />
<span id="more-2756"></span><br />
El pitido pausado del aparato indicando que funcionaba nuevamente el corazón de su amigo, le dibujo una sonrisa de esperanza en sus labios.</p>
<p>-¡Ya volvió, ya volvió! –Grito uno de los paramédicos-. Rápido, ponle oxigeno.</p>
<p>El rechinar de los neumáticos anunciaba la llegada al hospital, en un segundo, la puerta trasera se abrió y bajaron a su amigo en medio de varios curiosos que se acercaban para ver si podían identificar al enfermo. Los gritos de los paramédicos, la gente, las luces de los pasillos&#8230; Todo parecía una horrenda pesadilla para Javier.</p>
<p>Entraron a Emergencias y le dijeron que esperara en la sala de visitantes. Ahí permanecería hasta saber la situación de su amigo. Sus pensamientos viajaron a una semana atrás, cuando le pidió a Pedro que investigara la casona de su abuela Mercedes, en la cual, todo mundo sabía que era habitada por fantasmas.</p>
<p>II<br />
Javier había citado a su amigo en el café “Florián”, para detallarle los pormenores de lo que pasaba en la casa de su abuela.</p>
<p>-Pedro, te cite en este lugar para comentarte un notición, y para que pagaras el café, jajaja.</p>
<p>-Si la noticia que me tienes, es importante; el café y lo que quieras comer lo pago yo. ¿Qué traes ahora?</p>
<p>-¡Te tengo una casa habitada con fantasmas!&#8230; ¿Cómo ves, he? ¿No es importante?</p>
<p>-Ya, va ser igual a la que me dijiste el mes pasado, que oíste en el radio, en el programa “Del más allá” y resultó ser la mala construcción de la cañería la que producía esos ruidos&#8230; ¡desperdicié una semana de mi valioso tiempo para decirles a esas gentes que si ya no querían escuchar esos ruidos infernales, que arreglaran su cañería!</p>
<p>-¡No! Esta si es de verdad, ¡es una casona que tiene la abuela en Villa Juárez! (Cd. Juárez, N.L.)</p>
<p>-¡Bah! ¿Y hasta ahora supiste que tenía fantasmas?</p>
<p>-Pero que desconfiado eres hombre. Yo no sabía de la existencia de esa casa. Mi familia y yo, fuimos a visitar a mis padres el domingo pasado, y salió la conversación sobre la casa. La abuela decía que ya nadie quiere realizar los trabajos de reparación en la vieja casona, que desde que se corrió la noticia de la existencia de fantasmas ya nadie dura un solo día dentro de la casa.</p>
<p>-¿Y desde cuando tienen fantasmas en la casa de la abuelita?</p>
<p>-¡Desde siempre!&#8230; Mi abuela contó que cuando estaba recieeeeeén casada, o sea, hace muchísimo tiempo, jajaja. Mi abuelo que en paz descanse, compró la casona para utilizarla como “Quinta” y pasar ahí los fines de semana para que les quitare el estrés que les producía el ajetreo de la ciudad. Total la compró, pero nunca tuvieron oportunidad de ir, hasta que una vez que se enojó con la abuela (Y por lo que me dijo la abuela, fue una discusión fuerte) se fue a vivir a esa casa. Pero no duró mucho, esa misma tarde, mi abuela sintió remordimiento por el abuelo y se fue a buscarlo y&#8230;</p>
<p>-Oye, ¿Me vas a contar toda la historia de amor de tus abuelos?&#8230; Te aseguro que no tengo mucho tiempo, tengo varios pendientes importantes que atender.</p>
<p>-¡Espérame Tantito! Desesperado&#8230; Te decía que mi abuela llegó a la casa a buscar a mi abuelo, y se reconciliaron y decidieron pasar la noche ahí, para reconciliarse mejor, jajaja. Total, que les aguitaron la noche los fantasmas, se les aparecieron y dicen que hicieron unos ruidos espantosos, que tuvieron que salir a la carrera y ya no se volvieron a parar ahí.</p>
<p>-Y ¿ella los vio?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Si se asustaron tanto&#8230; ¿Porqué no vendieron la casa?</p>
<p>-Dice mi abuela, que la quisieron tener de recuerdo&#8230; Para que ya no volvieran a enojarse entre ellos&#8230; Y dice que funcionó&#8230; Que jamás, sí, lo oyes bien, jamás volvieron a tener una discusión.</p>
<p>-Mmhh, muy interesante&#8230; ¿Y desde entonces no le dan mantenimiento?</p>
<p>-No. Eso es lo extraño. La abuela dice que al principio solo asustaban en la noche. Pero desde que murió el abuelo (ya hace más de un año) mi abuelita quiso vender esa casa, pero antes de hacerlo tenía que sacar a los fantasmas de ahí&#8230; Así que, le pidió ayuda a un sacerdote amigo de la familia, (tu no lo conoces), fue y puso agua bendita y todo eso que hacen, exorcismo o no se que madres&#8230; El caso es que ahora, la situación esta peor. Ahora, en vez de asustar solo en la noche, lo hacen también en el día&#8230;</p>
<p>-¿Desde hace un año dices?</p>
<p>-Sí. Bueno casi dos&#8230; La casa necesita pintura, enjarrar algunas paredes, etc. Pero nadie se atreve, y yo le dije a mi abuelita: Abue, yo tengo un amigo que te puede ayudar y&#8230;</p>
<p>-¡Ni lo pienses! Yo no voy a hacer el trabajo, yo no pinto ni mi casa y&#8230;</p>
<p>-¡Espérate desesperado! ¿Pues cual trabajo?&#8230; ¡Híjole, te digo! Cómo eres&#8230; Le decía a mi abuela que te conocía, y que eras un cazafantasmas moderno&#8230; Y que tú podías echar a los fantasmitas de patitas en la calle, que ya tenias fama en esas cosas, etc, etc. &#8230; ¿Cómo ves? ¿Te hechas ese trompo a la uña o tienes mello?</p>
<p>-Ya sabes que no tengo miedo&#8230; ¿Entonces no voy a hacer nada? &#8230; Nada más echar a los fantasmas, es todo.</p>
<p>-Sí hombre. Pues que te traes&#8230; ¿Por qué desconfías?</p>
<p>-Porque te conozco.</p>
<p>-Entonces, ¿lo vas a hacer?</p>
<p>-¡Hecho!&#8230; Pero al siguiente día que salgan los fantasmas pagas las cervezas, jajaja.</p>
<p>-¡Trato hecho!&#8230; Te vas a cagar de miedo, jajaja&#8230; Esta no es como la otra casa, de ruiditos y sombras; esta si tiene fantasmas de carne y hueso&#8230; Bueno, no sé si sean de carne y hueso, pero, por lo que dice la abuela Mercedes, (y mira que para que se asuste la abue, esta cabrón) esta vez si se te van a quitar las ganas de andar de cazador de fantasmas, jajaja.</p>
<p>III<br />
Las palabras del Médico lo sacaron bruscamente de sus pensamientos.</p>
<p>-¿Quién viene con Pedro Montaño?</p>
<p>-¡Yo, doctor! ¿Cómo esta él?</p>
<p>-¿Es usted familiar de él?</p>
<p>-No. Pero soy su mejor amigo.</p>
<p>-Él esta mejor, sufrió una paro cardiaco que le provocó una fisura en el corazón, pero ya esta estable&#8230; lo vamos a dejar una semana en observación y esperaremos a que no se le presente un nuevo paro&#8230; Si en dos días no se presenta, estará fuera de peligro. ¿Le puede avisar a sus familiares?</p>
<p>-¡Uy, doctor! Va estar difícil. Sus padres y su hermana radican en Italia, pero no sé como comunicarme con ellos&#8230; Aquí no tiene a ningún familiar.</p>
<p>-Esto es muy penoso para mí, pero&#8230; ¿Quién va a pagar los gastos hospitalarios?</p>
<p>-Usted no se preocupe, yo pagaré lo que sea necesario&#8230; Ya le dije que es mi mejor amigo.</p>
<p>-Me parece muy bien, pasé a la oficina para que llene los papeles correspondientes.</p>
<p>Javier realizó los tramites necesarios para que atendieran como era debido a su amigo. Al salir del hospital les notificó a sus familiares lo ocurrido.</p>
<p>Una vez en su casa, estuvieron mucho tiempo discutiendo que fue lo que le pudo pasar a Pedro.</p>
<p>-Pobre muchacho. –Decía la abuela-. Se asustó tanto que le provocó un ataque al corazón.</p>
<p>Y todos asentían. El saber que pudo haber sido asesinado a manos de fantasmas, les enchinaba la piel y nadie quería retirarse a dormir. Pero en algún momento tendrían que hacerlo. Y así, uno a uno se fue retirando a sus habitaciones con el corazón sobrecogido por el temor.</p>
<p>La esposa de Javier yacía dormida cuando él se recostó en la cama. Su mente buscaba una explicación lógica a lo ocurrido: “Pedro nunca tuvo miedo a lo sobrenatural, ya había lidiado con infinidad de fantasmas antes&#8230; ¿Qué fue lo que pasó?&#8230; Mañana tengo que ir a la casona a recoger las cosas de Pedro&#8230; Tengo que ir, a pesar del miedo que tengo&#8230;”.</p>
<p>Al día siguiente, cuando Javier abrió la enmohecida puerta de hierro de la vieja casa provocó un chillido aberrante que le erizo los cabellos. La amplia estancia estaba iluminada por los rayos solares que entraban por las ventanas. Su corazón latía con fuerza, tenía mucho miedo. Dio un rápido vistazo y descubrió el desorden en que se encontraban los muebles, parecía que hubieran sido participes de una feroz lucha.</p>
<p>En una esquina se encontraba todo el equipo de Pedro. Estaba acomodado en forma ordenada. Esto lo sobresaltó ya que el día anterior cuando llegó a buscar a su amigo y encontrarlo desmayado en el centro de la estancia, sus cosas estaban tiradas desordenadamente. Su corazón latió mas apresuradamente, el temor lo estaba embargando y decidió salir rápidamente antes que le hiciera alguna mala jugarreta. Llevó todo el equipo de su amigo hacia su automóvil, cerró con llave la vieja puerta y se marchó jurando no volver a ese lugar jamás.</p>
<p>Estando en la comodidad de su hogar, Javier revisó el material de su amigo. Encontró varias cintas de película y cassettes. Las probó, pero a pesar de estar todas las cintas corridas, estas no mostraban absolutamente nada, es como si estuvieran en blanco. Su curiosidad por saber lo que pasó en la casa de su abuela, era tan grande como el deseo de que se recuperará satisfactoriamente su amigo Pedro.</p>
<p>IV<br />
Pedro se esforzó demasiado para poder abrir los ojos, lo primero que vio fue a una linda enfermera verificando el funcionamiento de los aparatos y reduciendo un poco más el goteo de suero que entraba por sus venas. No había mucho que mirar en ese pequeño cuarto, un sillón, una mesita con teléfono, el aparato del clima, una ventana con las verdes cortinas corridas, una puerta&#8230; Y la cama donde estaba acostado, no tenía que ser adivino para saber que se encontraba en un hospital. ¿Pero que hacía allí? Se preguntaba. ¿Desde cuándo? ¿Quién lo había traído?&#8230; La voz de la dulce enfermera lo sacó de sus cavilaciones.</p>
<p>-¡Vaya! Buenos días, al fin despertó, ya tenía dos días con sus noches dormido, parecía un osito invernando, jajaja.</p>
<p>Pedro quiso contestar el saludo, pero no pudo. Sentía la lengua dormida, y todos los músculos de su rostro los tenía adoloridos. La enfermera sonrió ante su intento.</p>
<p>-No se esfuerce, todavía esta muy débil. Ya habrá tiempo para platicar, y eso téngalo por seguro, soy una autentica cotorra parlanchina, jajaja&#8230; Por lo pronto espéreme aquí acostadito, relajado, que voy a avisarle al doctor para que lo revise.</p>
<p>Pedro esbozó una ligera sonrisa. Al estar solo, su pensamiento empezó a aclararse, a recordar, y a cada vivencia de su mente, su rostro se contraía y su corazón impulsaba la sangre con fuerza, el aparato que medía las pulsaciones emitió pitidos más veloces y su respiración empezó a crecer. Los recuerdos eran tan reales que no vio cuando el doctor entró, hasta que escuchó su voz sobresaltándolo.</p>
<p>-Necesita tranquilizarse si no quiere tener otro paro cardiaco. Sea lo que fuere, que le haya causado ese shock emocional, debe dejarlo fuera, tomarlo con calma&#8230; Si uno piensa bien las cosas se da cuenta que no son tan malas como parecían al principio.</p>
<p>El médico tomó las lecturas de los aparatos y ordenó a la enfermera que le suministrará el medicamento apropiado.</p>
<p>-Malo. –Le dijo la enfermera -. Nada más me salgo un momento y ya esta peor. Necesita portarse bien, si no, ya no lo voy a querer ¿he?.</p>
<p>El medicamento inyectado hizo que poco a poco entrará en el mundo de los sueños, en donde aparecían imágenes fantasmagóricas y cuando empezaba a respirar aceleradamente aparecía la imagen conciliadora de la enfermera que lo reconfortaba y su respiración volvía al ritmo normal.</p>
<p>Al abrir nuevamente los ojos, se encontraba solo en su cuarto. Debía concentrarse y relajarse para recordar todo lo acontecido días antes sin que empeorará su estado; y su mente voló al pasado.</p>
<p>V<br />
Javier lo llevó a la casa de su abuela. Llevaba víveres suficientes para estar varios días. También llevaba todo el equipo necesario para detectar a el fantasma si lo hubiese. Al bajar todo del automóvil, su amigo se despidió de él, dejándolo solo:</p>
<p>-Bueno Pedrito, aquí te dejo solo con tus fantasmas; y espero que cuando regrese, esta casa este limpia de seres de ultratumba&#8230; ¡Ah! Pero antes les cobras la renta, jajaja&#8230; que ya están varios años atrasados, jajaja.</p>
<p>-¿Cuándo vas a venir?</p>
<p>-Tu dime, ¿cuándo quieres que regrese?</p>
<p>-Ven pasado mañana&#8230; Nada mas para ver como van las cosas.</p>
<p>-¡Hecho!. Aquí tienes las llaves. Nos vemos pasado mañana, que duermas bien, jajaja.</p>
<p>-Que te vaya bien&#8230; ¡Y no se te olviden las cervezas! ¡Jajaja!</p>
<p>Al cerrar la vieja puerta de hierro. Sintió una ligera ráfaga de aire helado que le erizó los cabellos. Después dibujo una sonrisa en sus labios, “esto empieza a ponerse interesante” –pensó. Colocó las cámaras de video fijas, dos en la estancia, una en la recamara, otra en comedor, una más en la cocina y dos en el patio. Se colocó la correa de la cámara de video móvil y se sentó en la mesa he hizo funcionar la grabadora de sonidos.</p>
<p>-Si hay algún fantasma en esta casa, por favor identifíquese&#8230; ¿Qué es lo que quiere?&#8230; ¿Porqué no abandona este plano material?</p>
<p>En los casos que había investigado anteriormente se había topado con infinidad de estafadores que utilizaban a los “fantasmas” como medios de publicidad, trucos que él descubría fácilmente. Pero hubo contadas ocasiones en que si se enfrentó a verdaderos fantasmas, a difuntos que clamaban ayuda, Una misa para darle confort a su alma, algún mensaje a un familiar, tesoros materiales que querían donar&#8230; Muchas eran las causas, pero el fin era el mismo, necesitaban ayuda para descansar en paz. Este parecía ser un caso verdadero, se trataba de su amigo, además no les interesaba la publicidad, pues ya la tenía.</p>
<p>Pedro espero un tiempo prudente. Paró la grabación, regresó la cinta y escuchó&#8230; Solo escuchó su voz y la estática del silencio y volvió a regresar la cinta al principio. Pulsó el botón de “grabar”.</p>
<p>-Si hay algún fantasma en esta casa, por favor identifíquese&#8230; ¿Qué es lo que quiere?&#8230; ¿En que le puedo ayudar?</p>
<p>Pedro regresó la cinta y al escuchar de nuevo, descubrió la primera psicofonía, era una voz infantil, hablaba en susurros, en sonido grave y era perfectamente audible. Pedro escuchó lo siguiente:</p>
<p>Si hay algún fantasma en esta casa, por favor identifíquese&#8230; “Maaamiiii” “Maamii”&#8230; ¿Qué es lo que quiere?&#8230; “¿Quién ees eeeeel?”&#8230; ¿En que le puedo ayudar?&#8230; “¿Noos puuedee aayuudaar? Maamii”.</p>
<p>Al presionar el botón de “parar” en la grabadora, Pedro se limpio el sudor de su frente. “Es demasiado pronto” –pensó. “Muy rápido el contacto”. Volvió a presionar el botón de “grabar”.</p>
<p>-¿Cómo te llamas pequeño?&#8230;</p>
<p>-“Maamii, friioo maamii&#8230; Maamii, ¿noos puuedee ayudaar?”.</p>
<p>Esta vez Pedro escucha la voz claramente, sin necesidad de reproducción en la grabadora de sonidos que continuaba funcionando. Era una voz tenebrosa, sepulcral, que le producía escalofríos.</p>
<p>“La voz es de un niño no menor a 5 años ni mayor a 10” –pensó Pedro. Y volvió a preguntar:</p>
<p>-¿Cómo te llamas pequeño?&#8230; Yo te puedo ayudar&#8230;</p>
<p>-“Maamii, que nos ayuudee, maamii, miieedoo”</p>
<p>-“!Shhiitt! Noo Puuedee”</p>
<p>¡Esa voz es de una mujer! –exclamó sorprendido. Las manos le temblaban y batalló un poco para presionar el botón de “parar”. Sudaba copiosamente, sin embargo, la temperatura ambiental era muy fresca, casi fría. Tenía la boca reseca, tomo un trago de agua. Estaba asombrado de la rapidez del contacto; y no solo había un fantasma, sino dos, o tal vez más. Regresó la cinta y escuchó todo nuevamente cerciorándose de que todo estuviese grabado, y así era.</p>
<p>-“Maamii, aayuudaa&#8230; miieedoo&#8230; maamii” -La voz del niño aunque de ultratumba parecía suplicante.</p>
<p>“Shhiitt, noo puede”</p>
<p>La voz de mujer era autoritaria, pero la sensibilidad de Pedro era enorme y detecto cierto aire de temor. Miró hacía sus rodillas y detectó el ligero temblor que producían. Se enojó consigo mismo, estaba familiarizado con todo esto, pero siempre, el contacto con el más allá, le producía ese temblor y que el cabello de la nuca estuviese constantemente erizado. Volvió a presionar el botón de “grabar”.</p>
<p>-¡Señora, yo puedo ayudarlos!&#8230; Por favor, déjenme ayudarles&#8230;</p>
<p>-“Maamii, friioo”&#8230; “aaayuudaaa maamii”&#8230; “mucho friiioooo”. El susurro de la voz del niño se escuchaba más fuerte.</p>
<p>-“Siii” “yaa viieenee”</p>
<p>Otra vez Pedro detecta ese temor en la voz fantasmal de la mujer&#8230; Él estaba sintiendo el frío intenso del que hablaba el niño, de su boca y nariz empezó a emerger un bao en cada respiración, es como si estuviese en una época invernal. Volvió a enojarse consigo mismo al sentir un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral.</p>
<p>Sintió algo extraño, sentía la presencia de algo tenebroso, el comedor donde se encontraba empezó a iluminarse cada vez más, las rodillas le empezaron a temblar nuevamente, su respiración creció considerablemente, el rostro lo sentía casi congelado, parecía como si estuviese fumando, pero era el bao que producía. Su percepción le gritaba que se diera vuelta inmediatamente, porque unos ojos fijos y siniestros estaban mirándole a sus espaldas. Al voltear, lo que vio lo dejó paralizado de espanto. Era un niño, como de nueve años, pantalones de manta a los tobillos, estaba de pie con la cabeza hacia abajo, como si estuviese castigado, pero con la mirada fija en Pedro, era la mirada más diabólica que haya visto en su vida, su rostro estaba pálido, sus ojos negros tenían una ligera sombra morada a su alrededor.</p>
<p>VI<br />
La voz de la enfermera lo regresó a la realidad.</p>
<p>-¡Hola osito dormilón!&#8230; Despabílese, que ya le llegó visita.</p>
<p>Pedro miró a la enfermera con asombro y luego descubrió la figura de su amigo Javier.</p>
<p>-¡Quibo Pedrito! ¿Pues cómo estás hombre?&#8230; Dice el doc. Que ya estas mejor.</p>
<p>-Sí. Ya me siento bien.</p>
<p>-Bueno chicos –interrumpió la enfermera-. Todo esta normal, los aparatos, el suero&#8230; Los dejo solos para que platiquen a gusto.</p>
<p>La enfermera salió del cuarto. Javier estaba impaciente por saber que es lo que había pasado.</p>
<p>-Conque osito y toda la cosa ¿no?&#8230; Estas tremendo hombre, te me estas petateando, con un pie en el otro mundo, pero, ¡Ah! Eso sí, muy conquistador el pelao&#8230;</p>
<p>-Déjate de tonterías y dime, ¿qué pasó?</p>
<p>-Pues eso te pregunto yo, ¿qué pasó? Te encontré desmayado en la casa de la abuela, te dio un paro cardiaco y te traje para acá&#8230; ¿qué pasó en aquella casa?</p>
<p>-Tenías razón, hay fantasmas&#8230; ¡Fue algo espantoso!&#8230; ¡Tenemos que volver a esa casa!</p>
<p>-¡Estas loco! Yo no voy para allá&#8230; Ves lo que te pasó y ¿Quieres volver?</p>
<p>-Si ya no quieres que haya fantasmas en esa casa, tenemos que hacerlo&#8230; ¿Cuándo puedo salir de aquí?</p>
<p>-Pasado mañana te dan de alta, ya hable con el doc.</p>
<p>-Bueno, ese mismo día vamos a la casa de tu abuela para terminar con todo esto&#8230; Y que pagues las cervezas –Pedro sonrió levemente.</p>
<p>-¡Estas loco de remate! ¿Lo sabes?&#8230; Entonces, nos vemos ese día.</p>
<p>-Si, adiós&#8230; Y no te preocupes por los gastos hospitalarios&#8230; Ya me dijo el doctor que los estas pagando. En cuanto salga de aquí, te liquido.</p>
<p>-¡No! No me liquides, mejor págame, jajaja.</p>
<p>Pedro no pudo contener la carcajada, pero una fuerte punzada en el pecho logró que la reprimiera.</p>
<p>“Nunca se le quitó lo bromista” –pensó. Y los recuerdos volvieron a ese día en que se le apareció ese niño fantasma.</p>
<p>VII.<br />
Si, ahora recordaba&#8230;</p>
<p>Era un niño, como de nueve años, pantalones de manta a la altura de los tobillos, estaba de pie con la cabeza hacia abajo, como si estuviese castigado, pero con la mirada fija en Pedro, era la mirada más diabólica que haya visto en su vida, su rostro estaba pálido, sus ojos negros tenían una ligera sombra morada a su alrededor. Su piel estaba amoratada y pálida, la camisa era blanca y del mismo material que el pantalón. Sus pies estaban descalzos y estaban manchados de sangre seca. Al mirar con detenimiento los pies, un escalofrío le recorrió todo su cuerpo, los pies estaban flotando, estaban a centímetros del piso.</p>
<p>Pedro tomó aire, y tomando fuerzas lo miró directamente a los ojos. Se volvió a cimbrar de pies a cabeza al contemplar esos ojos hundidos, cadavéricos. El siniestro personaje esbozó una forzada sonrisa, mostrando unas encías negruzcas, sus labios estaban partidos, casi pudriéndose. Hizo un doble esfuerzo para poder emitir un sonido lo suficientemente claro para ser entendido por el extraño ser:</p>
<p>-¿Cóomo te llamas pequeño?&#8230; ¿Qué puedo hacer por ti?</p>
<p>-¿Por mí?&#8230; ¡Jajajaja!&#8230; ¡Jejeje!</p>
<p>La frase y la primera carcajada que emitió el siniestro personaje, correspondían a la de un niño, pero la segunda, se volvió ronca, gruesa y espeluznante. Y sentenció al final:</p>
<p>-¡Quiero que te largues de aquí!&#8230; Si no quieres que te lastime, ¡Lárgate!</p>
<p>El niño desapareció ante los atónitos ojos de Pedro, que se quedo mudo de espanto ante la diabólica aparición. Recobrando la compostura, se dejó caer en la silla, tomó un vaso de agua, y verificó que todo estuviese grabado. Todo estaba en orden, la grabadora seguía funcionando.</p>
<p>-Jamás me había pasado algo parecido – Dijo Pedro, dirigiéndose al micrófono-. En todos los casos que he investigado, las personas muertas se muestran, como fueron en vida, tratando de asustar lo menos posible. Pero en este caso, su intención era precisamente causar temor, su apariencia era horrible, era como platicar con una persona que murió con tres días de anterioridad y su cuerpo empieza a descomponerse, espero que el video lo haya registrado&#8230; En las anteriores investigaciones, claman por alguien que les ayude, pero este no es el caso, quieren que me vaya de aquí&#8230; Tal vez, porque se trate de un niño, es la única diferencia. Fin de grabación.</p>
<p>Pedro presionó el botón de “parar”, pero al instante escuchó la voz del niño de nuevo, pero esta vez, ya no era clara y amenazadora, sino con temor y en susurros, pero de igual manera, tenebrosa.</p>
<p>-“Maamii&#8230; Miieedoo&#8230; Ayuudaa maamii”</p>
<p>Accionó rápidamente el botón de grabar y preguntó:</p>
<p>-Hola pequeño, ¿Ya no quieres que me vaya?</p>
<p>-“Ayuuda maamii&#8230; Él puueedee&#8230;”</p>
<p>-“¡Shiit!&#8230;Auun nooo”</p>
<p>-¡Señora! –Dijo Pedro al oír la voz de la mujer-. Yo puedo ayudarlos, en verdad&#8230; Por favor, dejen que les brinde mi ayuda.</p>
<p>-“Frííoo&#8230; Maamii miieedooo&#8230; Muuchoo frííoo y miieedoo”.</p>
<p>Pedro sintió otra vez esa sensación de ser observado, al volver su rostro, se encontró con el rostro más hermoso que haya visto en su vida. Irradiaba una extraña luz rojiza, su cuerpo era muy sensual, a pesar de su vestimenta humilde, su belleza lo tenía embobado. La aparición se le acercaba lentamente, quería besarlo&#8230; Sus labios casi se rozaban.</p>
<p>-Seeñora&#8230; –Balbuceo Pedro.</p>
<p>En ese momento, el bello rostro fantasmal se transfiguró; la tersa piel rosada, se convirtió en carne muerta, amoratada; el sedoso cabello, se le cayó cuando se pasó la horrible mano por la cabeza&#8230; El horrendo ser, le sonrió, mostrándole al igual que el pequeño, sus encías negruscas carentes de dientes.</p>
<p>-¡Aaaaahhh! –Gritó Pedro horrorizado.</p>
<p>Entonces escucho la voz gruesa y tenebrosa, era igual al del niño y le increpaba:</p>
<p>-¡Maldito! ¿No escuchaste a mi pequeño hijo?&#8230; ¡Dijo que te largues! Huye antes de que lo lamentes.</p>
<p>Y la terrible imagen desapareció. Pedro estaba sentado en el suelo, no se dio cuenta de cómo cayó, o ¿acaso fue lanzado hacia allá?. No lo sabía. Su corazón latía con fuerza, estaba muy asustado.</p>
<p>Se levantó y se sentó en una silla, tomo un vaso y lo llenó de agua y apuradamente lo bebió, con una mano se limpio el sudor de su frente. Dirigiéndose al micrófono, dijo:</p>
<p>-¡Vaya! Si lo que querían era asustarme, lo lograron&#8230; Pero no me han dicho cuál es su pena y en que puedo ayudarlos&#8230; Y les advierto, no me iré de aquí hasta que descansen en paz y abandonen este plano material&#8230; Sé que no pueden dañarme, aunque lo quisieran, les tienen prohibido dañar a personas en este plano dimensional. Lo único que pueden hacer es asustar y&#8230;</p>
<p>-“¡Te equivocas maldito!”</p>
<p>La terrible voz era gruesa y clara. En ese momento Pedro sintió algo que lo jalaba hacia arriba, empezó a levitar y fue arrojado con fuerza hacía la mesa, partiéndola en dos. Estaba desconcertado, y en su mente todo era confusión, y cuando empezaba aclararse, nuevamente levitó y fue arrojado hacia la pared. Se pegó en la espalda pero con la inercia su nuca también se golpeo fuertemente. Todo se empezó a tornar oscuro y se desmayó.</p>
<p>No supo cuanto tiempo estuvo inconsciente, pero toda la casa estaba a oscuras, era de noche ya. Se levantó pausadamente, estaba muy adolorido; quiso encender la luz, pero esta no funcionaba.</p>
<p>-¡Maldita sea! –Exclamó-. Solo esto me faltaba.</p>
<p>De una mochila extrajo varias veladoras y las encendió y las empezó a distribuir en toda la casa. La luz que proporcionaban era débil, y su resplandor, creaba múltiples sombras tenebrosas, danzantes, lúgubres, terroríficas.</p>
<p>“Debo salir de aquí” –pensó-. Y se dirigió a la vieja puerta de hierro y al querer introducir la llave, no pudo abrir, no porque no sean las llaves correctas, sino porque sencillamente no atino a la cerradura, una causa sobrenatural se lo impedía. Dirigía la llave a la cerradura y su mano por una fuerza siniestra se desviaba para otro lado, estuvo varios minutos intentándolo sin éxito.</p>
<p>“Calma Pedro” –Se dijo así mismo-. “Calma, debo tranquilizarme&#8230; Es imposible lo que me hicieron; en ninguna de mis anteriores experiencias, ni siquiera en mis libros, viene alguna referencia que explique lo que pasó. ¿Cómo es posible que hayan intentado dañarme? ¿Cómo pueden mover objetos materiales si ellos están en un plano espiritual muy distante al que me encuentro?&#8230; ¿Y porqué no puedo meter la maldita llave en la cerradura?”</p>
<p>Pedro, más que temeroso, estaba enojado, si los fantasmas no querían su ayuda, allá ellos, pensaba. Más de pronto se detuvo, respiro hondamente y se dijo:</p>
<p>“¿Porqué demonios tengo que irme?&#8230; ¿Es lo que siempre busqué?&#8230; Además se trata de la casa de un amigo&#8230; ¡Debo quedarme!”</p>
<p>Regresó hacia el comedor, acomodo como pudo los muebles, verificó que los videos y las grabaciones estuviesen en buen estado, se sentó y habló en voz alta:</p>
<p>-¡No me asustan!&#8230; No van a lograr que me vaya de aquí, ¡Quiero que salgan de esta casa! Y aquí me voy a quedar hasta lograrlo, ¡Lo oyeron!</p>
<p>-“Maamii”&#8230; “Ees eel iindiicaadoo”&#8230; “Quuee noos ayuudee, maamiii”</p>
<p>-“Sii, mii niiñooo”</p>
<p>Pedro estaba confundido, ¿porqué las voces sonaban temerosas, solicitando ayuda?, En cambio las apariciones, eran agresivas y peligrosas. En éstas cavilaciones estaba, cuando nuevamente se apareció ante él, era el mismo niño, pero&#8230;</p>
<p>La voz de la enfermera rompió sus pensamientos:</p>
<p>-Lo siento, no quise despertarlo, pero le toca la inyección. Dese vuelta por favor&#8230; Así, eso es&#8230; Es todo, ahora si puede seguir invernando, jijiji.</p>
<p>Le agradaba la enfermera, era linda&#8230; Pero necesitaba recordar todo lo que pasó en la casona de la abuela de su amigo y su mente viajó hasta el instante en que apareció el niño por segunda ocasión ante él.</p>
<p>VIII.<br />
Era el mismo niño, pero su rostro era más humano, y la mirada dulce y angustiante. Su piel era tersa y lozana, sus pies estaban limpios de sangre y no flotaban sobre el piso como en la ocasión anterior.</p>
<p>-Poor favor, ayuudaa –Le dijo el pequeño fantasma.</p>
<p>-¿Cómo puedo ayudarte? –Contestó Pedro, un poco desconfiado.</p>
<p>El pequeño fantasma levantó su bracito y le hizo señas para que tomara asiento. En ese instante una ráfaga de aire frío entró en la habitación y apagó las veladoras quedando todo en oscuridad. Un relámpago rasgó las sombras e iluminó el pequeño cuerpo de ultratumba, y unos segundos después, un poderoso estruendo lastimó los oídos de Pedro. Afuera empezaba a llover y se escuchaba el torrente de gotas que caía de cielo y chocaba con el tejado de la casa, se escuchaba el fluido de agua acumulada en las calles.</p>
<p>Pedro se puso muy nervioso ante la oscuridad reinante y en el momento que iba a protestar una luz destellante lo cegó y su mente fue bombardeada por una gran cantidad de imágenes que aparecían a enorme velocidad. Se estaba mareando, se sentó rápidamente y se sujetó con fuerza la silla&#8230; En su cerebro retumbó la voz melodiosa, juvenil del niño fantasma.</p>
<p>“Vea lo que vea, no tenga miedo&#8230; Es importante que no tenga miedo”</p>
<p>Pedro, asintió con la cabeza y las imágenes empezaron a disminuir de velocidad, hasta que se hicieron claras, las imágenes se transmitían a su mente como si estuviera viendo una película.</p>
<p>La vieja casona en que se encontraba ahora se veía nueva, recién pintada. Habían desaparecido las demás casas que se encontraban alrededor, solo veía la verde llanura a cualquier lado que mirara, como los ranchitos de antaño, el patio estaba convertido en un enorme corral, y dentro de él, se encontraban tres vacas. En el interior de la casa, se encontraba una mujer, era la misma que había visto Pedro en forma fantasmal&#8230; Se veía hermosa, tal vez unos años menores a la que se le apareció.</p>
<p>La mujer cocinaba, en ese momento entró el niño y se puso a jugar, su madre le dijo que fuera con su padre. Las imágenes siguieron al niño; al salir, estaban dos personas platicando, uno era el padre del pequeño fantasma y por lo que platicaban, Pedro dedujo que la otra persona era el padrino de bautismo del niño. Pedro veía las imágenes y escuchaba:</p>
<p>“-Compadre, ya ha de estar cansado, déjeme ayudarle”</p>
<p>“-Gracias Compadre, se le agradece; pero no me desaire la comida que esta preparando mi Carmen”</p>
<p>Al pasarle el hacha, el padre se sentó en una pila de troncos que ya estaban cortados. El compadre, observó hacia todos lados en forma misteriosa, colocó un pequeño tronco en el suelo, cerca del padre del muchacho, levantó el hacha&#8230; Y en vez de asestar el golpe en el troncó de madera, lo hizo en el cuello del papá del niño, salpicándolo de sangre. La cabeza no alcanzó a desprenderse, pero emanaba gran cantidad de liquido rojo y viscoso, el cuerpo sin vida tenia un fuerte temblor&#8230; Otro golpe con el hacha y la cabeza rodó por el suelo. El niño estaba con los ojos desorbitados, pero no gritó, de sus mejillas rodaban gruesas lagrimas y su cuerpecito temblaba constantemente, su padrino se acerco, levantó el hacha y le dio en medio de la cabeza partiéndola en dos.</p>
<p>Pedro casi se desmaya, cuando al asestar el golpe saltaron los ojitos del niño y miró con horror como sonreía en forma diabólica esa persona, estaba toda llena de sangre, la cara, la camisa y el pantalón, es como si le hubieran vaciado un bote de pintura roja.</p>
<p>En ese momento salió la mujer, que ahora sabía se llamaba Carmen. Al ver el horrendo cuadro, empezó a sollozar y a balbucear incoherencias, gritó lastimeramente, y se estiraba los cabellos. El hombre se le acercó y le asestó una bofetada, Carmen lo miró con odio infinito y de sus labios escurría un ligero hilo de sangre, el hombre le propino un golpe con el puño cerrado y la dejó inconsciente, la cargó y la llevó hacia dentro de la casa.</p>
<p>Después de unos minutos, el hombre salió nuevamente; cargó el cuerpo del niño y lo colocó junto a su padre&#8230; Y los descuartizó&#8230; hizo una fogata y quemó los pedazos de cuerpo.</p>
<p>Pedro no podía soportar más, se le fue nublando la vista, parecía que caía a un abismo sin fondo&#8230; Resonó otro potente estruendo, sobresaltándolo. Una enorme bola de electricidad entró por la ventana en forma zigzagueante, iluminando toda la casa, La centella se colocó sobre la cabeza del niño fantasma y fue cuando observó esos ojos infantiles, llorosos; fue solo un instante, y la centella abandonó la casa dejando todo como estaba, en total oscuridad.</p>
<p>Las imágenes regresaron a su cerebro y comprendió que el pequeño le quería transmitir algo y que era muy importante no desmayarse, ¡a pesar del horror que observará! Era de suma importancia resistir, estar conciente y no temer.</p>
<p>En el cielo las estrellas brillaban hermosas&#8230; El hombre removió las cenizas y sacó los huesos, separó la cabeza del pequeño y los demás esqueletos los sepultó ahí mismo. Tomó el cráneo del niño y entró en la casa, llegó hasta la recamará donde Carmen se encontraba, estaba desmayada aún y tenía sus manos amarradas a la cabecera y cada uno de sus pies sujetos con cuerdas a las patas de la cama.</p>
<p>En forma imprevista, la luz volvió, desapareciendo las imágenes.</p>
<p>-¡Yaa viienee, ayúdame! –Dijo el pequeño fantasma-&#8230; Ten cuidado&#8230; Por favor ayúdanos.</p>
<p>En ese momento el niño desapareció y segundos después apareció Carmen, la hermosa fantasma, pero en su mirada había algo siniestro.</p>
<p>-¡Maldito entrometido! Dijo ella-. No te advertí que te largaras. –La voz se oía gruesa y tétrica y distaba mucho de la que oyó en las imágenes, la cual era melodiosa y dulce..</p>
<p>Pedro vio con horror como se le venía encima y lo sujetaba de la camisa; lo levantó fácilmente y fue arrojado lejos. Pedro se levantó adolorido.</p>
<p>-¡No te tengo miedo! –Le gritó Pedro-. Si tú no quieres mi ayuda, ¡me importa un comino!&#8230; Pero al niño lo voy a ayudar.</p>
<p>-¿No entiendes maldito? ¿En verdad crees que eres un cazafantasmas? ¡Jajaja! ¿Quieres luchar contra mí? ¡Estas derrotado antes de luchar, maldito!</p>
<p>Y volvió a ser azotado contra la pared. Se levantó con dificultad, se enderezó, miró a la mujer directamente, ya no le asustaban esos ojos diabólicos y le gritó con fuerza y coraje:</p>
<p>-¿Cómo te atreves a decir que estoy derrotado sin siquiera luchar? ¡No me conoces, maldita sea! Si yo creyera que estoy perdido, ni lo intentaría&#8230; El que vence es aquel que lo cree posible&#8230; ¡Y yo lo siento así! ¡Voy a vencerte y te sacaré de esta casa para siempre!</p>
<p>La imagen fantasmal de la mujer se desvaneció. Pedro respiró profundamente y de dejó caer en la silla&#8230; Estaba exhausto. Comprendió que estaba tratando con una clase de fantasmas a los que nunca se había enfrentado, estos eran muy peligrosos, sobre todo esos cambios de personalidad que mostraban, a veces dulces y cordiales y otras como verdaderos demonios.</p>
<p>Tenia mucho calor, la camisa la tenía mojada por el sudor; se dirigió a la ventana y la abrió. Recibió una agradable y refrescante brisa, la lluvia había cesado. Sintió nuevamente la presencia del niño, al volverse, ahí estaba, con su carita suplicante&#8230; Ya no era necesario hablar, ni espero a que le señalase que tomara asiento, el solo tomó una silla y se sentó a esperar las nuevas imágenes que le serían transmitidas.</p>
<p>El hombre estaba de pie dentro de la recamara, contemplando a Carmen&#8230; Pedro observó que en el piso había unos símbolos extraños, pintados con sangre. “Tal vez la sangre del Niño y su padre” -pensó-. En las imágenes, el hombre recitó varias palabras incomprensibles y apareció una pequeña nube negra dentro de la habitación, la nube envolvió al hombre y éste empezó a transformarse hasta convertirse en una horrible criatura, estaba lleno de grueso y negro pelambre, le salieron dos ornamentas de su cabeza, y los pies, esos pies se convirtieron en unas horribles pezuñas de algún animal equino. La extraña mutación hablaba en voz alta para sí mismo y Pedro escuchó con espanto que la gruesa y tenebrosa voz de la horrible criatura era la misma que la de los fantasmas cuando estaban en una etapa agresiva.</p>
<p>“-Gracias Ramón, por aceptar que entre a tu cuerpo para disfrutar de este bello manjar, ¡jajaja!&#8230; El pagó lo tendrás mañana, mil monedas de oro&#8230; Poco por gozar de esta belleza, siempre que la contemplaba mi deseo insano hacia ella crecía&#8230; Aunque siempre disfrute de ella en su mente, ¡jejeje! Mi obsesión era poseerla físicamente, ¡Y ahora es mía! ¡Jajaja!”</p>
<p>El horripilante ser, se abalanzó hacia Carmen y le arrancó a tirones la humilde ropa, dejando al descubierto un hermoso cuerpo escultural.</p>
<p>Carmen despertó en ese momento y al contemplar con horror al terrible demonio, gritó llena de espanto&#8230; Pero sus gritos y su dolor eran apagados por los gruñidos infernales que producía la extraña mutación.</p>
<p>Ante los ojos horrorizados de Pedro, se dio el vil ultraje. Carmen quedó trastornada, su pobre mente no pudo soportar tanto sufrimiento y empezó a actuar como una loca, llorando a ratos, y en otros riendo&#8230; Fue poseída en todas las posiciones imaginables por el terrible demonio, el cual poseía un pene inmenso, solo comparables con el de los equinos y lo hacia con una fuerza e ímpetu sobrenatural&#8230; Muchos fueron los orgasmos del demonio que solo se detenía para relamerse los labios y emitir alguna carcajada de satisfacción. Las entrañas de la hermosa Carmen quedaron destrozadas. En la ultima evacuación de semen de la terrible criatura, fue tal su deseo que al tener sujeta a Carmen por el cuello, se sobrepasó de fuerza y la mató.</p>
<p>“. -¡Maldición! ¡Quiero poseerla más tiempo, no puede morir ahora! –gritó molesto el ser-. Mmhh, pensándolo bien, ahora puede ser mía eternamente, ¡jajaja!&#8230; Hay que actuar con rapidez Ramón, ¡Jajaja! ¡Mía para siempre!</p>
<p>El demonio, arrancó la cabeza de Carmen de un solo tirón, la tomó de la cabellera y salió al patio. En su mano apareció un extraño polvo y lo colocó en el suelo junto a la cabeza de Carmen. Después el demonio de convulsionó, transformándose nuevamente, el extraño ser se convirtió en Ramón y la sombra que aún permanecía a su alrededor. Posteriormente se separaron y la sombra le dijo:</p>
<p>“-Entierra la cabeza en ese lugar, tienes que hacerlo rápidamente, que no pasé de una hora. Una vez que hagas la fosa, colocas el cráneo dentro y le viertes este polvo y luego los cubres de tierra&#8230; Es importante que le viertas el polvo, y que lo hagas antes de una hora&#8230; ¡Ponte a trabajar!” Ramón hizo lo que el demonio le indicó, pero no solo colocó la cabeza de Carmen, sino que también puso el cráneo del Niño. Cuando terminó, gritó satisfecho:</p>
<p>“-¡Espero mi pago, Barbatis! ¡Mañana Barbatis! ¡Disfrútala Barbatis, jajaja!”</p>
<p>En la mente de Pedro resonaba el nombre del demonio, una y otra vez, Barbatis, Barbatis&#8230; Las imágenes desaparecieron, y al quedar solo con el niño fantasma, no supo que decirle, era terrible lo que habían pasado. Después de unos segundos que se le hicieron eternos, se dirigió a él:</p>
<p>-¿Cómo te llamas pequeño?</p>
<p>-Juuaan –respondió con una voz infantil, clara y audible, en susurro.</p>
<p>-Muy bien Juan, ¿Cómo puedo ayudarte?</p>
<p>Pedro sintió una nueva presencia&#8230; de la nada apreció Carmen. Todo fue tan repentino, que se cayó de la silla dónde se encontraba&#8230; Juan se lanzó sobre Carmen.</p>
<p>-Mami, él nos puede ayudar –dijo, señalando a Pedro. Después se dirigió hacía él -. No tenga miedo, ella es mi mami, y&#8230;</p>
<p>De pronto el pequeño fantasma se estremeció y se abalanzó a los brazos de su madre diciendo:</p>
<p>-Mami, frío&#8230; Ya viene mami, mucho frío, escóndete mami&#8230;</p>
<p>Y apareció una nueva Carmen. Pedro estaba desconcertado y muy asustado, veía a los dos fantasmas, eran iguales, salvo por la mirada. La mujer que tenía esa mirada diabólica, se transformó y se convirtió en un humo denso, negro, y poco a poco, se empezó a diluir quedando un horripilante demonio indescriptible, era Barbatis.</p>
<p>Pedro comprendió demasiado tarde los cambios de personalidad de los fantasmas que habitaban la casona de la abuela de su amigo, era Barbatis que los suplantaba. Era Barbatis quien mató a Carmen mientras abusaba de ella. Es Barbatis quien continúa abusando de ella en forma espiritual.</p>
<p>-¡Salga de aquí! -Le gritó Carmen-. Lo matará.</p>
<p>-¡Noo! –Gritó Juan, el niño fantasma-. ¡Ayúdenos!</p>
<p>-¡Maldito! –gruñó Barbatis-. Ella es mía y no acepto que un estúpido mortal interfiera entre nosotros. Te dije que te largaras, fuiste un necio al no escucharme&#8230; ¡Ahora morirás!</p>
<p>Solo alcanzó a escuchar el grito de Juan y Carmen: ¡Nooo!. Y todo se oscureció. Hasta que despertó en este hospital.</p>
<p>IX.<br />
Después de ponerse la ropa que le llevó su amigo, estaba listo para partir del hospital. La bella enfermera (Martha, se llamaba) estaba colocando las sabanas nuevas y todo lo necesario para que el cuarto estuviese disponible para otro paciente. De vez en vez sus miradas se encontraban, sabían que si no se decidían a hablar, sería el último día que se verían.</p>
<p>Pedro estaba de pie, en su mente revoloteaban infinidad de frases pero no se decidía por ninguna. Martha, ese día estaba muy seria, parecía enojada, pero cuando sus miradas se cruzaban siempre le sonreía.</p>
<p>En ese momento entró Javier a la habitación.</p>
<p>-Quibo Pedrito, así me gusta, que este sanote&#8230; Ya nos podemos ir, ¿estas listo?</p>
<p>-Si&#8230; Pero adelántate y espérame abajo –bajando la voz agregó-. Voy a despedirme de la enfermera.</p>
<p>-¡Ah, que muchacho tan aventado!, Jajaja. –Javier salía de la habitación diciendo: -. Que bello es el amor, el amor&#8230;</p>
<p>Al quedar solos, Pedro tomo de los hombros a Martha y mirándola a esos hermosos y grandes ojos negros, le dijo:</p>
<p>-Martha, no se como agradecerte todas las atenciones que me has brindado&#8230; No soy muy bueno en esto, pero&#8230; ¡Me gustas! Me gustas mucho y&#8230; Tengo un sexto sentido muy desarrollado y sé que serás mi esposa en el futuro. No quiero presionarte, me gustaría que nos conociéramos un tiempo, darte el tiempo para que te enamores de mí, y&#8230;</p>
<p>-Calla tonto, que ya estoy enamorada&#8230; ¿A poco crees que así se atiende a todo el mundo?&#8230; Me gustaste desde el día que llegaste.</p>
<p>Se abrazaron fuertemente y luego se besaron&#8230; Pedro la sujetó de los hombros y poco a poco fue apartándola.</p>
<p>-Antes de formalizar nuestro noviazgo, tengo que realizar algo muy peligroso&#8230; No quería decirte nada de esto, hasta que ya no hubiera peligro&#8230; Pero no quería que pensaras que me eras indiferente.</p>
<p>-¿Algo peligroso dices?&#8230;¿De que se trata?&#8230; ¿Eres un criminal?&#8230; ¿Narcotráfico?</p>
<p>-¡Jajajaja, claro que no!. Nada de eso&#8230; es como realizar una excursión a un terreno desconocido y peligroso&#8230; En el cual puedes perder la vida.</p>
<p>-No quiero que te pase nada malo&#8230; ¿Me prometes que te cuidaras?&#8230;</p>
<p>-Te lo prometo&#8230; El fin de semana vendré por ti para pasear, ahora debo irme&#8230; Mi amigo me esta esperando&#8230; Adiós.</p>
<p>-Cuídate, te estaré esperando&#8230;</p>
<p>Se abrazaron, y nuevamente se besaron.</p>
<p>¿Realmente estaré aquí el fin de semana para cumplirle? –pensó Pedro-. Debo prepararme bien antes de ir a la casona.</p>
<p>-¿Todo bien con la muchachona? –le dijo Javier, al verlo-. ¿Ya quedaron?&#8230; ¡Cuenta hombre! No te quedes calladote.</p>
<p>-Todo bien&#8230; Pero de eso después hablamos, ahora lo que quiero es ir a casa para leer algunos libros y quiero que mañana pases por mí temprano, pero antes debes de traerme estos materiales.</p>
<p>Pedro le entrego la lista que necesitaba. Al bajar del coche, agregó:</p>
<p>-Mañana mismo, limpiaremos la casona de tu abuela de fantasmas y demonios&#8230; ¡Y tú me vas a ayudar!</p>
<p>-¡Uuuyyy! Me pongo chinito, chinito&#8230; ¡No Chingues! Sabes que soy muy miedoso para eso.</p>
<p>-Nada, nada&#8230; Hasta mañana, y traes todo.</p>
<p>Javier se fue murmurando y protestando. Pedro, solo en su casa, encontró el libro que buscaba y empezó a hojear, pensando en el nombre del demonio: “Barbatis” “Barbatis”&#8230; Empezó a leer:</p>
<p>“Demonio.<br />
Demonio: Nombre general de los espíritus malignos, ángeles caídos (expulsados del cielo).<br />
El jefe de estos ángeles rebeldes es Lucifer o Satanás.<br />
Etim.: Del griego: diabolus, diabolus (diablo)<br />
El Homicida, El Maligno, El Mentiroso, Príncipe de este mundo.</p>
<p>Dios creó nueve coros de Ángeles, según su importancia son: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Principados, las Virtudes Celestes, las Potestades, los Arcángeles, y los Ángeles.</p>
<p>Satanás, él más grande de los seres creados, pertenecía a los coros de Serafines, y se puso a la cabeza de los rebeldes. La loca ambición provoca su caída, quiso reinar en una mitad del cielo sentándose en un trono tan alto como el de nuestro Creador.</p>
<p>Dios envió contra él, al Arcángel Miguel, al mando de los Ángeles buenos, y en cielo se libro la más terrible de las batallas, imposible de imaginar por la mente humana. Satanás fue vencido y arrojado al abismo junto con sus seguidores. Desde aquel momento termino la hermosura de los vencidos: les salieron cuernos en la frente, del trasero les broto una larga cola, sus manos fueron garras cortas, y la deformidad y el ensombresimiento fueron sus principales características.</p>
<p>Los demonios se dividen en seis grandes sectores:<br />
Los primeros son los demonios de fuego, que habitan en regiones del Universo muy lejanas.<br />
Los segundos son los del aire que vuelan alrededor nuestro.<br />
Los terceros son los de tierra, que se mezclan con los hombres y se ocupan de tentarlos.<br />
Los cuartos son los de las aguas, que viven en el mar, ríos y lagos, que levantan borrascas, provocan naufragios y son quienes intentan apoderarse de las almas de aquellos infortunados que mueren ahogados. Incluso en la mayoría de los casos son los culpables de esas muertes.<br />
Los quintos son los demonios subterráneos, que obran en terremotos, erupciones volcánicas, y aludes de tierra; son quienes arrastran las almas de quienes mueren en los pozos y minas o yacimientos con una carga muy grande de pecados.<br />
Los sextos son los Demonios Tenebrosos, así llamados por vivir muy lejos de la luz del Sol, y muy raramente se les ve en la Tierra; algunos culpan a su mala influencia como responsable de la aparición de los Vampiros entre nosotros.</p>
<p>La victoria sobre todos los demonios incluyendo al príncipe de este mundo se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo ha sido echado abajo.”</p>
<p>“Vamos, vamos” –Decía en su mente-. “Yo leí algo sobre Barbatis.. Debe estar en los demonios del sector tercero&#8230; Sí, los demonios de tierra&#8230; ¡Ah! ¡Aquí está!”&#8230; Y continuó leyendo:</p>
<p>“BARBATIS: Lider de varias legiones de demonios, bajo su mando estan también, los incubus y sucubus&#8230; Depende de SATANACHIA, uno de los seis generales que reciben ordenes directas de SATANÁS y de nadie más.<br />
Él se lanza en persecución de la Mujer, pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, llena de gracia del Espíritu Santo es liberada del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios.). Entonces despechado contra la Mujer, busca cómplices mortales para saciar sus diabólicos instintos. Les promete riquezas a sus adeptos quienes le ofrecen mujeres por medio de ritos arcaicos que neutralizan la prohibición del hijo de Dios sobre los demonios, de no tocar al ser humano.&#8221;</p>
<p>“Mmhh, es lo que pasó con Carmen” –pensó-. Y continuó leyendo, buscando alguna solución para poder vencer al temible demonio&#8230; Continuo leyendo por horas&#8230; Hasta que el sueño lo venció.</p>
<p>Al día siguiente, cuando despertó, lamentó mucho haberse quedado dormido sin encontrar la respuesta a sus temores&#8230; Continuó leyendo el libro&#8230; Tenía poco tiempo, ya que estaba por llegar su amigo&#8230; Hasta que creyó encontrar algo, no era precisamente lo que buscaba, pero ya no había tiempo para seguir buscando&#8230; Repasó muchas veces el mismo párrafo, era la única solución, difícil&#8230; Pero la única&#8230; Él Leyó lo siguiente:</p>
<p>“A los demonios se les atribuye gran poder, que no siempre puede contrarrestar el de los Ángeles. Hasta tienen el poder de infligir la muerte; fue un demonio el que mato a los siete primeros maridos de Sara, esposa del joven Tobías tal como vemos en las Escrituras Sagradas&#8230;<br />
Para deshacerse de uno de ellos&#8230; Si el exorcismo no funciona&#8230; es necesario dibujar algunos símbolos divinos (ver figura 167) y pronunciar las siguientes palabras: &#8230; Pero el que las pronuncie, morirá&#8230;”</p>
<p>“¿Cómo esta esto?” –se preguntó-. “ ¿Debo decir esas palabras?&#8230; Pero, si las pronuncio, moriré”&#8230;</p>
<p>El sonido del claxon del auto de Javier, lo sacaron de su concentración&#8230; Respiró profundamente, se persignó y fue con su amigo&#8230; “Que sea lo que Dios quiera” pensó.</p>
<p>-Traes todo lo que te encargué, ¿no se te olvidó nada? –le dijo Pedro al subir al coche-.</p>
<p>-¡Nada!&#8230; Todo listo jefe</p>
<p>-Javier, es muy peligroso lo que vamos a hacer&#8230; Necesito de tu ayuda para lograrlo&#8230;</p>
<p>-Oye, si hay tanto peligro, lo dejamos y ya&#8230; Que mi abuela no venda la casa y punto&#8230; ¿Para qué arriesgarnos?</p>
<p>-Los fantasmas que habitan la casa de tu abuela, necesitan ayuda&#8230; Les prometí que les ayudaría&#8230; Si no me acompañas, no importa, lo entenderé&#8230; Iré yo solo, tu te quedas afuera.</p>
<p>-¡Que!&#8230; ¿Y perderme la diversión?&#8230; ¡Ni lo pienses hermano!&#8230; Soy muy miedoso, pero también soy muy curioso, y quiero ver a esos fantasmas, jajaja.</p>
<p>-Los fantasmas no son el problema&#8230; En la casona, hay un demonio&#8230; Y no es cualquier demonio, es uno de los principales&#8230; El demonio tortura a los fantasmas&#8230; Y si no les ayudamos, los torturará por toda la eternidad&#8230; ¿Comprendes eso?&#8230; Es importante ayudarles, pero te repito, es muy peligroso, nos puede costar la vida.</p>
<p>-¡Fuuiii! ¡Vaya!&#8230; Ahora entiendo&#8230; Por eso te encontré casi muerto el otro día, te enfrentaste con ese demonio ¿Verdad?</p>
<p>Pedro asintió con la cabeza&#8230; Ya no dijo nada, se arrepintió de proponerle algo tan peligroso a su amigo, ¿pero a quien llevar consigo? Se preguntaba&#8230; Y sabía que si se aventuraba él solo, moriría sin remedio.</p>
<p>-¿Tú crees que con estas cosas que llevas, será suficiente para derrotarlo? –Preguntó Javier, anhelante de una respuesta afirmativa, que tuvieran una oportunidad de triunfar.</p>
<p>-No lo sé&#8230; Nunca me he enfrentado a un demonio&#8230; Pero he leído libros que dicen como combatirlo, y en esos libros te aseguran un cincuenta por ciento de probabilidades de éxito.</p>
<p>-Pero, Pedrito&#8230; ¿Cómo puedes confiar en esos libros?</p>
<p>-Esos libros me los facilitó el Mayor Dalai Lama, en unos de mis viajes al Tibet&#8230; Yo los fotocopie&#8230; Ellos, en sus viajes astrales, han comprobado la veracidad de sus letras y me las han mostrado&#8230; Pero ellos son&#8230; como te diré&#8230; Digamos teóricos, nunca se enfrentan a los demonios, ni estos a ellos, se respetan mutuamente. Al comentarles mi “hobby”, me enseñaron los libros, los cuales encontraron en el fondo de una caverna antiquísima la cual utilizaban para meditar, los libros los encontraron por accidente pues hubo un derrumbe en esa caverna, y al estar rescatando a los sobrevivientes, encontraron esos libros&#8230; Si vieras los originales, no dudarías que provienen de entidades sobrehumanas, sus cubiertas son de oro puro, las cuales poseen una extraña luminosidad, al tenerlos entre tus manos, tu espíritu se llena de Gozo y de Paz&#8230; Y al abrirlos, ¡Oh Dios! Es tan hermoso, ves paisajes nunca vistos por el hombre&#8230; ¡Paisajes con movimiento! ¡Con vida! Las letras están formadas de hermosos brillantes que bailan ante tus ojos&#8230; ¡Sorprendente en verdad! Los lamas dicen que fueron escritos por Dioses arcanos. Yo pienso que fueron escritos por los mismos ángeles.</p>
<p>-Cincuenta por ciento no es mucho, mi amigo.</p>
<p>-Pero es mejor que nada&#8230; No te preocupes amigo, entiendo que no quieras acompañarme&#8230;</p>
<p>-No dije eso, dije que tengo mucho miedo, pero yo voy contigo&#8230; Nada mas no me pidas que sea valiente.</p>
<p>-Solo te pido que confíes en Dios, y que tengas fe&#8230; Y que hagas lo que yo te diga.</p>
<p>Se abrazaron fuertemente, como si fuera la última vez&#8230; Cada uno tenia confianza en el otro&#8230; Se rieron los dos al notarse algunas lagrimas en los ojos.</p>
<p>-Pues vamonos, al mal paso darle prisa.</p>
<p>-¡Vayamos de cacería! Y que Dios nos guíe.</p>
<p>Y el coche se deslizó hacia su negro destino.</p>
<p>X.<br />
Desde que salió del hospital se sentía muy extraño, pero hasta ahora se dio cuenta; al observar por la ventanilla del coche, el cielo tenía un color rojizo con unos enormes nubarrones negros que se movían a gran velocidad.”Empezamos mal el día” –pensó. Tenía una sensación de vacío, tal vez era un mal presagio, las personas en el exterior, se notaban un poco pálidas y sin mucho animo, pero no le dio mayor importancia.</p>
<p>Al llegar, empezó a sufrir una gran depresión, se sentía terrible, pero no le dijo nada a su amigo para no preocuparle&#8230; Dirigió sus pasos hacia la vieja puerta mientras Javier bajaba las cosas del coche.</p>
<p>“¡Los colores!” –pensó-. Eso es, el color de la puerta es un poco diferente, y todo, el ambiente, el cielo, los autos, las personas&#8230; Todo esta muy diferente&#8230; ¿Cómo no lo noté antes?&#8230; Tal vez al golpearme, me afecto en algo la vista&#8230; Cuando termine todo esto debo de checarme con un oftalmólogo, si es que salgo bien de esta.</p>
<p>-¡Listo Pedrito! Aquí esta todo lo que me pediste: El agua bendita, el pico y la pala, la pintura, los rosarios&#8230; Todo.</p>
<p>-Gracias Javier&#8230; ¡Te faltaron los ajos!&#8230; Los demonios no resisten el aroma de los ajos, ¿Dónde dejaste los ajos?</p>
<p>-¡Chin!&#8230; Tienes razón, ¿Cómo se me fueron a olvidar?&#8230; Si quieres, entra tu primero y empieza sin mí, mientras voy a ver donde demonios consigo una tienda abierta donde vendas los malditos ajos, ¿si?</p>
<p>-Déjalo, ya ni modo&#8230; Tal vez, ni quieres acompañarme&#8230; No lo hagas si tienes miedo&#8230;</p>
<p>-¡Otra vez! Ya te dije que yo voy contigo&#8230; ¿Qué es lo que quieres que haga?</p>
<p>-Quiero que bendigas la casa y esparzas el agua en todos los rincones&#8230; No dejes ningún cuarto sin bendecir y dibuja esta cruz de David en el centro de la sala, es para que te protejas, te incas en el centro de la cruz y empieza a rezar con todo el fervor que tengas y ruega a Dios que no nos pase nada&#8230; ¿Listo?</p>
<p>-¿Y tú que vas a hacer?</p>
<p>-Tú no te preocupes por mí&#8230; Preocúpate por que no te pase nada a ti&#8230; Tal vez, oirás y verás cosas horribles&#8230; Ponte algodón en los oídos y cierra los ojos, trata de no poner atención en lo que escuches y veas, solo concéntrate en rezar&#8230; ¿Listo?</p>
<p>-¡Listo!</p>
<p>Cuando Pedro abrió la vieja puerta de hierro, una ráfaga de aire helado los recibió, la temperatura bajó considerablemente hasta llegar a los 10 grados bajo cero aproximadamente. Casi no podían moverse debido a que se les entumieron todos los huesos, temblaban frenéticamente.</p>
<p>-¡Qué Demonios es esto! Exclamó Javier.</p>
<p>-¡Rápido! Esparce el agua bendita, yo voy al patio.</p>
<p>Al adentrarse en la estancia, en el comedor vieron a Carmen y a su hijo Juan, estaban abrazados, llorando y temblando de miedo. El niño le hablaba a su madre, con las mismas palabras que Pedro ya conocía:</p>
<p>-Mami, frío, miedo&#8230; Ya viene mami, escóndete.</p>
<p>-Que no te vea, mi niño –Le respondió Carmen, llena de angustia-. Escóndete por favor, no lo provoques</p>
<p>De la nada, apareció el horripilante demonio, era Barbatis.</p>
<p>Pedro y Javier estaban petrificados, Pedro experimento un escalofrío que le recorría toda la espalda, los cabellos se le erizaron de espanto. Carmen, el niño, y hasta el mismo Barbatis, parecían no darse cuenta de su presencia.</p>
<p>Barbatis, tomó a Carmen de la negra cabellera y salvajemente la tumbó, con sus garras, arrancó sus vestiduras dejándola completamente desnuda&#8230; mostró su descomunal órgano sexual y cuando se disponía a cometer su infamia contra la frágil figura, el pequeño Juan se le enfrentó.</p>
<p>-¡Déjala maldito!, deja a mi mami&#8230;</p>
<p>Una bofetada de Barbatis y la cabeza de Juanito voló por los aires y su cuerpecito quedó en el piso convulsionando.</p>
<p>Pedro observó la cabeza de Juanito y vio su llanto, su angustia, y su inmenso dolor y empezó a emitir unos aullidos tan angustiosos y terribles que lo cimbraron de pies a cabeza, produciéndole un cambio de sentimientos, pasando del horror al coraje.</p>
<p>-¡Vamos Javier! Esparce el agua bendita que vamos a destruir a ese maldito –Le dijo Pedro.</p>
<p>Barbatis ya estaba machacando las entrañas de Carmen, con un ritmo impetuoso. Pedro observó esa cara demoníaca llena de lujuria y le provocó odio y asco&#8230; Y el demonio movió su cabeza y le miró como si hubiera percibido sus sentimientos, y soltó una carcajada terrible. En ese momento, la casa desapareció y en su lugar apareció un cementerio abandonado.</p>
<p>-¡Y ahora dónde pongo el agua! –Le gritó Javier a Pedro.</p>
<p>¡Cierra los ojos! Es una alucinación&#8230; recuerda como estaba la casa, para que no tropieces con ningún mueble o pared, pero por nada del mundo abras los ojos&#8230; ¡Y ya! esparce el agua de una bendita vez</p>
<p>De las tumbas empezaron a salir cuerpos putrefactos, de la piel supuraba liquido verde y viscoso&#8230; Pedro no soportó más y cerró sus ojos, a tientas empezó a buscar el patio, una vez que estuvo en él, se dirigió a la pared, extrajo el bote de pintura en aerosol y empezó a escribir las letras sagradas que leyó en el libro la noche anterior. Al abrir los ojos para ver lo que había escrito, descubrió a un horrendo cadáver viviente que se le acercaba para estrangularlo, rápidamente volvió a cerrar sus ojos.</p>
<p>“Es imposible mantener los ojos abiertos” –pensó-. “Debo confiar en mi percepción&#8230; Me alegra que Javier este superando sus miedos, pensé que iba a salir corriendo de este lugar”.</p>
<p>Se dirigió hacia donde estaban enterradas las cabezas de Carmen y Juanito, Y rezando con mucho fervor empezó a excavar, rogando a Dios, que ese sea el lugar correcto. Por el frío que tenía, el esfuerzo que realizaba al excavar, le producía un calor reconfortante, así que el hoyo, lo hacia muy rápido, en pocos minutos; de pronto, sintió que el pico chocaba con algo duro&#8230; Metió sus manos y descubrió con alegría que era uno de los cráneos, siguió escarbando hasta que sacó el otro. Los limpió muy bien y los escondió en otro lugar. Volvió a abrir los ojos y las imágenes de los espectros habían desaparecido.</p>
<p>Pedro regresó a la casa y lo que observó lo dejó paralizado.</p>
<p>Barbatis seguía con su movimiento frenético sobre el cuerpo desnudo de Carmen, mientras esta gritaba incansablemente&#8230; Y a un lado, su amigo Javier se masturbaba observándolos.</p>
<p>-¡Quué estas haciendo!</p>
<p>-Yo –Contestó titubeante-. ¡Oh, no! Que demonios estoy haciendo&#8230; ¡Es culpa de ese maldito! –grito señalando a Barbatis-. Se apoderó de mi mente&#8230; ¡No puedo continuar! ¡Noooooo!</p>
<p>Su amigo empezó a reaccionar como un loco, hasta que se puso de rodillas con la cara en el suelo y empezó a llorar en veces y en otras a reír.</p>
<p>Pedro comprendió que era demasiado para la mente de su amigo y se lamentó haberlo obligado a acompañarlo.</p>
<p>Barbatis al terminar su orgía, destrozó la cabeza de Carmen con infinita rabia y mirando a Pedro le gritó:</p>
<p>-¡Ahora es tu turno! ¡Ya me cansaste!&#8230; -Y se abalanzó sobre él.</p>
<p>-¡Dios esta de mi parte, demonio! –Le gritó arrojándole el contenido de un frasco con agua bendita.</p>
<p>Barbatis soltó una estruendosa y diabólica carcajada y le dio un golpe mandando a Pedro por los aires.</p>
<p>-¡No es posible! –gritó Pedro asustado-. ¿Por qué no te hace daño el agua bendita?</p>
<p>En una esquina Pedro vio a Carmen llorando y a Juanito consolándola y dirigiéndose hacia ellos les gritó:</p>
<p>-¡Juanito, Carmen, vayan al patio y lean la inscripción que esta escrita en la pared! ¡Dense prisa por favor!</p>
<p>-¡Jajajaja jajaja! No te escuchan maldito –gruño Barbatis-. ¿Aún no te das cuenta de la realidad? ¿Nunca te has preguntado porqué tienes en tu mente los recuerdos de cuando tu amigo te llevó al hospital? ¿Cuando tu amigo habló con el médico sin estar tu presente? Cuando tu amigo vino por tus cosas, y las revisó en su casa ¿Porqué las recuerdas si estabas en el hospital? ¡jajajaja! Jugaré un rato contigo jajaja.</p>
<p>“Es cierto, ¿Porqué los tengo en mi mente como si yo los hubiera vivido? –pensó-. Pero no tuvo tiempo de seguir interrogandose, Barbatis lo volvió a golpear. Pedro salió proyectado contra la pared, le dolían inmensamente los golpes, pero extrañamente no se desmayaba por el sufrimiento.</p>
<p>Corrió hasta situarse a centímetros de Juanito y le gritó en el oído:</p>
<p>-¡Corre al patio! ¡Lee lo que esta escrito en la pared y tu madre será libre! ¡Ya quite el polvo infernal que cubría sus cráneos! ¡Solo tienes que leer lo que dice en la pared y tu madre será libre! ¡Corre, maldita sea!</p>
<p>-¡Que has quitado qué! ¡Maldito seas, ya no tendré compasión de ti! –gruño Barbatis y se abalanzó sobre Pedro.</p>
<p>Juanito no lo miraba, ni a Barbatis, es como si no existieran para él, pero es su mente retumbaron las palabras de Pedro. Y corrió al patio, al ver la pared, miró los extraños símbolos escritos en ella. Y le gritó a su Madre:</p>
<p>-Mami, ¿qué significa eso que esta en la pared?&#8230; Antes no estaba.</p>
<p>Mientras tanto Pedro era golpeado con saña. Carmen se dirigió hacia el patio y empezó a leer en voz alta:</p>
<p>-“¡Oh Metatrón! Príncipe de los serafines,, tercera llama, cuyas alas son espinas para agitar la vejación&#8230; Aprestaos a la lucha y escuchad. Moveos y mostraros&#8221;</p>
<p>-¡Noooooo! ¿Qué has hecho maldita? –gritó Barbatis aterrado-. Aventó a Pedro hacia un lado como si se tratara de una insignificante hoja de papel inservible. Llegó hasta donde se encontraba Carmen y Juanito y leyó con espanto el mensaje escrito por Pedro. Lo había subestimado y ya era demasiado tarde.</p>
<p>Su cuerpo empezó a convulsionar, y a gruñir en forma espantosa, se hizo más grande y le brotaron unas horribles alas membranosas.</p>
<p>Carmen y Juanito corrieron hacia el lugar más apartado y se abrazaron llenos de temor. Pedro estaba casi agonizante, estaba hinchado por los golpes propinados, y miraba con asombro las rabietas del demonio. Sonrió, y haciendo un esfuerzo sobrehumano, le gritó a Barbatis:</p>
<p>-¡Maldito! Nunca subestimes a un hombre de fe, no se rinde así nomás&#8230; Aunque parezca vencido, derrotarlo te será imposible. –Y continuo recitando su lema-. Yo deseo, soñar lo que nadie soñó, sufrir lo que nadie sufrió, llegar a donde nadie llegó, vencer al que nadie venció, seguir cuando no queden fuerzas es mi ambición, aunque no haya esperanza, ni tregua, ni nada&#8230; Si lo logró, en paz podré descansar&#8230; Porque Dios esta en mí.</p>
<p>-¡Maldito seas! -Gruño Barbatis-&#8230; Se te cumplirá tu deseo&#8230; ¡Sufrir lo que nadie sufrió! –Después lanzó un horrible alarido llamando a sus secuaces-.</p>
<p>-¡Legiones infernales! ¡Acudan a mí! ¡Volveremos a luchar! ¡Aaaaaagggghhh! Y de todas partes; de paredes, suelo, muebles&#8230; Hicieron su aparición centenares de negros demonios.</p>
<p>Se escuchó un estruendo enorme y todo se iluminó y una enorme luz azulada bajó del cielo&#8230; Era el príncipe de los Serafines&#8230; Metatrón.</p>
<p>Su belleza no tenia par, su destello casi los cegaba, no lo podían apreciar como ellos quisieran. Tenia unas grandes alas blancas, su cuerpo atlético, era muy alto, demasiado alto, y su cabeza, no se distinguía muy bien, a veces era parecida al león y otras a un águila y a veces la tenia humana; era como si tuviera las tres, pero se intercambiaban a una velocidad vertiginosa, en un segundo se apreciaban las tres&#8230; En sus manos sujetaba una enorme espada luminosa.</p>
<p>Carmen y Juanito, sintieron la radiación de energía del amor puro que emanaba Metatrón, y su alma maltrecha fue sanando y se abrazaron jubilosos, sabían que su cautiverio llegaba a su fin.</p>
<p>Pedro, poco a poco se fue recobrando de sus heridas hasta estar completamente sano, quizás mas fuerte de cuando llegó por primera vez a esa casa. Estaba fascinado con la hermosura y gallardía del príncipe de los serafines. Sonrió en sus adentros, sabía que Barbatis estaba perdido, porque no se trataba de un ángel cualquiera, ni de un valeroso arcángel, ni siquiera del príncipe de ellos&#8230; Era el ser angelical más poderoso del reino celestial, solo debajo del creador en sus tres personalidades, Padre, Hijo y Espíritu santo.</p>
<p>Barbatis dio la orden a sus legionarios que atacaran al ser divino, pero estos estaban indecisos&#8230; A pesar de su odio, sabían que si perecían a manos del Serafín, estarían en el infierno por quinientos años sin posibilidades de volver a la tierra, hasta que sanaran de sus heridas.</p>
<p>Metatrón con voz de trueno llamó a dos Ángeles para que se llevaran a Carmen y Juanito al reino celestial.</p>
<p>Bajaron dos bellos ángeles, y con ellos venía el Esposo de Carmen y padre de Juanito, se abrazaron llenos de felicidad y emprendieron su viaje al cielo acompañados de infinidad de escarchas luminosas. Pedro lloraba de alegría ante el bello cuadro que estaba contemplando y alcanzó a escuchar la voz delicada de Carmen: “Gracias, muchas gracias a quién haya realizado el escrito en la pared&#8230;”</p>
<p>Retumbo nuevamente la voz de Metatrón cuando se dirigió a Barbatis.</p>
<p>-¡Quiero que le des este mensaje a tu jefe SATANACHIA! Para que a su vez, se lo haga llegar a su jefe inmediato&#8230; –Mientras Metatrón hablaba los demonios saltaban de un lugar a otro gruñendo y chillando, de odio y temor-. Luz bella debió pelear conmigo, a mí me correspondía mandarlo al infierno, pero mi Padre quiso que entendiera que no importa la categoría del ser creado, sino el amor de nuestro Padre, Mi Padre puede hacer de cualquier ángel, un ser más poderoso que el mismo Satán&#8230; Si no se convierte en el final de los tiempos, dile que mi espada lo estará esperando&#8230; Barbatis, pagaras el haber utilizado el polvo sagrado que hace invisible las almas de los humanos ante nuestros ojos, pagaras haber torturado sus espíritus&#8230; ¡Prepárate para regresar al infierno!</p>
<p>Barbatis estaba fuera de si, y ordenó nuevamente a sus legionarios atacar a Metatrón.</p>
<p>-¡Malditos y mil veces malditos! ¡Si no atacan, yo mismo los torturare por la eternidad!&#8230; ¡Ataquen ahora!</p>
<p>Y en la vieja casona da inicio una batalla fantástica. Pedro pudo darse una idea de cómo fue la memorable e inimaginable guerra celestial, pero en esta ocasión la batalla fue desigual, ya que el príncipe de los Serafines era demasiado poderoso para la categoría de los demonios combatientes&#8230; Ni siquiera Barbatis fue rival&#8230; Y uno a uno fueron arrogados a los negros abismos del infierno, lanzando aullidos de dolor y frustración.</p>
<p>Al terminar la lucha, se sintió una paz inmensa. Pedro estaba petrificado, maravillado, temeroso&#8230; Muchas emociones en un solo instante.</p>
<p>Metatrón colocó una de sus rodillas en el suelo y con su potente voz, exclamó:</p>
<p>-¡Todo esta hecho señor, tú voluntad se ha cumplido! Se recuperaron dos almas de las muchas que están perdidas, seguiremos en busca de las que faltan&#8230; ¡Gloria a ti padre! Y Metatrón, el príncipe de los Serafines desapareció.</p>
<p>Después de que se recuperó de las emociones vividas, Pedro salió de la casa y encontró a su amigo Javier hincado y con el rostro en el suelo, todo su cuerpo temblaba.</p>
<p>-Amigo, ya todo terminó –Le dijo, produciéndole un gran sobresalto-.</p>
<p>Se abrazaron y entraron a la casa, poco a poco Javier se recuperó del espanto que aun conservaba y le dijo a su amigo que le platicará todo lo que pasó. Pedro le contó toda su vivencia, platicaron por horas.. Hasta que la puerta se abrió y vieron entrar a la hermosa enfermera.</p>
<p>-¡Martha! –gritó Pedro asombrado-. ¿Qué haces aquí?</p>
<p>Estaba preocupada, conseguí la dirección de esta casa y aquí me tienen, ¿qué pasó? Pedro Montaño, corrió hacia ella y la abrazo y antes de besarse le pidió a su amigo que saliera a conseguir el pago que le debía&#8230; Las cervezas, Que tenían mucho que celebrar, su noviazgo, la salida de los fantasmas de la casa y la derrota del demonio. Cuando Javier se fue, se besaron fogosamente.</p>
<p>********************<br />
Aquí debería terminar esta historia, que aunque fantástica es verdadera&#8230; debería terminar con un final feliz&#8230; Pero, como la mayoría de las historias reales no son así, esta tampoco lo es.<br />
********************<br />
Al estarse besando, Pedro notó como Martha lo abrazaba con una fuerza descomunal&#8230; Y el beso, que al principio parecía fogoso, pasó a ser asfixiante. Sus ojos casi se salen cuando contempló con espanto como su dulce enfermera se transformaba en un demonio infernal.</p>
<p>Martha (El demonio) lo abofeteo varias veces, y le arrancó sus ropajes hasta dejarlo desnudo&#8230; Pedro estaba asustado, pero sobre todo, estaba desconcertado&#8230; Y antes de que su mente se desquiciara para siempre, escuchó al súcubo recriminarle:</p>
<p>-¡Tenias que arruinarlo todo! ¡Maldito!&#8230; Yo quería que la pasáramos muy bien, que me amaras, ¡pero tenías que arruinarlo! Y ahora lo pagaras. Ya no pongas esa cara de estúpido, de no saber que esta pasando, tú estas muerto, siempre lo estuviste, desde que te enfrentaste la primera vez a Barbatis, el te mató&#8230; Yo le suplique que me diera tu espíritu para gozarte hasta la eternidad, y me lo concedió&#8230; quitó la cabeza de tú cuerpo y la enterró en algún lugar desconocido, la cubrió con el polvo, para que los malditos seres de allá arriba no vean tu alma, y tenía que ser antes de una hora que es tiempo que queda desconectada el alma con su Creador&#8230; Al Javier que conociste después de tu muerte, es un compañero mío, que me ayudó a preparar todo este teatro para que seas feliz, ¡Pero lo echaste todo a perder!&#8230; El verdadero Javier ya sepultó tu cuerpo (Sin la cabeza claro), pensó que habías muerto a causa de la centella, ¿te acuerdas? Varias personas la vieron, observaron como entró en esta casa y luego salió, pensaron que te había desecho la cabeza ya que tu cuerpo estaba calcinado, ¡Jajaja! Gustos del jefe, ya sabes&#8230; No sabíamos que tenias una copia del libro maldito, ¡maldita sea! Pero ya quemamos tu maldita casa y dimos muerte a los lamas que te mostraron el secreto, el libro original no puede ser destruido, pero ya lo ocultamos de nuevo en otro lugar, más inaccesible para los humanos&#8230; ¿Por qué lo arruinaste?&#8230; Yo pensaba hacerte el amor todas las noches, como lo hacía Barbatis con su hembra, pero a diferencia de él, yo me presentaría ante ti, con una imagen agradable, para que te sintieras bien&#8230; Así como él se enojó cuando vino el maldito sacerdote a rociar de agua bendita la casa ocasionando con esto que en vez de gozarla solo en las noches, lo hiciera a todas horas, ¡jajaja! ; así quiere que te castigue&#8230; ¡Oh! Mi amado y delicado humano, vendré todas las noches para gozarte a placer y en el día vendrán demonios a castigarte por lo que le hiciste a Barbatis&#8230; Mañana creo que empezaran con el empalamiento, y así, cada día será un tormento distinto, hasta la eternidad&#8230; ¡No te emocionas querido! Estaremos juntos hasta la eternidad&#8230; ¡Jajaja!&#8230; Por cierto, a mí me gusta comer mientras realizo el acto sexual.</p>
<p>Pedro estaba viviendo el terror que padeció Carmen por muchos años, el estar tan cerca de ese horripilante y pestilente demonio, estar abrazado de ese horrendo ser, succionando ese fétido aliento. Estaba aterrado, ¿Quién podría salvarlo?</p>
<p>-¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHGGGGGGGG! –Gritó con todas las fuerzas de su alma al empezar a ser objeto sexual del demonio.</p>
<p>-No grites querido, que apenas empiezo –Le dijo el súcubo, lleno de excitación y sarcasmo-. Te dije que me gusta comer mientras lo hago&#8230;</p>
<p>-¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHGGGG! –gritó por el dolor insoportable de que era objeto.</p>
<p>Martha le acababa de morder, le había arrancado el ojo derecho y parte de la nariz&#8230; Y comía con glotonería.</p>
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		<title>El Caseron</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Apr 2011 16:24:48 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La extraña historia que relato a continuación, sucedió en un pequeño pueblo de Guadalajara, España. Estaba con mi compañero y mejor amigo patrullando los alrededores de un caserón, éramos Guardias civiles. Nos encontrábamos en esa zona porque recibimos un aviso por radio desde la central, nos alertaba de unos bándalos que estaban provocando destrozos. Mientras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3337" title="caseron" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/04/caseron.jpg" alt="" width="500" height="400" /><br />
La extraña historia que relato a continuación, sucedió en un pequeño pueblo de Guadalajara, España.<br />
Estaba con mi compañero y mejor amigo patrullando los alrededores de un caserón, éramos Guardias civiles.</p>
<p>Nos encontrábamos en esa zona porque recibimos un aviso por radio desde la central, nos alertaba de unos bándalos que estaban provocando destrozos.<br />
Mientras patrullábamos, observando atentamente y sin casi darnos cuenta nos oscureció. Todo estaba muy tranquilo, no parecía que nadie estuviese en los alrededores, cuando creía que nos iríamos a seguir nuestra rutina, mi compañero me sorprendió cuando bajó del coche y se fue solo hacia el interior del caserón abandonado.<br />
Estuve esperándolo un buen rato y sin comunicación alguna, cuando la recuperé pude escuchar claramente, “Si entras morirás”.</p>
<p>Lo primero que pensé, es que era una broma de las de mi compañero, aún así me dirigí hacia la casa y justo antes de entrar por la puerta principal escuché los gritos de mi compañero por radio:</p>
<p>- ¡Son demasiados!, ¡Las balas no les afectan!<br />
- ¡Pero, que ocurre!, ¿Quiénes son?, contesté.</p>
<p>De pronto se cortó la comunicación, corrí hacia el coche patrulla para pedir refuerzos, pero me dijeron que tardarían como mínimo unos quince minutos en llegar, las órdenes que recibí fueron precisas, que me esperase fuera, pero…¿Cómo que esperase fuera?, mi compañero estaba en peligro. Ni me lo pensé, cuando estaba cruzando la puerta, le comuniqué que iba dentro para buscarle, el me dijo que no entrase, que podían matarme. Pero…¿Matarme el que?¿Quién?.<span id="more-2226"></span></p>
<p>Evidentemente no hice caso y entré sin pensarlo dos veces, pero ya dentro me quedé sorprendido, la casa estaba totalmente en ruinas y la puerta que dejé atrás se cerró de golpe, seguidamente escuché una voz que dijo:<br />
- Has elegido el camino de la muerte, no saldrás de aquí, vivo.</p>
<p>A pesar del terrible miedo que sentí, seguí adelante en busca de mi compañero y amigo. Después de buscar por toda la casa, por fin pude verlo, me acerqué, se encontraba de cuclillas apoyado en un rincón, estaba malherido:</p>
<p>- Déjame aquí, hay más seres rondando la casa. Dijo mi compañero entre lamentos de dolor.<br />
- ¿Otros seres, pero que?, no pude terminar la frase cuando algo con una fuerza descomunal me tiró al suelo. Saqué mi arma y vi unas extrañas sombras corriendo a mi alrededor, sin dudarlo ni un instante empecé a disparar, pero no les afectaba ninguno de mis disparos, les había dado, estoy seguro, pero las balas no parecían provocarles daños.<br />
Empecé a sentir un escalofrío y antes de que el miedo no me dejara reaccionar, salí corriendo con mi compañero a hombros, cruzamos seis salas y llegamos a un gran comedor, encendimos las linternas y al ver una estatua de Cristo colgada del revés, nos dimos cuenta de todo lo que estaba ocurriendo, a su lado había una nota:</p>
<p>- Habéis entrado en territorio satánico, prepararos para sufrir, vais a morir.<br />
No acabamos ni de leer la nota y empezamos a notar esas extrañas presencias alrededor nuestro, no sabría cuantas podían ser, pero se estaban acercando cada vez más. El miedo se nos apoderó, nos quedamos quietos apuntando con el foco de nuestra linterna cada vez que notábamos algo extraño. Cuando todo parecía perdido escuchamos las sirenas de los compañeros, reaccionamos corriendo con todas nuestras fuerzas y conseguimos salir, pero ahí fuera no había nadie, estábamos solos, de pronto una especie de figura fantasmal vino derecha hacia nosotros cogiendo a mi amigo y llevándoselo hacia el interior del caserón.</p>
<p>Todo parecía una locura, no podía creer lo que estaba sucediendo, colapsado por todo lo ocurrido me dirigí al coche para coger un arma mejor. Más seguro entré de nuevo al caserón y vi a mi compañero acercarse a mi, estaba un tanto cambiado y con una extraña expresión en la cara me dijo:<br />
- En el nombre de Satán yo te tomaré.<br />
Al acercarse vi que tenía los ojos rojos, parecía poseído, no supe como reaccionar y mientras tanto él sacó su pistola y me apuntó a la cara, no tuve otra opción, apreté el gatillo de mi escopeta y cayó fulminado, fue entonces cuando llegaron los refuerzos.</p>
<p>Cuando llegaron traían consigo a un cura, estaban al corriente de todo, ya que no era la primera vez que habían ocurrido cosas extrañas por estos alrededores, me ayudaron y hablé con el cura, me dijo que todo lo ocurrido había que llevarlo en el más riguroso secreto, lo que allí había pasado no tenía que saberlo nadie. Luego me consoló, me dijo que había actuado bien, que mi compañero había sido víctima de una posesión, en el caso de que no le hubiese disparado él lo habría hecho sin dudarlo y sería yo el que ahora estaría muerto.</p>
<p>Al día siguiente dejé el cuerpo de la guardia civil, desde ese día, cuando paso cerca de ahí me acuerdo de todo y sobre todo de mi compañero y buen amigo.</p>
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		<title>La mansion sobre la colina</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Apr 2011 05:44:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Relatos Misterios]]></category>
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		<category><![CDATA[Diablos]]></category>
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		<description><![CDATA[Llegué a la casa a primeras horas de la noche. Estaba construida sobre una colina, envuelta en brumas. Era un edificio pequeño, pero de apariencia impresionante. Parecía un pequeño castillo francés; pero sus muros negros, los puntiagudos tejados de diminutas tejas también ennegrecidas, no sé si por efecto del humo o por la misma oscuridad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3286" title="mansion en la colina" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/04/mansion-en-la-colina.jpg" alt="" width="560" height="373" /></p>
<p>Llegué a la casa a primeras horas de la noche. Estaba construida sobre una colina, envuelta en brumas. Era un edificio pequeño, pero de apariencia impresionante. Parecía un pequeño castillo francés; pero sus muros negros, los puntiagudos tejados de diminutas tejas también ennegrecidas, no sé si por efecto del humo o por la misma oscuridad nocturna, aquellas ventanas de formas góticas, me produjeron un escalofrío al acercarme, aunque yo no iba solo: junto a mí venían otras personas, tres, quizá cuatro. Su número variaba cada vez que miraba hacia ellos, pero esto no me pareció extraño. No sé quiénes eran, y ni siquiera llegué a ver sus caras, enfundadas en capuchas, así como tampoco sé quién era yo, pero poco a poco me di cuenta de que mi presencia en aquel lugar y en aquel tiempo obedecía a razones que no podría explicar en ese preciso instante.</p>
<p>Ni la colina sobre la que se alzaba el caserón ni el bosque que la circundaba estaban desprovistos de abundante vegetación, aunque al ir ascendiendo eran más las rocas mohosas que las plantas y los arbustos. Yo iba vestido con una ropa de color gris, tal vez negro. Quizá vestía una capa. Pero ninguna de ellas me incomodaba para ascender por el sendero. De todas formas, no era una escalada sencilla. En el suelo se mezclaban los tojos con otros arbustos de espinas afiladas, pero los evitábamos, rodeándolos con cierta aprensión.<span id="more-1706"></span> Desde lo alto, miré hacia la llanura que se extendía alrededor de la colina, pero no pude ver más allá de unas pocas casas lejanas de tejados rojos, y de una bruma que ocultaba todo lo demás. No puedo recordar si la niebla estaba en mis ojos o en el aire, pero estaba seguro de que yo regresaría allí de algún modo, tras cumplir mi misión en el caserón, y no me asusté.</p>
<p>Al llegar a la entrada me di cuenta de que la casa era incluso más pequeña de lo que parecía. Estaba un poco hundida en la roca, por lo que supuse que algunas de sus estancias debían permanecer enterradas bajo la montaña, lo cual pude comprobar más tarde. El portón de entrada era de madera negra, no demasiado ornamentado, pero vislumbré algunos extraños símbolos grabados sobre los oscuros paneles. Había un pequeño tejadillo sobre la puerta, y encima de éste, una ventana cerrada, con cristales esmerilados, y gruesas cortinas rojas. Un hombrecillo abrió al acercarnos, aunque nadie había llamado aún. Yo iba delante durante la ascensión, pero entré precedido de alguno de mis compañeros.</p>
<p>Tuve que pasar por un corredor, por el que caminaba en fila de a uno, aunque tal vez pudiesen pasar más personas al mismo tiempo. El interior era oscuro, lóbrego, olía a humedad. Había mucho polvo sobre las antiguas y altas sillas de respaldos de cuero, pegadas a las paredes, pero no observé telarañas en los negros rincones, ni la presencia de ningún insecto, aunque nunca di por hecho que no se ocultasen entre las rendijas y las grietas llenas de suciedad.</p>
<p>Llegamos a una estancia, que era el final del pasillo. Tal vez hubiese puertas que comunicaran con otras habitaciones en la galería por la que pasamos, y así creo que debía ser, ya que las ventanas que se observaban desde el exterior tenían que pertenecer necesariamente a tales cuartos. Supe entonces que aquellas habitaciones no habían sido utilizadas por quienes vivían en la casa, y supe que sus interiores eran más limpios, adornados con cortinas rojas, y que el sol había entrado alegremente en ellos en otros tiempos, aunque ahora languideciesen bajo gruesas capas de polvo&#8230; Pero en la cámara en que ahora nos encontrábamos no había ventanas. Se dibujaba una al fondo, pero la luz no penetraba por ella. Tenía una forma oblonga, y junto a una de sus paredes había una escalera.</p>
<p>Esta escalera descendía siniestra y profundamente hacia un pozo de negrura insondable. Su forma, en espiral, hacía no sólo dificultosa, sino incluso peligrosa, la bajada. En el centro de la escalera había una columna, sobre la que se sustentaba la misma escalera, y que era, me di cuenta nada más verla, el pilar central del edificio entero. Aquella columna era también negra, estriada, retorcida en mil diabólicos arabescos, y parecía fundida en algún metal, tal vez bronce, pero no lo sé puesto que no entiendo de tales materias, aunque recuerdo que no la quise tocar por temor a que estuviese oxidada, dejando entonces ese característico pegajoso y repugnante olor en mis manos.</p>
<p>Bajé la escalera, y aunque cuando comencé a descender estaba junto a todos mis acompañantes, al llegar al piso de abajo todos me estaban esperando allí, y nadie miró hacia mí, pues se hallaban ocupados en otras cosas. Allí estaba otra vez la persona que nos había abierto la puerta al principio, y que no había visto hasta entonces realmente. No era hombre ni mujer, aunque tal vez fuese más de esto último. Era vieja, cubría su cabeza con un pañuelo o un sombrero, vestía de negro, era de baja estatura, y más bien rechoncha. Sin embargo, su cara era delgada, su nariz aguileña, y las arrugas surcaban su rostro como al de una persona que ha visto y ha oído demasiado. De algún modo, supe que había sido el sirviente de los antiguos habitantes de la mansión.</p>
<p>Estábamos junto a una escalera de caracol, con una barandilla de negra madera, muy empinada, a cuyos pies había un paragüero, inopinadamente utilizado para guardar un grupo de antiguas espadas oxidadas, y aunque el descenso había sido rápido, yo veía que esta escalera subía hasta muy arriba, de tal manera que no pude ver el piso superior aunque me asomé por el hueco. La columna era ahora más que nunca el pilar central del edificio, la viga maestra sobre la que se apoyaba toda la estructura, que me pareció entonces de una fragilidad asombrosa.</p>
<p>Pero lo asombroso estaba en el remate de la columna. En su llegada al suelo tenía la forma de una figura femenina. De hecho, sucedía que era la estatua en cuestión la base de la columna. La figura estaba vestida con una armadura, y en su mano izquierda alzaba una espada por encima de la cabeza. Nada más observarla intuí que había algo blasfemo encerrado dentro de aquella figura.</p>
<p>En esta estancia había otras cosas. Parecía haber sido utilizada como habitación central de la casa. En la pared oeste había una arcada, una puerta abierta que conducía a otro lugar, y en la pared opuesta, detrás de la figura, había un largo pasillo, que conducía, según nos dijo aquella persona que nos había abierto, y que ahora se mostraba a sí misma como la guardiana, tal vez el ama de llaves, del caserón abandonado, a las habitaciones privadas de los antiguos habitantes de la casa.</p>
<p>El guardián nos contó historias terribles y susurró secretos que jamás antes había contado a nadie, aunque ya habían pasado otros viajeros por allí. Dijo que la casa había sido habitada por tres o cuatro hermanos, uno de los cuales era una muchacha, y que vivían en esas habitaciones que se entreveían en la oscuridad gris azulada del pasillo tras la estatua.</p>
<p>En la pared norte había una pequeña cocina, sobre la que aún había algunos cacharros. Al otro lado una ventana alargada, cubierta por finos visillos de blanca seda, sucia por el polvo, estaba junto a una inverosímil, por su ubicación, chimenea en la que aún ardían algunos leños. Por la ventana entraba luz, pero a medida que fue pasando el tiempo la noche pareció llegar, ocultando toda claridad. No puedo decir si entonces utilizamos velas o la luz eléctrica, puesto que la mansión, aunque antigua, poseía una instalación de este tipo, con extraños interruptores de llave.</p>
<p>Aunque yo creí en un primer momento que estábamos bajo tierra, la ventana parecía dar a un primer piso. Esa ventana de cristales esmerilados, tal vez de diversos colores, pero que quedaban ocultos por la oscuridad reinante, me intranquilizaba, pues sabía que algo podría llegar de fuera a través de ella. Uno de nosotros la cerró, por lo que el viento dejó de mover los visillos.</p>
<p>Ante la ventana había una mecedora, sumamente incómoda, de madera oscura y asiento de piel negra, en la que había grabados algunos dibujos de aspecto geométrico y en los que no me entretuve demasiado. Se veía, sin embargo, que la mecedora estaba dispuesta para que en ella se sentase alguien mientras leía un libro frente al fuego. La escena me pareció entonces muy natural, y pude imaginar a aquella antigua familia disfrutando del calor del hogar en las frías noches de invierno.</p>
<p>Entonces pasé al otro cuarto. Era el que estaba tras la arcada de la pared oeste. El marco era anormal, distinto a los del resto de la casa. Las demás puertas tenían sencillos marcos cuadrados, pero este era ondulado como los arcos de las construcciones árabes, y sus puertas, grandes, eran de color claro, siempre abiertas. Sentí un escalofrío al pensar lo que podría suceder tras esas puertas si alguna vez quedasen cerradas.</p>
<p>El guardián nos dijo que en aquella estancia solía el hermano mayor pasar todo su tiempo, ocupado en la lectura de extraños libros, y realizando experimentos de naturaleza blasfema y prohibida en una gruesa mesa de madera porosa que había en el centro de la biblioteca, si tal nombre es aplicable al cuarto. El guardián nos mostró algunos de los libros, y yo comprobé con horror que se trataba de manuscritos de incalculable antigüedad, encuadernados en pieles negras, y con títulos latinos en su mayor parte, que mostraban a las claras la naturaleza abominable de su contenido. Los identifiqué como poseedores de arcanos saberes hoy olvidados, referidos a Magia y hechizos, y supe que el hermano mayor había practicado ritos sacrílegos y crímenes nefandos.</p>
<p>II<br />
Volví al cuarto de estar, y junto al resto de mis compañeros nos dispusimos a pasar la noche en aquel lugar. El ama de llaves nos dejó, subiendo por la estrecha escalera, desapareciendo para siempre. Sabía que tenía que pasar la noche en ese lugar, pero no hice ningún preparativo especial, aunque mis compañeros se dispusieron a arreglar algunas habitaciones en el pasillo, por el que yo ni siquiera entré.</p>
<p>Nos sentamos alrededor del fuego, y nos contamos con ingenuidad historias que ya eran viejas cuando las pirámides de Egipto aún no habían sido construidas, y también hablamos sobre nuestra presencia en este lugar. De este modo advertimos que habíamos sido llamados para resolver un lejano misterio, relacionado con la familia que había habitado el castillo. Supimos que algunos hechos de naturaleza inconfesable habían sido llevados a cabo entre los vetustos muros de la mansión, y adivinamos que fenómenos espeluznantes y diabólicos podían llegar a importunarnos durante la noche, y quizá perjudicarnos de manera aún más grave. Sin embargo, ninguno de nosotros creía en tales historias de viejas, y nos reímos de los relatos que los campesinos de las casas de tejados puntiagudos y ladrillos rojos nos habían susurrado temblorosamente entre dientes.</p>
<p>Pasó algún tiempo, no demasiado; pero yo estaba detrás de la mecedora, que a su vez estaba delante del fuego, cuando de pronto el bastonero que tenía a mi lado, y en el que reposaban las antiguas armas, se tumbó como empujado por manos invisibles, y las espadas se desperdigaron por el suelo de pequeñas baldosas ajedrezadas. Todos quedamos impresionados, y uno de mis compañeros comenzó a hablar, intentando hallar una explicación racional a aquel fenómeno, de tal forma que muy pronto todos los demás le dieron la razón, apoyando su inverosímil teoría.</p>
<p>Pero aunque yo también le di la razón, sabía que estaba equivocado, y que el paragüero no había sido tumbado por la fuerza del viento, ya que la ventana estaba cerrada. Expliqué a los demás que era extraño que los visillos no se hubieran movido con el viento. Este argumento no pareció impresionar a ninguno de mis escépticos acompañantes, cuando nuevamente de improviso y como obedeciendo a alguna orden dada por mí mismo, los visillos grises por el polvo comenzaron a moverse como impulsados por el viento, con tal fuerza que volaban perpendiculares a la pared, hasta que fueron arrancados de ésta, volando sobre nuestras cabezas, y yendo a parar al lugar en el que se encontraban ya las espadas.</p>
<p>A partir de este momento mis recuerdos se embrumecen aún más, y es poco lo que puedo relatar sin temor a verme obligado a fabular, para rellenar las lagunas. Sólo sé que aunque yo regresé al pueblo del que habíamos partido, no fui recibido por nadie, y jamás llegué a saber quiénes fueron las personas que me acompañaron. Del modo en que logré escapar del castillo, y de todo lo que me sucedió hasta el final de esta narración, no soy consciente más que en una pequeña porción&#8230;</p>
<p>III<br />
La noche, que nos había cubierto ya hacía tiempo, alcanzó también nuestros corazones, cansados por el esfuerzo del día, y tras unas breves despedidas, todos mis compañeros se retiraron a las habitaciones que antes habían dispuesto para su descanso, a pesar de que yo no recordaba haberles visto hacer tal cosa. Por algún motivo que no logro comprender, yo, que ni siquiera había traspasado aquel dintel del pasillo oscuro, sucio y viejo, lo que hice fue penetrar en la biblioteca y tomar uno de los libros en mis manos.</p>
<p>No estoy seguro de lo que sucedió a continuación, pero creo que primero leí el título, &#8220;De vermiis mysteriis&#8221;, y de algún modo supe que el autor que figuraba como escritor de aquel horrible compendio de siniestras brujerías no era el verdadero, aunque no me fue dado el conocer el nombre del real, y comencé a leerlo. Supe entonces que la columna en cuya base aquella figura femenina ejercía el papel de sustento no había estado allí siempre, y supe, mediante procedimientos innombrables, que el verdadero dueño de la casa no había sido el hermano mayor, ni su padre, ni el padre de su padre, y que quizá la mansión ni siquiera tenía dueño, y que el único propietario del castillo no era otro que el castillo mismo, si es que tal cosa era posible.</p>
<p>Supe que bajo las rocas sobre las que se hundían los cimientos de la mansión, e incluso debajo de esas otras rocas, se ocultaba un gigantesco ser vermiforme, si es que así puede ser llamado, de una malignidad inabordable, y que este ser no sólo era el verdadero dueño de la mansión, sino que para él la misma mansión no tenía valor ninguno salvo como instrumento de su propia e insufrible atrocidad, y que él se había limitado a permitir a otros que se alzase el edificio sobre su propiedad, exigiendo a cambio un cruel tributo.</p>
<p>A partir de entonces mi propia esencia como persona sufrió una increíble mutación. De algún modo, que yo no podía comprender, me sentí &#8220;inundado&#8221; por la presencia de otra persona en mi interior, y su personalidad era tan dominante que pronto la mía pasó a un segundo plano, aunque mi aspecto exterior seguía siendo el mismo.</p>
<p>Yo vivía en aquella casa desde mi nacimiento, y antes que yo lo habían hecho mis padres, y antes que ellos, mis abuelos, y antes que ellos, sus abuelos y sus bisabuelos. Y yo era el hermano mayor de una familia que ahora sufría las consecuencias de la ruina y el envilecimiento por causas que no me era dado ni saber ni intentar investigar siquiera. Sabía que las espadas que colgaban de la pared, cada una de las cuales representaba a cada uno de los moradores que había tenido la casa, no iban a poder seguir aumentando de número, y que esta era la señal de nuestra perdición.</p>
<p>Sólo intuí que el castillo iba a ser finalmente pasto de la degeneración que lo amenazaba desde su misma construcción, y que sólo había una forma de impedirlo, al menos durante otra generación más, ya que esta iba a ser la última. Oh, sí, yo lo sabía, sabía qué había que hacer, y sabía cómo había que hacerlo. Tome una larga daga curvada que reposaba sobre una estantería llena de polvo, y sentí cómo el polvo de siglos ensuciaba mis manos. Me di media vuelta, y allí estaba ella. Era mi hermana, y estaba tumbada sobre la mesa. Vestía un ligero camisón de dormir, pues estaba en brazos del sueño.</p>
<p>Y me dirigí hacia ella. Invoqué a seres cuyo solo nombre haría temblar a quienes escuchan sin estremecerse relatos de insondable terror cosmogónico, y alcé mis plegarias a estos dioses, quizá diablos, y ellos se rieron de mí. Realicé rituales de distorsionado recuerdo, alcé la daga con mi mano izquierda sobre el cuerpo inerte de mi hermana, y lo clavé profundamente en su pecho, hasta que mis manos chorrearon con la sangre caliente de sus vísceras palpitantes. Tomé entonces su cuerpo sin vida, y mediante un sortilegio lo introduje en el interior de una oxidada y tenebrosa armadura medieval. Arrastré este peso hasta afuera, donde la columna de bronce fundido sujetaba la casa, hundiéndose en el interior de la colina hasta una profundidad que era blasfema por su sola inmensidad, y mediante un ritual arcano que llenó de negrura mi corazón, la armadura se fundió con la columna, quedando aquélla como base de ésta. Finalmente, tomé su espada, que colgaba de la pared, y la puse en su mano. Cuando di media vuelta, allí estaban mis hermanos. Me miraban fijamente, con los rostros inexpresivos, pero yo sabía que me daban las gracias. Después, volvieron silenciosos a sus habitaciones.</p>
<p>Yo sabía ahora que la mansión iba a poder mantenerse en pie durante otra generación. Supe que Aquel Que Mora En Lo Profundo se alegraba de recibir nueva savia a través de la columna, y aunque un profundo dolor, por la muerte de mi hermana, surcaba mi pecho, sabía que no había tenido otra opción.</p>
<p>Volví a la Biblioteca con paso cansado, para recoger los libros, y quizá para seguir estudiándolos. Esta fue la última cosa que posiblemente hice nunca. En el pasillo, a través de las puertas siempre abiertas de la habitación, escuché los deses- perados chillidos de unas voces que primero suplicaban y luego gorjeaban. Las reconocí como las voces de mis hermanos, y las escuché con terror y profunda aprensión, pues presentía que eran los estertores de una muerte horrible, viscosa y sin forma.</p>
<p>De pronto apareció en el umbral de la puerta una figura negra como la noche, aunque yo sabía que no era negra, sino brillante. En su mano blandía una espada enrojecida por el óxido y chorreante de sangre, que goteaba sobre la deshilachada alfombra verdusca de la biblioteca. Y yo supe que era mi hermana, y supe que iba a morir. Con un grito de pura desesperación me abalancé sobre la figura, logré hacerla a un lado, y corrí a través de la sala hacia las escaleras&#8230;</p>
<p>Recuerdo vagamente cómo las escaleras se deshacían bajo mis pisadas, enloquecidas por el terror de la prisa frenética, y la barandilla se rompía en trozos mientras yo la agarraba. Recuerdo también cómo el techo se caía en pedazos de cal y ladrillos sobre mi cabeza, y cómo a duras penas pude respirar en medio de la humareda ocasionada por el polvo y el derrumbe. Sé que a cada paso que daba por el pasillo, lleno de miedo sentía hundirse mis pies en un suelo que ya no existía, y que al ver el negro portón del castillo ante mí creí que había llegado mi final, pero cuando en el último instante, antes de caer aplastado por el peso de los dos pisos superiores, las negras hojas de la puerta se partieron con un chasquido gangrenoso, y el frío aire de la noche hinchó mis pulmones con una punzada de puro dolor, supe que era libre. Pero eso fue lo último que supe&#8230;</p>
<p>IV<br />
Esto es todo lo que puedo recordar de aquella noche. No me fue posible saber más, aunque pregunté a todos si conocían a quienes fueron mis acompañantes, o qué fue de ellos, o qué sucedió con la casa de la colina, ahora hundida en las rocas. Ni siquiera han querido responder a mis preguntas, y llenos de terror, no contestan cuando intento hablarles. Estos absurdos e ignorantes campesinos, con los que me veo obligado a convivir contra mí voluntad, parecen no querer enterarse de mi presencia. No desean ni tan siquiera mirarme cuando estoy con ellos, y cuando lo hacen, miran como si estuviesen viendo a través de mí, como si yo fuese un fantasma&#8230;</p>
<p>FINIS</p>
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		<title>La calavera que gritaba</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Mar 2011 06:33:34 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La he oído gritar a menudo. No, no estoy nervioso, no; no me dejo llevar por la imaginación, y sigo sin creer en fantasmas, a menos que esto sea uno. Sea lo que sea, me odia casi tanto como odiaba a Luke Pratt, y sus gritos me están destinados. Yo, en lugar de usted, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3201" title="esqueleto" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/03/esqueleto.jpg" alt="" width="512" height="434" /></p>
<p>La he oído gritar a menudo. No, no estoy nervioso, no; no me dejo llevar por la imaginación, y sigo sin creer en fantasmas, a menos que esto sea uno. Sea lo que sea, me odia casi tanto como odiaba a Luke Pratt, y sus gritos me están destinados.<br />
Yo, en lugar de usted, no explicaría nunca una historia referente a los métodos de asesinato más ingeniosos; nunca se puede saber si alguien, sentado en su misma mesa, no siente cierto cansancio de su cónyugue. Me he reprochado a menudo, enérgicamente, la muerte de la señora Pratt, y supongo que tengo alguna responsabilidad en su defunción, si bien, el cielo es testigo, nunca le desee nada que no fuera una larga y feliz existencia. Si yo no hubiera explicado aquella historia, quizás la señora Pratt continuaría con vida. Me parece que es por esto que esa cosa me grita sus amenazas.</p>
<p>La señora Pratt era una buena mujer; tenía, bien mirado, un temperamento agradable y una bella voz. Pero recuerdo haberla oído chillar, un día, al imaginarse que su hijo había fallecido a causa de un disparo; el revolver se había disparado solo, cuando nadie lo creía cargado. Aquel chillido era el mismo, exactamente el mismo, con una especie de trino agudo al final; ¿entiende lo que quiero decir? Claro que sí.</p>
<p>En verdad, yo no había comprendido que el doctor y su mujer no congeniaban. Discutían de tanto en tanto, delante mío, y había observado a menudo que la delicada señora Pratt se enrojecía y se mordía los labios con violencia para conservar la calma, mientras Luke palidecía y la atacaba con palabras arrogantes. Acostumbraba a portarse así cuando iba a párvulos, y también más adelante en las diversas escuelas. Era primo mío, ¿sabe? Por eso he venido. Después de su muerte y de la de su hijo Charlie, en Africa del Sur, la familia entera quedó extinguida. Sí, el lugar es muy agradable, de lo más conveniente para un viejo marino que ha decidido, como yo, pasar el resto de sus días practicando la jardinería.<span id="more-2841"></span></p>
<p>Se recuerdan siempre los errores con mayor intensidad que las acciones inteligentes, ¿no es cierto? Lo he observado a menudo. Cenaba con los Pratt, cierto atardecer, cuando les expliqué aquella historia destinada a generar tan grandes cambios. Era una de aquellas húmedas noches de noviembre, y la mar gemía. ¡Silencio! Si calla podría oírla&#8230;</p>
<p>¿Oye la marea? Su sonido es lúgubre, ¿no? A veces, en esta época del año&#8230; ¿eh? ¡Escuche! ¡No tenga miedo, amigo! No será comido. Al fin y al cabo, sólo es un ruido. Pero estoy contento que lo haya escuchado, porque siempre hay quien habla del viento, de mi imaginación, o de cualquier otra cosa. Esta noche ya no volverá a escucharlo, me parece; habitualmente, grita una sola vez. Sí, ¡muy bien! Ponga más leña en chimenea y añada un poco de tabaco a esa mezcla que le gusta. ¿Recuerda el viejo Blauklot, el carpintero de aquel bajel alemán que nos recogió cuando el Clontarf naufragó? Nos batíamos en medio de la tempestad aquella noche, tan cómodos como en un salón, claro, y no había tierra en un radio de quinientas millas. Y, después, llegó aquel navío, que se alzaba y caía con la regularidad del tic-tac de un péndulo. El viejo Blauklot cantaba mientras entraba de guardia en el velero. He pensado a menudo en aquel suceso ahora que me he quedado en tierra para siempre.</p>
<p>Sí, era una noche como aquella; estaba pasando una temporada en casa, a la espera de tomar el mando del Olympia, en la que sería su primera travesía. Transcurría el año 1892, a principios de noviembre.</p>
<p>El tiempo era detestable. Pratt estaba con un humor de perros, y la cena, que era infame, verdaderamente infame, y además estaba fría, para acabar de redondearlo, no contribuía a mejorar el ambiente. La pobre señora estaba realmente desolada por todo aquello, e insistió en prepararnos un pastel de queso que redimiera los nabos demasiado crudos y el cordero poco hecho. Pratt, seguramente, había tenido un mal día. Quizás se le había muerto algún paciente. Fuera como fuese, su comportamiento era bastante antipático.</p>
<p>-Mi mujer intenta envenenarme, ¿sabe?  -dijo-. Un día u otro lo conseguirá.</p>
<p>Noté que esta observación había ofendido a la señora Pratt, e hice ver que reía diciendo que la señora era demasiado inteligente para deshacerse del marido con un procedimiento tan elemental; y entonces me puse a hablar de los métodos japoneses: vidrio picado, pelos desmenuzados de caballo, y yo que sé más.</p>
<p>Pratt, siendo su profesión la medicina, conocía el tema, seguramente, mucho mejor que yo, pero aquella superioridad suya me provocó. Les expliqué entonces una historia, la de una irlandesa que había sido capaz de asesinar tres maridos antes que sospecharan nada de ella.</p>
<p>¿Ya ha oído hablar de esta historia? El cuarto marido se las compuso para permanecer despierto y cogerla por sospresa. Fue colgada. ¿Cómo se las ingeniaba aquella mujer? Hacía tragar un somnífero al marido de turno y, cuando éste dormía profundamente, le derramaba plomo fundido en las orejas con la ayuda de un pequeño embudo de cuerno&#8230; No, esto es solo el viento que silba. Nuevamente sopla viento del sur. Lo sé por la calidad del sonido. Y, además, el otro sonido nunca se produce más de una sola vez en el transcurso una misma noche, incluso en esta época del año&#8230; ¡si llega a producirse! Era también noviembre. La pobre señora Pratt murió, súbitamente, en su cama, poco después de aquella velada. No puedo precisar la fecha, porque la noticia me llegó, en Nueva York, en el navío que siguió al Olympia tras su primer viaje conmigo como capitán. Así, ¿usted mandaba el Leofric aquel mismo año? Sí, lo recuerdo. ¡Qué par de tipos, usted y yo! Ya casi se cumplen cincuenta años desde que éramos grumetes a bordo del Clontarf. ¿Será posible olvidar algún día al viejo Blauklot y su canción? ¡Ja!, ¡ja! ¡Pero sírvase, haga el favor! Éste es el viejo Hulstkamp que hallé en la bodega cuando tomé posesión de la casa&#8230;, el mismo que traje de Amsterdam para Luke veinticinco años atrás. Nunca llegó a beber una sola gota. Quizás ahora le sepa mal, ¡pobre chico!</p>
<p>¿Por dónde iba? Ah, sí: le explicaba que la señora Pratt murió súbitamente. Luke debió sentirse muy solo, aquí, tras aquella pérdida. Yo lo visitaba de tanto en tanto. Daba la impresión de estar preocupado, nervioso; me explicaba que su clientela era demasiado numerosa para atenderla él solo, pero se negaba a contratar un ayudante. Pasaron los años. Su hijo encontró la muerte en Africa del Sur, y entonces Luke se convirtió en una persona extraña. No sé qué había en él que lo hacía distinto a los demás. Me parece que continuó en sus cabales hasta su muerte; no hubo quejas contra él por su labor, pero corrieron rumores&#8230;</p>
<p>De joven Luke era rubicundo, más bien pálido, y tras la muerte de su hijo comenzó a adelgazar, a adelgazarse cada vez más, hasta el punto que su cabeza asemejó una calavera cubierta de pergamino; los ojos le ardían con un brillo tan extraño que incomodaban a quien los observara.</p>
<p>Luke poseía un perro viejo, que la señora Pratt había querido mucho y que la seguía a todas partes. Aquel magnífico bull-dog era la bestia con mejor carácter del mundo, aunque encogía el labio superior de una forma muy poco tranquilizadora. A veces, durante la velada, Pratt y Bumble (así llamaban al perro) se sentaban y se miraban horas y horas, recordando, sin duda, los buenos viejos tiempos, los tiempos, supongo, cuando la mujer de Luke se instalaba en esta silla de brazos que usted ocupa. Éste fue siempre su lugar, mientras que el doctor se sentaba en la silla de brazos donde estoy yo ahora, Bumble se encaramaba ayudándose con las patas de la silla; se había vuelto viejo y gordo, no podía saltar gran cosa, y los dientes le bailaban cada vez más. Miraba a Luke, directamente a los ojos, mientras éste miraba al perro&#8230; Y el rostro de Luke parecía cada vez más un cráneo en cuyo centro brillaran dos brasas con destellos rojizos; a los cinco minutos, a veces menos, el viejo Bumble comenzaba a temblar de un extremo a otro, y, de pronto, dejaba ir un aullido espantoso, como si acabaran de golpearlo, se dejaba caer de la silla y corría a esconderse bajo el bufete, y, allí, gemía de una manera extraña.</p>
<p>El comportamiento del perro no tiene nada de particular para quien recuerde la mirada de Pratt en los últimos meses. No soy nervioso, ni poseo demasiada imaginación, pero creo que podría haber puesto histérica a una mujer demasiado sensible&#8230; ¡se parecía tanto a una calavera envuelta de pergamino!</p>
<p>Lo visité el día de Navidad, al atardecer, mientras mi barco se encontraba en dique seco, lo que me dejaba tres semanas de vacaciones. Bumble no estaba, y, durante la conversación, comenté que quizás hubiera muerto.</p>
<p>- Sí -contestó Pratt.</p>
<p>Encontré algo extraño en su voz, no sé qué; lo observé incluso antes que prosiguiera.</p>
<p>- Lo maté; ya no lo soportaba.</p>
<p>Le pregunté por los detalles, aunque ya, más o menos, había entendido.</p>
<p>-¡Tenia una manera de sentarse en la silla y de mirarme, antes de aullar&#8230;! -dijo, tembloroso-. No sufrió más, el pobre Bumble -prosiguió, inmediatamente, como si yo pudiera sospechar que había dado pruebas de crueldad-. Le drogué la bebida, para dejarlo profundamente dormido, y después lo cloroformicé poco a poco para que no se sintiera morir. Desde entonces, todo va mejor.</p>
<p>Me pregunté qué había querido decir, ya que las palabras se le habían escapado de los labios como si no hubiera podido contenerlas. Más tarde comprendí. Quería decir que ya no escuchaba el grito con tanta frecuencia, tras la muerte del perro. Quizás creyó, de principio, que se trataba del viejo Bumble, que aullaba a la luna, en el patio&#8230;, pero no es el mismo tipo de grito, ¿verdad? Por otra parte, sé lo que es, aunque Luke quizás no lo supiera. Es solo un ruido, al fin y al cabo, y nunca un ruido ha matado a nadie. Pero Luke era más imaginativo que yo. Estoy convencido que este lugar oculta algo que no puedo comprender, pero, cuando no comprendo algo, me digo que se trata de un «fenómeno» y no comienzo a imaginar que me matará, como pensó Luke. No lo entiendo todo, realmente, y usted tampoco; no más que cualquier otro hombre que haya pasado largo tiempo en la mar. Se hablaba de las trombas, pongamos por caso, y no nos poníamos de acuerdo sobre su naturaleza; ahora se habla de «terremotos submarinos» y se exponen cincuenta teorías, que podrían explicar los terremotos si supiéramos qué son. Sufrí uno, un día, y el escritorio pegó contra la mampara de mi cabina. Esto mismo pasó al capitán Lecky; supongo que usted debe haber leído esta historia en su libro Reflexiones. Muy bien. Si este tipo de fenómenos se produjeran en tierra, en esta habitación, por ejemplo, un tipo nervioso hablaría de espíritus, de levitación y de otras tonterías que nada quieren decir, en lugar de clasificar este misterio, sencillamente, dentro la categoría de los «fenómenos» aún pendientes de explicación. Esta es mi opinión, ¿me sigue?</p>
<p>Por otro lado, ¿qué cosa puede demostrar que Luke mató a su mujer? No me atrevería nunca a sugerir una monstruosidad tal a nadie que no fuera usted. Solo una cosa inquieta: la coincidencia de que la pobre señora Pratt muriera en la cama al poco tiempo de la cena donde expliqué aquella historia. No es la única mujer que ha muerto de esta manera. Luke fue a buscar al médico de la parroquia vecina; los dos concluyeron que había muerto a consecuencia de un paro cardíaco. ¿Por qué no? Es un mal muy frecuente.</p>
<p>Había aquello de la cuchara, claro. No he hablado nunca de ello a nadie, y confieso que me sobresalté cuando la hallé en el armario del dormitorio. Era una cuchara nueva, un tanto estropeada aunque no había sido puesta entre las llamas más de un par de veces. Tenía aún, en su fondo, restos de plomo derretido. Era una cuchara gris, manchada de impurezas. Pero esto no demuestra nada. Un médico rural suele ser un individuo avispado que realiza toda suerte de trabajos manuales, y Luke podía haber tenido veinte motivos diferentes para fundir un poco de plomo en una cuchara. Le gustaba pescar en la mar, por ejemplo, y tal vez necesitó un pedazo de plomo para fabricarse una caña; o quizás necesitara un peso para el reloj del salón, o cualquier otra cosa por el estilo. De todas formas, al descubrir la cuchara, sentí en mi interior algo extraño, porque me acordaba de aquello que había descrito al explicar mi historia de asesinatos. ¿Me entiende? La cuchara me impresionó, y de manera negativa. La tiré. Ahora se encuentra en el fondo de la mar, a una milla del Spit y, si algún día la marea la sacara, estaría tan oxidada que nadie la podría reconocer.</p>
<p>Mire, Luke debió haberla comprado en el pueblo, años ha&#8230;, y aún hoy, el comerciante que se la vendió no vende de otra clase. Supongo que las utilizan para cocinar. De cualquier manera, no era conveniente que una camarera demasiado fisgona descubriera aquel utensilio manchado de plomo: se habría preguntado de qué iba la cosa, y quizás lo habría contado, en la hora del servicio, que me oyó explicar la historia durante la cena; aquella chica se casó con el hijo del fontanero del pueblo, y podría recordar no pocos detalles.</p>
<p>Usted me entiende, ¿verdad? Ahora que Luke Pratt está muerto y enterrado junto a su esposa, en una tumba de hombre honesto, no me gustaría nada que ciertos acontecimientos ensuciaran su memoria. Los dos están muertos, y también lo está su hijo. Por otro lado, la muerte de Luke está rodeada de un misterio considerable.</p>
<p>¿Qué misterio? Una mañana lo hallaron muerto en la playa. El juez de instrucción abrió una encuesta. El veredicto estableció que había muerto «a manos o entre los dientes de alguna persona o animal desconocidos». La mitad del jurado consideró que, con probabilidad, algún perro le había mordido la arteria traqueal tras lanzarse sobre él; pero no había orificios en la piel del cuello. Nadie sabía a que hora había salido Luke, ni dónde había ido. Lo encontraron tendido de espaldas, sobre las señales de la marea alta; bajo su mano había, abierta por completo, una vieja caja de sombreros, hecha de cartón, que había sido propiedad de su mujer. La tapa había caído. Parecía como si Luke hubiera intentado transportar, en su interior, una calavera&#8230; Los médicos suelen aficionarse a coleccionar este tipo de objetos. La calavera había rodado por la arena, y se había detenido junto la cabeza de Luke. Era una calavera bastante bonita, más bien pequeña, admirablemente proporcionada y de un perfecto blanco&#8230;, tan perfecto como la dentadura. Más exactamente, la hilera superior era perfecta, ya que, cuando la vi por primera vez, le faltaba la mandíbula inferior.</p>
<p>Sí, encontré aquí aquella calavera, cuando regresé. Era blanca y pulida, como lo son las calaveras que se conservan bajo cristal. La gente, aquí, no sabía de donde procedía, ni qué debían hacer con ella; de nuevo la habían metido dentro de la caja de cartón, y la habían guardado en el armario del mejor dormitorio. Naturalmente, me la enseñaron cuando tomé posesión de la casa. También me llevaron a la playa, para mostrarme el lugar exacto donde habían encontrado el cadáver de Luke; un viejo pescador me describió la posición del cuerpo, como yacía tendido junto a la calavera. Solo un detalle no conseguía explicarse: ¿por qué el cráneo había rodado sobre un terreno fangoso hasta la cabeza de Luke, y no, siguiendo la pendiente, hacia sus pies? En aquel instante el detalle no me llamó en absoluto la atención, pero luego he pensado con frecuencia, porque aquel lugar es considerablente escarpado. Mañana ya le acompañaré, si usted quiere&#8230;, allí mismo he alzado un túmulo de piedras.</p>
<p>Cuando Luke cayó, o cuando lo hicieron caer, la caja golpeó contra la arena y su tapa saltó. Su contenido cayó, y debería haber rodado hacia abajo. Pero no. Se encontraba cerca de la cabeza de Luke, casi tocándolo, y parecía mirarlo de frente. Ya he dicho que aquel detalle no me preocupó al principio, pero después no he podido dejar de pensar en ello, cada vez con mayor frecuencia, hasta el punto de imaginarme la escena con tan sólo cerrar los ojos. Comencé a preguntarme por qué aquel maldito objeto había rodado hacia arriba y no al contrario, y por qué se había detenido cerca de la cabeza de Luke y no en cualquier otro lugar, un paso más allá, pongamos por caso.</p>
<p>Naturalmente, usted querrá conocer a qué conclusión he llegado, ¿no es así? Mis conclusiones no explican para nada el fenómeno, no lo explican más que cualquiera de las muchas ideas que he tenido. Pero, al poco, me rondó por la cabeza otra cosa que me inquietó sobremanera.</p>
<p>Oh, ¡no hago intervenir elementos sobrenaturales! Quizás los fantasmas existan, o quizás no. Si existieran, no creo que pudiesen provocar daño alguno a los vivos, como no sea asustándolos; por lo que a mí respecta, preferiría habérmelas con un fantasma, de la manera que fuese, antes que con una niebla en el canal de la Mancha en un día de abundante navegación. No. Aquello que me preocupó fue una idea estúpida, nada más; no sabría decirle cómo nació, ni cómo creció hasta convertirse en una certeza.</p>
<p>Pensaba en Luke y en su pobre mujer, una noche, fumando una pipa, y con un grueso libro entre las manos, cuando me dije que aquella calavera podía ser la de la señora Pratt, y desde entonces nunca he podido quitarme esa idea de la mente. Usted, claro, me dirá que esto no tiene ni pies ni cabeza, que la señora Pratt fue enterrada como buena cristiana, y que descansa en el cementerio de la parroquia; incluso me dirá que es monstruoso suponer que su marido quisiese conservar aquella calavera dentro de una caja de sombrero, justo en medio del dormitorio. Ya lo sé; esto lo dictan la razón, el sentido común y las más elementales probabilidades. Pero estoy convencido de que Luke hizo aquella locura. Los médicos cometen, a veces, extraños actos que pondrían la piel de gallina a personas como usted o como yo, y que no nos parecen ni probables, ni lógicos, ni tan solo humanos.</p>
<p>Y, luego&#8230;, ¿no lo entiende? Si aquella calavera era la de la señora Pratt, pobre mujer, la única manera de explicar la actitud de Luke está muy clara: verdaderamente asesinó a su esposa, de la misma manera que aquella mujer de la historia que yo les había explicado, y temía que algún análisis acabara acusándolo. Yo también había explicado este último detalle, ¿sabe usted?, y me parece que todo sucedió de la misma manera que hace cincuenta o sesenta años. Los investigadores exhumaron las calaveras y encontraron un pequeño pedazo de plomo que rebotava en el interior de cada una. Fue por esto que colgaron a aquella mujer. Luke lo recordó, estoy seguro de ello. No quiero saber qué pretendía hacer cuando tuvo aquellos pensamientos; mis inclinaciones no me llevan hacia las historias horripilantes, y no creo que a usted le gusten en especial, ¿no es así? No. Si le gustan, no le costará imaginar lo que falta a mi relato.</p>
<p>Aquello debió ser siniestro, ¿no cree? Me gustaría dejar de ver aquella escena de manera tan clara, dejar de imaginar con tanta precisión lo que sucedió. Pratt ccgió la calavera la noche anterior al entierro, estoy seguro, tras cerrarse el fénetro, cuando la criada se durmió. Apostaría que, tras separar la cabeza del cuerpo, algo puso en el fénetro para substituirla. ¿Qué cree usted que puso bajo la ropa que cubría al cadáver?</p>
<p>¡No me sorprende en absoluto que me interrumpa! Primero le confieso que no deseo saber lo que sucedió, y que odio pensar en historias horripilantes, y comienzo, inmediatamente después, a describirle aquella escena como si yo la hubiese presenciado. Incluso estoy seguro de que Pratt remplazó la cabeza con la bolsa de costura de su esposa. Recuerdo muy bien aquella bolsa que la señora Pratt usaba cada atardecer; era de felpa marrón y cuando estaba bien llena podía llegar al tamaño de&#8230;, ¿verdad que me entiende? Pues bien, sí, ¡así sigo! Ríase si quiere, pero usted no vive aquí solo, en el lugar donde todo sucedió, y usted tampocó explicó a Luke aquella historia del plomo fundido. No soy nervioso, lo repito, pero en ocasiones comienzo a entender por qué lo son algunas personas. Pienso en todo esto cuando estoy solo; por la noche sueño con ello y, cuando esa cosa chilla, le seré franco, su grito no me gusta más que a usted, aunque debería estar acostumbrado tras tanto tiempo&#8230;</p>
<p>No debería estar nervioso. Navegué en un barco maldito, que tenía un activísimo fantasma, ¡se lo juro! Dos tercios de la tripulación murieron por causa de una fibre maligna antes de haber transcurrido diez días de levar anclas; yo siempre he tenido suerte. No habré visto pocas cosas espantosas; tantas como usted, sin duda, y tantas como cualquier otro marinero. Pero nunca nada me ha obsesionado tanto como esta historia.</p>
<p>¿Sabe?, he intentado librarme de ello, librarme de ese objeto. Pero no se deja. Quiere estar aquí, en su lugar, dentro de la sombrerera de la señora Pratt, en el armario del mejor dormitorio. No está contento en ningún otro lugar. ¿Cómo lo sé? Porque lo he intentado. ¿No pensará usted que nunca lo he intentado? Mientras permanece aquí se conforma con gritar de tanto en tanto, por lo general durante esta época del año, pero si la sacara fuera de la casa, chillaría toda la noche&#8230; Ningún criado permanecería aquí más de veinticuatro horas. Incluso con las actuales condiciones, con frecuencia he tenido que depender de mí mismo y arreglármelas solo durante un par o más de semanas. Ya no queda nadie en el pueblo dispuesto a pasar una noche entera bajo este techo; además, resulta impensable vender la propiedad, incluso alquilarla. Las viejas murmuran que, si me quedo aquí, conoceré espantosas desgracias antes no transcurra demasiado tiempo.</p>
<p>Esto no me da miedo. Usted sonríe con la idea misma de que alguien sea capaz de conceder algún credito a estas habladurías. De acuerdo. Tiene razón. Es una estupidez evidente. ¿No le he dicho que tan sólo era un sonido? Pero parece nervioso; mira a su alrededor, como si esperara encontrar un fantasma detrás de su silla.</p>
<p>Quizás me equivoco por completo respecto a la calavera&#8230; y me gustaría creer que quizás estoy equivocado&#8230; cuando me lo puedo creer. Quizás sea sólo un bello espécimen que Luke recogiera quién sabe dónde, hace mucho tiempo&#8230; Y, respecto al objeto que rebota dentro de la calavera al menearla, quizás sólo se trate de una piedrecilla, o un pedazo de tierra endurecida, o alguna otra cosa por el estilo. Las calaveras que han permanecido enterradas por largo tiempo suelen contener algo que hace ruido, ¿no es así? No, nunca he intentado sacar el objeto del interior de la calavera, sea lo que sea. Temo descubrir un trozo de plomo, ¿me comprende? Y, de ser éste el caso, no quisiera conocer la historia&#8230; porque deseo no poseer la certidumbre. Si en verdad se tratara de plomo, yo habría asesinado a aquella mujer, como si yo mismo hubiera cometido el acto. Todo el mundo lo entendería así, me parece. Mientras no me halle ante la certidumbre, puedo decirme para mi consuelo que la señora Pratt murió de muerte natural, y que esa magnífica calavera pertenecía a Luke desde sus tiempos de estudiante en Londres. La certeza, creo, me obligaría a abandonar la casa y, cuanto más pienso en ello, más veces me digo que debería abandonarla. Al menos, he abandonado la idea de dormir en el mejor de los dormitorios, aquel donde se encuentra el armario.</p>
<p>Usted me pregunta por qué no he tirado la calavera al estanque; se lo contestaré, pero, hágame el favor, deje de llamarla «espantajo»&#8230;, no le gusta nada que le pongan nombres.</p>
<p>¡Escuche! ¡Dios mío, qué chillido! ¡Ya se lo había dicho! Querido amigo, le veo muy pálido. Llénese la pipa, acérquese al fuego, y tome algo más de alcohol. Las bebidas holandesas nunca han hecho daño a nadie. En Java vi como un alemán se bebía medio barril de Hulstkamp, en una sola mañana y sin parpadear. Yo no bebo demasiado, porque con mis resfriados la bebida no me sienta demasiado bien, pero usted no está resfriado y el licor no le causará daño alguno. Además, de noche, allí fuera, está demasiado húmedo. Vuelve a soplar el viento, y pronto girará a sudoeste; ¿oye el golpeteo de las ventanas? La marea debe haber cambiado, si juzgamos por el gemido de la mar.</p>
<p>No habríamos vuelto a oír nada si usted no hubiera dicho aquello. Estoy seguro. Si usted quiere explicar el fenómeno mediante una coincidencia, yo estaré, naturalmente, muy contento, pero desearía que, si no le importa, dejara de poner motes a esa cosa. Quizás la pobre señora Pratt lo oye y los epítetos la entristecen, ¿no cree? ¿Fantasmas? ¡No! No podemos llamar fantasma a un objeto que se puede coger entre las manos y mirar a plena luz del día, y que suena cuando es meneado, ¿no es así? Pero es algo capaz de oír y de comprender. No le quepa la menor duda.</p>
<p>Al instalarme aquí intenté dormir en el mejor dormitorio, porque, sencillamente, aquella habitación era la más cómoda. Pero me vi obligado a abandonar mi idea. Era el dormitorio de los Pratt, allí estaba el lecho donde ella murió, y también, cerca de la cabecera de la cama, a la izquierda, el armario empotrado. Es allí donde la calavera quiere ser guardada, dentro de su caja de sombreros. Solo dormí en aquella habitación durante los primeros quince días tras mi llegada, tuve que dejarla y ocupar el pequeño dormitorio de la planta baja, junto al gabinete de consulta, donde Luke solía pasar la noche cuando preveía que algún paciente lo enviaría a buscar a altas horas de la noche.</p>
<p>En tierra siempre he dormido bien. Ocho horas son mi dosis, desde las once de la noche hasta las siete de la mañana cuando estoy solo, y desde media noche hasta las ocho cuando tengo visita. Pero en aquella habitación no pude conciliar el sueño hasta las tres de la madrugada&#8230;, desde las tres y cuarto para ser preciso&#8230;, como pude comprobar con mi viejo cronómetro de bolsillo, que aún funcionaba con exactitud; me despertaba a las tres y diecisiete minutos, exactamente. Me pregunto si no será la hora en que ella murió.</p>
<p>En aquel tiempo, el grito aún no era lo que usted ha oído. Con un chillido así no habría permanecido dos noches seguidas en la habitación. Tan sólo era un comienzo de grito, como un gemido, como una respiración acelerada durante algunos segundos, en el armario; era un ruido sordo que, en circunstancias normales, no me habría despertado, estoy seguro. Supongo que en esto usted se me parece, y que, por otra parte, esta peculiaridad es compartida por todos aquellos que hemos navegado por la mar: no existe sonido natural que nos moleste, ni siquiera el estruendo de un velero encarado a una tormenta cuando se escora para luchar mejor contra el viento. Pero si un vulgar lápiz, en un cajon de nuestra cabina, comenzara a rebotar contra la madera, nos despertaríamos al instante, ¿no está de acuerdo?&#8230; Usted siempre me entiende. Pues bien, dentro del armario el ruido no era más fuerte que el de un lápiz a la deriva en un cajón&#8230;, pero me quitaba el sueño de inmediato.</p>
<p>Ya he dicho que se trataba de una especie de «inicio» de grito. Sé lo que quiero decir, pero es difícil explicárselo sin que crea que desvarío. Naturalmente, usted nunca podrá «escuchar» a nadie «comenzar» a gritar; como mucho escuchará un aliento acelerado entre los labios abiertos, entre los dientes prietos, escuchará un sonido casi inaudible que sale de manera tan súbita como discreta. Pues era así.</p>
<p>Usted ya sabe que, en alta mar, cuando uno está en la barra del timón puede saber cómo reaccionará el bajel con dos o tres segundos de antelación. Los jinetes afirman lo mismo de sus monturas, pero su caso me parece menos extraño porque los caballos son seres vivos y poseen sentimientos, mientras que sólo los poetas y la gente de tierra se atreven a hablar de los barcos como de seres vivos. Pero yo siempre he notado, de una manera o de otra, que un barco, al margen de su valor como máquina que transporta determinadas cargas, es un instrumento sensible y un medio de comunicación entre la naturaleza y el hombre, y entre, más particularmente, la naturaleza y el hombre que se halla en la barra del timón, si la nave es gobernada manualmente. El navío obtiene sus impresiones directamente del viento y la mar, de la marea y las corrientes, y las transmite a la mano del piloto, de la misma manera como, en lo alto del mástil, el telégrafo sin hilos recoge las ondas y las transmite hacia abajo en forma de mensaje.</p>
<p>Puede ver donde quiero ir a parar; percibí que dentro del armario «comenzaba» algo, y con tanta viveza lo percibí que logré escucharlo, aunque quizás no hubiera nada a escuchar y sólo había sido despertado por un ruido nacido de mi mente. Pero el otro sonido sí logré oírlo. Se podría decir que aquel ruido estaba envuelto por una caja, y que sonaba lejano como si llegara en forma de una comunicación telefónica a larga distancia. Sabía que nacía en el armario, cerca de la cabecera de la cama. Los pelos no se me pusieron de punta, ni se me heló la sangre. Sencillamente, me sentía aturdido al ser despertado por algo que no poseía necesidad alguna de sonar, de la misma manera que, a bordo de un navío, un lápiz no tiene necesidad de rebotar en el cajón de la cabina. Por otro lado, no entendía nada. Supuse que el armario comunicaba con el exterior y que el viento, sólo el viento, gemía por la abertura, y había emitido aquella especie de débil chillido. Encendí una cerilla para mirar el reloj. Eran las tres y diecisiete minutos. Después me giré para poder dormirme sobre la oreja derecha. Es la que me funciona. Casi no oigo nada por la otra, desde el día en que, de pequeño, me choqué contra el agua al lanzarme desde lo alto del palo de mesana. El proceso quizás es discutible, lo acepto, pero el resultado es bastante cómodo cuando quiero dormir rodeado de ruidos inoportunos.</p>
<p>Así transcurrió la primera noche; en la siguiente el fenómeno volvió a repetirse, y también las otras noches, no cada noche, pero sí en el mismo instante, segundo más segundo menos. Algunas noches dormía sobre mi oreja sana, otras no. Examiné con detalle el armario sin encontrar fisura alguna por donde el viento pudiera filtrarse: el viento o cualquier otra cosa, ya que las puertas cerraban con precisión, con toda probabilidad para no dejar entrar polillas. Con toda seguridad, la señora Pratt guardaba su ropa de invierno en aquel armario, porque siempre olía a naftalina y alcanfor.</p>
<p>A las dos semanas, ya tuve suficiente de aquellos sonidos; y eso que me había dicho que sería una estupidez dejarme impresionar por tales fenómenos y que sacaría la calavera de la habitación. ¿Verdad que todo parece distinto a la luz del día? Pero aquella voz iba cogiendo fuerza&#8230;, supongo que puede hablarse de una voz&#8230;, e incluso una noche consiguió llegar a mí por el oído sordo. Lo entendí cuando estuve despierto del todo, porque mi oreja sana, en aquel momento, se hundía en la almohada, y en aquella posición no debería haber sido capaz de oír ni siquiera una sirena. Pero sí escuché aquel grito, y me hizo perder la sangre fría&#8230;, o quizás me asustó, porque estos dos estados del alma se presentan juntos a menudo. Encendí la luz, me levanté, abrí el armario, cogí la sombrerera y, con todas mis fuerzas, la lancé por la ventana.</p>
<p>Entonces se me erizaron los pelos. La cosa chilló al volar, como una bala de cañón del calibre noventa. Cayó al otro lado del camino. La noche era muy oscura y pude verla caer, pero sabía que había aterrizado mucho más allá del camino. La ventana se abre justo sobre la puerta de entrada, a quince pasos de la estacada, y el camino tiene una anchura de diez pasos. Un poco más allá hay una gruesa valla vegetal que bordea las tierras pertenecientes al presbiterio.</p>
<p>Ya no pude dormir más aquella noche. Quizás a la media hora de haber lanzado la sombrerera, casi seguro no más tarde, escuché un grito, allí fuera, un grito parecido a los que hemos oído esta noche, pero peor, más desesperado diría. Puede que mi imaginación me la jugara, pero habría jurado que los chillidos se acercaban, se acercaban cada vez más. Me fumé una pipa paseando un buen rato de un lado a otro, luego cogí un libro y comencé a leerlo; pero que me cuelguen si recuerdo lo que leí, ni siquiera el título del libro, porque sonaba, a intervalos regulares, un grito que habría removido un cadáver en su ataud.</p>
<p>Poco antes del alba, alguien llamó a la puerta principal. No había ningún tipo de confusión. Abrí la ventana y miré abajo; esperaba encontrar algún cliente que buscara al doctor, porque la gente, sin duda, creía que el nuevo médico debía vivir en la casa de Luke. Me sentí casi aliviado al escuchar un sonido humano, tras aquellos odiosos chillidos.</p>
<p>Resulta imposible ver la puerta desde arriba, porque la cubre un pequeño porche. Volvieron a llamar, y pregunté quien había. Nadie contestó, aunque el sonido volvió a repetirse. Grité de nuevo, aclarando que el doctor ya no vivía allí. No hubo respuesta, pero me dije que tal vez se tratara de algún viejo campesino que era sordo. Así que cogí la vela y bajé a abrir la puerta. Ya no pensaba en aquella cosa, palabra, y casi había olvidado los otros sonidos. Bajé con la seguridad de encontrar allí fuera, delante de la puerta, alguien que trajera un mensaje. Puse la vela sobre la mesa del recibidor, de manera que el viento no pudiera apagarla al abrir la puerta. Mientras manejaba la cerradura, volvieron a llamar. El sonido no era ya imperioso; parecía, al contrario, vacío y extraño ahora que ya no lo tenía tan lejos. Recuerdo muy bien aquellas sensaciones, pero quiero convencerme de que aquellos sonidos procedían de algún cliente impaciente por entrar.</p>
<p>¡Pues bien, no! Allí fuera no había nadie; pero al abrir la puerta, manteniéndome a un lado para mejor ver al visitante, algo rodó por el suelo y se detuvo tocando mi pie.</p>
<p>Al sentir aquello, volví a cerrar la puerta; sabía lo que era incluso antes de mirarlo. No puedo decirle cómo lo sabía, y aquella seguridad podía parecer irracional, ya que estaba seguro, lo recordaba, de haber lanzado el objeto al otro lado del camino. El dormitorio tiene una ventana con dos postigos que se abren de par en par, y había cogido un buen empuje, bien calculado, cuando lo lancé. Además, al salir, al día siguiente encontré la caja al otro lado de la valla vegetal.</p>
<p>Me dirá usted que quizás la caja se abrió cuando la lancé y que tal vez cayó la calavera. Es imposible, porque nadie puede lanzar una caja vacía a tanta distancia. Esto es indiscutible. Es como intentar lanzar una bolita de papel, o una cáscara de huevo a veinticinco pasos.</p>
<p>Cerré de nuevo la puerta, afiancé la del recibidor, recogí el objeto con mucho cuidado y lo coloqué sobre la mesa, al lado de la vela. Realicé todo esto de forma mecánica, de la misma manera que una persona en peligro logra, sin percatarse de ello, ejecutar los gestos que la conducen a su salvación&#8230;, a menos que haga aquello que no conviene hacer. Puede parecer extraño, pero creo que mi primer pensamiento fue si alguien podía llegar en aquel instante, y encontrarme allí, en la entrada, mientras aquella cosa me tocaba el pie, un tanto ladeada, fijándome con uno de sus ojos cavernosos, como si me acusara. Y la luz mezclada con sombras que la vela introducía en sus órbitas las hacía parecer, a la vez, abiertas y cerradas. Después, la vela se apagó inexplicblemente, ya que la puerta volvía a estar cerrada y yo no notaba el más mínimo soplo del viento. Sacrifiqué, con toda seguridad, al menos media docena de cerillas para volver de nuevo a encenderla.</p>
<p>Me senté con brusquedad, sin saber la razón. Había experimentado un intenso miedo, y usted admitirá que no es vergonzoso el estar asustado. La cosa había regresado a su casa y quería subir y volver a meterse dentro del armario. Me quedé sentado en silencio, mirando la calavera, hasta que sentí con intensidad el frío. Después cogí el objeto, lo trasladé al armario y lo coloqué allí dentro; recuerdo, incluso, haberle hablado, prometiéndole devolverlo a su caja a la mañana siguiente.</p>
<p>¿Quiere saber si permanecí en aquella habitación hasta el alba? Sí, pero con una luz encendida a mi lado, mientras fumaba y leía, para protegerme, sin duda, del miedo&#8230;, un miedo cierto, innegable, que puede calificarse como cobardía, porque la cobardía nada tiene que ver con lo que yo sentía. No podría haberme quedado allí solo con aquella cosa en el armario&#8230;, me habría muerto de miedo, aunque no soy más pusilánime que los demás. Pero piense, amigo mío: sin ninguna ayuda la cosa había atravesado el camino, había subido los escalones de la entrada y había llamado a la puerta.</p>
<p>Al llegar el alba, me calcé las botas y salí a por la sombrerera. Me vi obligado a buscar un buen rato por los alrededores, cerca de la carretera. Por fin, encontré la caja, abierta; colgaba al otro lado de la estacada. El cordel que la rodeaba tenía adheridos algunas briznas de hierba, y la tapa, que se había desprendido, yacía en el suelo. Esto demuestra que la caja no se abrió en el momento de lanzarla, sino más tarde; y, si no se abrió en el mismo instante de salir de mi mano, aquello que contenía debería haber caído al otro lado del camino. ¿Se da cuenta?</p>
<p>Subí la caja al dormitorio, volví a meter la calavera en su interior, y la cerré. Cuando mi joven criada me trajo el desayuno, me pidió disculpas: tenía que marcharse, y tanto le daba si perdía un mes de su paga. La miré; su cara estaba pálida, con matices desagradables. Fingí sorpresa al preguntar qué le iba mal; mi esfuerzo fue inútil, porque ella, sencillamnete, se giró hacia mí y me preguntó si tenía intención de quedarme en una casa maldita y, en caso afirmativo, por cuanto tiempo pensaba continuar viviendo, ya que, aunque ella había observado que yo era en ocasiones duro de oído, no conseguía creer que un sordo pudiera dormir con aquellos chillidos; y si yo podía ¿por qué me había paseado por la casa, y abierto y vuelto a cerrar la puerta principal, entre las tres y las cuatro de la madrugada? No había nada a contestar, pues me había oído. Me dejó librado a mi suerte. En el pueblo, aquella mañana, encontré una mujer que aceptó venir aquí, para poner un poco de orden en la casa y hacerme la comida, con la condición de volver a su casa cada noche. Abandoné el dormitorio aquel mismo día, me instalé en la planta baja y, desde entonces, no he vuelto a intentar dormir en la mejor habitación. A los pocos días, contraté los servicios de dos hermanas de mediana edad, dos criadas escocesas procedentes de Londres; y por algún tiempo gozaron de tranquilidad. Les expliqué que aquel lugar era muy expuesto, que el viento soplaba con violencia durante buena parte del otoño y del invierno, y que aquellas circunstancias habían dado una mala reputación a la casa, porque los campesinos tienden a creerse las supersticiones y las historias de fantasmas. Las dos hermanas, de rasgos duros y negrísimos cabellos, casi sonrieron y me contestaron, despectivamente, que no les preocupaban los fantasmas meridionales, que habían trabajado en dos casas malditas, en Inglaterra, y que sólo habían visto al Chico Gris, una aparición que era relativamente banal en Forfashire.</p>
<p>Se quedaron aquí algunos meses y, durante todo el tiempo que vivieron en la casa, disfrutamos de paz y silencio. Una de ellas aún vive por aquí, pero antes de final de año se marchará con su hermana. Era la cocinera. Se casó con el sepulturero, quien trabaja en mi jardín. Esto no tiene nada de extraño. El pueblo es pequeño, y el sepulturero no tiene demasiado trabajo. Entiende bastante de flores, suficiente como para ayudarme de manera adecuada, y para, sobre todo, realizar los trabajos más duros de jardinería; aunque me gusta el ejercicio, mis articulaciones se vuelven cada vez más rígidas. Es un individuo sobrio, silencioso, que no se mete en asuntos que no son de su incumbencia; había enviudado cuando llegó aquí&#8230; Su nombre es Trehearn, James Trehearn. Las dos escocesas nunca quisieron admitir que la casa estaba maldita, pero cuando volvió a soplar el viento de noviembre vinieron a avisarme de su marcha; arguyeron que la capilla, que se hallaba en la parroquia vecina, les hacía caminar demasiado, y que no podían oír misa en nuestra iglesia. La más joven regresó por la primavera y, en cuanto se publicaron las amonestaciones, se casó con James Trehearn delante del cura&#8230; Por otro lado, ya no parece tener escrúpulos, desde entonces, para escuchar su prédica. Si ella está contenta, ¡yo también! La pareja vive en una pequeña granja que da al presbiterio.</p>
<p>Usted se pregunta, sin duda, qué relación tiene todo esto con la historia que le explicaba. Me encuentro tan solo que, cuando me visita algún viejo amigo, me lanzó a hablar, a veces, sólo por el placer de oír mi propia voz. Pero hay algo más que simple palabrería en esto que acabo de explicar. Fue James Trehearn quien enterró a la pobre señora Pratt, y después a su marido, que se le unió en la misma tumba no muy lejos de su granja. Ésta es la relación, en mi mente, ¿lo entiende? Está claro. James Trehearn sabe algo. Estoy seguro de que sabe algo, aunque es muy reticente.</p>
<p>Sí, por la noche vuelvo a estar solo, aquí, porque la señora Trehearn duerme en su casa; cuando me visita algún amigo, la sobrina del sepulturero viene para ocuparse de la mesa. Él se lleva su mujer a casa cada atardecer, durante el invierno, pero en el verano, cuando en el campo clarea hasta tarde, vuelve sola. No es una mujer nerviosa, pero, desde hace algún tiempo, parece estar menos segura de que los fantasmas ingleses sean indignos de la atención de una escocesa. ¿No es divertida esta idea de que Escocia tenga el monopolio de lo sobrenatural? Yo lo llamaría una extraña manifestación del orgullo nacional; ¿no le parece?</p>
<p>Cuando la madera a la deriva prende bien, no existe mejor. Sí, encontramos bastante, porque, lamento decirlo, hay muchos naufragios en esta zona. Vive poca gente en esta costa; uno puede llevarse toda la madera que quiera solo tomándose la molestia de ir a buscarla. De tanto en tanto, Trehearn y yo cogemos una carro prestado y cargamos, entre el Spit y el pueblo. No quiero saber nada de las hogueras de carbón, mientras pueda conseguir leña de cualquier clase. Un leño acompaña, aunque solo sea un pedazo de tablón de cubierta o de madera aserrada&#8230; Además, la sal que lo recubre estalla en chispas bonitas; mire como saltan&#8230;, son auténticos petardos japoneses. Palabra que un viejo compañero, un buen fuego y una pipa son suficientes para olvidar aquella cosa, allí arriba, sobre todo ahora que el viento se ha calmado. Pero sólo es una pausa, porque soplará una tempestad antes de amanecer.</p>
<p>¿Le gustaría ver la calavera? ¿Le parece? No veo inconveniente alguno. No hay razón alguna para que no pueda echarle una mirada, y seguro que no ha visto en su vida ninguna tan perfecta, excepto por un detalle: le faltan los dos primeros incisivos de la mandíbula inferior.</p>
<p>Es cierto; aún no le he hablado de esa mandíbula. Trehearn la encontró en el jardín, el último verano, mientras cavaba un hoyo para plantar un aspálato. ¿Sabe?, aquí los aspálatos se plantan en hoyos de seis a ocho pies de profundidad. Sí, sí, claro, había olvidado explicarle esto. Trehearn cavaba el suelo con energía, como cuando abre una tumba; si usted quiere que su aspálato quede bien plantado, le aconsejo contrate a un sepulturero: ¡estos individuos saben como debe hacerse, esto de plantar flores y arbustos!</p>
<p>Trehearn había llegado hasta los tres pies de profundidad, cuando halló una masa blanca de cal junto a la excavación. Observó que en aquel lugar la tierra era algo más húmeda, aunque, según decía, no había sido removida en años. Creyó, supongo, que la cal no convenía a los aspálatos, de manera que comenzó a romperla y a sacarla a la superficie. Estaba muy dura, me explicó; estaba formada por fragmentos bastante grandes; movido por la fuerza de la costumbre, fue rompiendo los pedazos grandes a picotazos tras sacarlos del agujero. De uno de los trozos rotos salió una mandíbula. El sepulturero dice que él mismo rompió de un golpe de pico los dos incisivos, pero la verdad es que no los encontró por ningún lado. Es un entendido en la materia, ya se lo puede imaginar; afirmó de un modo inmediato que aquella mandíbula correspondía probablemente a una mujer joven que conservaba todos sus dientes en el momento de fallecer. Me trajo el objeto y me preguntó si deseaba conservarlo; si yo no lo quería, el lo arrojaría a la primera tumba que abriera en el cementerio; se trataba sin duda de una mandíbula cristiana que merecía una sepultura decente. Le expliqué que los médicos, con harto frecuencia, tiraban huesos en la cal viva para darles un bello color blanco, y que suponía que el doctor se había fabricado una especie de pozo de cal con ese fin. Y son seguridad había olvidado aquella mandíbula allí dentro. Trehearn me miró, muy tranquilo.</p>
<p>-Tal vez irá bien con la calavera del armario de allí arriba, señor -me dijo-. Quizás el doctor Pratt tiró la calavera dentro de la cal para blanquearla y, al sacarla, se dejó la mandíbula inferior. Dentro de la cal aún hay cabellos humanos, señor.</p>
<p>En efecto, allí estaban; Trehearn tenía razón. Si Trehearn no sospechaba nada, ¿por que demonios había sugerido que la mandíbula encajaba con la calavera? Y así fue. Esto demuestra que Trehearn sabe más de lo que está dispuesto a admitir. ¿Usted cree que no echó un vistazo al cadáver antes de enterrarlo? O, quizás, cuando enterró a Luke en la misma tumba&#8230;</p>
<p>Muy bien, muy bien, es inútil extenderse en este tema, ¿verdad? Le contesté que deseaba quedarme con la mandíbula. La llevé a la habitación, y la coloqué en la calavera. No había duda posible: las dos piezas formaban un todo, como ahora.</p>
<p>Trehearn sabe muchas cosas. Hace algún tiempo, hablábamos de volver a blanquear la cocina, y él recordó, casualmente, que aquel trabajo no había vuelto a hacerse desde la semana en que la señora Pratt murió. No dijo que el albañil, en aquella ocasión debía haberse dejado un poco de cal, ni que ésta fuera la misma que había encontrado en el hoyo abierto para el aspálato, pero lo pensó. Sabe muchas cosas. Trehearn es de aquellas personas taciturnas que saben muy bien cómo sumar dos más dos. La tumba no está demasiado lejos de su granja, ya lo he dicho, y el tipo es increiblemente rápido cuando trabaja con el pico. Si hubiera deseado conocer la verdad, habría podido arreglárselas para descubrirla, y nadie habría sabido nunca nada, a menos que él decidiera contarlo. En un pueblecito tranquilo como el nuestro, la gente no se va a pasar la noche al cementerio para saber si el sepulturero trabaja o no por su cuenta entre las diez de la noche y el alba.</p>
<p>Es horrible, cuando uno lo piensa, la determinación reflexiva de Luke, si en verdad cometió&#8230;, su fría certidumbre de gozar de impunidad. Pero, por encima de todo, es necesario admirar la resistencia de sus nervios, porque aquel asesinato debió ser extraordinario. A veces, pienso que es horrible vivir en el mismo lugar donde sucedió todo aquello, si verdaderamente&#8230; Siempre acabo por establecer esta condición: «si verdaderamente&#8230;», ¿sabe?, por bien de su memoria, y también, un poco, por mi propio bien.</p>
<p>Subiré a buscar la caja de aquí a un minuto. Déjeme encender la pipa. ¡No hay prisa! Hemos cenado muy temprano, y ahora sólo son las once y media. No he permitido nunca que un amigo se fuera a dormir antes de media noche, o con menos de tres vasos en el estómago&#8230; Beba todo lo que quiera, pero no beba menos que esto, en memoria de los buenos viejos tiempos.</p>
<p>El viento vuelve a soplar, ¿lo oye? Era solo una pausa, hasta ahora, y tendremos una mala noche.</p>
<p>Sucedió algo, cuando descubrí que la mandíbula encajaba perfectamente&#8230;, algo que me sobresaltó. No me asusto con facilidad, pero a menudo he visto gente espantada, con la respiración cortada, cuando, creyendo estar solos, descubrían, al girarse de golpe, la presencia de alguien a quien no esperaban. A esto no se lo puede llamar miedo. Usted no lo llamaría, ¿verdad? Pues bien, en el preciso momento que acababa de poner la mandíbula en el lugar correspondiente de la calavera, los dientes se cerraron de golpe sobre mi dedo; uno podría haber dicho que quería morderme, y debo admitir que me sobresalté, antes no comprendí que, con la otra mano, había presionado la parte superior de la calavera contra la mandíbula. Le aseguro que no estaba nervioso en absoluto. Era en pleno día, un día hermoso, y el sol lucía dentro del dormitorio, que era la mejor habitación de la casa. Era absurdo ponerse nervioso de aquella manera&#8230;, sólo era una sensación errónea, aunque me hizo sentir incómodo. Era una tontería, pero aquello me hizo pensar en el extraño veredicto del jurado sobre la muerte de Luke: «&#8230;de la mano o entre los dientes de una persona o de un animal desconocidos». Desde entoces a menudo he deseado poder examinar aquellas señales en el cuello de Luke, aunque, anteriormente, hubiera faltado la mandíbula inferior.</p>
<p>A menudo he visto a un hombre llevar a cabo, con sus propias manos, actos insensatos que él mismo no entendía. Un día, vi un tipo colgado de un gancho, con una sola mano, en la parte exterior de la borda, mientras, con la otra mano, se dedicaba a cortar un nudo con su navaja; lo cogí en aquel momento. Navegábamos en medio del océano, avanzando a veinte nudos. El hombre no tenía la más mínima idea de lo que hacía. Yo me hallé en el mismo caso cuando aquella cosa me mordió los dedos. Ahora lo entiendo. Uno habría jurado que aquello estaba vivo, y que pretendía morderme. Lo habría hecho de haber podido, porque debe odiarme mucho, ¡pobre cosa! ¿En verdad cree usted que aquello que suena en su interior es un pedazo de plomo? Bien, ahora traeré la caja, y si algo, sea lo que sea, le cae entre las manos, ¡será problema suyo! Si sólo es una piedrecita o un trozo endurecido de tierra, todo este asunto se desvanecerá, y me parece que no volveré a pensar nunca más en esta calavera; pero, a veces, no soy capaz de hacerme el propósito de sacar yo mismo este pedazo de algo. La sola idea de pensar que podría tratarse de plomo me incomoda, y estoy convencido que lo sabré pronto. También estoy convencido de que Trehearn sabe algo; pero es un tipo que nunca dice nada.</p>
<p>Subiré a buscarla. ¿Cómo? ¿Dice que sería mejor acompañarme? ¡Ja! ¡Ja! ¿Cree usted que me dan miedo una caja de sombreros y un ruidito?</p>
<p>¡Al diablo esta vela! ¡No se encenderá! Parece como si esta ridícula cosa entendiera que la necesitamos. Mire esto: la tercera cerilla. Se encienden bien cuando es mi pipa. ¿Lo ve? Es una caja nueva de cerillas, y la guardo en este pote de latón, donde protejo las cosas a las que no conviene la humedad. ¡Ah! ¿Piensa que la mecha de la vela está demasiado húmeda? Bien, encenderé esta porquería en el fuego. Allí, al menos, no se apagará. Crepita un poco, cierto, pero quedará encendida. ¿No quema ahora como una vela normal? Es un hecho que, aquí, las velas no son de calidad. Desconozco de dónde las traen, pero a veces se portan de forma extraña: no dan tanta luz, la llama es verdosa y echan chispas; incluso a veces se apagan solas, y esto es, al mismo tiempo, enervante y molesto. Debe aceptarse, porque aún queda para rato antes no instalen la electricidad en nuestro pueblo. Es un brillo muy triste, ¿no cree?</p>
<p>¿Piensa usted que haría bien si le dejara la vela y tomara el quinqué? La verdad, no me gusta llevar quinqué. Nunca se me ha caido ninguno, pero siempre me han atemorizado&#8230;, son peligrosos si lo pensamos. Además, con el tiempo me he acostumbrado a estas asquerosas velas.</p>
<p>Puede apurar el vaso mientras subo. No quiero que se vaya a dormir sin, al menos, tres vasos en el estómago. Ni tan solo tendrá que habérselas con la escalera, pues dormirá aquí abajo, junto al gabinete de consulta que, por ahora, es mi domicilio. Así está la cosa: no permito que un amigo duerma en el dormitorio de arriba. El último que allí durmió fue el viejo Crackenthorpe, que pasó, según cuenta, toda la noche despierto. ¿Recuerda al viejo Crack? Se aferra a la Armada, y acaban de ascenderlo a almirante. Sí, ya voy, a menos que se apague la vela. No he podido evitar el preguntarle si se acordaba del viejo Crackenthorpe. Si alguien nos hubiera predicho que, de todos nosotros, aquel enclenque bobalicón haría la carrera más brillante, todos nos habriamos echado a reír. A usted y a mí no nos ha ido tan mal las cosas, claro&#8230; Pero ya voy, ahora mismo. No quiero que piense que, con la charla, deseo retrasar el momento de ir. ¡Cómo si existiera algo de lo que asustarse! De tener miedo, se lo confesaría sin rodeos, y le pediría que me acompañara arriba.</p>
<p>*  *  *</p>
<p>¡Hela aquí! La he trasladado con muchísimo cuidado, por miedo a molestarla, pobre cosa. Mire, si sacudieramos la caja, quizás la mandíbula volvería a separarse de la calavera, y de seguro esto no le gustaría nada. Sí, la vela se ha apagado mientras bajaba por la escalera, pero ha sido por culpa de una corriente de aire que ha entrado por la ventana del rellano. ¿Ha oído eso? Sí, ha sido otro grito. ¿Dice que estoy pálido? No es nada. El corazón me juega malas pasadas, a veces, y he bajado demasiado deprisa. De hecho, ésta es una de las razones por las que prefiero vivir en la planta baja.</p>
<p>Este grito, venga de donde venga, no ha salido de la calavera, por que tenía la caja en la mano cuando he oído el chillido&#8230;, y aquí la tenemos, ahora. Hemos demostrado, pues, irrefutablemente, que es otra cosa quien profiere los gritos; nunca dudé, que un día u otro conocería la causa exacta. Alguna grieta en la pared, sin duda, o alguna fisura de la chimenea, o tal vez alguna rotura en la madera de una ventana. Todas las historias de fantasmas terminan así. Mire, me alegro de haber ido arriba y traerle el objeto, porque este último grito resuelve definitivamente la cuestión. ¡Y pensar que he tenido la debilidad de creer que esta pobre calavera podía gritar como un ser vivo!</p>
<p>Ahora abriré la caja, sacaré el objeto, y lo examinaremos bajo la luz. Resulta espantoso recordar que la pobre mujer tenía la costumbre de sentarse ahí, en la silla donde ahora está usted, una tarde tras otra, con una luz como esta. Pero&#8230;, acabo de convencerme que todo esto sólo han sido tonterías, de comienzo a fin&#8230; Nada más es una vieja calavera que Luke conservaba de su época de estudiante y que, tal vez, sumergió en la cal para blanquearla, sin poder encontrar después la mandíbula.</p>
<p>Sellé el cordel, ¿lo ve?, tras colocar en su lugar la mandíbula inferior, y escribí algo sobre el papel. Vea&#8230;, la vieja etiqueta continua ahí, la etiqueta de la modista con la dirección de la señora Pratt, puesta el día que le enviaron el sombrerero; había espacio, y escribí: «Calavera que perteneció al señor Luke Pratt, ahora difunto». No sé por qué razón escribí esto&#8230; Quizás para explicar cómo había ido a parar a mis manos. A veces, no puedo dejar de preguntarme qué tipo de sombrero guardaba la caja. ¿De qué color le parece que podría ser? ¿Sería un simpático sombrero primaveral, con plumas delicadas y caprichosas cintas? ¡Es extraño pensar que la misma caja contiene la cabeza que, quizá, llevaba aquellos fantasiosos ornamentos! Pero no: acabamos de convencernos de que esta calavera proviene del hospital de Londres, donde Luke realizó sus prácticas. ¿No es mucho mejor verlo bajo este prisma? No hay más relación entre esta calavera y la pobre señora Pratt que la existente entre mi historia del asesinato con plomo y&#8230;</p>
<p>¡Dios mio! Coja el quinqué&#8230; no deje que se apague; cerraré la ventana en un segundo&#8230; ¡Vaya! ¡Qué soplido del viento! ¡Ahora se ha apagado! ¡Ya se lo había dicho! Carece de importancia; aún queda el resplandor del fuego. ¡Vea, ya he cerrado la ventana! El pestillo estaba medio descorrido. ¿Y las cerillas? ¿Las ha hecho caer de la mesa el viento? ¿Dónde diablos están? ¡Ah, aquí! La ventana no volverá a abrirse, porque he puesto la barra, una barra como las que antes se fabricaban&#8230;, es insustituible. Ahora, busque la sombrerera, mientras yo vuelvo a encender el quinqué. ¡Demonio de cerillas! Un sencillo encendedor de mecha funcionaría mucho mejor&#8230;, deberé encenderlo en el fuego&#8230;, no lo había pensado&#8230;, muchas gracias&#8230; Vaya, ¡por fin! ¿Pero donde está la caja? Sí, vuélvala a poner sobre la mesa, que la abriremos.</p>
<p>Es la primera vez que el viento hace crujir la ventana de esta manera pero es porque no la he cerrado bien. Sí, claro, he oído el grito. Ha parecido como si diera la vuelta a toda la casa antes de precipitarse por la ventana. Esto demuestra que el viento es el único culpable&#8230;, el único culpable de toda esta historia, ¿no es verdad? Y, si el viento no lo es, lo será mi imaginación. Siempre he sido imaginativo, aunque no lo sabía, sin duda. Es al envejecer cuando nos conocemos y entendemos mejor, ¿no cree?</p>
<p>Tomaré unos tragos de este Hulstkamp excepcional, aprovechando que usted se llena el vaso. La humedad de esta borrasca me ha dejado helado y, con mi propensión a los resfriados&#8230; Me dan miedo los resfriados, porque el frío, a veces, parece clavarse en todas mis articulaciones cuando me atrapa en invierno.</p>
<p>¡Caramba! ¡Esto es casualidad! Encenderé otra pipa, ahora que todo parece calmado alrededor, y luego abriremos la caja. Estoy muy contento de haber escuchado, los dos, ese último grito mientras la calavera permanecía sobre la mesa, entre usted y yo, porque una cosa no puede hallarse en dos sitios diferentes al mismo tiempo, y el grito venía, con toda seguridad, del exterior, como es el caso de todos los sonidos del viento. A usted le parece haber oído un grito atravesar la habitación al abrirse la ventana con tanta violencia. Sí, a mí también, pero era natural, ¿no?, porque todo estaba abierto. No hemos oído nada más que el viento, claro. ¿Qué más podíamos esperar?</p>
<p>Eche una ojeada aquí, haga el favor, antes no abramos la caja quiero que compruebe que el sello está intacto. ¿Necesita mis gafas? Ah, ya tiene las suyas. Muy bien. El sello está intacto, y debe poderse leer con facilidad las palabras grabadas en la cera: «Suave, lentamente»; es una alusión al poema El viento del mar occidental, que ruega al viento «que me lo vuelva a traer» y cosas parecidas. Aquí tengo el sello original, en la cadena del reloj, donde lo llevo desde hace cuarenta años. Me lo regaló mi esposa, pobrecilla, antes de casarnos, y nunca he llevado otro. Esto era muy propio de ella, que le gustaran estas palabras&#8230;, siempre le gustó Tennyson.</p>
<p>Es inútil cortar el cordel, porque está fijado a la caja; me conformaré con romper la cera y desatar el nudo, y luego volveremos a sellarlo. Mire, me gustará saber que esta cosa está intacta, en su lugar, y que nadie puede cogerla. No se trata que sospeche que Trehearnn se meta en todo esto, pero siempre me ha parecido que sabe más de lo que dice.</p>
<p>Mire, he logrado desatarlo todo sin romper el cordel, aunque cuando lo sellé no creí que la volvería a abrir. Mire, la tapa sale ella sola. ¡Mire, ahora!</p>
<p>¿Qué? ¿Nada? ¿Vacía? ¡Se ha esfumado! ¡La calavera se ha esfumado!</p>
<p>No, no me pasa nada grave. Sólo intento centrar mis ideas. Todo esto es muy extraño. Estoy seguro de que la calavera se encontraba dentro de la caja cuando la sellé la primavera pasada. No lo puedo haber imaginado; no es posible. Si de tanto en tanto me emborrachara con los amigos, podría aceptar haberme equivocado alguna vez, tras beber en exceso. Pero no bebo, ni he bebido nunca. Una pinta de cerveza durante la cena, un poco de ron antes de acostarme, esto es todo lo que bebía en mis mejores tiempos. ¡Me parece que siempre somos los pobres individuos constantemente sobrios quienes acaparamos las crisis reumáticas y de gota! Sí, mi sello estaba intacto, y la caja está vacía. Es muy extraño.</p>
<p>¡Pero esto no puede ser! No es lógico. Mi opinión es que hay algo de sospechoso en este asunto. Y no me hable de manifestaciones sobrenaturales, por que no creo en ellas&#8230;, nada, en absoluto. Alguien debe haber tocado el sello y robado la calavera. A veces, cuando en el verano salgo a trabajar al jardín, dejo el reloj y la cadena sobre la mesa. Trehearn ha tenido ocasión de coger el sello durante cualquiera de estos momentos y utilizarlo sin miedo: él sabe que yo no suelo llegar antes de una hora, como mínimo.</p>
<p>Si no fuera Trehearn&#8230;, oh, ¡no insinúe usted que aquella cosa ha sido capaz de salir sola de la caja! Si ha sido capaz debe hallarse en algún lugar de la casa, emboscada, al acecho, en algún rincón oscuro. Podemos dar con ella en cualquier instante&#8230;, porque nos espera, nos espera en las tinieblas. Y, cuando me vea, me lanzará su grito&#8230;, me lanzará su grito en medio de la oscuridad, porque me odia, ¡se lo digo!</p>
<p>La caja está vacía. No estamos soñando, ni usted, ni yo. Mire, la vuelvo del revés&#8230;</p>
<p>¿Qué ha sido eso? Algo ha caido de la caja cuando la he girado. Aquí, en el suelo, a sus pies&#8230; Sé que está aquí, debemos encontrarlo. Ayúdeme a encontrarlo, amigo. ¿Ya lo tiene? ¡Por amor de Dios, démelo, deprisa!</p>
<p>¡Plomo! Lo sabía, desde el instante que lo he oído caer. Aquel ruido sordo sobre la alfombra, sabía que no podía ser nada más. Así pues, era plomo en definitiva, y Luke&#8230;</p>
<p>Me he turbado&#8230; No estoy nervioso, se lo aseguro, solo algo turbado, eso es todo. Cualquiera lo estaría. Al fin y al cabo, usted no podrá decir que me dé miedo esa cosa, ya que he subido a buscarla y la he traido hasta aquí&#8230; Vaya, creía que la llevaba aquí, lo que es lo mismo, y ¡demonios!, antes de permitir que una tontería así me trastorne, prefiero llevar la caja arriba y guardarla en su sitio. Estoy convencido de que la pobre mujer murió de aquella manera por mi culpa, porque les había explicado aquella historia. Es esto lo que me entristece y me inquieta. A veces esperaba que nunca tendría la certidumbre, pero ahora ya no puedo dudar. ¡Vea esto!</p>
<p>¡Vea! Un trozo de plomo, sin forma particular. ¡Piense lo que hizo este pedazo de plomo! ¿No se horroriza? Luke administró a su mujer alguna droga para que se durmiera, pero, con todo, ella debió padecer un momento de dolor abominable. ¡Piense! ¡Plomo hirviente que entra en el cerebro! ¡Piense! Antes de poder gritar ya estaba muerta, pero piense sólo&#8230;, ¡oh!&#8230; ¡oh!&#8230; ¡Otra vez!&#8230; Esto viene de fuera&#8230;, sé que viene de fuera&#8230; ¡No puedo quitarme este chillido de la cabeza!&#8230; ¡oh!&#8230; ¡oh!&#8230;</p>
<p>*  *  *</p>
<p>¿Cree usted que me he desmayado? No. Me hubiera gustado, porque así todo se habría parado. Está muy bien el decir que esto es tan sólo un ruido, y que un ruido nunca ha dañado a nadie. ¡Pero también usted está blanco como una sábana! Sólo podemos hacer una cosa, si queremos conciliar el sueño esta noche. Debemos encontrarla, volverla a meter dentro la caja y encerrarla en el armario que parece gustarle tanto. No sé como salió, pero desea volver a su lugar. Por eso chilla de esta manera tan espantosa esta noche. Nunca había gritado así, nunca&#8230; Excepto la primera vez que&#8230;</p>
<p>¿Enterrarla? Sí, si logramos encontrarla, la enterraremos, aunque nos lleve toda la noche. La hundiremos seis pies bajo tierra, y compactaremos bien la tierra encima&#8230; Nunca saldrá y, aunque continúe chillando, difícilmente la oiremos si está tan profunda. ¡De prisa! ¡La linterna, y busquémosla! ¡No debe estar demasiado lejos! Seguro que está allí afuera&#8230; Estaba a punto de entrar cuando he cerrado la ventana, lo sé.</p>
<p>Sí, tiene razón: estoy perdiendo el tiempo y debo volver a controlarme. No me diga nada en un par de minutos; me sentaré tranquilo, cerraré los ojos y repetiré algo que me sea familiar. Es lo mejor que puedo hacer.</p>
<p>«Es menester sumar la longitud, la latitud y la distancia polar, dividir por tres y restar la longitud a esta media; después es necesario añadirle el logaritmo de la secante de la longitud, la cosecante de la distancia polar y su seno menos la longitud&#8230;» ¿Qué le parece? No me dirá que he perdido los estribos, pues mi memoria continua intacta, ¿no?</p>
<p>Usted objetará, claro, que esto es un recitar mecánico, y que lo aprendido en la infancia y que hemos usado casi cada día de nuestra existencia, nunca lo olvidamos. ¡Pero es al contrario! Cuando un hombre enloquece, la parte mecánica de su espíritu es la primera en deteriorarse y dejar de funcionar; uno recuerda entonces acontecimientos que nunca se han producido, o contempla falsas realidades&#8230;, o escucha ruidos donde sólo hay silencio. Ahora bien, no es este el caso, ni para usted ni para mí, ¿no es cierto?</p>
<p>Venga, recojamos la linterna y registremos los alrededores. No llueve. El viento sopla como mil demonios. La linterna está en el armario, bajo la escalera, en el salón. Siempre la he guardado a punto de funcionar, en previsión del mal tiempo.</p>
<p>¿Dice que es inútil buscarla? No entiendo cómo puede decir algo parecido. Pero es insensato el pensar enterrarla, claro&#8230;, por que no quiere ser enterrada. Quiere volver a su sombrerera, y a su armario, allí arriba, ¡pobrecilla! Trahearn la sacó de la caja, ahora lo sé, y rehizo luego el sello. Tal vez la llevó al cementerio, sin otra intención que proceder con corrección. Debió pensar que dejaría de gritar cuando se hallara yaciendo, en reposo, en la tierra consagrada a la que pertenece. Pero ha regresado. Trehearn no es mala persona y lo supongo algo beato. ¿No es natural y razonable todo esto, incluso agradable? Trehearn se dijo que la calavera gritaba porque no estaba enterrada de manera decente&#8230;, con el resto del cuerpo. Pero se equivocaba. ¿Cómo podía adivinar Trehearn que la calavera me gritaba su odio porque me detesta y porque soy responsable del trocito de plomo que sonaba en su interior?</p>
<p>¿Sostiene entonces que es inútil buscarla? ¡Absurdo! Ya le he dicho que desea ser encontrada&#8230; ¡Ah! ¿Qué ha sido ese golpe en la puerta? ¿Lo oye? Toc&#8230; toc&#8230; toc&#8230;, tres veces, luego una pausa, luego otras tres veces. ¿No lo encuentra un sonido grave?</p>
<p>Ha regresado. Antes ya había oido este sonido. Quiere entrar, quiere subir al piso de arriba, quiere su caja. Ahora está delante de la puerta principal.</p>
<p>¿Me acompaña? La entraremos. Sí, debo admitir que no me gustaría nada ir yo solo a abrir la puerta. La cosa rodará ella sola por el suelo y se detendrá tocando mi pie, como la última vez, y la luz se apagará. Me he amedrentado al descubrir el pedazo de plomo y, además, el corazón me juega malas pasadas&#8230; Quizás abuso de un tabaco demasiado fuerte. Y además admito que estoy un tanto nervioso esta noche, más nervioso de lo que he estado nunca en mi vida.</p>
<p>¡Muy bien! ¡Venga! Vayamos con la caja, así no nos hará falta volver. ¿Oye esos golpes? No se parecen a nada. Si usted mantiene abierta esta puerta, yo podría encontrar la linterna, bajo la escalera, sólo con la iluminación de la estancia, sin necesidad de llevar una luz al salón, allí se apagaría.</p>
<p>La cosa sabe que vamos&#8230; ¡Ah! Está impaciente por entrar. Pase lo que pase, no cierre la puerta hasta que la linterna esté preparada. Supongo que volveremos a tener problemas con las cerillas. ¡Vaya! La primera ha fallado, ¡demonio! Ya se lo he dicho: quiere volver a entrar&#8230; No existe ningún otro problema. Por lo que respecta la puerta, todo está bien ahora; ciérrela, haga el favor. Venga a sujetar la linterna, que el viento sopla fuerte allí fuera, tanto que necesitaré las dos manos. Así, muy bien: manténgala muy baja. ¿Aún oye aquellas cosas? Ya estamos. Abriré muy poco la puerta y la retendré con el pie. ¡Adelante!</p>
<p>¡Cójala! Sólo es el viento que sopla contra la puerta, nada más&#8230; ¡Casi parece un huracán, aquí afuera! ¿Ya la tiene? La caja está sobre la mesa. Un momento, déjeme volver a poner la barra. ¡Ya está!</p>
<p>¿Por qué la ha lanzado dentro de la caja con tanta violencia? Eso no le gusta nada, ¿sabe?</p>
<p>¿Qué me dice? ¿Qué le ha mordido la mano? ¡Tonterías! A usted le ha pasado lo mismo que a mí. Con la otra mano ha cerrado la mandíbula&#8230;, se ha herido usted mismo sin quererlo. Déjeme ver. ¿No me dirá que le sale sangre? ¡Se ha golpeado en todos los dedos! Tiene toda la piel levantada. Le pondré una solución de fenol antes no se vaya a dormir; dicen que un rasguño hecho por el diente de un cadáver puede traer complicaciones.</p>
<p>Volvamos dentro y déjeme mirar la herida a la luz. Llevaré la caja; ólvide la linterna, no importa si continua encendida en el salón; además, la necesitaré para subir. Sí, cierre la puerta si lo desea; la habitación estará más alegre, tendra más claridad. ¿Le continúa saliendo sangre del dedo? Le traeré el fenol ahora mismo; pero déjeme ver la calavera.</p>
<p>¡Eh! Tiene una gota de sangre en la mandíbula superior. En el colmillo. ¿No es espantoso? Cuando la he visto rodar por el suelo, en el salón, me ha parecido que mis manos casi se quedaban sin energía; me han fallado las rodillas; luego he comprendido que era la borrasca quien la hacía resbalar sobre los tablones lisos. ¿No me echará la culpa? No, me parece que no. Hemos crecido juntos, y juntos hemos visto cosas de toda índole; ambos somos capaces de reconocer que hemos sentido pánico cuando la calavera ha resbalado por el suelo hacia usted. No es nada extraño que tras esto se haya pellizcado el dedo; a mí me pasó lo mismo de tan nervioso como estaba, y a plena luz del día, iluminado por los rayos de sol.</p>
<p>¿No es sorprendente que estas mandíbulas encajen con tanta perfección? Debe ser, supongo, por la humedad, porque cierran como tijeras. Ya he limpiado la mancha de sangre, no era nada agradable de ver. No tema, que no intentaré abrir estas mandíbulas. No volveré a jugar jamás con esta pobre cosa&#8230; Sencillamente, volveré a sellar la caja; a continuación la llevaremos al piso de arriba y la dejareemos allí donde quiere estar. La cera está en el bufete, cerca de la ventana. Gracias. Pasará tiempo antes de que vuelva a dejar solo mi sello, no sea que Trehearn&#8230; ¿Explicar? Yo no explico los fenómenos naturales, pero si usted prefiere creer que Trehearn había escondido la calavera entre la maleza, que la tormenta la ha empujado hasta dejarla delante de la casa, en la puerta principal, y la ha hecho llamar a la pared como si deseara entrar, no estará suponiendo nada que no sea posible, y le daré la razón.</p>
<p>¿Lo ve? Podrá jurar haber visto colocar el sello en esta ocasión, en el caso de que la historia volviera a repetirse. La cera une tan bien el cordel a la tapa, que ya no puede pasar un dedo entre aquel y el cartón. ¿Está convencido? Sí, además cerraré la puerta y guardaré la llave en mi bolsillo, para siempre.</p>
<p>Ahora podemos recojer la linterna y subir. Poseo cierta inclinación a compartir su teoría, según la cual ha sido el viento quien ha llevado la calavera ante la puerta. Como me conozco la escalera, iré delante. Aguante la linterna a la altura de mis pies y subamos. ¡Cómo gime el viento, cómo sopla! ¿Ha oído como crujía en el suelo la arena bajo los pies cuando hemos atravesado el salón?</p>
<p>Sí, ya estamos ante la puerta del mejor dormitorio. Levante la linterna, hágame el favor. Por este lado, a la cabecera de la cama. He dejado la puerta del armario abierta, cuando he cogido la caja. ¿No le parece extraño sentir aún, tras tanto tiempo, este olor peculiar de ropa de mujer? Aquí tenemos el estante. Usted ha visto cómo he dejado la caja, y ahora me ve girar la llave en la cerradura, y guardármela en el bolsillo. ¡Ya está!</p>
<p>Buenas noches. ¿Está seguro de que no necesita nada? El dormitorio nada tiene de extraordinario, pero creo que esta noche le gustará dormir más aquí que no arriba. Si necesitara algo, llámeme. Solo nos separará un débil tabique de madera y cal. Y aquí el viento sopla con mucha menos intensidad. Si quiere tomarse un último trago antes de dormir, encontrará un frasco de Hulstkamp sobre la mesa. Por segunda vez, buenas noches y, si puede, no sueñe con aquella cosa.</p>
<p>*  *  *</p>
<p>La siguiente noticia apareció publicada en el Penraddon News, el 23 de noviembre de 1906:</p>
<p>«MUERTE MISTERIOSA DE UN CAPITAN RETIRADO»</p>
<p>«La extraña muerte del capitán Charles Braddock ha conmocionado el pueblecito de Tredcombe. Corren historias inverosímiles en relación con las circunstancias del asesinato, unas circunstancias que continuan siendo difíciles de explicar. El capitán retirado, que había mandado con buena fortuna los más rápidos e importantes navíos de una de las principales compañías marítimas transatlánticas, fue hallado muerto en la cama el pasado martes por la mañana, en su propio caserón, a un cuarto de milla del pueblo. El médico local le practicó una autopsia y reveló que el infortunado había sido mordido en el cuello por un agresor humano, con una violencia tal que la arteria traqueal quedó literalmente destrozada, siendo ésta la causa del óbito. Las señales dejadas por los dientes de las dos mandíbulas eran tan claras que se pudo contar y comprobar que al agresor le faltaban dos incisivos inferiores. Se espera que esta particularidad permitirá identificar al asesino, que sólo puede tratarse de un loco peligroso fugado. La víctima, a pesar de contar con sesenta y cinco años, estaba considerado un hombre enérgico que había conservado sin problemas su vitalidad física. Es sorprendente, en consecuencia, no haber hallado en la habitación señal alguna de lucha; tampoco se ha podido descubrir de qué manera el asesino se introdujo en el edificio. Se han remitido anuncios a todos los centros psiquiátricos del Reino Unido, pero aún no se han recibido noticias de la fuga de algún paciente.</p>
<p>»El jurado ha emitido un veredicto que se pude clasificar de singular; según el jurado: &#8220;el capitán Braddock halló la muerte a manos o entre los dientes de una persona desconocida&#8221;. El médico local, por lo que parece, ha aventurado la hipótesis que el loco pudiera ser una mujer, conclusión a la que ha llegado por la pequeñez de las mandíbulas revelada por las marcas dejadas por los dientes. Todo el asunto está rodeado de misterio.</p>
<p>»El capitán Braddock era viudo y vivía solo. No dejó hijos».</p>
<p>Nota del Autor: Quien se interese por las casa malditas y los fantasmas, encontrará las fuentes de esta historia en una leyenda referida a una calavera; la leyenda se conserva en un caserón llamado Bettiscombe Manor, sito, según creo, en la costa de Dorsetshire.</p>
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		<title>El Gato</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Feb 2011 22:05:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de Terror]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Loco yo?. ¿Loco cuando fui protagonista del relato que vais a leer?. Ahora estoy más tranquilo, y estoy seguro de que me daréis la razón. Reaccioné de forma normal, como cualquier persona corriente, ante una situación como la que me tocó vivir. Era mi primer día en mi nuevo y flamante trabajo. Un sol espléndido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-3067" title="gato" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2011/02/gato.jpg" alt="" width="407" height="339" /></p>
<p>¿Loco yo?. ¿Loco cuando fui protagonista del relato que vais a leer?. Ahora estoy más tranquilo, y estoy seguro de que me daréis la razón. Reaccioné de forma normal, como cualquier persona corriente, ante una situación como la que me tocó vivir.</p>
<p>Era mi primer día en mi nuevo y flamante trabajo. Un sol espléndido de primera hora de la mañana me saludaba con tibieza de primavera, mientras el jolgorio de los pajarillos daba a mi entrada en el patio de las oficinas un aire casi bucólico. Antes de llegar al patio empedrado sólo había recibido sonrisas de mis futuros compañeros, aún desconocidos.</p>
<p>El primero en recibirme nada más pasar la puerta de la oficina fue un pequeño gato, al que apenas presté atención mientras se frotaba contra el bajo de mis pantalones. Sin duda, éste era un cálido recibimiento. Tras presentarme a la secretaria y al resto del personal, me acomodé en mi nueva silla de brazos sintiéndome el amo del mundo. Todo iba a salir perfecto.</p>
<p>El primer día de trabajo había pasado rápido, y ya en casa empecé a cambiarme de ropa cuando algo me llamó la atención. El bajo de mis pantalones estaba lleno de pelos. Sin duda de aquel gato.<span id="more-2191"></span></p>
<p>Tomé un cepillo y di una pasada por encima. Ni un solo pelo salió del pantalón, simplemente se corrieron y apelotonaron unos con otros en una fina capa. Mi sorpresa fue justo antes de volver a pasar el cepillo. ¡Los pelos habían formando claramente letras, y se leía perfectamente la palabra ocnic! No podía creerlo, pero sin duda era una casualidad. La siguiente pasada del cepillo destruyó la palabra y se llevó casi todos los juguetones pelos del gato de mi pantalón.</p>
<p>Al día siguiente, durante el trabajo, comencé a sentir una inquietante sensación de ser observado. Estaba sólo en la oficina, luego no tenía sentido. O eso creía yo. La sensación aumentó hasta el punto de volverse agobiante. Giré la cabeza rápidamente. Allí estaba el gato, mirándome fijo. Me sentí incómodo, pero quise ser cariñoso con el animal cuyos pelos &#8220;hacían magia&#8221; y le ofrecí la mano. Él vino en silencio sobre los papeles de la mesa y se pegó a mí. Comencé a rascarle la cabeza a medida que le prestaba atención. Estaba muy delgado, casi famélico, y tenía pequeñas ronchas en la piel, justo donde le estaba acariciando. De repente me transmitió una enorme sensación de asco y le aparté de mi lado al tiempo que me frotaba la mano.</p>
<p>Me dejó mala impresión, por lo que pregunté a la secretaria de quién era el gato. Nadie lo sabía, aparecía al abrir las oficinas, estaba por allí, y se le echaba fuera antes de cerrar.</p>
<p>Esa noche soñé con liendres, chinches y gusanos que poco a poco taladraban mi mano mientras el gato me miraba con esos ojos amarillos, fríos y vacíos.</p>
<p>Día tras día, hacía mi trabajo procurando esquivar al gato, que cada vez me molestaba más con sólo su presencia. Siempre le descubría mirándome, y entonces se acercaba a mí.</p>
<p>No habían pasado ni tres días cuando una mañana, al entrar en la oficina, me encontré con un gran alboroto. El chico del despacho de al lado, un joven administrativo muy simpático, había tenido esa misma noche un accidente con el coche. Él había muerto en el hospital, y su novia, una chica rubia muy mona que venía a buscarle había perdido una pierna, y estaba completamente desfigurada. Al parecer, algo se cruzó en la carretera, y al intentar esquivarlo se salieron y chocaron.</p>
<p>Ese día el gato no vino.</p>
<p>Al día siguiente sí que apareció. Arrastraba una pata de atrás y tenía un lado de la cara completamente hinchado. El ojo de ese lado estaba cerrado y supuraba pus. En cuanto lo vio la secretaria lo cogió y empezó a curarlo. Más tarde me confesó que a ella también le daba un poco de repelús el estado de su piel, y más ahora, después de lo que sabía Dios le habría pasado, con ese aspecto, pero le podía la pena de verlo abandonado.</p>
<p>En casa, aparecieron pelos en la espalda de mi chaqueta. No sé cómo fueron a parar allí. Cogí el cepillo y lo pasé con fuerza. No podía creerlo. Era demasiada casualidad. Ahora se leía perfectamente la palabra ortauc. Froté frenéticamente y los pelos desaparecieron. Al contrario que mi tranquilidad.</p>
<p>El gato fue mejorando rápidamente. A los pocos días no cojeaba y empezó abrir el ojo, el cual dejaba ver una película blanquecina que supuraba un pus amarillento sin cesar, y algunas de cuyas gotas aparecían en los lugares más insospechados. Finalmente, con el paso de los días, el animal se recuperó, y cuando parecía que se quedaría tuerto, el ojo apareció limpio y cristalino.</p>
<p>Dos días después hubo una gran tormenta. Salí tarde de la oficina y ya era de noche. Me despedía de los compañeros al tiempo que luchaba contra la lluvia y el aire para llegar al coche. El viento aullaba como un poseso, y yo fui el último en salir del parking al descubierto, de hecho, no quedaba nadie allí. Apenas había salido del recinto cuando las luces del coche iluminaron una silueta sobre el camino de tierra mojada. Era el gato.</p>
<p>Estaba en mitad del paso. Sentado. Desafiando la marcha del vehículo con sus ojos como candelas. Cualquiera hubiera parado para no atropellarle, pero yo sin embargo sentí un impulso incontrolable, y pisé el acelerador hasta el fondo.</p>
<p>Un golpe seco, un chasquido y un grito agudo, casi humano, penetrante, sobreponiéndose a los truenos y a la tormenta, junto con la sensación de pasar un bache fue todo lo que recuerdo antes de que un rayo cayera sobre uno de los gigantescos árboles del borde del camino y se precipitara entre relámpagos sobre la carretera,&#8230; justo en el lugar en que debería haber parado para no atropellar al gato.</p>
<p>Salí del coche. Estaba muy excitado y confuso a la vez. A la luz de los relámpagos se apreciaba sangre, ya diluyéndose con la lluvia, y algo viscoso, de olor nauseabundo. Eran tripas sanguinolentas. Me quedé absorto y corrí a la parte delantera del coche. Había restos de piel y pelo en uno de los neumáticos.</p>
<p>Al día siguiente el gato no apareció, ni al otro. Ni al otro. Pero sí al final de la semana.</p>
<p>Estaba muy delgado y apoyaba las patas traseras con dificultad. La secretaria le recibió como al hijo pródigo, preguntándole dónde se había metido. Sin duda no se dio cuenta de que supuraba una especie de moco verde por el ano, el cual le resbalaba por la manga de la chaqueta. Yo no quise saber nada. Para mí, ese animal era mi enemigo.</p>
<p>Cuando al final de la jornada fui a coger el jersey, era evidente que algo peludo se había frotado en él. Yo me hice el loco delante de los compañeros, pero deseaba llegar a casa.</p>
<p>Como un loco (que ironía, ¿verdad?) tomé el cepillo. Esta vez la palabra era sert, y no la borré. La dejé ahí y me quedé mirándola como hipnotizado. De repente algo me sacó de mi abstracción. No sé cuanto tiempo había transcurrido, tomé la prenda y la coloqué frente al espejo. Ahora se leía perfectamente tres.</p>
<p>Una vez más, la mejoría del gato fue sorprendente, y yo ya no podía soportar más que éste buscara mi compañía constantemente. Me gané fama de cruel e insensible con los animales en la oficina (es cierto que en una ocasión le pegué una patada y lo estampé contra la fotocopiadora delante de todos). Con la excusa de encontrarme mal aproveché la salida del personal para almorzar y me quedé a solas con el gato. Él sabía mis intenciones. Me puse unos guantes y le agarré por el pescuezo, sin que, para mi sorpresa, opusiera resistencia. Rápidamente lo llevé al coche y lo tiré dentro del maletero. Dejé una nota en la oficina y me puse en la autopista, rumbo desconocido.</p>
<p>A unos seiscientos kilómetros, más o menos, paré sobre un puente y abrí detrás. Ahí estaba el gato, con la misma expresión que aquella noche de tormenta. Lo cogí por la nuca y me acerqué a la barandilla. El animal me empezó a pesar como el plomo, apenas podía sostenerlo, y me tuve que ayudar con el otro brazo antes de dejarlo caer al vacío. Esa noche no dormí, aunque tampoco hubiera podido. Llegué el primero a la oficina. Aún era algo pronto. A los quince minutos entró la secretaria, después el jefe, el hombre de abajo, los del despacho de al lado y detrás de ellos,&#8230; el gato, jadeante y mojado.</p>
<p>No sé que es lo que ocurrió. Mis recuerdos están confusos, como enturbiados por una niebla espesa. Creo recordar que me levanté, rompí el cristal anti-incendios y agarré el hacha de emergencia. El gato sabía que esta vez iba en serio, salió huyendo para refugiarse en los brazos de la secretaria que no paraba de chillar. El gato era muy rápido y consiguió saltar a tiempo de esquivar el hachazo.</p>
<p>Yo sólo quería acabar con esa bestia infernal, pero la gente se ponía en medio. Di muchos hachazos, muchos, pero él ya no estaba para cuando la hoja de acero caía una y otra vez. Salió de la oficina y no dejaba de saltar y correr, subiéndose encima de la gente, que gritaba horrorizada, pidiendo, suplicando, &#8211; No, por favor, no, a mí no. &#8211; Yo sólo quería quitárselo de encima, librarles de él como ellos decían&#8230; Di muchos hachazos, sí, muchos. Pero los fallé todos. Supongo que por eso me han detenido y me han encerrado en esta habitación donde nunca viene nadie. Por no librar a la gente de ese demonio. Pero ahora estoy mejor, deseando salir de aquí para intentarlo de nuevo.</p>
<p>Aquí estoy tan solo!. Aunque no siempre. A veces, cuando todo está en silencio, viene un hamster y me mira fijamente.</p>
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		<title>Donde el sol muere</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 00:23:30 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-782 aligncenter" title="atardecer" src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/05/atardecer.jpg" alt="" width="454" height="340" /></p>
<p>Una mañana, Ana, decidió tomar todo su dinero, sus cosas e ir a la estación de tren. Sacó un boleto, ni siquiera se fijó a donde se dirigía, se sentó y esperó.<br />
Los trenes venían, pero ella los dejaba pasar. El día había terminado, el sol se había ido, el último tren se acercaba; se levantó, tomó su única valija, sacó el boleto de su bolsillo y subió al tren.<br />
Se sentó en el último lugar, con la esperanza de que nadie la molestara. El tren se detuvo, una anciana de tez morena que sostenía un paquete subió y se sentó a su lado, y dirigiéndose a ella dijo:<br />
- Hola señorita ¿Adonde va usted?<br />
Por primera vez Ana, sacó el boleto de su bolsillo, lo leyó y dijo:<br />
- Voy a un pueblo llamado “El Sol”<br />
La anciana con mirada desconcertada respondió:<br />
- ¿Cómo? Ese pueblo está desierto desde 1895, luego de un incendio se perdió casi todo. Los que quedaron se fueron a los pueblos vecinos, no queda nadie, estoy segura.<br />
El tren se detuvo, la anciana sonriéndole se despidió y bajó. Ana fijó su vista en la ventana, ya estaba cerca de los límites entre su pueblo y el vecino, miró el paisaje y juró no volver jamás. Haciendo caso omiso, el sueño se apoderó de ella.<span id="more-783"></span><br />
Despertó cuando el sol estaba saliendo, el tren se detuvo y ella bajó. La estación estaba desierta y hacia frío, se abotonó su saco y comenzó a caminar, el tren tomaba nuevamente su rumbo.<br />
Salió de la estación, ni había nadie en la calle. Llegó hasta una plaza y se sentó, no sabia que dirección tomar ahora, la plaza era pequeña, había una hamaca de colores desteñidos y los arbustos había crecido demasiado, todo parecía abandonado, recordó lo que la anciana le había contado, pero sacudió esa idea de su mente, al ver una silueta acercarse a ella, era un chico, tal ves dos años mayor que ella, de piel blanca, cabellos negros, ojos del color de la miel, alto y de musculatura plana.<br />
Se acerco más y sonriendo le dijo:<br />
- Hola ¿sos nueva? Mi nombre es Ian<br />
- Acabo de llegar y no se si me quedaré, no tengo donde pasar la noche. Soy Ana.<br />
- Mi familia tiene un pequeño hotel y restaurante si quieres puedes quedarte.<br />
- No tengo dinero.<br />
- OH…esta bien. Tengo una idea. Puedes venir, quedarte y trabajas para pagarnos.<br />
A Ana le pareció una idea genial, así que acepto sin pensarlo dos veces, se levantó y siguió al joven por entre las calles aparentemente desiertas.<br />
Ella tímidamente preguntó:<br />
- ¿Qué acá no vive nadie?<br />
- Si, pero solo salen de noche, son un poco raros.<br />
Luego de unos minutos de caminata llegaron hasta un pequeño edificio que parecía abandonado, las paredes estaba desteñidas por el paso del tiempo y las ventana y la puerta eran pequeñas.<br />
Entraron, allí estaba mas cálido que afuera. Él encendió la luz y Ana pudo ver el interior, era una gran sala, llena de muebles antiguos, pero sin polvo, se notaba que todavía vivía gente allí, las paredes estaban igual a las de afuera. El joven le pidió que lo esperara allí y desapareció en un pasillo oscuro. Ana recorrió la sala con la vista, hasta que encontró sobre un gran mueble viejo, una foto que llamo su atención, se acerco y pudo ver la foto. Era una mujer, de mediana edad, junto con un hombre alto con sombrero y el medio estaba Ian exactamente igual que ahora, pero la foto era muy antigua por lo que descarto la idea. Dejo la foto en su lugar al escuchar pasos que se acercaban, por el pasillo venia Ian y la mujer de la foto. Él le explico a Ana que ella era su madre y que había aceptado que ella se quedase y trabajara. La mujer se retiro y él la guió por el pasillo oscuro hasta la última habitación y dijo:<br />
- Aquí dormirás, de día raramente trabajamos, como ya te dije los habitantes de acá salen de noche y viene a comer aquí, servirás las mesas y esas cosas. Cuando todos se vayan comeremos juntos.<br />
Le dio la lleve y ella entró, la habitación era pequeña y los muebles eran antiguos como los de toda la casa. Dejó su valija en el suelo y comenzó a ordenar todo en un pequeño armario. Al terminar abrió la ventana, todavía era de día, se recostó sobre la cama y se durmió.<br />
Dos horas después Ian fue a despertarla porque era hora de trabajar. Se cambió la ropa, se acomodó el cabello y bajó junto con él hasta un gran salón, lleno de mesas todas ocupadas. Él le dio las últimas recomendaciones y comenzó a trabajar.<br />
Todos se fueron a las tres de la madrugada, Ana estaba cansada, se sentó en una de las tantas mesas que quedaron vacías, Ian apareció con dos platos, le dio una a ella y dijo:<br />
- Así serán todas las noches, porque como ya te dije las personas de este pueblo viven de noche.<br />
Ana con cierta timidez le contó, la historia que le había relatado la anciana, del tren, sobre ese pueblo.<br />
Él se puso, repentinamente, nervioso y contestó:<br />
- Si, acá hubo un incendio y el pueblo quedo vacío, como te lo contó la anciana. Fue entonces cuando las familias de mis abuelos junto con otras familias vinieron de un país muy lejano. Es por eso también que las personas duermen de día, ya que en mi pueblo de origen allí seria de noche, nunca se acostumbraron al cambio de horario.<br />
Ana quedo conforme con la respuesta. Hablaron toda la noche, ella le contó su historia y él la suya.<br />
Así fueron todos los días durante cinco años, ella se adapto al pueblo y el pueblo a ella, todos la conocían y querían como si fuera una más. A medida que los días pasaron, Ian y Ana se enamoraron.<br />
Una noche, él decidió contarle a Ana, el secreto del pueblo. Aquella noche, como todas las noches cenaron juntos. Él le confeso su amor y ella a él. Cuando estaba por amanecer Ian, dijo:<br />
- No soy quien crees que soy. ¿Recuerdas la historia de la anciana?<br />
Ana pensó unos segundos y luego asintió. Ian prosiguió:<br />
- Yo vivía en aquel tiempo, el pueblo recién había sido construido, el incendio se originó en el bosque que rodeaba el pueblo, el bosque junto con todos nosotros desapareció. Ana, soy un fantasma.<br />
Ana no sabía que hacer, que pensar. Por fin había encontrado un lugar, al que pertenece y resulta ser que todos son fantasmas, tal vez ella debería serlo también.<br />
La noche siguiente, le pidió a Ian que la acompañara a las afueras del pueblo. Cuando terminaron de trabajar, se dirigieron al lugar mas alejado del pueblo. Entre las rocas que había allí, ella se sentó, saco de su bolso un pequeño frasco con un líquido rojo como la sangre y una copa; vertió el líquido rojo en ella y lo bebió. Unos segundos después, su cuerpo cayó al suelo y su vida se fue, pero su alma se separó de su cuerpo. Ana, o el alma de Ana dijo:<br />
- Prefiero morir y quedarme aquí.<br />
Los dos sonrieron, se abrazaron y juntos desaparecieron en la noche, dejando atrás la luna y Ana su vida.</p>
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		<title>El Perro Misterioso</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 06:54:29 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Esta es una historia muy interesante le sucedio a mi bisabuelo: Anselmo Martinez hace unos 50 años, en Puebla Mexico en pueblo llamado Tezoapan. Segun relatos de mi abuelo sucedió en el pueblo donde en la actualidad vivo yo y toda mi familia. Es obvio que 50 años atras el pueblo no estaba habitado como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aterrorizar.com/wp-content/uploads/2010/02/elperro-misterioso.jpg" alt="" title="elperro-misterioso" width="500" height="375" class="alignnone size-full wp-image-606" /><br />
Esta es una historia muy interesante le sucedio a mi bisabuelo: Anselmo Martinez hace unos 50 años, en Puebla Mexico en pueblo llamado Tezoapan. Segun relatos de mi abuelo sucedió en el pueblo donde en la actualidad vivo yo y toda mi familia. Es obvio que 50 años atras el pueblo no estaba habitado como en la actualidad&#8230;Mi bisabuelo era alcoholico tenia una casa en el pueblo donde vivo actualmente. <span id="more-605"></span>y otra en unos cerros muy leganos donde cuidaba un ganado de vacas. siempre se emborrachaba y era normal ir y venir, de pueblo en pueblo y de casa en casa. pero en una noche de luna llena todo cambio, mi visabuelo estaba borracho y se dirigia camino hacia la casa donde tenia el ganado y antes de salir de Tezoapan se encontro un perrito pequeño y de apariencia muy bonito. mi bisabuelo penso que el perro estaba perdido o abandonado no le importo solo lo cogio. digo que era para cuidar sus vacas, lo subio a su burro y lo cruzo en el burriquete. entonces mi bisabuelo se tubo que bajar y caminar por el resto del camidno. entonces sigio caminando&#8230;&#8230;.. paso un rato y mi bisabuelo comenzo a escuchar que el burro se quegaba pero lo ignoro por un rato. el burro segia quegandose y derrepente mi visabuelo se dio la vuelta para ver que problema o porque se quegaba el burro y se terroriso al ver algo inexplicable cuando volteo hacia atraz vio que el perrito que habia encontrado antes de salir del pueblo donde se habia enborrachado habia crecido demasiado el perro ya era de un tamaño mas grande que el del burro&#8230;&#8230;.</p>
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