Lienzo humano

El cirujano plástico Tomás era un genio en lo que hacía. Cientos de ricachonas satisfechas que salían de su clínica más tersas que la superficie de un melón le dejaban una buena factura y sus lorzas en sus manos. Desfiguraciones por accidente, injertos de quemados, trasplantes de piel, liposucciones… Era un buen maestro en todo lo…