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Noche Interminable

noche tenebrosa
No podíamos seguir caminando, el camino era demasiado largo ¿Cómo habíamos podido llegar a eso? Apenas unas horas antes estábamos de campamento, contándonos esas historias de fogata… un viento fuerte nos hizo apagarla (para evitar un incendio), cada quién se fue a las tiendas de campaña… de pronto el grito de Adrián nos despertó cuando ya estábamos casi a punto de conciliar el sueño….

Sus compañeros de tienda eran Raúl y Rodrigo, cuando salimos a ver que sucedía, ambos ya estaban afuera de la tienda…

- ¿Qué sucedió??? Les preguntamos

Sus caras estaban largas y sus ojos tan abiertos que apenas parpadeaban, estaban histéricos y no pudimos hacer que nos dijeran que había pasado, yo entré a la tienda de campaña y sólo encontré las bolsas de dormir, una pared rasgada con un gran orificio y muchas manchas de sangre.
- ¿Un oso? ¿Los atacó un oso?

Les cuestionamos, pero ellos aún en shock movían sus cabezas negativamente, de repente la luna fue cubierta por nubes y la negrura de la noche nos cubrió por completo… habíamos acampado debajo de frondosos árboles y todo estaba oscuro… otro grito se escuchó, era de mi compañero de tienda, Rafael, todos volteamos sin poder vislumbrar nada, yo comencé a buscar mi linterna pero sin éxito, como pudimos fuimos a la tienda y a encontramos igual… Raúl me dijo…
- ¡ Vamonos ahorita ¡
- Tenemos que encontrar alguna linterna ¿Alguien tiene la suya?

Pero pareciera que sin que nos dieramos cuenta nos habían robado todas las lámparas, la oscuridad era completa y estábamos muy confundidos, a Javier, mi otro compañero de tienda, se le ocurrió que debíamos quedarnos quietos, en caso de ser un oso debíamos fingir estar muertos para que se fuera… pero Raúl le gritó de nuevo que no era un oso.

Finalmente logré encender mi celular y pudimos ver al menos a nuestra distancia inmediata, tratamos de llegar a la camioneta, pero las llaves no aparecían un ruido nos hizo voltear y ver unos arbustos moviéndose violentamente…
- Yo me voy de aquí, si me va agarrar le va costar trabajo obtener su comida al hijo de…

Comentó Raúl y comenzó a caminar por dónde recordaba se encontraba el sendero de vuelta a la carretera. Sin ponernos a pensar demasiado, todos lo seguimos, utilizamos la tenue luz de mi celular para divisar el camino por el que íbamos… sin embargo tropezábamos constantemente con las piedras y durante horas caminamos no sin antes caernos varias veces entre las rocas sueltas y los arbustos.

Al final llegamos a una parte del camino dónde se alcanzaba a ver las luces de la carretera… Rodrigo tropezó y cuando lo ayudamos a levantarse escuchamos un horrible grito, como un rugido animal, pero hecho definitivamente por una voz de un hombre.
- Eso no es un oso

Dije, y entonces Raúl me contó lo que había sucedió
- Estábamos platicando… en la tienda de campaña… nos estábamos contando historias de miedo… cuando Raúl nos platicó de una… una que tenía preparada para platicar para cuando estábamos en la fogata…. acerca de un habitante del bosque… un monstruo…. No era un animal… sino que era como algo entre algo de carne y hueso y un espíritu. Se solía llamar Nah, y si lo invitabas a venir… llegaba por ti.
- ¿Un espíritu del bosque?
- Algo así le entendimos, pero con un cuerpo macizo, una cruza entre un hombre y una bestia, te ataca y aunque tiene garras y dientes, es inteligente, y hace parecer que te atacó un animal salvaje o que tuviste un accidente… nos dijo que sería divertido llamarlo y lo llamamos, mientras nos reíamos decíamos, “Ven Nah, ven por todos nosotros”, en eso la lámpara de la tienda fue arrancada de afuera y vimos como una sombra rasgo la tienda y se llevó a Adrián.

Estamos muy alterados, pensé, esto no está sucediendo, esta es una broma de ellos… de pronto una figura gris y rápido salió de unos arbustos y agarró a Javier, lo rasguñó tan fuerte que vimos como sus entrañas salieron de su cuerpo. Empezamos a correr pero la oscuridad era absoluta, gritábamos auxilio pero sin nadie que nos oyera, al final corrimos tanto que terminamos rendidos, al final llegamos a la carretera, sólo quedábamos Rodrigo, Raúl y yo, pero al correr por ayuda sobre la carretera una camioneta nos salió al paso, estábamos tan histéricos que el hombre que la conducía y que llevaba a una anciana, nos pasó de largo, con el siguiente automóvil fue lo mismo. Rodrigo se desesperó al escuchar de nuevo el sonido de aquel hombre-bestia. Y corrió hacia un trailer tan rápido que éste no pudo frenarse y lo arroyó.
- Doctor ya está la jeringa
Dijo la enfermera
-Gracias Ana, ¿Y que le pasó a su amigo? – dijo el doctor mientras tomaba la jeringa con calmantes.
- No lo sé doctor, ¿Eso pasó esta noche? ¿La noche de ayer? ¿Hace un año?
- Fue hace 10 años señor Nah
- ¿Qué?
- Usted está en este hospital psiquiátrico desde hace 10 años, cuando a usted y sus amigos los atacó el oso usted quedó traumatizado, no se preocupe, esta es una de esas noches.

La enfermera y el doctor cerraron la puerta del cuarto una vez que el paciente quedó dormido, caminaron por el largo pasillo.
- Doctor ¿Porqué él siempre inventa a ese amigo Raúl? Tiene perfecta memoria de todos sus amigos muertos, pero siempre inventa a ese tal Raúl.
- Es un desdoblamiento para aliviar el trauma del ataque del animal, el paciente fue parte de las victimas de aquel ataque, pero fue la victima que sobrevivió, se siente culpable por seguir vivo mientras sus amigos están muertos, por eso creó esta personalidad de Raúl, Raúl es él, en su rol de victima, en cambió al animal que los atacó lo llama como él, con su nombre, o mejor dicho, con su apellido: Fabián, Nah Souza.
- Interesante, ¿La culpa le viene porque al parecer fue idea suya lo de acampar tan retirado?
- Así es, por eso en su recuerdo-fantasía dice que el “monstruo” se aparece al invitarlo, como si se le invocara con sólo decir: “Ven Nah, ven por nosotros”

Las luces del pasillo se apagaron al mismo tiempo, los pacientes se despertaron y comenzaron a hacer un escándalo, el apagón era en todo el hospital, hasta las luces de la calle se habían fundido, entre los ruidos había uno que empezó a preocupar a la enfermera y al médico… se escuchaban unos pasos como si fueran los de un animal con pesuñas, venían del cuarto del paciente Nah, entre los gritos de los enfermos, se escuchaba un ruido, estaba cercano… era como un rugido animal, pero hecho definitivamente por una voz de un hombre.

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