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Las pieles de los cerdos


Las sombras del pasado

Muy remota fue la edad en la que el joven “Merdían Darne” profetaba su destino vacuo, propio de un ser con condenas infinitesimales del destino castigador de personas que jamás comprendían el por qué del qué.
Cuando Merdían había nacido sus padres tenían un grado considerable de aberración hacia él. El anhelo de sus progenitores era el de tener un hijo con rostro robusto y con cabellos tan oscuros como la misma noche.
Merdían fue acobijado como lo hubiese hecho cualquier padre con un poco de cordura adecuada a lo cordial. Pero si bien éste pobre bebe cumplió el año, ya había conocido el plato especial de golpes lacerantes efectuados directamente hacia su delicada boca de niño inocente. El condenado de Merdían se crió con una crianza estricta y solitaria, ya que sus padres jamás quisieron aliarse con el sexo para procrear a otro ser, su teoría era:-no tendremos más niños, ya que con Merdían fue suficiente y realmente todo un fracaso-. Sin dudas ninguna persona existente podía discutir que los padres de Merdían eran un poco fríos y demasiado obsesionados con la aberración hacia su propio hijo.
El joven que era estrictamente reventado a golpes por sus padres, asistió a un colegio internado en el cual lo único que pudo asimilar como aprendizaje fue, que jamás debía mostrarles cosas de valor a los demás alumnos. Todos los santos días de su corta vida que llevaba a cabo en su niñez, era golpeado brutalmente por sus compañeros de internado y luego castigado por los directivos de la institución, sin olvidar que al finalizar el año cuanto llegaba a su hogar, los queridos que le habían dado la vida lo molían a golpes dejándole el rostro con protuberancias y hematomas de colección. La vida del pobre joven que no conocía un mejor habitar, era realmente espeluznaste. En sus cortos años en el colegio jamás había logrado tejer una oración y jamás había podido resolver una cuenta tan sencilla como dos más dos, que según él era, seis. Lo único que había aprendido de las matemáticas era que la palabra comenzaba con “M” pero después, todo lo demás era cuestión de no saber nada.
El pobre de Merdían Darne consiguió finalizar sus estudios en tercer grado de la escuela primaria, y no porque fuese dueño del coeficiente mental más elevado del instituto. Sino que sus padres lo retiraron por sus pésimas notas, quizá nunca se preguntaron que la mala rendición de Merdían se debía a los cócteles de golpes que recibía tanto en la escuela, como en el hogar.
Después de las deliberaciones, los padres de Merdían determinaron que era lo suficientemente ineficaz como para aprender y lo suficientemente estulto como para no captar el sonido de consejos adecuados hacia su molde juvenil.
Pasaron los años como si fuesen balas fugaces que se evaporaban en el tiempo, y ya para todo el pasado de un joven condenado a ser un pobre vagabundo. Merdían con veinte años de edad, fue enviado por su padre a una construcción de un cofrade para comenzar a conocer el gusto del trabajo pesado e impropio para un joven débil. Luego de que el joven se convirtiera en adulto sus padres habían fallecido en un crucero, ya que la embarcación había sido asediada por piratas asiáticos los cuales masacraron a todo ser viviente y existente en aquella máquina marítima. La noticia no tardó mucho en acudir a Merdían pero como era previsto, a él no le importó mucho la muerte de dos personas que destruyeron su infancia. Poco a poco Merdían conseguía el ascenso de madurez para convertirse en un hombre nato y no de palabra.
Pero a pesar de haber tenido una infancia inundada de malos recuerdos, Merdían agachaba la frente y enfrentaba todos los problemas que jamás hubiese imaginado tener.
Su trabajo en la obra perduró, cabe decir que no en la misma sino que se había dedicado a la profesión como obrero de construcciones. Y sin dudas, para adquirir nuevas obras, viajaba por los albores de la ciudad para ingresar en nuevos contratos inconclusos pero dignos como para aceptarlos.
Pero los dioses del existir se habían encargado de destruir el sendero de buena vida de Merdían, ya que jamás en su vida había conocido la gloria y el placer de que algo le saliera como el destino de hombres triunfantes estaban acostumbrados a tener. Era un mortal trivial de corazón digno y adecuado al brazo de lo justo. En su profesión se desempeñaba como obrero nato, sus manos robustas y con callos lo delataban. Pero si había un sueño en los mundos oníricos de este hombre era, el de poder tener un poco de satisfacción, alguna mísera vez en su vacua vida.
Los bandazos de su destino estaban al borde de colapsar por los caminos de la decadencia, jamás había conseguido tener una mujer, un poco de ropa limpia y nunca había podido mudarse de su vecindario (al cual fue a parar después de retirarse de la casa de sus fallecidos padres) en el cual todos le hacían la vida imposible ya que estaba rebalsado de personas con poca materia gris, que sólo se dedicaban a robar y nunca en sus inmundas vidas de seres decadentes habían tomado un trabajo apegado a lo real. Seres despreciables que golpeaban a Merdían hasta dejarlo con el rostro hinchado, como si hubiese tomado el papel de un deforme escapado de un recinto oculto. Todo, porque él trabajaba y todo, porque vivía en un lugar que anidaba malhechores de la peor calaña. Que además de golpear al pobre de Merdían le robaban lo poco que tenía. Sin dudas este ser no tenía paz y jamás la conseguiría, si no se dispondría por hacer algo al respecto o simplemente si no se suicidaba o, mutilaba a los engendros con los que tenía que convivir.

El escritor prosigue…
Les aconsejo que sigan leyendo el relato extenso en mi blog. Cabe decir que prefiero que continúen con su lectura en mi página, por unas cuantas razones. Las razones son, que en escalofríos las obras carecen de un buen soporte profesional (o al menos sí uno quiere lograr ser un profesional) como el de la carencia de sangrías y la falta de letra cursiva para el remarque de cosas importantes en las historias relatadas.
Ustedes sabrán escoger sus propios senderos a seguir.

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