La historia de Baby Blue

Un juego infantil con origen real

Casi todo el mundo ha estado en una fiesta de pijamas y ha pasado la noche en la casa de una amiga. Todas reunidas, comiendo hamburguesas, armando líos y contando secretos, pero cuando ya se acerca ese momento penumbroso de las horas nocturnas, en que las risas se apagan y todavía no quieren ir a dormir, es necesario darle un giro a la situación y alborotar la situación invitando a los seres del más allá.

Así que, mientras las manecillas del reloj se acercan al temible número 12 (medianoche), todas las chicas algo ansiosas y emocionadas por lo que van hacer, deciden buscar algunas velas y apagar todas las luces de la casa y jugar un rato con algo tierno con toques infernales: Baby Blue.

La invocación es muy simple, la persona elegida para llamar al ente debe encerrarse en el baño, las luces deben estar apagadas y solo una o dos velas alumbrando en el fondo, también debe abrir las llaves del agua caliente y esperar que el vapor empañe el espejo del baño. Deberá escribir allí Baby Blue o repetir 13 veces su nombre, después debe poner sus brazos como si estuviera acunando un bebé, es en ese instante que podrá sentir el peso de la criatura.

Mientras tienes al niño en brazos sentirás como empieza a subir dejando un rastro de arañazos y por lo que más quieras, trata de no cargarlo demasiado tiempo porque la madre aparecerá y te destripará por haber tocado a su vástago.

Una triste realidad que se volvió viral

El mayor temor de una madre primeriza es cometer un error con su bebé, parte desde ponerle un nombre ridículo que lo haga blanco de burlas hasta darle la comida equivocada. Sin embargo, hay algo que va más allá de todos los errores comunes y no tiene vuelta atrás: quitarle la vida a tú bebé, sea accidente o a propósito.

Es por eso que las rutinas que involucren a un recién nacido, se deben tratar con muchas precauciones como por ejemplo la hora del baño, una acción aparentemente inocente pero que puede acarrear momentos peligrosos sino se presta atención.

Y es debido a lo mencionado anteriormente, que los protagonistas de nuestra historia no tienen un feliz final: imagina a la mamá novata que está atendiendo a su bebé, lo tiene en su sillita para el baño en la tina, lo está consintiendo con masajes suavecitos en la espalda, el bebé gorgoritea feliz mientras chapucea, en ese momento suena el teléfono y la mamá confiada se levanta a contestar.

Porque tendría que preocuparse la mamá, todo está bien, el bebé está asegurado en su sillita y ella no se va a demorar, aun así, a pesar de que se demora solo 30 segundos, cuando regresa al baño se encuentra con una escena de horror, el infante se ha caído de la silla y su piel antes blanca ahora es azul, se ha ahogado.

La joven aterrada, entra en crisis, trata de reanimar a su bebé pero ya no siente su corazón latir. Las lágrimas se desbordan por sus ojos y la culpa nubla su mente, finalmente con el alma quebrada la mamá se corta las venas con una cuchilla de afeitar y muere con su hijo en brazos.

Por consiguiente, por más fantasiosa que se escuche el mito narrado, este tipo de causa de muerte son muy comunes, solo hay que revisar las estadísticas que la lanza la Organización Mundial de la Salud (150 muertes por año en países de primer mundo como España) donde por un leve descuido un ser indefenso pierde su vida, por lo tanto, cuando hay un niño bajo tu cuidado hay que estar alerta para evitar que alguien más se convierta en una macabra leyenda.

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