Hermoso final

Abrí mis ojos y me hundí en los suyos en un negro embrujo, una chispa, mi cabeza sigue dando vueltas, pero esos ojos me daban serenidad, volví a sellar mis párpados y dormí…

Desperté en la oscuridad de la noche, había tenido una agitada pesadilla en la que sombras me atacaban, ojos inyectados en sangre me envolvían, estaba aturdida y nerviosa, mi respiración era rápida y brusca y mi cuerpo estaba envuelto en una capa de sudor frío. Me tranquilicé un poco -¡Solo ha sido una pesadilla!- me dije. Me incorporé, al hacerlo un dolor punzante me atravesó las costillas, como por un acto reflejo lleve mi mano hacia la zona que me dolía…tenía vendas, estaba herida… Miré alrededor, aquello no era tranquilizador, no conocía esa habitación…- pero…¿Dónde estoy?.

Poca luz entraba por la gran ventana que tenía a mi izquierda, había luna nueva, solo tras acostumbrarme a la oscuridad que me envolvía pude distinguir los objetos que llenaban aquel habitáculo, no era un cuarto muy grande. Me llamo la atención un gran armario de madera negro, supuse que sería de ébano, era precioso, estaba cerrado por un gran candado, moderno, que resaltaba mucho en aquél viejo mueble. Habían muchas estanterías, llenas de libros que parecían muy antiguos, estaban escritos en una lengua que me era desconocida… Decidí que debía irme, no sabía que hacía allí pero no iba a esperar que la respuesta llegara a mí, tenía que comprobarlo. Iintenté levantarme de la cama en la que yacía, pero el dolor se hizo insoportable y me desplomé sobre una alfombra roja, un sonido hueco retumbó por la habitación y al segundo escuché unos pasos que se acercaban hacia mí a gran velocidad, sentí temor, agudicé mis sentidos pero no pude apreciar ningún mal, me tranquilicé un poco, al menos aquella cosa que se acercaba a grandes zancadas no era un vástago del Wyrm….

Abrieron la puerta de golpe y le vi era un hombre joven, alto y bastante fuerte, tenía el cabello largo y oscuro atado en una coleta -¿Te encuentras bien?- me dijo con preocupación, no le respondí, pero no pareció importarle, se acercó a mi y me ayudo a incorporarme.
-veo que has recobrado el conocimiento, no debiste intentar levantarte, todavía estás muy débil, llevas toda la noche con fiebre, delirando, y esa herida no tenía muy buena pinta- dijo aquél hombre señalando a mis costillas.

-Déjame ver esa herida, no creo que tu esfuerzo por levantarte le haya sentado muy bien- me levantó un poco la camiseta, yo le gruñí con el ceño fruncido y me aparte bruscamente- ¡No seas testaruda! Si quisiera hacerte daño no estarías tumbada en mi cama con vendajes así que déjame, tienes que confiar en mí, no te queda otra opción.- me miró directamente a la cara, reconocí aquellos ojos negros, ya los había visto antes, me habían dado serenidad, de nuevo me había vuelto a embrujar con su mirada, no dije nada, me tumbé sobre la cama despacio y dejé que mirara la herida.

Él sonrío, me quitó las vendas con cuidado y limpió mi herida con un trapo húmedo.
-se te han saltado un par de puntos, tengo que volver a cerrarlos para que cicatrice bien, es bastante profunda así que esto te va a doler- me advirtió. Asentí sin dejar de mirarle, Descubrió una llave que tenía colgada del cuello con la que abrió el armario candado y sacó una especie de cajita metálica, era una especie de botiquín aunque parecía un pequeño quit de cirujano, no dejó de hablarme mientras me cerraba la herida, su voz era fuerte y segura , pero a la vez era agradable y melodiosa…

-un vampiro te hizo esto con un arma blanca, cuando te encontré estabas luchando contra cuatro vampiros, yo estaba siguiéndole la pista a ese grupo por eso te encontré, me sorprendió mucho encontrarme un “garou” desconocido en esta ciudad, que está infectada de vampiros…- Me extrañó que un “humano” hablase con tanta naturalidad de vampiros y hombres lobo, pero continué escuchando, tal vez él me ayudara a encontrar a la persona que había venido buscando- bueno lo cierto es que me dejaste poco trabajo por concluir, eres buena luchando- me sonrío, se levantó y dijo:
-ya está!
Se sentó en unas silla que había cerca de la cama y se presentó.

-Mi nombre es Yardel,- aja! Ese nombre no me era desconocido en absoluto- soy un miembro de la parentela, es decir, mi abuelo era un hombre lobo, Dartuk era su nombre, era el líder de su manada, un alfa de los Colmillos Plateados…aH! Se me olvidaba un pequeño detalle, soy “cazador de vampiros” esa es la razón por la que seguía a aquellos… – me miró esperando mi presentación, pero yo estaba demasiado aturdida- y…¿Tú eres?

-Mi nombre es Dilay Combate Wyrm, soy guerrera de las Furias Negras y enviada por mi túmulo esta ciudad para una misión…encontrar a Yardel “el cazador”…-sonreí- pero veo que me has encontrado antes tu a mí…los ancianos creen que esta ciudad es un núcleo importante de actividad del Wyrm, quieren actuar, y para ello necesitan tu colaboración… o tú necesitas la nuestra…

Mi túmulo me había hablado de él, esa ciudad estaba siendo un homiguero de vampiros por lo que habían decidido actuar y colaborar con el trabajo de Yardel, para eso me habían enviado, tenía que reunirme con él y elaborar un plan, mi túmulo se encargaría de traer personal para cumplirlo, teníamos que dar un golpe seco en el centro de la podredumbre del Wyrm. Yo estaba herida, así que me tocaba recuperarme antes de empezar con el plan.

Tardé 3 o 4 días en recuperarme, Yardel completaba su actividad de cazador con la de enfermero, teníamos largas conversaciones y disfrutaba de su compañía, era una de las personas más interesantes y sabias que había conocido jamás, la desconfianza que involuntariamente yo sentía sobre el sexo masculino, no me afectaba para nada con él, al contrario, era una persona de fiar, extrañamente misteriosa a la vez que segura, irremediablemente me sentía atraída hacia él, y sus ojos…. yo caía hipnotizada en su mirada mientras el me contaba cosas sobre vampiros, aprendí mucho sobre ellos, Yardel era un experto sobre ellos, decía que para vencer al enemigo, hay que saber como piensa, como se organiza, yo sólo me había ocupado de matarlos, no me interesaba qué o cómo pensaran aquellas bestias, pero de la boca de Yardel todo me fascinaba, era su forma de hablar, o la negrura de sus ojos…

En cuanto me recuperé comencé a trabajar con él, le estábamos siguiendo el rastro a unas sanguijuelas muy importantes, tenían varios locales vampíricos y era una fuente importante de mal, cuando supiéramos lo que necesitábamos, daríamos el golpe…
Según pasaban los días estábamos mas unidos, no solo en el combate, dónde formábamos un gran equipo, pero nuestros lazos iban más allá de lo meramente físico podíamos comunicarnos con una mirada, una sonrisa , un inapreciable gesto era suficiente para saber que pensaba el otro. Yo sentía mucho temor, estábamos haciéndonos inseparables y yo siempre caía embrujada de aquella mirada, cuando sus ojos negros se posaban en mí yo me sentía desnuda, temía eso, temía que leyera mis pensamientos, temía que nuestro vínculo fuera tan próximo que no tuviera forma de disimular mis sentimientos… yo no quería sentir aquello que crecía en mí , esa sensación que subía por mi barriga, temía hasta la última sonrisa que me dedicaba, no quería amarle, me obligaba a creer que no era amor, solo admiración y que me encantaba luchar junto a él, y era cierto, habíamos causado revuelo, un nuevo equipo, y la voz se había corrido entre aquellos parásitos, ahora Yardel “el cazador” luchaba junto a una temible garou. Formábamos un gran equipo y yo sabía que no era solo eso, y tenía miedo…

Las cosas avanzaban más rápido de lo que esperábamos, la información que habíamos estado buscando ya la teníamos, era el momento de actuar, pero era demasiado sospechoso que yo regresara al túmulo así que recurrimos a un contacto, un Roehuesos bastante anciano, él fue el depositario del recado, esa noche, al amanecer, viajaría de manera discreta para enviar la orden a mi túmulo y nosotros para no infundir sospecha esa noche salimos “de caza”, el ambiente estaba especialmente cargado, era como la calma que precede a la tempestad, los momentos de silencio que te hacen estar alerta antes de que estalle la lucha, y el wyrm se sentía por todos los lados…

-Creo que esta noche vamos a tener mucho trabajo, siento esa fuerza como nos rodea y cada vez es más intensa- le dije a Yardel.
-Si, tengo la sensación de que nos observan- Giró bruscamente y disparó una flecha entre dos contenedores, se oyó un grito y cayó al suelo un vampiro con una flecha clavada en el corazón. Salieron unos diez vampiros entre el callejón…
-COMIENZA LA CAZA!!-grité emocionada.

Yardel disparaba flechas mientras yo comenzaba a sufrir cambios hasta convertirme en Crinos, el estado de lucha de todo hombre lobo, crecía de tamaño considerablemente, mi cuerpo ahora cubierto por un pelaje negro excepto una franja de pelo plateado que brillaba especialmente bajo la tenue luz de la luna, salieron enormes garras de mis manos y pies, mi boca se mutó hasta convertirse en un hocico grande y poderoso, con dientes afilados y unos caninos especialemente prominenetes, ahora era un gigantesco lobo bípedo con las extremidades bien formadas y musculosas. Emití un aullido que hizo estremecer a más de uno y salté contra los vampiros que tenía en frente.

Comenzó la masacre, Yardel había quedado sin flechas y estaba luchando con una espada, yo me enfrentaba a tres vampiros, uno de ellos apenas se tenía en pie, le habia destrozado el pecho i sangraba salvajemente, llevabamos luchando bastante tiempo, y el sudor comenzaba a recorrerme, en un momento de distracción recibí un golpe en la cara me incorporé cuando oí aquel grito que me dejo helada, un grito de dolor… y era la voz de Yardel…
Con desesperación me deshice de mis oponentes antes de girarme. Cuando me di la vuelta vi la imagen más estremecedora que jamás había visto, Yardel estaba de rodillas en el suelo con su espada atravesando a un vampiro ya muerto y con otro vampiro enganchado de su cuello, había conseguido morderle y Yardel me miraba con ojos de terror, sus ojos negros me miraban abiertos como platos, con una expresión de horror. El vampiro se soltó de su cuello se rió con una carcajada estremecedora y escapó corriendo, al igual que otros dos vampiros que aun podían andar, habían cumplido su objetivo. Nos habían tendido una trampa y habíamos caído como dos estúpidos ratoncillos…
Corrí hacia Yardel, yo ya había recuperado mi forma homínida, lo agarré y lo abracé, él estaba aturdido con la mandíbula desencajada y sus ojos mirando al infinito emitiendo un sonido sordo, casi gutural, como si fuese el sonido de su sangre cayendo por su garganta, me propuse cargarlo y llevarlo a su casa, entonces musitó con dolor:
-No lo hagas Dilay, eres consciente de lo que ha ocurrido, no puedes llevarme- no quería escucharle me negaba a creer lo sucedido, yo le amaba, se curaría, me levanté y cargué con él
-Dilay escuchame! Me han mordido la maldición ha caído sobre mí, no hay salvación posible para mi alma, voy a ser uno de ellos, me convertiré en lo que más odio, en la cosa contra la que lucho, no puedes permitirlo, Dilay…debes matarme!

-NO!-grité de pronto negándome a hacer algo que sabía que tenía que hacer- todavía no eres uno de ellos, Yardel yo…no puedo matarte- me estaba derrumbando, veía como el brillo de sus ojos se apagaba, no era capaz de poner fin a su vida, yo le amaba, sería un vampiro y seguiría amándole, comencé a llorar…
-quiero morir siendo lo que soy ahora, quiero morir luchando por lo que he luchado desde niño, siendo cazador… en tus brazos, que la última imagen que vea de este mundo sea tu rostro, he de morir así, defendiendo la causa por la cual lucho y junto a la mujer que amo ¿acaso puedo pedir una muerte más digna?-me sonrió, su rostro conservaba la serenidad y la seguridad, pero su voz cada vez era mas débil, se incorporó un poco, se acercó más a mi y me dijo: -Debes hacerlo, por favor…

-No puedo ser tu vertugo- susurré con dolor entre lagrimas- no puedo hacerlo…-
Rompí a llorar sin consuelo, me agarró la mano…
-Dilay, no serás mi verdugo sino mi salvadora, has de salvarme- sacó la espada del cuerpo muerto del vampiro la posó en mi mano y me besó.

Yo lloraba, sufría, amaba, sentía…mi cabeza daba vueltas y estaba mareada, le besaba, un beso sincero, tan dulce como amargo.
Cerré los ojos con fuerza, agarré la espada y en un gesto se la clavé con un grito de dolor, en un llanto desesperado, con un sufrimiendo desconsolado, todo mi mundo se venía abajo… comenzó a sangrar, su rostro y su mirada perdían color y ganaban serenidad, con mas quietud que nunca me sonrió –Yardel…- musité entre lágrimas
-Mi salvación, hermoso final- susurró con esfuerzo- no sé donde voy, pero ahí te esperaré y al final de tu vida… mi amor… te encontraré…

Le besé con dolor, con amor…sentí como sus labios se helaban, y allí en la puerta de mi boca, su vida se apagó…

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