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El Paseo del Espectro

Como una persona, una indecisión te puede alejar de lo que más quieres. Un día nublado, el sol no quiere asomarse a darnos luz, yo y un familiar en los jardines de una urbanización; supuestamente; divirtiéndonos. Pasan las horas y nos cansamos y, de repente, empieza a llover. Le digo a mi primo que deberíamos irnos a casa y así sucede. El toma la delantera y yo me paro a recoger la pelota…y entonces te vi. Eras un muchacho, seguramente, mayor que yo; parecías normal pero no lo eras. Tenías la cara pálida y tus ojos mostraban que habías salido porque estaba lloviendo. También daba la casualidad de que me resultabas familiar. En ese instante, un grito me hizo despertar de mi trance; era mi primo que ya estaba en el portal esperándome, así que me apresuré a entrar; pero no antes sin darme cuenta de que me habías lanzado una mirada fugaz.

Ya estaba en mi casa, mirando por la ventana como destacabas entre la lluvia. Tu presencia había despertado algo en mi, algo que en ese momento no sabía si era bueno o malo. Al rato cesó de llover y observé como te fuiste malhumorado pero a la vez tranquilo hacia lo que parecía tu portal, enfrente del mío.

Semanas más tarde, un vecino me dijo que no vivías allí, que tenías un amigo vecino mío y que os conocíais de toda la vida. En esos días no supuse lo que planeabas, tal vez debí hacerlo.

Todavía era verano y quedaba ya poco para que comenzara la escuela y para que yo me mudara a mi nueva casa en una urbanización cerca de ésta en la que estoy viviendo. Y en este periodo de tiempo nos volvimos a ver un par de veces más, parecía como si me estuvieras siguiendo y no entendía porqué. Una de ellas fue el día de mi cumpleaños en un centro comercial. Mis amigos y familiares íbamos a entrar en el cine y tú, parecía, que pasabas por allí dando un paseo. La otra vez fue el día anterior al primer día de colegio. Me acababa de mudar a mi nueva casa y decidí dar un paseo por los alrededores. Entonces te vi, te estabas mudando al bloque de al lado de la misma comunidad en la que me había mudado yo. Aquello debía significar algo y lo significaría. De todos modos nada podría estropear lo que vendría mañana, el reencuentro con los amigos y los no tan amigos; o al menos eso pensé yo.

Yo era uno de los que sacaba mejores notas; yo, un amigo y la chica que me gustaba; entre otros. Lo que sentía por ella no era normal y yo creía que la amaba con locura, hoy lo sigo pensando. Además, ella lo sabía. Se lo habían dicho mis primos durante el verano, cuando alquilamos una casa al lado de la playa. Yo no tenía valor para decírselo así que ellos se lo dijeron mientras yo estaba en el servicio. Fue unos de los días más duros de mi vida. Pero volvamos a la historia. El primer día de colegio, todos estábamos en clase hablando y charlando tranquilamente, y mi grupo; que estaba compuesto por muchos amigos y amigas, en el que estaba la chica de mis sueños vio entrar a alguien que no era el profesor. Era un chico y, cuando le vi la cara, me quedé sin habla. Eras tú, el chico que amaba estar bajo la lluvia. Durante el recreo, te presenté a mis amigos y te pregunté que hacías con nosotros ya que eras mayor. Me dijiste que habías repetido curso y que nosotros éramos muy amigables.

Pasaron unas semanas y me puse enfermo durante unos pocos días. Al volver al colegio me quedé atónito. Habías separado al grupo, mis amigos conmigo y las chicas contigo y dos amigos míos ahora tuyos. Por lo tanto, mi grupo quedó reducido a cuatro o cinco personas. Habías empezado tu paseo y me habías dejado casi sin amigos.

Poco más pasó en ese curso, sólo mencionar que ella empezó a salir con un compañero de clase, pero no duró más de dos meses.

Llega el verano, un gran descanso por todo lo que pasé en todo el año por tu culpa. Era ya Agosto y me había olvidado de ti. A veces soñaba con que te ibas del colegio y nos dejabas en paz. Ya no hablaba con las chicas que una vez estuvieron con nosotros.

Empieza un nuevo año todo sigue igual como lo dejaste. Parece que te lo has estado pasando muy bien con mis amigos durante las vacaciones. Y también parece que me vas a hacer más daño este año pero no te lo comento.

A mediados del año pasan una serie de cosas en las que la gente de mi clase sale perjudicada por tu culpa. Estás decidido a hacernos la vida imposible y lo estás consiguiendo. Pareces ansioso por hacer una cosa y yo sospecho. Les dije a mis amigos las dudas que tenía sobre ti y ellos no me hacían caso, me sentía solo. Siguen ocurriendo cosas y mis amistades empiezan a creerme. Lo más raro es que tú te portas muy bien conmigo y sabes a la vez que me estás haciendo daño.

Llegó el día en el que rompiste la paz para siempre. Comienzas a salir con la chica con la que me gustaría verme en el futuro, la misma de siempre. Estaba destrozado pero tenía la esperanza de que ella reaccionara y te dejara. Ese día nunca llegó y se os veía cada vez más enamorados. Y esto fue sucediendo cada año y yo cada vez más solo. Habías roto mi paz y mi vida. Eras un espectro y tu paseo seguía en la mitad.

Llegó el día en el que mi clase seguiría adelante y yo debía marcharme. Habían trasladado a mi padre y me tenía que alejar para siempre de ellos.

Habían pasado varios años y recibí noticias de que te casabas con ella. No podía dar crédito a lo que leía en aquella invitación de boda. Me habíais invitado a vuestro casamiento y yo no podía faltar. Hice lo imposible por llegar a tiempo desde mi nuevo trabajo en el extranjero a mi país natal. No me creía lo que estaba haciendo, iba a ir a una celebración que me iba a hacer mucho daño pero tenía que comprobarlo pues no me figuraba aquello.

Reaccioné tal como pensaste que haría y así lo hice. El día de la fecha señalada estaba allí junto a mis antiguos compañeros. Entonces, la vi cruzando la iglesia llegando al altar vestida de blanco. Mi corazón se paró y todo sucedió muy rápido y cuando me di cuenta habíais dicho que si. Me fui apresuradamente al hotel donde me iba a quedar hasta el día siguiente. Esto era demasiado para mi, no podía soportarlo, no os quería ver más en mi vida.

Pasaron años y años, y yo casi me había olvidado de vosotros. Vivía feliz, sin preocupaciones…hasta que diez años más tarde recibí una noticia de un siniestro. Cuando lo leí me sentí desgraciado y me fui al entierro de inmediato. En efecto, ella había muerto en un accidente de coche y tú estabas vivo. Ahora, yo lloro desconsoladamente, ella está muerta y tú sonríes con amargura; tu paseo ha llegado a su fin.

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