Ven a Jugar
Una noche de verano tres jóvenes fueron de camping a un bosque cercano para pasar un fin de semana agradable.
Cuando llegaron comenzaron a montar las casetas y a sacar todos los paquetes que traían.
La noche llegó rápido y empezaron a contar historias de miedo alrededor de una pequeña hoguera para entrar en ambiente. Uno de ellos, el más joven, empezó a narrar una leyenda de aquel mismo bosque que su madre le había contado años atrás y decía que hace tiempo un niño pequeño se perdió en aquel bosque y se había muerto de frío. Contaba que se aparecía por aquel lugar llevándose con él a todos los que él viese.
De repente, a los dos chicos que estaban escuchando la historia les entró un escalofrío que les recorrió el cuerpo entero, pues aquella historia les había asustado de verdad.
Al rato se fueron a dormir. Uno de ellos se quedó apagando el fuego y cuando cesó la llama se hizo la oscuridad.
Al levantar la cabeza, el chico vio entre los árboles la cara de un niño pequeño que le miraba sonriente y con unos ojos pequeños pero brillantes que le decía: “Ven a jugar”.
De repente sacó dos grandes colmillos y con sus enormes zarpas agarró al chaval llevándoselo hacia dentro del bosque.
Otro de los compañeros escuchó el ruido y salió a ver que pasaba. Al ver que su amigo no estaba, se metió en el bosque con una linterna. A los pocos minutos, la linterna se apagó y empezó a escuchar pasos que se acercaban rápidamente hacia él, que se quedó petrificado creyendo que era el amigo. Pero para su mala suerte, no era su compañero, sino un niño pequeño, de apenas cuatro años que se aproximaba rápidamente hacia él corriendo a cuatro patas y con los ojos encendidos
Corrió lo más rápido que pudo y en unos segundos de arrollador silencio, pudo escuchar: “Ven a jugar”.
En ese momento sintió un gran mordisco en la pierna izquierda, pero siguió corriendo malherido hacia la caseta para avisar a su amigo.
Cuando llegó a la tienda de campaña vio lo peor: su amigo se encontraba despedazado y, comiendo de él, el niño con los ojos encendidos. Su amigo estaba vivo todavía, aunque le faltaban las dos piernas.
Nunca más se supo de ellos. Cuentan las leyendas que ese niño no estaría más solo, y que ya tendría con quien jugar.
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