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Una Historia de Amor

En una fría tarde de otoño. Una joven caminaba a la mano de su novio en una callejuela de la ciudad de Málaga.

La chica, que era de unos 16 años, se sentía completa y feliz. A pesar de su corta edad, había recibido la noticia de que iba a tener un hijo.

A todo el mundo le parecía descabellado, y ni ellos dos esperaban un embarazo. Pero ella al menos sabía que querría con toda su vida al vástago que esperaba.

La chica, Rita, cogía con fuerza la mano de Jose, su novio. Ella todavía temía que él quisiera criar a un niño con tan solo 18 años que él tenía.

Al cabo de un rato caminando por las calles, ella notó que el cielo que lograba ver a través de los andamios y de las fachadas estaba especialmente radiante, aunque el frío no lo quitaba nadie.

Jose frenó de repente y observó con el ceño fruncido una extraño arco de madera oscura que abarcaba toda la estrecha calle. Estaba desgastado, manchado, y las calles que estaban a través de esa puerta espectral tenían un color distinto a las otras.

-¿Qué pasa? ¿Nunca has pasado por aquí? -preguntó Rita. Jose la miró desconcertado y se encogió de hombros.

-No. Pero esta calle supuse que también nos llevaría a la calle principal. -Entonces ella se sintió insegura.- Bueno, vamos a variar un poco, mujer. Vayamos por aquí, ¿vale? -Rita accedió resignada.

Jose casi que arrastraba a Rita hacia dentro. Ella sentía frío, pero se le helaron incluso los huesos al acercarse a ese arco que parecía separar un mundo de otro.

“¿Qué ha pasado? ¿Jose? ¡Jose!”

-¿¡Qué!? ¿Qué? -gritó él.

-Ah… Yo… Lo siento. -Él aceptó con desdén.

-Venga, ¡vamos! -Jose emprendió la marcha de una manera muy fugaz. Rita corrió detrás de él para no perderse.

Cuando Rita se dio cuenta, volvió a mirar al cielo, y no brillaba el sol. Es más, éste adoptó un escalofriante color rojo que teñía el cielo nublado del mismo color. Las calles también tenían esa tonalidad.

Miró atrás. El arco ya no estaba. Se asustó.

-¡Jose! ¡¡Jose!!

-¿¡Qué!? -bramó, volviéndose para mirarla. Ella parecía estar a punto de llorar.

-¿Dónde estamos…? ¿Por qué no hay gente? Empiezo a tener miedo…

Jose se acercó, y cuando ella creyó que la iba a abrazar, él cogió su brazo y tiró de él para hacerla avanzar a la fuerza.

-¡Jose! ¡Me haces daño! ¡Suelta! -Pero ella era más débil que él y lo sabía. No le quedó otra más que intentar persuadirle para que la soltara.- ¡Por favor! ¡Harás daño al bebé!

Sólo el tiempo y las acciones de Jose podían decidir si el bebé iba a recibir o no daño alguno.

Minutos más tarde, los dos se encontraron en la calle principal, que era lo más horrible que ella podría haber visto.

Miles de cadáveres se amontonaban en la amplia calle, fachadas destruidas, sonidos de animales agonizando, rastros de sangre, vísceras de varias especies arrastradas por el suelo… Pero lo que más atención llamó a Rita fueron unas increíblemente grandes huellas de pisadas que recorrían la calle.

-¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?

Un Jose sonriente miró a Rita mientras estrujaba inhumanamente su brazo, éste comenzaba a sangrar, pero no por donde él apretaba, sino por dentro, haciendo que se crearan enormes cardenales a lo largo del brazo. Rita comenzó a chillar y a llorar.

Un bramido más estruendoso que el de un barco al dejar puerto estuvo a punto de romper el tímpano a la pobre Rita.

Algo se acercaba.

Jose cambió su semblante hasta quedar serio. Soltó el brazo de Rita, y dio unos pasos atrás mirando fijamente el vientre de la joven. Ella se miró asustada, pero entonces observó que su vientre brillaba con una luz pura. Era su hijo. Abrazó fuertemente el vientre que ya estaba bastante crecido, y comenzó a correr hacia dentro de los callejones para buscar un lugar seguro, o con suerte, el arco de madera.

Las calles estaban oscuras, pero su vientre le daba luz y calor. Rita no sabía si lloraba de dolor o de emoción.

No encontró el arco, pero sí un pequeño escondrijo donde resguardarse.

-No te apagues, mi amor… -musitó mientras se acurrucaba en una esquina y acariciaba esa luz.- Te quiero tanto…

El estruendoso sonido se acercaba al lugar donde se escondía Rita. Ella rezaba aunque fuera atea. Cerró los ojos con fuerza… Pero los volvió a abrir. Jose estaba quieto delante de Rita. Los ojos de él estaban cubiertos por una tela y su rostro estaba serio.

Rita pensó que él venía para pedirle perdón. Pensó que sólo estaba nervioso.

-Jose… Me has hecho daño… ¿Por qué te has puesto así? Menos mal que Daniel me ha salvado…

-¿Da-Daniel? -preguntó con voz apagada.

-Se llama Daniel. Le acabo de poner el nombre… Es nuestro hijo. Tanto tuyo como mío.

-Daniel… Mi hijo. -sonrió con lentitud.

Rita se levantó y se acercó a Jose. Cogió la tela que cubría sus ojos y la quitó. En él no había cuencas, y ella iba a gritar, pero Jose le tapó la boca.

-Rita, no grites o también te cogerá.

-¿Quién?

-No lo sé… Yo… Lo siento.

El sonido no cesaba, sonó y sonó más fuerte hasta que estaba al lado. Rita miró hacia arriba y vio un monstruo descomunal, deforme, con muchos brazos cosidos de personas y miembros de animales. Jose abrazó a Rita.

-¡¡Llévame a mí!! ¡Ella tiene a un hijo que cuidar!

-¡No! ¡Jose…!

El monstruo se agachó y cogió a Rita. Con otro de los brazos, arrebató al fruto de sus entrañas que aún brillaba con un tirón que desparramó sangre y esperanzas. Jose y Rita gritaron por la vida de su hijo, que al igual que la luz que desprendía, se apagó lentamente.

El monstruo entonces tiró a Rita con fuerza contra el suelo, y cayó al lado de Jose, sangrando, y viendo como su lucecita desaparecía en el horizonte.

“¡¡Rita!! ¡Rita! Rita… Ri-Rita…”

-Mi nieto lo pagó caro… Ese hijo de la gran puta que tuve por yerno. ¡Enganchó a mi hijita a la mierda de la droga! El último pinchazo de metanfetamina…

-¿Y con el novio qué pasó? -preguntó Sofía, la amiga de la pobre madre de Rita.

-¡Se pegó un tiro en su casa! Vaya cobarde… Encima era tan torpe que se lo pegó mal y se reventó los ojos… -suspiró.- Pobres padres…

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2 Comments

  1. Aura Suro dice:

    Gran pagina web, me la recomendo un amigo a traves de Facebook y a partir de ahora voy a seguir mas atentamente todo lo que expongais.

  2. pedro melon caja dice:

    no mames pinche historia fumada esta mejor la de la caperucita roja

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