Penumbra
¿Adónde estaba? No lo sabía. ¿Cómo
llego allí? Ni idea.
Oscuridad, era todo lo que había en ese lugar.
Caminaba desesperadamente.
No podía ver nada, solo la negrura de las tinieblas que la envolvían. No recordaba nada. Lo pensó por un rato, y descubrió que ni siquiera recordaba su propio nombre. Lo único de lo que estaba segura era de que debía salir de allí. ¿Pero, como? La oscuridad parecía infinita, ni siquiera se podía distinguir si había paredes y mucho menos una puerta. Y tampoco se oía sonido alguno.
Aquel lugar no podía ser real. ¿En qué clase de infierno se encontraba ahora? Aunque estuviera encerrada en un cuarto en el medio de la nada, tenía que haber algún tipo de sonido que se filtrara de afuera y tendría que haber alguna clase de hendidura por donde se colara algo de luz. Pero, no había nada de eso.
El lugar solo era un enorme abismo de penumbra y silencio. Desesperanzada y sola, se sentó en medio de la oscuridad para tratar de recordar. Era una mujer con cabello largo y parecía estar usando una falda de tela suave que tenia el dobladillo roto en una esquina y una camisa con botones. Supo que no traía zapatos al tocar sus fríos pies desnudos. No estaban lastimados, así que no había estado caminando afuera. ¿Cómo fue a parar allí?
¿Estaba muerta? ¿Esto era el infierno? ¿Qué había hecho para merecer esto?
Se le ocurrió una idea, probablemente no era tan buena, pero era todo lo que tenia. No podía ver, pero podía hablar. Tal vez alguien la escucharía y vendría a auxiliarla.
-¿Hay alguien aquí? ¡Si esta allí, por favor conteste! ¿Dónde estoy? – escuchar su propia voz en medio de la afonía que reinaba en ese lugar era muy extraño. El eco le provoco escalofríos, sentía que el sonido de su voz había roto el equilibrio del lugar. Sintió el deseo de hablar otra vez, pero no se atrevió. Paso un tiempo y no hubo respuesta, pudieron haber sido minutos o años. En ese lugar el tiempo parecía no tener ningún efecto al no tener nada que desgastar.
Rompió a llorar desconsoladamente. ¿Qué más podía hacer? Nunca saldría de allí. No veía la forma de hacerlo. El sonido de sus alterados lamentos parecía llenar el lugar y el eco se prolongaba interminablemente. Esto sonaba aun más escalofriante que cuando habló, pero ya no le importaba. Al menos debía permitirse llorar por un rato, era lo único que le quedaba por hacer ahora.
Lloro por una eternidad, la dejó exhausta y no pudo evitar recostarse en el frío y negro suelo. Allí, en patética posición fetal se durmió.
Se despertó, quien sabe cuánto tiempo después, esperando que todo hubiera sido una pesadilla. Esperando despertar en un lindo cuarto con mucha luz y una cómoda cama. Esperando recordar quién era. Pero, no fue tan afortunada. No fue para nada afortunada.
Despertó en la misma oscuridad insoportable. El cuerpo le dolía por haber estado acostada en el frío y duro suelo por tanto rato. Y, claro, aun no recordaba nada y se sentía frustrada. Antes de que pudiera incorporarse completamente empezó a escuchar algo. Primero, sintió una gran alegría de que hubiera un sonido que no proviniera de su propia desmoralización. Se quedo muy quieta, sentada en el piso, tratando de identificar el sonido.
Era un gruñido animal. Ahora que escuchaba con atención sonaba bastante terrorífico. Era una combinación de bufidos altos y otros más bajos. El eco resultaba amenazante. Ella miro en todas las direcciones. Entonces, lo vio.
Claro como el día, una bestia fue emergiendo de la oscuridad. Era un engendro horrible y enorme, un pelaje descuidado y verde cubría su amorfo cuerpo. Caminaba hacia ella con sus cuatro monumentales y musculosas patas que estaban adornadas con garras filosas. Ella vio en sus dos grandes ojos rojos. Solo reflejaban su maldad y el sádico placer que le causaba el verla sola, asustada e indefensa. Ella estaba completamente a su merced, y la bestia lo estaba disfrutando. Sin duda, la haría sufrir hasta el último momento. No podía esperar para devorarla lenta y dolorosamente.
La bestia estaba lista para atacar. Ella se levantó y corrió. No sabía adónde iba o si se toparía con algo, pero sabía que tenia que alejarse de esa cosa. La bestia se había quedado parada, viéndola correr aterrada. Sabía que no escaparía, al final él ganaría. Justo antes de perderla de vista, la bestia lanzó un aullido que parecía hacer que la propia oscuridad se estremeciera. Fue tan horrible que la hizo pararse a ver a la bestia fijamente.
Ahora corría a gran velocidad hacia ella, con ira asesina invadiendo sus ojos de color escarlata. Ella dejó salir un chillido y echó a correr otra vez. Seguía y seguía avanzando por el interminable vacío de ese reino de oscuridad. No se atrevía a mirar atrás, pero podía oír los grandes zarpazos de la bestia que la perseguía. Poco a poco, se escuchaban mas cerca. Las lágrimas le nublaban la vista pero eso no importaba. Todo era igual en ese lugar, no había nada que ver. Continuó en terrible angustia, esperando salvarse milagrosamente. Creyó dejar de oír los zarpazos después de un rato, pero no podía dejar de correr.
Tenía que mirar atrás, pero no se atrevía. Se estaba cansando y no estaba segura de poder seguir por mucho más tiempo. ¿Los monstruos se cansarán? Bueno, si lo hacían, debían de tener mucha más resistencia que ella. Ciertamente, no le podía ganar. Estaba sorprendida de que no la hubiera alcanzado todavía. Pero, era todo parte de la tortura.
Por fin, se atrevió a mirar hacia atrás. La bestia había desaparecido. Solo quedaban ella y la oscuridad, otra vez. Contempló con cuidado sus alrededores para asegurarse, no vio a la bestia. Empezó a caminar hacia la izquierda, sin dejar de ver a los alrededores.
De repente, tropezó y cayó pesadamente al suelo. Estaba aturdida después del golpe y entró en pánico por un momento. Sintió algo frio en la pierna.
Descubrió, con espanto, que una pequeña y sucia mano le agarraba la pantorrilla. Ella lanzó un agudo grito y sacudió su pierna para liberarla. Empezó a arrastrarse desesperadamente para tratar de alejarse de la mano.
Oyó una risa. Era como la de una niña. Ella había oído a niñas riéndose mientras jugaban, tal vez ella se río jugando alguna vez. Era eso, una niña se reía. Esto la sorprendió y dejó de moverse. Se quedo sentada tratando de controlar su pesada respiración. La risa continuaba. La mano le agarró el brazo derecho. Ella gritó y trato de liberarse, pero la mano era muy fuerte y se negaba a soltarla.
Lentamente, un brazo le siguió a la mano, después un hombro y a continuación se dejó ver el pálido cuerpo de una niña que usaba un vestido rojo. Ella trataba de soltarse con todas sus fuerzas, pero la niña ni se inmutó.
-Tienes una cara tan linda- dijo la niña con tono juguetón. Su otra extremidad emergió de la oscuridad y, con su mano, empezó a acariciar la cara de la aterrada mujer. Quien seguía la mano que la mimaba con sus ojos llenos de lágrimas- Dámela.
-¿Qué?- preguntó la mujer con vos extremadamente temblorosa.
-Dámela- le gritó la malvada chiquilla. Antes de que pudiera reaccionar, la niña se abalanzó sobre ella, dejando ver su rostro. O, más bien, la ausencia de él. Tenía un hoyo negro en donde debería estar su rostro.
La mujer grito con todas sus fuerzas mientras sentía como su brazo se hundía en el hoyo negro, estaba frío y emitía un sonido asqueroso. Estaba entrando en pánico, sus instintos se activaron. Con su brazo libre intentó empujar a la niña, empezó a retirar el brazo atrapado. Pero, no funcionó. Entonces usó sus dos piernas para patearle el estomago, lo hizo lo más fuerte que pudo. La niña liberó su brazo y se retorció de dolor en el suelo. La mujer huyó en dirección contraria lo más rápido que pudo.
-¿No queres jugar conmigo?- gritó el engendro.
Ella corrió a través de la oscuridad. No tenia adonde ir. Estaba bastante segura de que la niña la perseguía, solo lo sabía, y la bestia tenía que andar por allí. La iban a encontrar, iba a morir sin saber quién es. Sin saber nada, la verdad. Tal vez era mejor rendirse, pero la débil esperanza de encontrar una salida la mantenía andando, corriendo.
Chocó con algo de repente y cayó dolorosamente sobre su espalda. Le pareció extraño, era como si hubiera chocado contra una pared. Se incorporó y extendió sus manos hacia adelante. Tocó algo, pasó sus manos por eso. Se sentía liso y frío. Pero, no podía verlo sólo veía la oscuridad. Decidió que había chocado contra una pared invisible. Era como un límite. ¿La oscuridad podría tener un final?
Escuchó un gruñido, ya lo conocía. Una combinación de bajo y alto. Ella se estremeció y volteó para encarar su muerte. La bestia se acercaba a ella amenazadoramente. Allí estaba, mirándola con sus sádicos ojos. Los gruñidos fueron interrumpidos por las risas burlonas de la niña. Ella también se acercaba. Extendiendo sus brazos para poder apoderarse de ella. La mujer cerró los ojos, pensó que si lo hacía tal vez lo que estaba por venir no sería tan espeluznante. Podía oír cómo se acercaban cada vez más. Hasta podía sentir su anticipación, mientras rodeaban a su presa.
Pero, en ese momento, un sonido distinto captó su atención de inmediato. Era un estrepitoso crujido metálico que resonaba por todas partes. Ella abrió los ojos, tenia que saber que era lo que lo causaba. Vio a la niña y a la bestia, ahora solo a unos centímetros de distancia, estaban paralizados. La bestia olisqueaba el aire con disgusto y la niña empezaba a temblar. El sonido se acercaba cada vez más. Ya no pudieron resistirlo, los monstruos huyeron y se perdieron en la ignominiosa oscuridad. Pero, ella seguía allí.
El sonido estaba muy cerca. Se preguntaba si era su salvación o su inminente destrucción.
La forma de un hombre empezaba a brotar de la oscuridad. Poco a poco, se fue definiendo más. Si era un hombre, pero estaba encerrado en una armadura negra. Ella no supo porque, pero cuando lo vio supo que él la mataría. Ya no había forma de escapar.
-¿Qué quieren de mí?- pregunto, entre sollozos.
-Yo quiero aplastar tu alma débil y egoísta- dijo la armadura con voz profunda. Un tono burlón adobaba su voz cuando lo dijo. Él pensaba que esto era divertido.
Ella volvió a cerrar los ojos. La armadura puso sus manos alrededor del cuello de la mujer y la levantó del piso. Ella jadeaba y tosía mientras el aplicaba cada vez más presión con sus dedos. Ella lo pateó furiosamente, tratando de liberarse, pero solo consiguió lastimarse contra la maciza armadura.
La armadura seguía apretando…apretando…apretando…
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