Lluvia Gris

Sentado sobre una banca, me encuentro, sosteniendo un paraguas. Acompañado por el viento que penetra mi piel, gélido, y me entumece los huesos. Acompañado por las lágrimas del cielo, que crean charcos donde veo mi reflejo, mi soledad…
Contemplo los árboles empapados. Árboles sin esperanza, nostálgicos como yo, derritiéndose por la lluvia. Mis manos están heladas. El olor a madera mojada comienza a emanar de ellos. Contemplo un cielo grisáceo y triste. No hay más alma que la mía en aquel lugar. Me estremezco, mientras las nubes pasan, con toda la tranquilidad del mundo. Una silueta se deja contemplar, efímeramente. La ilusión pronto desaparece, pues no es más que una jugarreta del viento. Me siento sin ganas, me dejo morir. El viento me acaricia el rostro, y juega con mis cabellos.
Pero de algún modo, la nostalgia me reconforta. Extraño, deseo, me entristezco, lloro, odio, siento felicidad… Un mundo gris de reflexiones infinitas, donde estoy solo y el tiempo por primera vez, está a mi dispocisión. De pronto, de entre la niebla, aparece una silueta femenina. Esta vez mis ojos no me engañan; estoy seguro. Sus ojos café oscuro, me observan, pueriles y curiosos. Le devuelvo la mirada, y nos contemplamos fijamente, sin romper el silencio, por largos minutos. Minutos eternos que parecían no tener fin, como la lluvia misma. Ella hace ademán de articular palabra. Mueve sus finos labios, y contemplo su labio inferior. Sentí deseos de morderlo. Ella sigue en silencio, y dudo si entre acercarme o no. Ella de pie, mientras las gotas de lluvia se deslizan por su cabello, me continúa clavando la mirada. Me pongo de pie, y camino hacia ella. Nuestros rostros estaban sólo a unos centimetros de distancia. La contemplé aún concentrado en sus ojos. Parecían no tener fin. Me perdía en ellos, y visualizaba miles de mundos de bellezas extraordinarias. Luego, sin remordimientos, me concentré en sus labios, tímidos, que yacían quietos. De pronto, me di cuenta que tenía toda mi atención centrada en ella, mientras el apagado mundo a mi alrededor se desvanecía. Su mano ascendió hasta mi rostro, y me recorrió con una caricia. Apegué sus labios a los míos, y suavemente le mordí el labio inferior. Era cálido. Dentro en mi pecho, sentí el quemar de una flama. Nuestras lenguas juguetearon. Mi mano llegó hasta sus cabellos mojados. Pero ella separó sus labios de los míos, y me contempló, sin decir palabra. Ese silencio, me expresaba mil cosas. Sentí como sus ojos me comunicaban, una despedida inminente. Contemplé las nubes del cielo. Los rayos del sol comenzaban a penetrar en mayor cantidad. De pronto, el cielo estuvo aclarado. La luz del sol reinaba en el cielo, y la lluvía había acabado. Las plantas crecían, la niebla desaparecía, los árboles daban frutos… El mundo gris desaparecía. Mis huesos dejaban de estar entumecidos. Busqué a ella, para compartir esta nueva sensación. Pero ella ya no estaba, pues en ese momento, hubo un cambio en mi. Mi mundo gris había desaparecido. La nostalgia del alma se había esfumado, como los años de soledad. Supe entonces, que un nuevo horizonte me esperaba… Sabiendo aún así, que el mundo gris, siempre estaría para mi.
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