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La niñera


Elena se había quedado dormida en el sofá de su casa, eran las diez de la noche y el agotamiento después de un duro día había hecho mella en su cuerpo, pero entonces alguien la despertó…
- Elena, despierta, tienes una llamada – era su madre dándole el móvil mientras le daba unos pequeños achuchones para que reaccionara.
- ¿Quién es a estas horas? – preguntó Elena
- No lo sé cariño, toma, cógelo.
Elena cogió el teléfono y observó el número, era un número desconocido para ella.
- ¿Dígame?
- ¿Eres Elena?
- Sí, soy yo.
- Hola, soy Lucas, perdona que te llamemos a estas horas pero es que nos hace falta una niñera para ya. Tenemos unos amigos a los que cuidaste a sus hijos y nos han dado tu teléfono. ¿Podrías venir?
- Sí, por supuesto.
Elena era una joven de veinte años que además de trabajar de cajera en un supermercado se dedicaba a cuidar de niños esporádicamente. Así que después de anotar la dirección de la casa, se presentó allí en pocos minutos.
Cuando llegó al lugar, Elena se quedó fascinada, la casa se encontraba en un lujoso complejo residencial, sin duda se trataba de gente acomodada.
Tras bajar del coche y dirigirse a la entrada, llamó a la puerta, entonces se percató de un detalle que le llamó la atención, una cámara de seguridad se encontraba en el porche de la entrada a la casa.
- Hola Elena, has venido rápido. Entra por favor – dijo el hombre al abrir la puerta – ¡vamos cariño, baja, que ya está aquí la canguro!
Mientras bajaba la mujer, Lucas le explicó rápidamente todo lo que debería saber.
- En la habitación de arriba está nuestro hijo Rubén, se ha quedado dormido hace unos minutos y seguramente no despertará en toda la noche – Elena asentía con la cabeza todo lo que le iba diciendo – y lo más importante, sígueme – Lucas se acercó a un ordenador portátil que se encontraba en la mesa del salón – desde aquí podrás controlar a nuestro hijo sin necesidad de subir a la habitación.
La casa tenia instalado un sistema de seguridad con cámaras por toda la casa. Elena sólo debería vigilar al niño desde el sofá del salón.
- ¡ya estoy Lucas, ya nos podemos ir! – dijo la mujer mientras bajaba por las escaleras.
- Escucha Elena, nos vamos que nos están esperando, en dos o tres horas estaremos de vuelta y si hay algún percance nos llamas a este teléfono – Lucas le dio un número de teléfono escrito en una hoja – nos vamos, hasta de aquí a un rato.
Una vez se habían marchado los padres del pequeño, Elena se acomodó en en el sofá con el ordenador en sus rodillas. En la pantalla del ordenador podía observar varias estancias de la casa. En una de ellas veía al pequeño Rubén durmiendo en su cuna plácidamente. Sería una noche tranquila pensó.
Pasados varios minutos la monotonía hizo que decidiera conectarse a internet, sin descuidar de vez en cuando la cámara del cuarto de Rubén.
Elena acababa de abrir su Messenger cuando un mensaje se le apareció en la pantalla.
- ¡Observador! Que Nick más extraño ¿Quién será?
- “observador” ¿Qué es lo que observas? – le contestó Elena.
- A ti.
- Eso no tiene gracia, creo que voy cerrar el Messenger.
- ¿No vas a abrir la puerta? – le volvió a escribir.
- Qué extraño, ¿A qué puerta se referirá?
De pronto sonó el timbre de la puerta. El sobresalto encogió el corazón de Elena por unos instantes.
- ¡Dios que susto! Casi me da un infarto.
Antes de levantarse a abrir la puerta, prefirió ver quien era a través del ordenador. La cámara del porche le mostraría quien habría al otro lado de la puerta.
- Una pareja de ancianos, ¿Qué querrán? – en el ordenador pudo ver a dos extraños ancianos en el porche de la entrada.
Elena, antes de abrir la puerta decidió echar un vistazo por la mirilla de la puerta.
- No hay nadie, que extraño – los ancianos habían desaparecido misteriosamente.
La joven niñera regresaba hacia el salón cuando volvió a sonar el timbre.
- ¿otra vez?, ¿Pero qué pasa aquí? – Elena prefirió mirar la cámara exterior antes de hacer nada.
¡Otra vez están ahí!, ¡Pero si no había nadie! – esta vez fue decidida y abrió la puerta, pero sólo encontró silencio, un silencio inquietante.
Elena sacó el número de teléfono que le había dado Lucas de su bolsillo y pensó durante unos segundos en llamarle, pero entonces escuchó un aviso de mensaje, un aviso que no paraba de sonar una y otra vez desde el ordenador.
- ¡vaya! Y seguramente será ese tipo otra vez.
Tras sentarse en el sofá del salón y leer lo que aparecía en pantalla, un profundo escalofrío sacudió su cuerpo de pies a cabeza. Leyó un mensaje que “observador” repetía una y otra vez…
- Observa el cuarto de Rubén.
Elena no vaciló un instante, y al ver el cuarto de Rubén vio algo espeluznante. Los dos ancianos que había visto fuera de la casa se encontraban en la habitación del niño.
Apoyados sobre los barrotes, los dos extraños seres observaban con una aterradora tranquilidad al pequeño Rubén.
Elena totalmente aterrada por lo que estaba sucediendo, cogió su teléfono para llamar a Lucas, pero el teléfono se quedó bloqueado como por arte del demonio. Mientras intentaba ponerlo en marcha las luces de la casa comenzaron a apagarse una por una, desde la planta superior hasta la última luz, la del salón. Se había ido la luz de toda la casa, el ordenador continuaba encendido, y el aviso de mensaje no paraba de sonar.
- Mira hacia las escaleras.
Elena miraba hacia las escaleras, pero la oscuridad le impedía ver, en ese momento se le ocurrió mirar las escaleras a través del ordenador, en sus retinas se le quedó grabada una imagen terrorífica, los ancianos bajaban por las escaleras en dirección a ella. La canguro corrió hacia la puerta, buscando escapar de aquellos seres, pero cuando llegó a la puerta algo la agarró por la cintura.
- ¡Noooooo! ¡soltadmeeeee!
- ¡Elena! ¡Elena! ¡Despierta! – la madre de Elena intentaba despertar a ésta dándole unos pequeños achuchones.
- ¡Eres tú mamá! He tenido una pesadilla.
- Ya me he dado cuenta cariño. Ten tienes una llamada.
Elena cogió el teléfono algo aturdida todavía por la pesadilla sufrida.
- ¿Dígame?
- ¿Eres Elena?
- Sí, soy yo.
- Hola, soy Lucas, perdona que te llamemos a estas horas pero es que nos hace falta una niñera para ya. Tenemos unos amigos a los que cuidaste a sus hijos y …
A Elena le cambió el rostro por unos instantes, volvía a estar dentro de la misma pesadilla.

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