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El Terror del Comecerebros

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EL TERROR DEL COMECEREBROS

CAPITULO 1º

EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE

Cae la noche sobre Torrente, y todo parece tranquilo, aunque es sólo en apariencia ya que las bandas criminales comienzan a moverse, cometiendo pequeños delitos, la mayoría sin importancia, pero que consiguen mantener en jaque a la Policía de la ciudad.
Los agentes Marcos y Estévez patrullan la zona norte de la ciudad, al parecer sin contratiempos hasta que…
-¡Aviso a todas las unidades, repito, aviso a todas la unidades! –La radio del coche comienza a hablar-. Se ha producido un asalto en la zona de el Vedat. Se recomienda acudan lo antes posible. Es posible que haya heridos.
-Se acabó la tranquilidad –Marcos pisa a fondo el acelerador y pone en marcha la sirena del coche.
-¿Qué crees que pueda pasar?
-Vete a saber –se encoje de hombros antes de añadir-: Quizás se la ha ido la pinza a algún ricacho y se ha cargado a su familia.
Mientras, en las alturas, a varias cientos de metros sobre ellos, Blanco Omega vigila el automóvil y lo sigue a distancia prudencial.
En tanto, en el Vedat, ya se han reunido tres coches celulares y seis agentes descienden de los mismos, armas en mano y avanzan hacia el chalet donde, según los informes llegados por radio, se ha producido el altercado. Chalet que, por otro lado, se encuentra sumido en el más absoluto de los silencios y en la más profunda oscuridad. Tan sólo lo que parece ser un sollozo ahogado llega a oídos de los policías desde la negrura de la vivienda.
-¿Mamá, dónde estás, mamá? –Una niña pequeña, de no más de cinco años, camina por el interior del chalet a oscuras, buscando a su madre, que yace sin vida en el recibidor.
-¡Santo Cielo! –Uno a uno, los seis policías van entrando en la casa, portando potentes linternas, iluminando con sus haces el cuerpo inerte de la dueña de la casa.
-Voy a ver si hay alguien más por dentro –uno de los agentes se aparta del grupo e, iluminándose con la linterna, comienza a explorar el resto de la vivienda, encontrándose con un espectáculo dantesco de muerte y violencia: Sangre por las paredes, muebles destrozados, puertas arrancadas de sus goznes.
-¡Que alguien venga aquí, rápido! –Mientras, otro de sus compañeros, ha encontrado a la pequeña, aterrorizada, agazapada detrás de la puerta de su dormitorio-. Aquí hay una niña, no parece estar herida, pero si en estado de shock.
Los agentes Marcos y Estévez llegan en ese momento al chalet, y Blanco Omega desciende junto a ellos.
-¡Avisar a la Central! Esto es un caos –Estévez avanza hacia el interior de la vivienda, arma en mano, seguido del enmascarado y su compañero de patrulla.
-Hola, Estévez, ya hemos dado aviso. Enviarán una ambulancia lo antes posible, pero no hay nada que se pueda hacer por los habitantes de la casa.
-¿Puedo ayudar en algo? –Blanco Omega se agacha junto al cadáver de la dueña de la chalet, para apartarse con expresión aterrada al momento-. ¡Joder, su cabeza!
-Así es. Fuera lo que fuera lo que los atacó les abrió el cráneo y se llevó sus cerebros –el agente que los ha recibido ilumina con su linterna el cuerpo sin vida de la joven madre-. Hay dos cuerpos más, igual que éste.
-Esta va a ser una larga noche, me parece a mí –con esta sentencia, Estévez abandona el interior del chalet y, apoyándose en el coche patrulla, enciende un cigarrillo.
-Voy a hacer un barrido aéreo. Quién sabe si el asesino o asesinos están por aquí todavía.
-De acuerdo, Omega. Pero dudo que encuentres nada.
Quince minutos más tarde, y mientras los tres cadáveres son introducidos en las ambulancias, Blanco Omega regresa, sin noticias, al escenario del crimen.
Sólo son la 01:00 de la noche. Una noche que se presenta larga y agitada.

CAPITULO 2º
EL QUE MERODEA EN LA NOCHE

Blanco Omega abandona el chalet con una idea en mente, encontrar al culpable de los asesinatos. Según la descripción de la única superviviente de la masacre, una niña de cinco años, el asesino es un hombre alto, de pelo largo y oscuro, con la piel grisácea, y que huele raro, como la carne cuando se pone mala. Con esa descripción no debe ser difícil encontrarlo. Pero se equivoca, su presa demostrará ser mucho más escurridiza de lo que se imagina.
-Vamos. ¿Dónde te has metido, jodido bastardo? –Una y otra vez sobrevuela la zona a baja altura, atento a cualquier posible movimiento, al más leve sonido que llega a sus oídos sin resultados.
Mientras, no lejos de allí, una figura idéntica a la descrita por la niña observa a través de las ventanas de otro chalet a sus durmientes habitantes, sintiendo como el hambre devora sus entrañas y, cegado por el ansia, decide atacar de nuevo.
Pronto la noche se vuelve a llenar de gritos de terror y de angustia ante el ataque de la espantosa criatura. Gritos que son escuchados por los ocupantes de los chalets vecinos. Gritos sin respuesta. Tan sólo un hombre de avanzada edad se atreve a salir a la calle, armado tan sólo con un bastón y mucha valentía cruza la calle hasta la vivienda atacada.
-¿Hay alguien ahí? –Temblando de pies a cabeza, atraviesa el umbral de la puerta destrozada y camina hacia el dormitorio principal, lugar de donde parece provenir un extraño sonido de carne al ser desgarrada.
Y, la criatura lo mira con sus ojos muertos en blanco, suelta a su presa inerte, y lanza un aullido que llena la noche torrentina y hace que el hombre suelte el bastón y se tambalee hacia atrás, hasta quedar apoyado en la pared del pasillo, blanco del espanto.
-¿Qué ha sido eso? –El grito ha llegado a oídos de Blanco Omega y de varios policías que aún patrullan por la zona en busca del asesino y, rápidamente, se dirigen hacia donde proviene el alarido.
-La puerta ha sido forzada, como en el otro chalet –el agente Marcos, seguido por Estévez, penetra en la vivienda, la pistola en una mano y la linterna en otra-; tened cuidado, quizás el atacante esté todavía aquí dentro.
-Mierda, Marcos, ese aullido no era humano, ni las heridas de los cuerpos del otro chalet.
-¡Ayuda, por favor, ayuda! –De repente, de la oscuridad, surge la figura del anciano vecino, tambaleante y aterrado por lo que acaba de presenciar, abalanzándose sobre el sorprendido Blanco Omega que lo agarra antes de que el hombre se desvanezca en sus brazos.
Mientras, Marcos y Estévez, iluminan con sus linternas el dormitorio, encontrándose, al igual que en el anterior chalet, una escena dantesca y sangrienta.
-¡Santo Cielo! –Marcos gira la cabeza a punto de vomitar.
-Avisa al hospital, y al forense –Estévez se dirige a otro de los agentes que acaba de entrar en el dormitorio. Después recorre la habitación con el haz de la linterna, buscando algún indicio del huidizo asesino.
-Sea lo que sea, es jodidamente rápido –sentencia Blanco Omega en voz apenas audible para los presentes en el dormitorio. Después, y tras despedirse de los policías con un leve movimiento de cabeza, sale al exterior y reemprende la búsqueda del asesino o asesinos, remontando el vuelo sobre los chalets, cuyos habitantes no pueden seguir negando la evidencia de que algo pasa, y han comenzado a salir en grupos o en solitario.
No lleva volando ni cinco minutos, cuando algo llama su atención. Abajo, en la oscuridad, una figura intenta refugiarse entre los árboles que rodean la urbanización.
-¡Alto, deténgase! –Sin pensárselo dos veces, desciende a tierra en busca del misterioso fugitivo-. No quiero hacerle daño, sólo protegerle.
-¿Protegerme? –Una voz cascada llega hasta él desde los árboles-. ¡No existe protección que valga contra esa criatura del Infierno! –Una figura tambaleante surge del bosquecillo, lleva en su mano una botella de vino barato, y su boca apesta a licor.

CAPITULO 3º
EL DOCTOR ESPANTO

Mientras esto sucede, en el sótano de un chalet semiderruído, una figura se mesa los escasos cabellos con aire desesperado.
Se llama Enrique Galán, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Física y Química en el año 2020. Y era una eminencia en el campo de la bioquímica hasta que algo lo trastornó y decidió dedicar su vida a la experimentación con los muertos. Y no había tenido éxito, hasta esta noche.
Hace tan sólo unas horas que sus intentos por devolver la vida a un ser humano muerto han dado por fin sus frutos, pero, por desgracia para él, algo no ha salido todo lo bien que esperaba, y la criatura escapó del sótano tras atacarle y dejarle inconsciente de un golpe. Ahora, mientras Galán, piensa en que se puede haber metido en grandes problemas, el sonido de las sirenas de la Policía llega hasta sus oídos, sacándole momentáneamente de sus pensamientos.
“¡La Policía! Ellos podrán ayudarme –piensa para sí mientras se acerca, cojeando, hacia las escaleras del sótano-; “quizás la criatura no ha atacado a nadie y todo quede en un susto nada más”.
Renqueando, alcanza la puerta del chalet en ruinas donde lleva escondido varios meses ultimando las últimas fases de su experimento y, gritando, sale a la calle, en un desesperado intento por llamar la atención de alguno de los vehículos policiales.
-¡Eeeh, aquííí! –Frenético, agita ambas manos por encima de su cabeza en medio de la calzada. Por desgracia para él, los coches de la Policía van demasiado deprisa, y sus gritos son ahogados por el aullar de las sirenas y, con aire derrotado se deja caer de rodillas en el duro asfalto.
Después, tras unos momentos de incertidumbre, se levanta y vuelve al interior del viejo chalet, con una idea en mente.
“Si la Policía no va a ayudarme, tendré que ser yo quien lo encuentre e intente detenerlo antes de que haga daño a alguien” –con este pensamiento en la cabeza, Enrique Galán busca en el sótano por los cajones de los pocos muebles que ha ido trasladando durante los últimos meses, hasta encontrar un revólver de gran calibre y una caja de proyectiles que se echa al bolsillo de su bata de científico, antes de volver a salir a la calle, para unirse a la búsqueda de la criatura.
Recuerda con claridad las horas pasadas en el oscuro laboratorio durante los últimos meses.
Recuerda las burlas de sus colegas de profesión cuando les habló de su idea de devolver la vida a los muertos mediante un sencillo pero a la vez complicado proceso químico.
Recuerda los insultos y chanzas de su alumnado cuando era profesor en la Universidad.
Pero sobretodo recuerda ese odioso mote con el que lo bautizaron. Doctor Espanto le llamaban a sus espaldas, cuando pensaban que no les oía.
Pero, ah, todo eso había cambiado esa misma noche, hacía tan solo unas horas que había inyectado su compuesto químico en el cadáver. Un cuerpo recién robado de la morgue por uno de sus muchos secuaces, hombres sin escrúpulos, capaces de vender a su madre por un puñado de euros. Y el muerto, oh milagro, comenzó a estremecerse ante sus ojos, a moverse con espasmos lentos y prolongados, hasta que abrió los ojos y lo miró.
Después, algo debió salir mal puesto que el resucitado le atacó con la furia y la fuerza de un animal rabioso; y quedó tendido en el suelo, inconsciente, hasta que las sirenas de la Policía lo sacaron de su sopor

CAPITULO 4º
CARA A CARA CON EL TERROR

Blanco Omega, por su parte, ha encontrado un testigo que parece saber algo acerca del misterioso atacante nocturno. Se trata de un borracho que casi no puede mantenerse derecho sobre sus pies, pero es lo único que tiene, de momento.
-De acuerdo, vuélvame a contármelo todo desde el principio.
-Y-ya se lo he dicho. Yo estaba meando tranquilamente allí, tras aquel árbol, cuando esa cosa pasó por mi lado, corriendo, o al menos eso me pareció.
-¿Me lo puede describir?
-N-no… ¡Espere, sí! –El borracho se lleva la botella de vino a los labios y, tras un trago largo, sigue hablando-. Era alto, y su piel era grisácea y parecía estar en descomposición o algo así, porque olía a podrido que tiraba de espaldas. Eso es. Era como si se estuviese pudriendo delante de mis narices.
-¿No intentó atacarle? –Blanco Omega está convencido de que es el hombre, o lo que sea, que están buscando la Policía y él.
-¡N-no! Pasó de largo, en aquella dirección –el hombre señala una calle mal iluminada de la urbanización.
-Gracias. Quédese aquí, la Policía no tardará en llegar –Blanco Omega vuelve a elevarse en el aire, y vuela en la dirección indicada, dejando solo al borracho, que se aleja del lugar tambaleándose debido a la borrachera.
-¡Y una mierda, amigo! –Grita, agitando la botella hacia el cielo nocturno, mientras camina en la dirección opuesta a la tomada por el joven justiciero enmascarado.
Por otro lado, Blanco Omega parece haber encontrado lo que tanto ansiaba y, muy cuidadosamente, desciende a tierra, justo detrás de una misteriosa figura que parece intentar colarse en otro chalet por una ventana abierta del mismo.
-¡Amigo, seas quién seas, te aconsejo que te detengas! –Se prepara para una posible reacción violenta por parte del extraño personaje, que, lentamente, se gira hacia él y lo mira con sus ojos en blanco, mientras abre la boca como intentando decir algo.
Después, todo ocurre muy deprisa, la criatura se abalanza sobre Blanco Omega, aullando como un animal, intentando alcanzar su garganta con sus dientes y uñas. Tanta es su ferocidad que, incluso con su fuerza y velocidad aumentadas, Omega se las ve y se las desea para librarse de su presa.
-¿¡Qué diablos!? –Finalmente se ve obligado a usar su poder energético para zafarse del furioso ataque de su rival, que se aparta aunque sin mostrar signo de dolor alguno ante la descarga de energía.
Blanco Omega queda inmóvil por un momento, todavía sorprendido por la ferocidad de su atacante, que clava en él sus ojos en blanco, mientras su boca espumea de rabia y furia mal contenida.
-¿Qué cojones eres tú, de dónde demonios has salido? –Tan sólo un aullido obtiene como respuesta a tales preguntas, un aullido y un nuevo y más feroz ataque por parte de la criatura, que vuelve a abalanzarse sobre él, buscando nuevamente su garganta con sus dientes y garras.
De repente, el sonido de las sirenas de la Policía llena la noche cuando un coche patrulla llega al lugar de la pelea y los agentes Marcos y Estévez descienden del mismo.
-¡Alto o disparamos! –Estévez apunta con su arma al bulto formado por los dos combatientes, sin atreverse a abrir fuego por miedo a herir a Omega.
-¡Dispare ahora! –Por fin, Blanco Omega consigue zafarse de la feroz presa de la criatura, dejando al Policía espacio suficiente para realizar al menos un disparo, que impacta de lleno en el pecho semidesnudo del monstruo, haciéndole caer hacia atrás con un espasmo.
-¿Estás bien, muchacho? –El agente se acerca al enmascarado y le tiende la mano para ayudarle a levantarse-. ¿Qué mierdas es esa cosa?
-Gracias, agente –Blanco Omega se incorpora con ayuda de Estévez y clava su mirada en el cuerpo sin vida de su feroz rival-. No lo sé. Parece humano, pero su forma de luchar, su fuerza, su ferocidad…
-Será mejor llamar a la Central, que ellos se encarguen –también Marcos se acerca a mirar al caído antes de tomar el radio transmisor del coche patrulla y avisar a Comisaría, pidiendo ayuda.
Quince minutos más tarde, y una vez el cadáver de la criatura ha sido introducido en una ambulancia camino del Anatómico Forense de Valencia…
-Bien, parece que todo terminó por fin, caballeros –El Inspector Montes en persona se ha personado en el lugar de los hechos, y felicita a sus hombres efusivamente-. Esta ha sido una larga noche, ahora deben descansar.
-Inspector…
-¿Sí, Omega? –El Jefe de Policía se vuelve hacia el joven enmascarado con gesto un tanto impaciente y cansado-. Te agradecemos tu ayuda en todo este asunto, pero esto ya sólo nos concierne a nosotros. Puedes irte a donde quiera que sea que vives. A descansar, seguro que también ha sido una larga velada para ti.
-Escúcheme, por favor. Creo que esa cosa debería ir más vigilada. Un par de hombre más, sólo eso.
-¿Vigilada? –Montes enarca una ceja con aire escéptico ante la propuesta de Blanco Omega-. Esa cosa está muerta. Uno de mis hombres le atravesó el corazón de un balazo.
-Sólo es una sugerencia, Inspector. Esa cosa no es humana, no puede ser humana, no después de ver como me atacó.

CAPITULO 5º
CUANDO LOS MUERTOS VUELVEN A LA VIDA

La ambulancia, portando su macabra carga, circula a buena velocidad por las calles nocturnas de Torrente, en dirección al Instituto Anatómico Forense.
El conductor, ajeno a lo que estar por venir, tararea una canción, mientras los agentes encargados de custodiar el cuerpo sin vida del asesino bromean en la parte trasera del vehículo.
-¡Joder, hay que ver qué tío tan feo!
-Sí, ¿verdad? Pues este cabrón se ha cargado a cinco personas sólo esta noche. ¿Quién sabe lo que hubiera sido capaz de hacer si Blanco Omega y Estévez no lo detienen?
-¡Calla! –El otro agente hace un gesto a su compañero, pidiéndole silencio.
-¿Qué? ¡No me asustes, joder!
-¡Se ha movido, el cabrón se ha movido, te lo juro! –Temblando de miedo, el Policía desenfunda su arma y apunta al cadáver que, como quien despierta de una pesadilla, abre los ojos, mientras la herida en su pecho comienza a cerrarse ante los asombrados y espantados ojos de sus guardianes.
Poco después, tan sólo la infernal criatura emerge de entre la chatarra del vehículo siniestrado, tras haber dado muerte a los dos policías.
Por suerte, Blanco Omega, haciendo caso omiso de las palabras del Inspector Montes, había decidido seguir la ambulancia desde el aire, y ha sido testigo del accidente y de la huída del monstruo.
-De acuerdo –sin pensarlo dos veces, desciende a tierra y se planta ante el muerto viviente, dispuesto a un nuevo enfrentamiento-. Segundo asalto, y espero que sea el definitivo.
Mientras, los restantes coches de Policía, van llegando a la escena del siniestro, y los agentes descienden de los vehículos, dispuestos a interceder por si la vida del joven justiciero se encontrase en peligro, y a alejar a los curiosos que han empezado a aparecer en el lugar atraídos por el jaleo.
La criatura, por su parte, no hace esperar su reacción y, de manera aún más salvaje si cabe que la vez anterior, se lanza sobre Blanco Omega, buscando nuevamente su cuello con uñas y dientes, dispuesto a morderle.
-No sé qué demonios te pasa con mi garganta, amigo, pero no voy a dejarme sorprender otra vez –Omega logra esquivar la primera acometida del asesino con un rápido movimiento de cadera, al tiempo que golpea el rostro de su rival con un potente gancho de izquierda.
-La forma de luchar de esa cosa, ufff –Estévez contempla la pelea ensimismado ante el salvajismo de la criatura y la destreza de Blanco Omega-. Es como un maldito animal rabioso. Si baja la guardia por un segundo, Omega está perdido.
Nuevo ataque del ser, que vuelve a abalanzarse, aullando furioso, sobre su adversario, que vuelve a esquivar el ataque con grácil movimiento, o eso cree él, ya que a la velocidad del rayo, la criatura gira sobre sus talones y lo pilla por sorpresa, logrando clavar sus dientes en su hombro derecho a través de la tela del traje y la chaqueta.
-¡Aaargh! –Blanco Omega, herido, retrocede unos pasos hacia atrás, con la visión nublada por el dolor repentino, mientras su adversario, consciente al parecer de su momentánea ventaja, se prepara para un nuevo y más mortífero ataque.
-¡Está perdido, si alguien no hace algo, ese crío está perdido! –Dispuesto a abrir fuego sobre la criatura, el grupo de agentes de Policía empuña sus armas, y apuntan a la criatura.
Pero, Blanco Omega, dando muestras de su capacidad de recuperación sobrehumana, se sobrepone al intenso dolor y decide que tiene que ser él quien dé el golpe de gracia al monstruo y, concentrando todo el poder que es capaz en su mano derecha, hace brotar un chorro de luz granate que impacta contra su adversario, inundando todo su cuerpo, arrancando cada centímetro de su piel muerta y en descomposición, hasta que sólo quedan un montón de huesos blancos y brillantes que se desploman en el duro asfalto.
-¡Bufff! El cabrón era duro de pelar –exhausto, Blanco Omega, se deja caer de rodillas en el suelo-. Pero por fin acabó.
-Sí, por fin acabó. –Estévez se acerca al joven arrodillado y le tiende la mano para ayudarle a incorporarse-. Ese demonio está muerto y bien muerto.
-Puede, pero por si acaso haría que incinerasen esos huesos. Nunca se sabe…

FIN

EPILOGO

Amanece sobre Torrente tras una larga noche de pesadilla.
La amenaza del Comecerebros, nombre que dará la prensa a la infernal criatura que ha acabado con la vida de cinco personas, se diluye con las primeras luces de la mañana como un mal sueño.
En su dormitorio, Aitor Daniel Díaz Ortega se prepara para dormir un par de horas antes de ir a la Universidad. Su madre se ha encargado de curarle la fea herida del hombro y de aconsejarle que procure evitar enfrentamientos innecesarios en su carrera superheroica.
Mientras, una figura siniestra se mueve sigilosa en las cercanías del depósito de cadáveres, con una macabra idea en mente…
“La próxima vez todo será perfecto”…

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4 Comments

  1. sol dice:

    quiero saber como se llama oficialmente esta pelicula. llevo mucho queriendola encontrar pero no puedo. le agradeseria si me diera una respuesta.

  2. ivette dice:

    pu….madre chin…..todos los de la pagina

  3. edwin alexis jimenez lopez dice:

    me en canta esta imagen oikj

  4. sebastian dice:

    chimba mi tio !!!!!!!

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