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La Fuente De Los Malos Deseos


En el año de 1897, en la antigua aldea de La Margineda, Andorra la Vieja, en el centro de la aldea existía una fuente muy antigua fabricada con cantera y en el centro de la fuente, una gárgola de un dragón enrollado en un pedestal que terminaba con una esfera, el dragón escupía el agua hacia arriba, adornado en flores y espinas que envolvían al dragón, pareciendo que recibía dolor. Esta fuente tenía una antigua leyenda trasmitida por el pueblo generación tras generación, los más viejos la contaban a los más jóvenes, pero en realidad ésta leyenda era muy mala, repleta de egoísmo, hambre de poder y acabar con el enemigo.
Consistía en que el benefactor escribiese en un pedazo de pergamino un deseo malo que deseara contra alguien ya sea enemigo, poder, dinero, etc. El deseo tenía que ser malo, sonaba mal al principio pero los aldeanos se fueron acostumbrando a la idea y con el tiempo aventaban su pergamino a la fuente, dejándola repleta de malos deseos, el pergamino se sumergía en la fuente y con el tiempo el agua lo consumía lentamente, así quedando la fuente repleta de malos deseos, egoísmo, sedientos de dinero, deseos de matar al enemigo, etc.
Se decía que la fuente tenía poderes, otros que era del demonio, otros que poseía magia, en fin, había un sinfín de versiones sobre esta rara fuente, que según la leyenda cumplía tu deseo malo.
-Hay de aquel que la utilice!, decían los pocos sacerdotes de esa época que quedaban en la aldea, ya que eran escasos.
La fuente parecía estar harta de recibir tanta maldad en ella.
Una noche del 10 de abril de 1897, un diluvio bastante fuerte azotaba el pueblo, inundado en truenos y una fuerte tormenta parecía comenzar su labor de destruir todo a su paso, era de noche y todos los aldeanos se refugiaban en sus hogares, con esperanzas de que terminaría pronto.
Eran las 11:27 p.m. y la tormenta seguía igual, un horrible trueno aturdió a todos los aldeanos proveniente de la calle, al momento todos asomaron las cabezas en dirección a la calle, a su vez a la fuente que estaba en el centro del pueblo y provino una fuerte luz color azul metálico de la fuente, parecía provenir del fondo de la fuente hacia arriba, un enorme rayo azul salió de ella, junto con un trueno que no soportaron algunos cristales y estallaron, y se dirigió hacia el cielo, después de que el enorme rayo cesó, cesó junto con el la gran tormenta y dejó de llover como por arte de magia.
En el alba del día los aldeanos apenas salían de sus pequeñas casas, era de mañana y confundidos por lo acontecido la noche anterior decidieron reiniciar sus actividades cotidianas normalmente.
Un grito ensordecedor provenía de la fuente, de una mujer regordeta, casi sin cuello, de aproximadamente unos 35 años con sandalias gritaba
-¡miren lo que ha ocurrido a la fuente!-
-¡vengan a ver!-
Preocupada, pero a la vez con la intención de regar la noticia por el pueblo, como lo tenía previsto los aldeanos se acercaron para escudriñar la fuente y ver qué pasaba, y acto seguido todos quedaron boca abierta por ver lo que había sucedido a la fuente.
Un enorme agujero negro era lo que reemplazaba lo que antes fue el centro de la fuente, el agujero parecía no tener fin, demasiado hondo como para tratar de ingresar a alguien a investigar qué era lo que había abajo, aventaban objetos y piedras para averiguar si tenía fin y no dio resultado, los objetos parecían descender sin tener un precipicio donde estrellarse.
Al poco tiempo (aproximadamente dos semanas) los concurrentes se olvidaron de los hechos y no tomaron importancia de ello, olvidando completamente la fuente, quedando cerrada y olvidada, nadie la visitaba ahora, a nadie le interesó lo que contenía aquel agujero negro que parecía no tener fin.
Todo había marchado bien durante tiempo, parecía que en ese pueblo no había acontecido nada.
A la entrada del pueblo se acercaba un transeúnte, bastante raro, vestido en color negro, con rostro exageradamente pálido, una nariz picuda y cabellos demasiado negros y hacia adelante, unas ojeras ligeramente distinguibles y una sonrisa malévola.
Caminaba por el pueblo serio y dos adolescentes que residían en el umbral de una puerta decidieron molestarlo para despojarlo de lo que traía consigo, uno agarró una roca fuertemente y la lanzo hacia la cabeza del desconocido, cuando casi llega al cráneo de este, parece chocar en una barrera invisible y provocando ondas circulares la piedra se regresó automáticamente al que había lanzado la roca, fue tan rápido que casi no se distinguió cuando se regresó, incrustándose en su ojo derecho lanzando sangre hacia afuera, muriendo después de unos minutos, el otro gamberro, su acompañante decidió correr a contar a alguien, el primer transeúnte lo acontecido.
Pasó el tiempo y los murmuros e injurias hacia el desconocido crecían en el pueblo lanzaban indirectas en su cara, con intención de que los escuchara, todos sabían la verdad pero nadie contaba con pruebas, sólo con el testimonio del acompañante, como explicarían que una roca se regresó casi al llegar a su cabeza como por arte de magia y casi al triple de la velocidad a la que había sido lanzada.
Todos lo odiaban, en otro caso una mujer algo mayor lo invitó a tomar un café, alegando que quería ayudarlo y que quería que la estancia en su pueblo fuera agradable para él, -¿Quién eres? – preguntó la anciana y éste solo se limitó a responder:
-Soy quien nadie esperaba en realidad en esta aldea, si su intención es obtener información de mí no se la daré, me marchare y con gusto pagaré el café obsequiado-
Quedó sorprendida y, acto seguido, el tomo el café elaborado por la anciana y en cuando la primera gota de café atravesó su garganta, la anciana comenzó a hacer ademanes como de asfixiarse, perdiendo la voz y muriendo casi instantáneamente despidiendo por la boca líquido verde.
La anciana había envenenado el café con intención de matar al desconocido, muriendo ella, como si se hubiese regresado la intención de matarlo hacia ella.
El pueblo harto de tantas anomalías provocadas por éste lo rodeó, furioso y a la vez intrigados por saber quién era, de la concurrencia subyacían cuestiones como:
-¡Quién demonios eres!, ¡maldito demonio!, devuélvenos a los que te llevaste!, maldito seas!, etc.
El con la mirada puesta al suelo alzo la mirada arrogante hacia todos, con ademanes de superioridad y dijo con una voz que parecía haberse introducido en los oídos de los aldeanos como rayo y diciendo:
-Malditos imbéciles, ustedes me han invocado! Soy un enviado de satán y vengo a cumplir ciertos mandatos que el decretó! La fuente que tienen ante ustedes no resistió tanta maldad pedida con devoción por parte de todos ustedes y al no resistir tanto, rompió la pared de las dimensiones que separa la dimensión de nuestro mundo, con la del infierno, abriendo una puerta entre la tierra y el infierno, así pude entrar yo a su aldea, por medio de la puerta que hay en la fuente y ahora, mis estimados amigos cumpliré los deseos de mi señor de una vez por todas!
La Ley Del Karma Se Encargará De Todos Ustedes Malditos!
Sufrirán lo que desearon en esa fuente, ahora mueran!
Todos comenzaron a agonizar emitiendo gritos ensordecedores, unos moría envenenados, unos morían quemados, otros morían instantáneamente, y de pronto el pueblo ardió en llamas, consumiendo en sí los restos de cadáveres que quedaban.
En las orillas del pueblo un niño de cerca de diez años, contemplando todas estas atrocidades comenzó a huir del pueblo corriendo hasta más no poder, salvándose así del castigo del pueblo, perdiéndose entre los arboles de los bosques de los alrededores.
Nadie supo nada respecto a lo que pasó en este pueblo, conjeturando que accidentalmente el pueblo fue consumido por las llamas de un horrible incendio dando paso a la muerte de la gente.
Nadie sabe la verdad!
Excepto alguien, un niño que huyó del pueblo y accidentalmente se salvó del desastre provocado por los propios aldeanos, ese niño ahora escribe este relato con intenciones de probar lo sucedido a aquel pueblo, yo logré escapar del castigo, pero sólo por una razón: nunca utilicé la fuente de los malos deseos!
Una vez lleno de curiosidad pasé por aquel pueblo y no había nada, ni restos del pueblo, solo la fuente al centro, que parecía no haber recibido daño alguno y en el borde de la fuente sentado a alguien, alguien que acabó con el pueblo, un desconocido, dirigió la mirada hacia mí y mi familia, pero pude salir de ahí, hasta entonces no he vuelto a ese lugar que alberga horribles recuerdos para mí…

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