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EL LIBERTADOR

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PROLOGO

El lejano planeta Quram, a cinco millones de años luz de la Tierra.
Un lugar en otro tiempo lleno de luz y esperanza, no es ahora el mejor sitio para vivir de la Galaxia, desde que sus tres actuales gobernantes llegaron al poder, usurpando el puesto a su legítimo poseedor, el Rey Kramm.
Sin embargo, hace unos meses, la esperanza volvió a los corazones de los qurameses bajo la forma de un joven de otro planeta. Fue por eso que, a espaldas de los tres regentes, fue enviada una nave en busca de ese misterioso salvador y, ahora, esa nave ha llegado a su destino…

FIN DEL PROLOGO

CAPITULO 1º

EL VISITANTE

Es Sábado por la tarde, y el Mcdonalds de Torrente está a rebosar de parejas y grupos de amigos dispuestos a tomarse una hamburguesa y una Coca-cola. Una de las mesas está ocupada por Manoli Ortega, su novio David, su hijo Aitor y Rossana, la novia de éste. Los cuatro charlan animadamente de cosas triviales, trabajo, estudios, cosas cotidianas. Pero eso está a punto de cambiar.
-Blanco Omega, te necesitamos.
-¿Qué? –Aitor levanta la mirada del plato con su hamburguesa y queda mirando la figura que ha aparecido en medio del local de la nada.
-¿Qué pasa, cariño, con quién hablas? –Su madre también vuelve la cabeza en dirección al lugar donde está mirando el joven.
-Ellos no me ven, sólo tú –el misterioso recién llegado tiende una mano hacia los otros tres ocupantes de la mesa-. Debamos darnos prisa.
-¿Darnos prisa, para qué, qué significa todo esto? –Aitor se levanta de la silla y se acerca al misterioso desconocido.
-Mi nave nos espera fuera. Hemos de hacer un viaje largo hasta mi mundo de origen, Quram –el extraño personaje echa a andar hacia la puerta del local, atravesándola ante la mirada atónita del joven torrentino-. Tranquilo, tus amigos no recordarán nada de lo ocurrido, será como si no te hubieras ido.
-Si tú lo dices –maravillado, Aitor deja que el teletransporte de la nave espacial lo lleve al interior de la misma y, una vez dentro, espera a que su anfitrión le explique de qué va todo aquello, mientras pone rumbo a las estrellas.
-Como te he dicho, vengo de Quram, un planeta a unos cinco millones de años luz de la Tierra.
-¿Por qué yo? ¿Qué ocurre en tu mundo para que hayas tenido que venir a buscarme desde tan lejos?
-Hace años que mi planeta es gobernado por un trío de dictadores sin escrúpulos. Yo y un pequeño grupo de resistentes nos oponemos al régimen, y nuestro sueño es derrocar a los tres tiranos en un futuro no muy lejano. Es por eso que cuando nos enteramos que alguien en la Tierra había sido escogido para portar la Fuerza Omega decidimos enviar a alguien a buscarlo. El Portador eres tú, Blanco Omega.
-Llámame Aitor.
-De acuerdo. Tú puedes llamarme Arin.
-Háblame de esos dictadores. Tengo que saber a quién me enfrento.
-Sí, tienes razón –Arin se sienta a los controles de la nave y empieza a hablar-: Ellos son Lord Camelot, Lord Avalon y Lady Troia. Llegaron hace unos veinte años según criterio terrestre y, usando sus poderes, se hicieron con el gobierno de Quram. Asesinaron a varias personas relevantes del anterior gobierno y encarcelaron al Rey Kramm. La Resistencia logró salvar la vida de la Princesa Unah, recién nacida, y llevarla a lugar seguro. Ella es ahora un miembro muy valioso del ejército rebelde. Fue ella precisamente quien detectó tu presencia a través de la Galaxia.
-Con esos nombres, cualquiera diría que conocen las leyendas terrestres –Aitor Daniel, plantado ante la pantalla de metal transparente, absorto ante el maravilloso espectáculo de estrellas y planetas que se mueven ante sus ojos.
-No sabemos de dónde proceden, o cuál es su origen. Sólo sabemos que su crueldad no conoce límites y que la población no aguanta más la situación.
-¿Falta mucho para llegar a tu planeta?
-No, casi hemos llegado –Arin manipula con destreza los mandos de la nave y ésta pasa casi sin contratiempos a través de un cúmulo de rocas espaciales-. Mira, eso de ahí delante es Quram –orgulloso, el quramés señala un planeta de tamaño y aspecto similar a la Tierra.

CAPITULO 2º
LA PRINCESA UNAH

Tras el aterrizaje en las cercanías de un profundo y espeso bosque quramés, ambos viajeros se dirigen hacia un grupo de cabañas construidas en un claro de la espesura.
-¿Por qué me miran así?
-Bueno, es la primera vez que ven a una persona de piel rosada. Pero tranquilo, no te van a hacer ningún daño, para ellos eres un héroe, una leyenda viviente.
-Si tú lo dices, pero me ponen nervioso –Aitor intenta sonreír ante las inquisitivas miradas que se asoman a través de las puertas y ventanas de las chozas de madera y paja.
De repente, el silencio más absoluto se apodera del lugar, todas las viviendas quedan en silencio y hasta Arin se detiene e hinca la rodilla en tierra, al tiempo que conmina a su joven compañero a hacer lo mismo.
-¿¡Qué pasa!? –Aitor Daniel ahoga un gritito de dolor cuando su rodilla derecha golpea el duro suelo del bosque.
-¡La Princesa! ¡Es la Princesa! –Cuando ambos se incorporan se encuentran ante una bella joven que los mira con aire de cierta superioridad.
-Hola, Arin –la joven se dirige al quramés con gesto amistoso-. ¿Quién es tu amigo? No es quramés por lo que puedo apreciar.
-Alteza, ¡él es Él!
-¿Él, quién? –Unah clava sus oscuros ojos en el terrestre, escrutando su moreno rostro, en un vano intento por reconocerlo.
-Ya sabéis –Arin se adelanta un paso y le cuchichea algo al oído.
-¡Ah, Él! –Finalmente, la joven Princesa asiente con gesto de reconocimiento, para, seguidamente con mohín de disgusto, añadir-: Me lo imaginaba más alto…
Tras las debidas presentaciones, ambos viajeros son conducidos al interior de una gran tienda de campaña, levantada por los sirvientes de la Princesa poco después de su llegada al claro del bosque.
-Y bien, Libertador, ¿Cómo pensáis derrotar a los tiranos?
-No tengo ni idea, la verdad –Aitor se encoge de hombros y sonríe con aire inocente-. He intentado hablar con Arin, decirle que se equivocaba conmigo, pero no me ha escuchado.
-Creo que yo también empiezo a creerte, terrícola.
-Pero, está escrito. El portador de la Fuerza Omega vendrá de un planeta lejano para liberarnos tras veinte años de tiranía –Arin toma un viejo pergamino y lo extiende ante las miradas de Unah y de Aitor Daniel-, leedlo, aquí lo pone –con su índice derecho va siguiendo las palabras escritas en el mismo.
-De acuerdo, imaginemos que te creo, que yo soy el Libertador de la Profecía. ¿Esa profecía no dice nada de cómo debo vencerlos o enfrentarme a ellos? E, imagino que tampoco hablará de ningún ejército que me echa una mano en todo este asunto, ¿verdad?
-¿Ejército? –Arin hace gesto de sorpresa ante la ocurrencia del joven invitado terrestre.
-No, me temo que no –pero es la Princesa la que responde a la pregunta de Aitor, con cierto deje de diversión en su voz, como si todo aquello le pareciera divertido- Te las tendrás que apañar tú solito.
-No podéis hablar en serio –el rostro de Aitor muestra total consternación ante la situación a la que parece ha de enfrentarse.
-¡Eres el Libertador! –Arin alza su puño derecho en actitud triunfante- ¡Seguro que algo se te ocurre!
-¡Eso, Libertador! –y Unah lanza una divertida carcajada antes de salir de la enorme tienda de campaña seguida por sus dos escoltas.
-Oye, Arin, tengo la impresión de que la Princesa Unah no está muy convencida de lo que estoy haciendo aquí.
-¡Nooo, tranquilo! Es sólo que todo esto, a veces, se le queda grande.
-¿Esto?
-Sí, ya sabes, lo de comandar a todas estas personas. Más de una vez la he visto llorando por su padre.
-¿Y su madre?
-Murió al dar a luz. Inmediatamente después de su nacimiento el Rey fue encarcelado por las fuerzas de los tres dictadores. Por fortuna, miembros de la resistencia lograron sacarla del castillo antes de que los soldados fieles a los tiranos la encontrasen. Desde entonces ha vivido entre los rebeldes, aunque sin olvidar sus raíces regias.
-Sí, de eso me he dado cuenta. Pelín snob nos ha salido la princesita de marras.
-¿Qué es snob?
-Nada, sólo una expresión de la Tierra.
-¿Entonces qué, nos ayudarás a combatir a los tiranos?
-Ya que te tomaste la molestia de ir a la Tierra a buscarme…
Tras esta charla, Arin se reúne con su Princesa.
-*¿Qué ha dicho, ha aceptado?
-*Sí, aunque a regañadientes, el terrícola ha aceptado ayudarnos en nuestra misión.
-*Recuerda que todo lo que tenemos que hacer es liberar a mi padre. Una vez lo hayamos logrado, todo será más fácil.
-*¿No creéis que él sea el Libertador de la Profecía, verdad?
-*¿Tanto se me nota? –Unah alza la cabeza en gesto altanero ante la pregunta de su amigo y colaborador-. Hasta ahora, por lo que hemos podido ver, lo único que lo diferencia de nosotros es el color de su piel ¿Qué te hace pensar que es diferente? ¡Y no me digas que esa vieja y tonta profecía!
-*Él es el portador de la Fuerza Omega.
-*¿Ah, sí? Pues hasta ahora no lo ha demostrado. Para mí sigue siendo un farsante –Unah levanta el mentón en claro gesto de disgusto, aunque no puede ocultar que el joven terrestre le atrae físicamente, y esto es algo que no pasa desapercibido para Arin.
-*Yo opino que deberíamos darle una oportunidad de probarse.
-*Pues yo opino que es una locura. Que no deberíamos confiar tanto en él y hacerlo en nuestras propias fuerzas.
-*Démosle hasta esta noche, se lo ruego, Alteza –Arin se hinca de rodillas en tierra ante su Princesa. Incluso le toma la mano con gesto suplicante-. Si no es quien creo que es, lo acompañaré de regreso a su planeta de origen y será como si nunca hubiera estado aquí, y nosotros seguiremos la lucha como hasta ahora…
-*Querido Arin –Unah, con una sonrisa complacida en los labios, le conmina a levantarse del suelo-. Sabes que no se trata sólo de eso. Es algo más.
-*¿Qué, Majestad?
-*Sabes que si esta noche fracasamos en nuestra incursión para rescatar a mi padre, los tres tiranos podrían tomar terribles represalias contra él y contra todo el pueblo de Quram, represalias muy duras.
-*Pero eso no ocurrirá, ¡se lo prometo! –Arin, con gesto confiado, se lleva la mano al pecho en señal de juramento.
-*Me gustaría creerte, Arin –la Princesa vuelve a sonreír, pero esta vez su gesto es triste-. Ven, tenemos mucho que planear para esta noche.

CAPITULO 3º
LOS TIRANOS

Mientras todo esto ocurre en el campamento rebelde, en otro lugar, un lugar conocido por los lugareños como el Domo Negro…:
-*¡Mi Señor Lord Avalon, mi Señor Lord Avalon, Él ha llegado! –Uno de los guardias que custodian la fortaleza corre por los largos y oscuros pasillos, portador de malas noticias para los actuales regentes de Quram.
-*¡Explícate, soldado! –El llamado Lord Avalon se levanta de su asiento cuando el guerrero entra en la sala, y avanza hacia él, alzando la mano con gesto tranquilizador-. ¿Quién es Él?
El recién llegado jadea agotado y, tras apoyarse en una de las sillas del salón, habla.
-*La Profecía del Libertador se ha cumplido, mi Señor. Los espías que tenemos en el campamento rebelde nos acaban de informar que hace pocas horas llegó a Quram procedente de un planeta llamado Tierra.
-*Ah, interesante. Mis hermanos querrán conocer la noticia. Pero será mejor que sea yo quien se la de, tú puedes retirarte.
-*Sí, mi Señor. A sus órdenes.
Y así, poco después, en el salón de los Tres Tronos…:
-*…y eso es lo que me contó el soldado.
-*El Libertador, ¿eh? –Lady Troia sopesa la nueva con gran interés, mientras su hermano mayor, Lord Camelot pasea por la gran sala con aire impaciente-. ¿Qué sabemos de él, aparte de que es humano?
-*Nada –responde Avalon, que va a añadir algo más, pero calla ante el gesto que le hace su hermana pequeña.
-*Eso es, sólo un humano –una raza que nosotros ya conocemos bien. Sin ninguna habilidad especial que pueda suponer una amenaza para nuestros planes –la mujer alza las manos en actitud triunfante-. ¡No tenemos nada que temer, queridos hermanos!
-*Quizás no –por fin, el enorme y corpulento Camelot habla-, pero no estará de más estar preparado por si las moscas.
-*Claro, tienes toda la razón, Camelot. Esperemos que nuestros valiosos espías nos sigan informando –tras estas palabras, Lady Troia abandona la sala de los Tres Tronos, dejando solos a sus dos hermanos mayores.
Una vez a solas, se dirige a la mazmorras, siempre escoltada por dos guardianes de aspecto feroz. Aunque sabe que gracias a sus poderes “divinos” dicha parafernalia es innecesaria, le gusta sentirse de gente que obedezca sus órdenes sin rechistar.
Avanza entre las celdas oscuras y malolientes, hasta llegar a una situada en el extremo más lóbrego y húmedo de la galería y, una vez allí, ordena al carcelero que abra la puerta de la misma.
-*Hola, Kramm –saluda con sorna al ocupante de la celda-, ¿has dormido bien esta noche?
El prisionero queda en silencio, clavando sus oscuros ojos en su secuestradora, la cual, furiosa, se adelanta unos pasos y se inclina sobre el cautivo monarca.
-*¡Te hice una pregunta, maldita sea! –Troia toma la espada de uno de sus escoltas y coloca el filo de la misma en el cuello del prisionero.
-*¿Qué queréis que os responda? –Kramm, lejos de parecer intimidado por el arma, mira aún más fijamente a su carcelera-. Diga lo que diga no estaréis conforme hasta verme desfallecer. Pero no os daré esa satisfacción, si muero lo haré con la cabeza bien alta. ¡Díselo también a tus hermanos!
-*¡Argh, maldito seas, Rey Kramm! ¡Maldito seas tú y tu estirpe! –Sin ocultar la ira que la consume por dentro, la malvada mujer abandona la celda seguida por sus dos guardias.

CAPITULO 4º
EL PLAN

Es noche cerrada en el campamento rebelde, pero muy pocos duermen, casi todos están reunidos en torno a la figura de Arin. Hasta la Princesa Unah se haya presente en el lugar escuchando las palabras de su amigo y colaborador.
Hace tan sólo unas horas, al anochecer, que Aitor Daniel accedió nuevamente a la Fuerza Omega, y este hecho parece haber convencido a la Princesa de que, tal vez el joven terrícola pueda ser el Libertador de la vieja Profecía.
-Organizaremos dos grupos de ataque. El primero servirá de distracción mientras el segundo se interna en el Domo Negro, llega hasta las mazmorras y libera al Rey y al mayor número posible de prisioneros.
-¿Qué pinto yo en todo esto? –Aitor escucha con atención las palabras del rebelde quramés.
-Tú, Libertador, eres el Espíritu que mueve esta rebelión. Sin ti nuestros sueños y esperanzas serían imposibles de cumplir –Arin habla con un deje de orgullo en su voz que no puede ni quiere ocultar-. Pero, ante todo, tienes ante ti la más gloriosa misión de todas, ¡derrotar a los tres tiranos y expulsarlos de Quram!
-Ah, perfecto –Aitor se frota las manos con aire satisfecho-. Por fin algo de acción, empezaba a aburrirme de no hacer nada.
-Tú, Libertador, esperarás a nuestra señal para atacar los tres tiranos. Nosotros nos encargaremos de que llegues sano y salvo hasta tu objetivo, una vez dentro de la fortaleza nuestros espías te guiarán hasta los dictadores, a esas horas deben de estar durmiendo plácidamente, sin sospechar lo que se les viene encima.
-Todo parece muy sencillo, demasiado quizás.
-Tranquilo, todo está siendo calculado al milímetro, no tienes nada de lo que preocuparte.
-Ya, pero no puedo evitar el pensar que está resultando demasiado fácil –Aitor Daniel se acaricia la barbilla en actitud pensativa, mientras clava su mirada en la Princesa Unah, que también se prepara para la batalla que se avecina cerca de donde ellos se encuentran hablando.
-¿Ocurre algo, terrícola? –Pregunta la joven al ver como nuestro joven amigo la mira fijamente-. Puede que tengas alguna clase de poderes mágicos, pero sigo sin fiarme de ti.
-Perdonar, Princesa, no era mi intención molestarte.
-Baja tu mirada, o aún haré que mis hombres te arranquen los ojos por tu atrevimiento.
-¡Jodida pija engreída! –Masculla Aitor entre dientes.
-¿Qué has dicho?
-Nada, nada. Que va siendo hora de ponernos en marcha hacia la fortaleza de los malos.
Y así, el ejército rebelde, armado hasta los dientes con espadas y lanzas, inicia la marcha hacia el Domo Negro. Avanzan a pie, evitando usar sus deslizadores aéreos para evitar hacer ruido que pueda alertar al enemigo. Esperan encontrar a la guardia en situación de cierta indefensión gracias a la ayuda de los espías que tienen entre las filas enemigas.
Arin encabeza el pequeño ejército. A su lado, la Princesa montada en su corcel, avanza también, con la cabeza bien alta y la mirada desafiante fija en la negrura de la noche que se abre ante ella y, unos pasos por detrás de ellos dos, Aitor Daniel, vestido con su traje de batalla de Blanco Omega, preparado para una buena pelea.
-¡Amigos rebeldes! –Grita de repente Arin, tras casi una hora de marcha a través de la oscuridad y la espesura del bosque-. ¡Ahí delante tenemos el Domo Negro!
-¡Sííí! –Un grito ensordecedor surge de la multitud, que alza sus armas al oscuro cielo nocturno en actitud combativa.

CAPITULO 5º
LA TRAICION

El ejército rebelde ha llegado muy cerca de la fortaleza de los tres tiranos, a tan sólo unos pocos metros se alza la negra puerta de metal que impide el paso al interior de la fortificación.
-No parecen habernos visto –Arin se retrasa unos pasos para hablar con el que parece ser el Capitán de su ejército-. Todo va según lo planeamos. Ahora sólo tenemos que entrar en la fortaleza y la victoria será nuestra.
De repente, desde un oscuro rincón…:
-¡Por aquí, amigos! –Una pequeña puerta de madera se abre en el muro de piedra, y una oscura figura les hace señas para que se acerquen. Es uno de los espías que el grupo rebelde tiene dentro del Domo Negro.
Una vez dentro, Arin se dirige a Blanco Omega:
-Allí en aquella torre están los aposentos de los tres tiranos –señala con su mano hacia uno de los altos torreones que rodean la semiesférica construcción-. Ten cuidado con los guardias.
-Tranquilo, no creo que me den demasiados problemas –y, dicho esto, el joven enmascarado se eleva en el cielo nocturno camino de la ventana más alta de la torre.
Sin embargo, no sospecha lo que le espera al llegar a su destino.
Mientras, abajo en el patio de la fortaleza, de repente, todo el ejército rebelde se ve rodeado por más de un centenar al servicio de los tres dictadores, que los conminan a soltar las armas y a rendirse.
Arriba en la torre, mientras tanto, los tres dictadores reciben a su visitante con radiantes sonrisas.
-¿Qué significa esto? –Intenta escapar, pero no puede al ser inmovilizado por un poderoso campo de fuerza.
-¡Vaya! Tu debes de ser el tan aclamado Libertador –Lord Camelot da un paso hacia la figura suspendida en el aire de la habitación-. ¿O quizás debería llamarte Blanco Omega?
-¿¡Qué, cómo sabes quién soy!?
-Digamos que tenemos conocidos afines –después, abre la puerta del dormitorio y hace un gesto a uno de los guardianes que custodian la puerta del mismo-. Guardias, llevarlo con los demás prisioneros.
Y, volviendo al patio de la fortaleza…
El jefe de la Guardia Real se acerca a Arin y, tendiéndole la mano, lo felicita efusivamente.
-*¡Has hecho un buen trabajo, Arin! Nuestras Majestades sabrán recompensarte como es debido, puedes estar seguro.
-*¿¡Quééé!? –Rabiosa, Unah, se lanza hacia delante, dispuesta a saltar sobre el que creía su amigo-. ¡Maldito traidor! ¡Te veré muerto!
-*Llévensela –a la orden del jefe de la Guardia Real, dos soldados toman a la Princesa de ambos brazos, y la arrastran hacia el interior de la fortaleza.

FIN 1ª PARTE

*TRADUCIDO DEL QURAMES…

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