Cuando los soldados mueren

Maniobras militares en el desierto de los Monegros; varias divisiones de caballería acorazada, realizan prácticas en dicha zona; de repente, uno de los blindados se queda rezagado, al parecer ha sufrido una avería. La columna sigue avnzando hacia su objetivo; los tripulantes del carro de combate dañado, logran finalmente ponerlo en marcha; sin embargo la distancia que les separa de sus compañeros es considerable, eso sin duda les puede significar un arresto.
El jefe del carro da la orden de arrancar a toda velocidad, para contactar lo antes posible con el grueso de la división.
En su vertiginosa carrera por ganar tiempo, el blindado corona una pequeña cresta, y debido a su velocidad,cae aparatosamente sobre uno de sus costados; el impacto es brutal, y el coloso de hierro se retuerce como un animal herido.
El conductor sufre un violento golpe en la cabeza y muere en el acto; igual suerte corre el jefe del mismo, al ser aplastado por el vehículo.
La tragedia ha salpicado de forma cruel a la División Acorazada Numáncia 9.
Meses después en el acuartelamiento Lepanto, base de dicha División, empiezan a ocurrir cosas extrañas.
Una noche en una de las garitas, el centinela observa como dos sombras se aproximan hacia su puesto; este siguiendo las normas, les pide el santo y seña. Las sombras no contestan y continuan avanzando hacia él.
Vuelve a repetir la consigna y de nuevo es ignorado. Efectua entonces un disparo al aire. Las sombras habían desaparecido sin dejar rastro.
El centinela tuvo que ser atendido de una importante crisis nerviosa; internado en un hospital militar hasta que tuvo que ser dado de baja definitiva.
Estas apariciones se sucedieron muchas más noches. El secretismo militar llevó a restar importancia al asunto; pero aquella garita fué anulada de las guardias.
Uno de los reclutas que se incorporaron meses después, y que desconocía por completo la historia, comentó en una ocasión en la cantina, que donde estaban aquellos dos simpáticos soldados de los que se había hecho muy amigo y que tanto le estaban ayudando a llevar los primeros días de mili. El muchacho se extrañaba de que nunca los veía en las dependéncias del cuartel, tan solo en momentos determinados. Cuando los compañeros se interesaron en saber quienes eran aquellos soldados, la sorpresa fué mayúscula cuando el recluta señaló en una de las fotos del escuadrón, a los dos compañeros muertos en aquel terrible accidente.
Yo formé parte del escuadrón mecanizado de la Numancia 9, fuí compañero de Andrés y Miguel, estuve allí en aquellas maniobras fatídicas´. Y todavía hoy muchos años después, todavía me levanto sobresaltado, echándolos de menos.

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